Un estudio de 34 pacientes de cinco países documentó dolor crónico, fracturas y pérdida dental, mientras solo una persona recibía el tratamiento específico
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Una investigación realizada en Europa Central y Oriental identificó una elevada carga de dolor, fracturas y alteraciones dentales entre pacientes con hipofosfatasia, una enfermedad genética rara que debilita la mineralización de huesos y dientes. El análisis detallado incluyó a 34 personas de Austria, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría y Letonia.
Los resultados, publicados en la revista científica Frontiers in Endocrinology, muestran que más del 70 % de los participantes sufría dolor musculoesquelético crónico. Pese a la diversidad y persistencia de las manifestaciones, solo uno recibía asfotasa alfa, la terapia enzimática dirigida contra esta enfermedad.
Un estudio multicéntrico en cinco países europeos
Los investigadores revisaron inicialmente los registros de 49 personas con diagnóstico clínico y genético de hipofosfatasia. Tras excluir expedientes incompletos y casos con diagnósticos alternativos, efectuaron el análisis pormenorizado de 34 pacientes: 20 mujeres y 14 hombres, con una edad media de 51 años.
El carácter transversal y retrospectivo del trabajo permitió describir las manifestaciones presentes en personas ya diagnosticadas, pero no calcular cuántos habitantes padecen la enfermedad en el conjunto de los cinco países. Los autores señalan que todavía faltan datos epidemiológicos sólidos sobre la hipofosfatasia en esta región europea.
El gen ALPL altera la mineralización de huesos y dientes
La hipofosfatasia se origina por variantes que reducen la función del gen ALPL. Este gen contiene las instrucciones para producir la fosfatasa alcalina no específica de tejido, una enzima necesaria para que minerales como el calcio y el fosfato se incorporen correctamente al tejido óseo y dental.
Cuando la actividad enzimática disminuye, la mineralización puede resultar insuficiente y los huesos se vuelven más blandos o frágiles. La expresión clínica es muy variable: existen formas graves que aparecen durante la etapa perinatal o la infancia y presentaciones más moderadas que pueden pasar inadvertidas hasta la edad adulta.
El origen hereditario distingue esta enfermedad de los factores nutricionales abordados habitualmente en las recomendaciones sobre alimentación y cuidado de la salud ósea. Una dieta equilibrada puede contribuir al bienestar general, pero no corrige la alteración genética y enzimática que causa la hipofosfatasia.
Dolor crónico y fracturas dominan el cuadro clínico
El dolor musculoesquelético fue la manifestación más frecuente: afectó a 25 de los 34 participantes, equivalentes al 73 % del grupo analizado. Muchos necesitaban más de un medicamento para controlar las molestias, un dato que refleja la persistencia y complejidad de los síntomas.
El 44 % de los pacientes había sufrido fracturas, mientras que el 26 % presentaba pérdida prematura de dientes y el 18 % tenía deformidades óseas. Las personas con inicio de la enfermedad durante la infancia mostraron con mayor frecuencia fracturas recurrentes, alteraciones del desarrollo óseo y pérdida dental temprana.
Entre quienes comenzaron a manifestar la enfermedad en la edad adulta predominaban el dolor persistente y los problemas articulares. Los datos indican que una densidad mineral ósea convencional sin alteraciones graves no permite descartar por sí sola la hipofosfatasia: solo uno de los participantes tenía valores dentro del rango asociado con osteoporosis.
Esta particularidad también obliga a diferenciar la enfermedad de los problemas óseos vinculados exclusivamente con la alimentación. Los alimentos no lácteos que aportan nutrientes para los huesos pueden formar parte de una dieta saludable, pero el tratamiento de una enfermedad metabólica hereditaria requiere evaluación médica especializada.
La enfermedad también puede afectar otros órganos
La hipofosfatasia no se limitó al esqueleto y los dientes. Cerca del 30 % de los pacientes registró complicaciones respiratorias, entre ellas episodios recurrentes de neumonía. Más del 10 % presentó cálculos renales o nefrocalcinosis, una acumulación de calcio en el tejido renal.
El estudio también encontró casos de periarthritis calcificante, convulsiones, hipercalcemia, calcificaciones fuera del esqueleto y pseudogota. Estas manifestaciones muestran que la alteración metabólica puede repercutir en diferentes sistemas y dificultar el reconocimiento de un patrón clínico común.
La fosfatasa alcalina baja ofrece una señal diagnóstica
Treinta y tres de los 34 pacientes, el 97 %, presentaban concentraciones sanguíneas bajas de fosfatasa alcalina. Los autores consideran que este resultado, cuando se mantiene en mediciones repetidas y coincide con dolor, fracturas de difícil explicación o pérdida dental prematura, debe motivar una investigación clínica más específica.
Una concentración baja aislada no confirma la enfermedad, ya que puede aparecer por otras causas. El diagnóstico requiere valorar los antecedentes personales y familiares, los síntomas, las pruebas bioquímicas y, cuando corresponda, el estudio de variantes en el gen ALPL.
La diversidad de presentaciones favorece que algunos pacientes sean evaluados inicialmente por osteoporosis, artritis, fibromialgia u otros trastornos musculoesqueléticos. Reconocer la hipofosfatasia es especialmente importante porque ciertos tratamientos empleados para otras enfermedades del hueso pueden no resultar adecuados para estos pacientes.
Solo un paciente recibía la terapia específica
La asfotasa alfa sustituye la actividad enzimática deficiente y constituye el tratamiento dirigido disponible para determinadas personas con hipofosfatasia. Sin embargo, únicamente uno de los 34 participantes la recibía en el momento del estudio.
Ese dato evidencia una utilización muy limitada dentro de la cohorte, aunque el trabajo no demuestra que todos los pacientes fueran candidatos al medicamento. La indicación puede depender de la edad de aparición, la gravedad, los criterios regulatorios, la valoración clínica y las condiciones de acceso de cada sistema sanitario.
Los investigadores sostienen que la identificación temprana y el seguimiento multidisciplinario son esenciales para atender el dolor, vigilar las fracturas y controlar las complicaciones dentales, respiratorias y renales. También plantean la necesidad de registros regionales más amplios que permitan conocer mejor la frecuencia, evolución y atención de la hipofosfatasia en Europa Central y Oriental.
Fuentes referenciales:
Medical Xpress
Frontiers in Endocrinology
