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Cada cuánto lavar la ropa de cama según la ciencia para un descanso más saludable

Higiene del sueño, salud y hábitos cotidianos que marcan la diferencia


Redacción Mundo de la Salud


Dormir bien no depende solo de la cantidad de horas o de la calidad del colchón. La ropa de cama desempeña un papel clave en la salud, la higiene y el descanso reparador, aunque suele ser uno de los aspectos más descuidados de la rutina doméstica. Sábanas, fundas de almohada y cobertores están en contacto directo con la piel durante varias horas cada noche y, con el paso de los días, se convierten en un reservorio de sudor, células muertas, microorganismos y alérgenos.

Un análisis reciente difundido por Infobae, basado en evidencia científica y la opinión de expertos en microbiología, dermatología y salud ambiental, advierte que la mayoría de las personas no lava la ropa de cama con la frecuencia necesaria para proteger su bienestar. La ciencia ofrece pautas claras sobre cada cuánto hacerlo y por qué este hábito tiene un impacto directo en la calidad del sueño y en la prevención de problemas cutáneos y respiratorios.

Qué se acumula realmente en la ropa de cama

Aunque a simple vista las sábanas puedan parecer limpias, la realidad microscópica es muy distinta. Cada noche, el cuerpo humano libera sudor, aceites naturales de la piel y miles de células muertas, que se depositan en los tejidos. A esto se suman restos de cosméticos, cremas, saliva y, en algunos casos, partículas de suciedad del entorno.

Este material orgánico crea un ambiente ideal para la proliferación de bacterias, hongos y ácaros del polvo, organismos que se alimentan principalmente de las escamas de piel. Con el paso de los días, la carga microbiana aumenta, incluso en personas que se duchan antes de acostarse, ya que la transpiración nocturna es un proceso natural e inevitable.

La frecuencia ideal de lavado según la ciencia

Los especialistas coinciden en que la frecuencia ideal de lavado de las sábanas y fundas de almohada es una vez por semana. Este intervalo permite reducir de forma significativa la acumulación de microorganismos y alérgenos sin generar un desgaste excesivo de los tejidos.

En determinadas situaciones, la ciencia recomienda acortar aún más este plazo. Personas que transpiran mucho, que duermen con mascotas, que padecen alergias, asma o problemas dermatológicos, o que atraviesan procesos infecciosos, deberían considerar lavar la ropa de cama cada tres o cuatro días. En estos casos, el lavado frecuente actúa como una medida preventiva clave para proteger la salud respiratoria y cutánea.

Fundas de almohada: el punto más crítico

Dentro del conjunto de la ropa de cama, las fundas de almohada merecen una atención especial. Están en contacto directo con el rostro, el cabello y las vías respiratorias durante horas, lo que las convierte en uno de los textiles domésticos con mayor carga de grasa, bacterias y residuos.

La evidencia científica sugiere que las fundas de almohada deberían lavarse al menos una vez por semana, e incluso con mayor frecuencia en personas con acné, piel sensible o alergias. Mantenerlas limpias puede contribuir a reducir brotes cutáneos, irritaciones y congestión nasal, favoreciendo un descanso más cómodo y saludable.

Consecuencias de no lavar la ropa de cama con regularidad

Descuidar la higiene de las sábanas no es solo una cuestión estética. Diversos estudios han vinculado la acumulación de ácaros y microorganismos en la ropa de cama con un mayor riesgo de reacciones alérgicas, empeoramiento del asma, picazón, eccemas y otros problemas de la piel.

Además, dormir en un entorno cargado de alérgenos puede afectar la calidad del sueño, provocando despertares frecuentes, congestión nasal o sensación de incomodidad. A largo plazo, un descanso deficiente repercute en el sistema inmunológico, el estado de ánimo y el rendimiento diario.

Temperatura y detergente: cómo lavar de forma eficaz

La forma de lavado es tan importante como la frecuencia. Los expertos recomiendan lavar la ropa de cama con agua caliente, preferentemente a 60 grados Celsius, ya que esta temperatura ayuda a eliminar ácaros, bacterias y hongos de manera más efectiva. En tejidos delicados donde no sea posible usar temperaturas altas, es fundamental emplear detergentes adecuados y ciclos prolongados.

El uso de detergentes hipoalergénicos puede ser beneficioso para personas con piel sensible, mientras que evitar el exceso de suavizante reduce el riesgo de irritaciones. Un secado completo, idealmente al sol o con aire caliente, contribuye también a disminuir la supervivencia de microorganismos.

Colchón y edredones: los grandes olvidados

La higiene del descanso no se limita a las sábanas. El colchón, los edredones y las almohadas también acumulan sudor, polvo y ácaros con el tiempo. Aunque no requieren lavados tan frecuentes, los especialistas aconsejan ventilar el colchón regularmente, utilizar fundas protectoras lavables y lavar edredones y almohadas cada pocos meses, según las indicaciones del fabricante.

Estas medidas complementarias refuerzan un entorno de descanso más limpio y reducen la exposición prolongada a agentes irritantes.

Dormir mejor empieza por hábitos simples

Desde una perspectiva de salud preventiva, lavar la ropa de cama con la frecuencia adecuada es un hábito sencillo con beneficios concretos. No requiere grandes inversiones ni cambios drásticos, pero sí constancia y conciencia sobre su impacto en el bienestar.

Los expertos subrayan que muchas personas subestiman este aspecto porque los efectos negativos no siempre son inmediatos. Sin embargo, mejorar la higiene del entorno de descanso puede traducirse en menos alergias, mejor piel y una sensación general de confort que favorece un sueño más profundo y reparador.

Un descanso saludable también se construye de día

La ciencia del sueño destaca que el descanso de calidad es el resultado de múltiples factores: horarios regulares, un ambiente tranquilo, buena ventilación y, por supuesto, una ropa de cama limpia. Integrar este hábito en la rutina semanal contribuye a crear un espacio que favorece la relajación y la recuperación física y mental.

En un contexto donde el estrés y la falta de sueño afectan a una gran parte de la población, prestar atención a estos detalles cotidianos se convierte en una forma accesible de cuidar la salud. Lavar las sábanas con la frecuencia recomendada no es solo una cuestión de orden, sino una decisión respaldada por la ciencia para dormir mejor y vivir con mayor bienestar.


Referencias

Infobae – “Cada cuánto se debe lavar la ropa de cama según la ciencia: la frecuencia ideal para un descanso más saludable”
Aportes de expertos en microbiología, dermatología y salud ambiental citados en el artículo original


Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.