El corazón obtiene beneficios en las primeras semanas, mientras los riesgos de cáncer, EPOC y pérdida ósea pueden tardar años en disminuir
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Abandonar el tabaco durante la mediana edad puede reducir de manera considerable el riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer y deterioro respiratorio, aunque la recuperación no ocurre simultáneamente en todo el organismo. Especialistas en medicina respiratoria consultados por The Telegraph explicaron que algunos cambios comienzan en cuestión de horas, mientras otros se acumulan durante años.
El beneficio tampoco desaparece cuando una persona ha fumado durante décadas. Dejar el cigarrillo después de los 40, 50 o incluso 60 años interrumpe nuevas exposiciones a sustancias tóxicas y permite reducir riesgos evitables, aunque ciertos daños estructurales ya establecidos pueden no revertirse por completo.
El monóxido de carbono comienza a desaparecer en pocos días
Durante las primeras 24 a 48 horas sin fumar, el organismo elimina gran parte del monóxido de carbono incorporado mediante el humo. Este gas se une a la hemoglobina y reduce la cantidad de oxígeno que la sangre puede transportar hacia el corazón, el cerebro y otros tejidos.
Al mismo tiempo, desaparece la exposición repetida a la nicotina del cigarrillo, que aumenta la frecuencia cardíaca y puede elevar temporalmente la presión arterial. La combinación de nicotina, monóxido de carbono y otros componentes del humo obliga al sistema cardiovascular a funcionar bajo una carga adicional.
La abstinencia de nicotina puede producir irritabilidad, ansiedad, dificultad para concentrarse, alteraciones del sueño y un deseo intenso de fumar. Estos síntomas suelen ser más fuertes durante los primeros días y disminuyen progresivamente, aunque su duración y severidad varían entre personas.
El riesgo cardiovascular empieza a reducirse pronto
Los beneficios sobre el corazón y los vasos sanguíneos aparecen antes que muchas de las mejoras relacionadas con el cáncer. Entre una y dos semanas después de abandonar el tabaco ya puede observarse una disminución del riesgo cardiovascular, según explicó Nick Hopkinson, especialista en medicina respiratoria del Imperial College London.
El humo favorece la inflamación de las paredes arteriales, altera la función de los vasos y facilita la formación de coágulos. Estos mecanismos elevan la probabilidad de infarto y accidente cerebrovascular incluso entre quienes consumen pocos cigarrillos.
No existe un nivel seguro de exposición al tabaco. Fumar un cigarrillo diario puede mantener activos procesos inflamatorios y cardiovasculares, por lo que reducir el consumo no ofrece la misma protección que abandonarlo completamente.
El daño provocado por el humo también alcanza a quienes no fuman. La evidencia sobre la exposición involuntaria al tabaco en espacios exteriores muestra que la distancia, la ventilación y la concentración de personas influyen en la cantidad de contaminantes inhalados.
Los pulmones pueden frenar el deterioro causado por el tabaco
El cigarrillo mantiene inflamadas las vías respiratorias y daña los tejidos encargados del intercambio de oxígeno. Con el tiempo, esta exposición puede contribuir al desarrollo de enfermedad pulmonar obstructiva crónica, una denominación que incluye afecciones como la bronquitis crónica y el enfisema.
Dejar de fumar no reconstruye necesariamente el tejido pulmonar destruido por un enfisema avanzado, pero puede ralentizar de forma importante la progresión de la enfermedad. Al desaparecer la agresión continua del humo, la pérdida de función respiratoria deja de avanzar al ritmo asociado al consumo activo.
Durante las primeras semanas también puede aumentar temporalmente la tos o la producción de mucosidad. Este cambio no siempre indica un empeoramiento: puede coincidir con la recuperación gradual de los cilios, pequeñas estructuras que ayudan a retirar secreciones y partículas de las vías respiratorias.
La reducción del tabaquismo sigue siendo una prioridad de salud pública. El reciente descenso del consumo de cigarrillos tradicionales en Estados Unidos muestra el impacto acumulado de las campañas preventivas, los impuestos, las restricciones de uso y los programas de cesación.
El riesgo de cáncer disminuye durante años
El humo del tabaco contiene sustancias capaces de dañar el ADN de las células. Cada nueva exposición añade oportunidades para que se produzcan alteraciones relacionadas con el desarrollo de tumores, por lo que interrumpir el consumo evita que ese proceso continúe acumulándose al mismo ritmo.
