Un estudio de la Universidad Commonwealth de Virginia, basado en más de 11 millones de bebés de Estados Unidos, detectó un incremento del 347 % en la tasa de hemorragias asociadas con deficiencia de vitamina K entre 2017 y 2025, mientras disminuyó la administración preventiva al nacer.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Una investigación de la Universidad Commonwealth de Virginia (VCU), en Estados Unidos, ha identificado un aumento considerable de los diagnósticos de deficiencia de vitamina K y de las hemorragias asociadas con esta condición durante los primeros seis meses de vida. El estudio, publicado el 5 de noviembre de 2026 en la revista científica JAMA Pediatrics, examinó los registros médicos de más de 11 millones de bebés atendidos entre 2017 y 2025.
Los investigadores encontraron que la tasa de hemorragias relacionadas con la deficiencia de vitamina K aumentó un 347,1 % durante el período estudiado. Paralelamente, la proporción de recién nacidos que recibieron la inyección preventiva de esta vitamina disminuyó del 97,7 % al 95 %.
La investigación fue encabezada por Elizabeth Wolf, pediatra del Children’s Hospital of Richmond y profesora asociada de la Facultad de Medicina de VCU. Su equipo buscó determinar si la creciente negativa de algunas familias a administrar vitamina K después del nacimiento coincidía con un incremento de problemas hemorrágicos infantiles.
Los resultados muestran una tendencia epidemiológica preocupante, aunque los autores advierten que el diseño observacional no permite demostrar que la disminución de las inyecciones explique por sí sola todo el aumento registrado.
Más de 11 millones de bebés incluidos en la investigación
El equipo analizó información de 11.000.782 lactantes de entre cero y seis meses, nacidos con al menos 35 semanas de gestación y atendidos en sistemas sanitarios estadounidenses entre enero de 2017 y diciembre de 2025.
Los datos procedían de Cosmos, una plataforma que integra registros médicos electrónicos de instituciones sanitarias que utilizan el sistema Epic. Esta base reúne información de numerosos hospitales y centros ambulatorios del país.
La investigación examinó los diagnósticos de deficiencia de vitamina K, los episodios de sangrado asociados y los registros de administración de la inyección preventiva.
Durante los nueve años analizados se identificaron 2.151 lactantes con diagnóstico de deficiencia de vitamina K y 5.217 con hemorragias relacionadas con esa deficiencia.
Las cifras permiten estudiar la evolución temporal de estas condiciones en una población muy amplia, aunque dependen de la precisión de los diagnósticos y procedimientos registrados en las historias clínicas.
Las tasas de deficiencia y hemorragia aumentaron entre 2017 y 2025
Los investigadores observaron que la tasa de deficiencia de vitamina K pasó de 11,8 casos por cada 100.000 lactantes en 2017 a 37,3 por cada 100.000 en 2025.
Esto representa un incremento relativo del 215,7 %.
La evolución fue todavía más marcada en las hemorragias asociadas con deficiencia de vitamina K. Su tasa aumentó de 24 casos por cada 100.000 lactantes a 107,4 por cada 100.000 durante el mismo período.
La diferencia equivale a un incremento relativo del 347,1 %.
Es importante distinguir estos porcentajes de la frecuencia absoluta de los acontecimientos. Aunque el aumento relativo fue elevado, las hemorragias continuaron siendo poco frecuentes en comparación con el número total de bebés incluidos en el estudio.
Sin embargo, su importancia sanitaria reside en que algunas pueden provocar complicaciones graves, especialmente cuando afectan al cerebro.
El análisis también mostró que la mayoría de los diagnósticos se concentró durante los primeros días de vida. El 61,8 % de los casos de deficiencia y el 87,8 % de las hemorragias relacionadas se registraron durante la primera semana después del nacimiento.
Por qué los recién nacidos necesitan vitamina K
La vitamina K es indispensable para la activación de varias proteínas que intervienen en la coagulación sanguínea. Entre ellas se encuentran los factores II, VII, IX y X, necesarios para que el organismo pueda detener adecuadamente una hemorragia.
Los recién nacidos presentan condiciones fisiológicas que los hacen especialmente vulnerables a una disponibilidad insuficiente de esta vitamina.
Durante el embarazo, la transferencia de vitamina K a través de la placenta es limitada. Después del nacimiento, la producción intestinal todavía es reducida y la absorción puede presentar dificultades.
La leche materna contiene cantidades relativamente bajas de vitamina K, por lo que la lactancia, aunque ofrece importantes beneficios nutricionales e inmunitarios, no sustituye la administración preventiva recomendada al nacer.
Esta diferencia es importante al abordar la protección de la salud infantil durante los primeros seis meses mediante la lactancia materna. La alimentación y las intervenciones preventivas forman parte de cuidados complementarios, no de estrategias excluyentes.
