Estado de la Salud Global

Lectura rápida de señales sanitarias globales

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RespiratoriasActividad baja en varias regiones del norte19 de julio de 2026: influenza, COVID-19 y VRS permanecen en niveles estivales bajos, aunque continúa la vigilancia de nuevas variantes y virus zoonóticos.
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VacunaciónRefuerzo de coberturas prioritarias19 de julio de 2026: autoridades sanitarias insisten en recuperar esquemas contra sarampión, difteria, fiebre amarilla, influenza y otras enfermedades prevenibles.
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Salud mentalDemanda asistencial sostenida19 de julio de 2026: crece la integración de salud mental, apoyo psicosocial y prevención del suicidio dentro de la atención primaria.
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NutriciónDoble carga nutricional persistente19 de julio de 2026: desnutrición, anemia, obesidad y dietas de baja calidad continúan coexistiendo dentro de numerosos países y grupos sociales.
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CrónicasPrevención y diagnóstico temprano19 de julio de 2026: enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y afecciones respiratorias crónicas concentran gran parte de la carga sanitaria mundial.
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AlertasVigilancia epidemiológica reforzada19 de julio de 2026: ébola, sarampión, ciclotporiasis, arbovirosis y virus transmitidos por animales requieren seguimiento internacional activo.
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InvestigaciónNuevas herramientas en evaluación19 de julio de 2026: vacunas experimentales, secuenciación genómica, inteligencia artificial y diagnósticos rápidos avanzan con exigencias crecientes de validación clínica.

Violencia, mala alimentación y estrés dejan huellas en la hipertensión y la diabetes


Un estudio de la Universidad Nacional de Colombia analizó la vida de nueve personas y encontró vínculos entre enfermedades crónicas, experiencias adversas, alimentación limitada y estrés acumulado desde la infancia.


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.


La hipertensión y la diabetes tipo 2 no siempre pueden entenderse únicamente como resultado de decisiones individuales sobre alimentación, actividad física o controles médicos. Una investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) encontró que estas enfermedades también pueden relacionarse con condiciones sociales, emocionales y económicas acumuladas desde la infancia.

El estudio fue desarrollado por Mariluz Romero, magíster en Enfermería de la UNAL, a partir de historias de vida de nueve personas vinculadas a la ruta cardiovascular de Unisalud, la IPS de la universidad. Se trató de seis mujeres y tres hombres, entre 36 y 75 años, procedentes de Santander, Huila, Boyacá, el Eje Cafetero y Bogotá, que vivían con hipertensión, diabetes tipo 2 o ambas condiciones.

Enfermedades crónicas con raíces sociales

La investigación identificó experiencias de violencia física, abandono familiar, intentos de abuso sexual, trabajo infantil, estrés prolongado y dificultades para acceder a alimentos nutritivos. Estos factores marcaron las trayectorias vitales de los participantes y aparecieron como antecedentes relevantes en su relación posterior con la presión arterial alta y la diabetes.

Romero partió de su experiencia directa con pacientes en unidades de cuidado intensivo, donde observó que muchas personas con enfermedades crónicas llegaban a etapas avanzadas de deterioro sin que su historia social hubiera sido considerada con suficiente profundidad.

Alimentación condicionada por el entorno

Uno de los hallazgos centrales fue el papel de la alimentación durante la infancia y la juventud. Varios participantes crecieron en hogares donde el acceso a alimentos nutritivos era limitado y donde predominaban comidas basadas en carbohidratos, almidones, embutidos y productos ultraprocesados.

La investigadora subrayó que estos patrones no respondían simplemente a elecciones personales. En muchos casos estaban determinados por el presupuesto familiar, las costumbres regionales y la disponibilidad real de alimentos. Esta perspectiva resulta relevante para entender la relación entre alimentación y riesgo de diabetes desde un enfoque social y no solo conductual.

Estrés prolongado y memoria corporal

El estrés fue otro eje importante del estudio. En los relatos aparecieron vivencias de violencia, abandono, sobrecarga laboral temprana y situaciones familiares adversas. Estas experiencias dejaron sentimientos persistentes de tristeza, rabia y frustración.

Romero explicó que este tipo de situaciones puede mantener activo el sistema de alarma del organismo durante años. Esa activación prolongada se asocia con procesos inflamatorios que, con el tiempo, pueden favorecer el desarrollo de enfermedades crónicas como hipertensión y diabetes.

Actividad física que disminuye con la vida adulta

La mayoría de los participantes tuvo actividad física durante la infancia y la juventud, ya fuera por juegos, desplazamientos o labores cotidianas. Sin embargo, esa actividad se redujo en la adultez por jornadas laborales extensas, cansancio acumulado, falta de tiempo y problemas de salud.

Algunas personas intentaban mantener caminatas o ejercicios guiados desde el celular, mientras otras enfrentaban barreras físicas y emocionales que dificultaban sostener hábitos preventivos. Este punto coincide con la importancia de abordar las enfermedades crónicas desde la prevención cardiovascular, la alimentación, el movimiento y el acompañamiento continuo.

No basta con culpar al paciente

El trabajo cuestiona la mirada que atribuye la hipertensión y la diabetes únicamente a “malos hábitos”. La investigación muestra que esos hábitos suelen formarse dentro de contextos marcados por pobreza, violencia, estrés, desigualdad y acceso limitado a servicios y alimentos saludables.

Este enfoque ayuda a comprender por qué la atención sanitaria de enfermedades crónicas necesita incorporar la historia de vida del paciente, sus condiciones familiares y su entorno social. También permite mirar con más precisión la relación entre riesgo cardiovascular, diabetes, hipertensión y determinantes sociales de la salud.

Escuchar la historia clínica y la historia de vida

La investigación plantea que los equipos de salud deben ir más allá de medir presión arterial, glucosa o peso corporal. Escuchar la historia de vida puede aportar información clave sobre los factores que han influido en la enfermedad y sobre las posibilidades reales de tratamiento, autocuidado y seguimiento.

Para la investigadora, reconocer estas trayectorias no significa restar importancia a la alimentación, la actividad física o los medicamentos. Implica entender que las recomendaciones médicas tienen mayor posibilidad de éxito cuando consideran las condiciones materiales, emocionales y sociales de cada persona.

Fuente(s) referenciales

Agencia de Noticias UNAL