Investigadores de la Universidad McGill, en Canadá, identificaron alteraciones en la actividad cerebral de frecuencia beta que se relacionan con dificultades perceptivas, lenguaje desorganizado y gravedad clínica. El estudio comparó a 25 pacientes con 25 personas sin el trastorno.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo de investigadores de la Universidad McGill y otras instituciones científicas de Montreal, Canadá, identificó una señal de actividad cerebral que podría ayudar a explicar por qué personas con esquizofrenia presentan síntomas aparentemente diferentes, desde dificultades para integrar información visual y auditiva hasta alteraciones en la organización del lenguaje.
La investigación, publicada el 22 de octubre de 2026 en la revista Science Advances, encontró que determinadas oscilaciones cerebrales de frecuencia beta eran más débiles y lentas en pacientes con esquizofrenia que en personas sin este diagnóstico. Las mayores alteraciones de esa señal también se relacionaron con dificultades perceptivas, discurso más desorganizado y síntomas clínicos de mayor intensidad.
El trabajo fue desarrollado por investigadores de la Universidad McGill, el McConnell Brain Imaging Center, la Universidad de Montreal, el Centro de Investigación del Centro Hospitalario de la Universidad de Montreal y el Douglas Research Center.
Los resultados aportan evidencia preliminar de que algunas manifestaciones de la esquizofrenia podrían compartir mecanismos neurofisiológicos, aunque todavía no permiten establecer una prueba diagnóstica ni demostrar que una sola alteración cerebral explique toda la enfermedad.
Una investigación para comprender síntomas aparentemente distintos
La esquizofrenia es un trastorno psiquiátrico complejo que puede afectar la percepción, el pensamiento, la comunicación y el comportamiento. Sus manifestaciones varían considerablemente entre pacientes y pueden cambiar durante la evolución clínica.
Entre los síntomas se encuentran las alucinaciones, los delirios y las alteraciones del pensamiento. Algunas personas también presentan dificultades cognitivas, disminución de la motivación y problemas para organizar sus actividades cotidianas.
Tradicionalmente, muchas de estas manifestaciones se han investigado por separado, debido a que involucran funciones aparentemente diferentes del cerebro.
Sin embargo, el nuevo estudio examinó la posibilidad de que las dificultades para interpretar estímulos, coordinar acciones y organizar el lenguaje compartan alteraciones en los procesos mediante los cuales el cerebro interpreta la información.
Esta aproximación complementa otras líneas de investigación sobre los cambios epigenéticos asociados con la esquizofrenia, que buscan comprender cómo diferentes procesos biológicos pueden contribuir al funcionamiento anormal de los circuitos neuronales.
La novedad del trabajo canadiense consiste en relacionar directamente medidas de actividad cerebral con varias manifestaciones clínicas y conductuales dentro de un mismo experimento.
Los científicos estudiaron la actividad cerebral de 50 personas
La investigación incluyó a 25 personas diagnosticadas con esquizofrenia y a otras 25 que integraron un grupo de comparación sin el trastorno.
Los participantes realizaron tareas diseñadas para evaluar cómo procesaban la relación temporal entre estímulos visuales y auditivos.
Los investigadores también analizaron características del habla de los pacientes para identificar posibles signos de desorganización del discurso.
Durante las pruebas, registraron la actividad cerebral mediante magnetoencefalografía de alta resolución, una técnica que permite estudiar los campos magnéticos generados por la actividad eléctrica de las neuronas.
Las mediciones se realizaron en el McConnell Brain Imaging Center del Instituto y Hospital Neurológico de Montreal, conocido como The Neuro.
Esta tecnología permite examinar con gran precisión temporal cómo cambia la actividad cerebral durante tareas perceptivas y cognitivas.
A diferencia de las técnicas que estudian principalmente la estructura anatómica del cerebro, la magnetoencefalografía permite investigar las oscilaciones de actividad neuronal mientras una persona procesa información o realiza una acción.
Las ondas beta mostraron diferencias entre ambos grupos
El principal hallazgo estuvo relacionado con las oscilaciones cerebrales de frecuencia beta.
Estas oscilaciones forman parte de la actividad eléctrica rítmica del cerebro y participan en procesos vinculados con la percepción, la preparación de movimientos y la coordinación de distintas funciones neuronales.
En comparación con el grupo de control, los participantes con esquizofrenia mostraron una actividad beta más débil y una dinámica temporal más lenta.
Los investigadores observaron este patrón durante tareas relacionadas con el procesamiento de estímulos sensoriales y la ejecución de acciones.
La repetición de una alteración semejante en diferentes funciones llamó especialmente la atención del equipo científico.
Hsi Tiana Wei, investigadora posdoctoral del Departamento de Psiquiatría de McGill y del Douglas Research Center, explicó que el mismo debilitamiento de la señal aparecía cuando los participantes procesaban sonidos, estímulos visuales o realizaban movimientos.
La observación sugiere que las dificultades no necesariamente corresponden a problemas completamente independientes, sino que podrían estar relacionadas con una alteración más amplia en la coordinación de la actividad cerebral.
La percepción del tiempo entre imágenes y sonidos ofrece una pista
Una de las capacidades evaluadas fue la integración temporal de información visual y auditiva.
En la vida cotidiana, el cerebro recibe continuamente señales de distintos sentidos y debe determinar cuáles corresponden a un mismo acontecimiento.
Por ejemplo, cuando una persona observa a alguien hablando, el sistema nervioso necesita relacionar los movimientos de los labios con los sonidos de la voz.
Para realizar esta integración, no basta con reconocer cada estímulo por separado. También es necesario interpretar correctamente su relación temporal.