La inyección de vitamina K permite proporcionar al recién nacido una reserva que reduce considerablemente el riesgo de sangrado por deficiencia durante una etapa especialmente vulnerable.
Las hemorragias pueden aparecer días o meses después del nacimiento
La deficiencia de vitamina K puede manifestarse en distintos momentos de la vida del lactante.
La forma temprana aparece durante las primeras 24 horas y suele relacionarse con circunstancias específicas, entre ellas determinados medicamentos utilizados durante el embarazo.
La forma clásica se presenta habitualmente entre el segundo día y la primera semana de vida. Puede provocar hematomas, sangrado del cordón umbilical y otras manifestaciones hemorrágicas.
La forma tardía puede aparecer desde la primera semana hasta los seis meses, especialmente en lactantes que no recibieron profilaxis y presentan una disponibilidad insuficiente de vitamina K.
Esta última forma resulta particularmente peligrosa porque puede ocasionar hemorragias intracraneales.
Los autores recuerdan que entre el 30 % y el 60 % de los casos de hemorragia tardía por deficiencia de vitamina K pueden presentar sangrado dentro del cráneo, una complicación capaz de provocar convulsiones, lesiones neurológicas permanentes o fallecimiento.
Por esta razón, las recomendaciones preventivas se aplican antes de que aparezcan síntomas, en lugar de esperar a detectar una alteración de la coagulación.
Las hemorragias cerebrales aparecieron en una parte de los casos
El estudio también examinó la presencia de diagnósticos de hemorragia intracraneal o intracerebral entre los lactantes afectados.
Entre quienes tenían un diagnóstico de deficiencia de vitamina K, aproximadamente el 6,9 % presentó también un registro de hemorragia dentro del cráneo.
En el grupo con diagnóstico de sangrado asociado con deficiencia de vitamina K, esa proporción fue del 2,4 %.
Estas cifras corresponden a categorías diagnósticas distintas y no deben sumarse ni interpretarse como una estimación única del riesgo de hemorragia cerebral.
Los investigadores tampoco pudieron establecer mediante estos registros que todos los episodios intracraneales fueran causados directamente por la deficiencia de vitamina K.
No obstante, la coexistencia de ambos diagnósticos refuerza la importancia de prevenir una condición que puede producir consecuencias graves durante los primeros meses de vida.
Disminuye la administración preventiva de vitamina K
Desde 1961, la Academia Estadounidense de Pediatría recomienda administrar una dosis intramuscular de vitamina K a los recién nacidos.
Según los antecedentes citados en el estudio, esta intervención reduce aproximadamente un 98 % la frecuencia de hemorragia tardía por deficiencia de vitamina K.
A pesar de su eficacia preventiva, investigaciones anteriores habían identificado una tendencia creciente a rechazar la inyección después del nacimiento.
Entre 2017 y 2024, la proporción de recién nacidos que no recibieron vitamina K intramuscular aumentó del 2,9 % al 5,2 %, de acuerdo con los antecedentes examinados por los autores.
El nuevo análisis encontró una disminución de la cobertura registrada, desde el 97,7 % en 2017 hasta el 95 % en 2025.
Elizabeth Wolf explicó que el equipo quería comprobar si el incremento de las negativas a esta intervención preventiva estaba acompañado de consecuencias observables en la salud de los lactantes.
La investigación encontró que ambos fenómenos evolucionaron en direcciones preocupantes: disminuyó la cobertura preventiva y aumentaron los diagnósticos relacionados con la deficiencia.
La mayoría de los bebés afectados no tenía registrada la inyección
Uno de los resultados más destacados fue la baja proporción de administración preventiva entre los lactantes que posteriormente recibieron diagnósticos relacionados con la deficiencia.
Solamente el 39,7 % de los bebés diagnosticados con deficiencia de vitamina K tenía registrada la administración de la inyección.
Entre quienes presentaron hemorragias asociadas con esa deficiencia, la proporción fue todavía menor: el 19,2 %.
Esto significa que aproximadamente cuatro de cada cinco lactantes del grupo con hemorragias no tenían constancia de haber recibido la intervención preventiva en los registros analizados.
El dato es relevante, aunque debe interpretarse teniendo en cuenta que la ausencia de un procedimiento en una historia clínica electrónica no siempre demuestra que nunca se haya realizado.
Los investigadores también señalaron que otros factores relacionados con el riesgo de deficiencia permanecieron estables o disminuyeron durante el período, lo que refuerza la necesidad de estudiar la relación entre las tendencias observadas.
Sin embargo, para establecer causalidad se necesitan análisis capaces de controlar con mayor precisión las diferencias entre pacientes, centros sanitarios y prácticas asistenciales.
