El pediatra alergólogo e inmunólogo salvadoreño Héctor Guidos Morales advirtió que los ultraprocesados, la baja ingesta de alimentos frescos y la falta de actividad física pueden favorecer un entorno proinflamatorio.
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
El sobrepeso y el sedentarismo están asociados con un aumento del estado inflamatorio corporal y con una mayor predisposición a complicaciones inmunológicas, advirtió el pediatra alergólogo e inmunólogo salvadoreño Héctor Guidos Morales durante una entrevista en el programa Frente a Frente, de Telecorporación Salvadoreña.
El especialista explicó que el exceso de tejido graso no actúa como una reserva pasiva de energía. También produce sustancias llamadas citoquinas, vinculadas con procesos inflamatorios que pueden alterar la respuesta inmune. Ese entorno, señaló, puede favorecer la aparición de afecciones autoinmunes o crónicas, además de complicar la respuesta ante infecciones.
Guidos Morales remarcó que el problema afecta tanto a niños como a adultos. En países de Centroamérica, añadió, la cultura alimentaria favorece con frecuencia el consumo de productos industriales y ultraprocesados, mientras que la ingesta de vegetales y alimentos frescos suele ser insuficiente.
Grasa corporal, inflamación y sistema inmune
El médico salvadoreño resumió el problema con una frase directa: el paciente con sobrepeso “inflama más de la cuenta”. Con ello se refirió a la relación entre exceso de tejido adiposo, inflamación persistente y alteraciones de la respuesta inmunológica.
La obesidad se asocia con un mayor riesgo de complicaciones ante infecciones virales y enfermedades metabólicas. Esta relación ya se observa en distintas líneas de investigación sobre obesidad y metabolismo, donde el exceso de grasa corporal aparece vinculado con cambios funcionales en tejidos y órganos.
El punto central no es solo el peso corporal, sino el tipo de entorno biológico que se genera cuando la alimentación de baja calidad, el sedentarismo y el aumento de grasa corporal se sostienen en el tiempo. En ese contexto, el organismo puede quedar expuesto a una inflamación de bajo grado que afecta la salud general.
Alimentos frescos y microbiota intestinal
Guidos Morales recomendó limitar los alimentos procesados y dar prioridad a una dieta rica en vegetales y productos frescos. También destacó el papel de la microbiota intestinal, al explicar que los vegetales funcionan como alimento para las bacterias intestinales que participan en la regulación inmunológica.
La recomendación coincide con la importancia de patrones alimentarios centrados en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y alimentos poco procesados. En Mundo de la Salud ya se ha abordado cómo una dieta antiinflamatoria puede relacionarse con menor carga inflamatoria cuando desplaza productos con alto contenido de grasas saturadas, harinas refinadas, bebidas azucaradas y ultraprocesados.
El especialista también mencionó alimentos fermentados como yogur natural, kéfir o chucrut, así como el consumo regular de omega-3. Estos elementos se relacionan con la salud intestinal y con la modulación de procesos inflamatorios, aunque su incorporación debe entenderse como parte de un estilo de vida completo, no como una solución aislada.
Niños, adultos mayores y sedentarismo
En adultos mayores, Guidos Morales se refirió a la inmunosenescencia, un proceso de envejecimiento del sistema inmune que puede atenuarse mediante cambios sostenidos en el estilo de vida. Entre ellos mencionó una alimentación equilibrada, alimentos fermentados, omega-3, actividad física y otras estrategias de cuidado cotidiano.
El sedentarismo también fue señalado como un factor de preocupación. La falta de movilidad en adultos mayores puede agravar la pérdida de masa muscular y acelerar el deterioro funcional. En niños y adolescentes, el exceso de tiempo frente a pantallas y la baja actividad física forman parte de un patrón que puede afectar la salud metabólica e inmunológica.
La actividad física regular aparece como una de las herramientas más relevantes para reducir riesgo metabólico, mejorar la función muscular y apoyar la salud general. También se relaciona con estrategias de longevidad activa frente al sedentarismo, especialmente cuando se combina con sueño adecuado, alimentación saludable y reducción de hábitos de riesgo.
Datos de OMS y recomendaciones preventivas
Las advertencias del especialista se apoyan en datos de la Organización Mundial de la Salud. La OMS estimó que en 2022 el 67% de los adultos de la región de las Américas, incluida Centroamérica, tenía sobrepeso, y que el 16% vivía con obesidad.
En niños y adolescentes de 5 a 19 años, la prevalencia de sobrepeso, incluida la obesidad, pasó del 8% en 1990 al 20% en 2022. Entre menores de 5 años, la OMS reportó en 2024 alrededor de 35 millones de niños con sobrepeso a escala global.
La OMS y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades recomiendan una alimentación basada en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, junto con reducción de azúcares, grasas y productos ultraprocesados. El consumo habitual de frutas y verduras también se vincula con otros indicadores de salud cotidiana, como el descanso y la calidad general de la dieta.
Prevención desde la infancia
El abordaje del sobrepeso y el sedentarismo no depende únicamente de decisiones individuales. Los organismos internacionales insisten en políticas públicas orientadas a educación alimentaria desde la infancia, entornos escolares saludables, acceso a alimentos frescos y regulación de la publicidad dirigida a menores.
Para Centroamérica y la región, el desafío es doble: reducir el consumo de productos ultraprocesados y facilitar condiciones reales para una vida más activa. Eso incluye espacios seguros para moverse, opciones saludables asequibles y mensajes preventivos que no culpabilicen al paciente, sino que ayuden a modificar hábitos sostenidos.
La advertencia de Guidos Morales apunta a una lectura preventiva: el sobrepeso, la alimentación industrial y la inactividad física no solo afectan el peso visible. También pueden modificar el ambiente inflamatorio del organismo y aumentar la vulnerabilidad frente a enfermedades inmunológicas, metabólicas y crónicas.