Una investigación publicada en JAMA Oncology estimó que abandonar el cigarrillo antes de los 45 años puede evitar casi todo el riesgo adicional de cáncer de pulmón y otros tumores relacionados con el tabaquismo. Dejarlo antes de los 54 años se asoció con una reducción del 78 % de ese exceso de riesgo.
Estas cifras no significan que el riesgo desaparezca de inmediato ni que todas las personas alcancen el mismo resultado. La probabilidad individual depende de la intensidad y duración del consumo, la edad de inicio, los antecedentes médicos y otras exposiciones.
Abandonar el tabaco también resulta beneficioso después de un diagnóstico de cáncer pulmonar. Hopkinson señaló que los pacientes que dejan de fumar pueden alcanzar aproximadamente el doble de supervivencia que quienes mantienen el consumo, debido a una combinación de mejor respuesta terapéutica, menor riesgo de complicaciones y reducción de nuevas lesiones.
Las proyecciones poblacionales refuerzan el valor de prevenir el inicio del consumo. Un análisis sobre el impacto de una generación libre de tabaco estimó que evitar el cigarrillo podría impedir más de un millón de muertes por cáncer pulmonar.
El sistema inmunitario recupera capacidad de respuesta
La exposición constante a las sustancias tóxicas del humo puede alterar las defensas del organismo y mantener procesos inflamatorios activos. Al dejar de fumar, el sistema inmunitario deja de recibir esa agresión repetida y puede mejorar gradualmente su respuesta frente a infecciones.
Los especialistas respiratorios del Servicio Nacional de Salud británico consideran la cesación una medida importante para disminuir el riesgo de complicaciones y hospitalización por gripe. Los exfumadores también presentan menos infecciones de heridas y otras complicaciones después de una operación que quienes continúan fumando.
El tiempo transcurrido desde el último cigarrillo importa especialmente antes de una intervención quirúrgica. Informar al equipo sanitario sobre el consumo permite planificar el acompañamiento y controlar mejor los riesgos respiratorios, cardiovasculares y de cicatrización.
Los huesos dejan de perder densidad a un ritmo acelerado
El tabaquismo perjudica al esqueleto porque interfiere con la absorción de calcio, reduce la circulación sanguínea hacia los huesos y altera la actividad de las células que producen tejido óseo. Entre fumadores mayores de 65 años, el riesgo de fractura de cadera puede ser entre un 32 % y un 40 % superior al de quienes no fuman.
Dejar el cigarrillo durante los 40 o 50 años no aumenta necesariamente la densidad ósea ya perdida, pero ayuda a frenar el deterioro adicional asociado al tabaco. El resultado puede ser especialmente relevante al combinar la cesación con alimentación adecuada, actividad física y evaluación médica de otros factores de osteoporosis.
Abandonar el tabaco también protege al cerebro
El cerebro se beneficia de la reducción del riesgo de accidente cerebrovascular y de una circulación más saludable. A largo plazo, la cesación también se ha relacionado con una evolución cognitiva más favorable frente a la continuidad del consumo.
Un estudio sobre el abandono del tabaco y el deterioro cognitivo encontró beneficios incluso cuando la decisión se toma en edades avanzadas. Parte de esa protección puede estar relacionada con la disminución del daño vascular que afecta el suministro de sangre al cerebro.
Dejar de fumar después de los 60 años sigue siendo útil
La edad no elimina las ventajas de interrumpir el consumo. En adultos mayores, la desaparición del monóxido de carbono y la menor exposición a nicotina reducen rápidamente parte de la carga que soportan el corazón y los vasos sanguíneos.
Durante los siguientes cinco, diez y veinte años pueden continuar disminuyendo distintos riesgos. El beneficio final depende de la historia de consumo y del estado de salud, pero dejar de fumar conserva valor preventivo en todas las etapas de la vida.
La dependencia de la nicotina puede requerir apoyo profesional. El acompañamiento conductual, los medicamentos autorizados y las terapias sustitutivas de nicotina pueden mejorar las probabilidades de abandonar el hábito, especialmente cuando se combinan dentro de un plan individual.
Los cigarrillos electrónicos no deben asumirse automáticamente como una alternativa inocua. Sus aerosoles pueden contener nicotina, irritantes, metales y otras sustancias cuyos efectos prolongados siguen bajo investigación. La elección de una estrategia de cesación debe realizarse con asesoramiento sanitario y productos cuya eficacia y seguridad estén respaldadas.
Fuente referencial:
Infobae