La vitamina K no es una vacuna
Una distinción importante para las familias es que la inyección de vitamina K no constituye una vacuna.
Las vacunas estimulan respuestas del sistema inmunitario frente a determinados agentes infecciosos. La vitamina K, en cambio, es un nutriente esencial que participa en los mecanismos de coagulación sanguínea.
Su administración al nacer tiene como finalidad prevenir hemorragias ocasionadas por una disponibilidad insuficiente de esta vitamina.
La prevención neonatal incluye intervenciones diferentes que responden a riesgos específicos. Por ejemplo, la inmunización de lactantes contra el virus respiratorio sincitial mediante anticuerpos monoclonales busca reducir infecciones respiratorias graves, mientras que la vitamina K protege frente a alteraciones hemorrágicas.
Confundir estas intervenciones puede dificultar que las familias comprendan sus beneficios, indicaciones y mecanismos de acción.
Los especialistas consideran importante ofrecer información clara durante el embarazo y después del parto para que las decisiones se basen en evidencia médica.
Qué limitaciones tiene el estudio estadounidense
La investigación fue observacional y utilizó registros médicos electrónicos recopilados durante nueve años.
Este diseño permitió examinar tendencias en una población muy numerosa, pero no establecer una relación causal definitiva entre la disminución de las inyecciones y el incremento de las hemorragias.
Los registros pueden presentar diferencias entre hospitales, variaciones en la codificación diagnóstica y procedimientos que no siempre quedan documentados de manera uniforme.
Además, el análisis incluyó lactantes nacidos con al menos 35 semanas de gestación y atendidos en los sistemas participantes, por lo que sus resultados no describen necesariamente a todos los recién nacidos estadounidenses.
Los investigadores tampoco evaluaron mediante un ensayo clínico la eficacia de administrar o no vitamina K, una intervención preventiva cuyo beneficio ya está ampliamente establecido.
El objetivo consistió en estudiar la evolución de los diagnósticos y la cobertura preventiva en condiciones reales de atención sanitaria.
Por tanto, las conclusiones deben entenderse como evidencia epidemiológica sobre tendencias preocupantes, no como una demostración experimental de que cada caso registrado se debió al rechazo de la inyección.
La prevención durante los primeros días puede evitar complicaciones graves
El estudio vuelve a situar la atención sobre la importancia de las medidas preventivas inmediatamente después del nacimiento.
Durante esta etapa, algunas enfermedades y alteraciones pueden avanzar antes de que los síntomas resulten evidentes para las familias.
La identificación temprana constituye también el fundamento de la pesquisa neonatal para detectar enfermedades graves antes de sus primeras manifestaciones clínicas.
Aunque el cribado neonatal y la administración de vitamina K tienen objetivos diferentes, ambos muestran la importancia de actuar durante una ventana temprana de atención.
En el caso de la deficiencia de vitamina K, la estrategia principal consiste en prevenir el problema mediante la administración indicada por los profesionales sanitarios.
Si un lactante presenta sangrado inexplicable, hematomas inusuales, convulsiones, somnolencia anormal o alteraciones importantes de su estado general, necesita valoración médica urgente.
La aparición de estos síntomas no confirma por sí sola una deficiencia de vitamina K, pero puede indicar una situación que requiere atención inmediata.
Los investigadores piden reforzar la información a las familias
Elizabeth Wolf y sus colaboradores consideran necesario continuar vigilando las tasas de deficiencia y hemorragias relacionadas con la vitamina K, especialmente si persiste la disminución de la cobertura preventiva.
El equipo también plantea investigar las razones por las que algunas familias rechazan la administración al nacer y qué estrategias de comunicación podrían mejorar la comprensión de sus beneficios.
Los autores relacionan parte de esta tendencia con la desconfianza hacia profesionales e instituciones sanitarias, aunque el estudio no permite atribuir las decisiones individuales de todas las familias a una causa concreta.
La investigación aporta un dato especialmente relevante para la salud pública: en una población de más de 11 millones de lactantes, las tasas registradas de deficiencia de vitamina K y de hemorragias asociadas aumentaron de manera considerable mientras disminuía la proporción de recién nacidos que recibían la intervención preventiva.
La administración de vitamina K continúa siendo una medida recomendada para proteger a los bebés frente a hemorragias potencialmente graves. Los nuevos resultados refuerzan la necesidad de mantener una cobertura elevada y ofrecer a las familias información comprensible, precisa y basada en evidencia.
Fuentes referenciales:
JAMA Pediatrics — Vitamin K Deficiency and Associated Bleeding in Infants, 5 de noviembre de 2026
Virginia Commonwealth University — Información institucional sobre los resultados del estudio, 6 de noviembre de 2026