Los participantes con mayores alteraciones de la actividad beta tendieron a mostrar más dificultades para procesar la sincronización entre imágenes y sonidos.
Este resultado respalda la hipótesis de que ciertas dificultades perceptivas asociadas con la esquizofrenia podrían relacionarse con la manera en que el cerebro organiza temporalmente la información.
Sin embargo, el estudio no demuestra que todas las alteraciones perceptivas de las personas con esquizofrenia tengan este origen.
La misma señal se relacionó con el lenguaje desorganizado
El equipo también encontró asociaciones entre las diferencias en la actividad beta y el grado de desorganización del discurso.
En algunas personas con esquizofrenia, el lenguaje puede presentar cambios bruscos de tema, asociaciones difíciles de seguir o dificultades para mantener una secuencia coherente de ideas.
Estas manifestaciones no equivalen a una pérdida general de la capacidad de hablar. Reflejan alteraciones específicas en la organización y expresión del pensamiento.
La investigación canadiense identificó que los pacientes con mayores diferencias en la señal beta tendían a presentar un lenguaje más desorganizado.
Esta asociación resulta importante porque conecta una medida neurofisiológica obtenida durante tareas perceptivas y motoras con una manifestación clínica relacionada con la comunicación.
La relación entre funcionamiento cerebral y organización del lenguaje también ha sido explorada mediante herramientas de inteligencia artificial aplicadas al diagnóstico de trastornos psiquiátricos, aunque estas tecnologías utilizan métodos y conjuntos de datos diferentes.
Los resultados actuales no permiten afirmar que la actividad beta determine directamente el contenido del pensamiento o que una medición aislada pueda predecir cómo se expresará cada paciente.
Un posible mecanismo común para interpretar el entorno
Los investigadores consideran que el hallazgo podría relacionarse con la capacidad del cerebro para construir y actualizar representaciones internas del mundo.
El sistema nervioso no se limita a recibir información sensorial. También utiliza experiencias anteriores y señales del entorno para anticipar acontecimientos e interpretar lo que sucede.
Cuando aparece información nueva, esas representaciones deben ajustarse para mantener una percepción coherente de la realidad.
Las oscilaciones beta se han estudiado por su posible participación en procesos relacionados con la anticipación, la estabilidad de determinadas representaciones y la coordinación entre percepción y acción.
El nuevo trabajo sugiere que una alteración de esta dinámica podría contribuir a dificultades que se manifiestan en diferentes ámbitos del funcionamiento cerebral.
Lena Palaniyappan, profesor de Psiquiatría de la Universidad McGill y director del Centro de Excelencia en Salud Mental Juvenil del Hospital Douglas, destacó que los resultados ofrecen evidencia inicial de un posible mecanismo compartido entre síntomas que habitualmente se estudian por separado.
Esta interpretación constituye una hipótesis neurofisiológica respaldada por asociaciones experimentales, no una demostración definitiva de causalidad.
La gravedad clínica también se relacionó con las diferencias cerebrales
Además de estudiar la percepción y el lenguaje, los científicos compararon las medidas cerebrales con la gravedad de los síntomas clínicos.
Encontraron que las personas con alteraciones más pronunciadas en la actividad beta tendían a presentar manifestaciones clínicas de mayor intensidad.
Esta relación sugiere que la señal podría contener información relevante sobre el funcionamiento general de los circuitos afectados en la esquizofrenia.
No obstante, la gravedad de un trastorno psiquiátrico no puede resumirse en una sola medida cerebral.
La evaluación clínica considera diferentes dimensiones, como síntomas psicóticos, funcionamiento cognitivo, capacidad para desarrollar actividades cotidianas y respuesta al tratamiento.
Otros estudios han identificado alteraciones estructurales y moleculares relacionadas con la enfermedad. Por ejemplo, una investigación de neuroimagen encontró diferencias relacionadas con el hierro y la mielina cerebral en personas con esquizofrenia.
La coexistencia de diferentes hallazgos refuerza la idea de que se trata de un trastorno biológicamente complejo, cuya comprensión requiere combinar información funcional, estructural, genética y clínica.
La magnetoencefalografía permitió observar cambios rápidos
Una de las fortalezas metodológicas del estudio fue el empleo de magnetoencefalografía de alta resolución.
Esta técnica registra campos magnéticos extremadamente pequeños producidos por la actividad neuronal y permite analizar variaciones que ocurren en escalas temporales muy breves.
Su capacidad para registrar cambios rápidos resulta especialmente útil cuando se investigan procesos como la sincronización entre estímulos sensoriales.
Las señales visuales y auditivas deben integrarse en intervalos reducidos para que el cerebro pueda interpretarlas como componentes de un mismo acontecimiento.
La magnetoencefalografía permite examinar cómo se organizan temporalmente las respuestas neuronales durante ese proceso.
Sin embargo, obtener diferencias entre grupos no significa que la técnica pueda diagnosticar por sí sola la esquizofrenia.
Para desarrollar una herramienta clínica sería necesario demostrar que la señal permite distinguir de manera fiable entre personas con diferentes condiciones psiquiátricas, que sus mediciones son reproducibles y que aporta información adicional a la evaluación médica habitual.
Los resultados podrían orientar investigaciones sobre detección temprana
Una de las aplicaciones que los autores consideran especialmente interesante es el estudio de personas jóvenes con riesgo de desarrollar psicosis.
La esquizofrenia suele comenzar a manifestarse durante la adolescencia tardía o la adultez temprana, aunque el momento de aparición y la evolución son variables.
En algunos casos, los cambios iniciales pueden pasar inadvertidos o confundirse con otras dificultades emocionales y conductuales.
Palaniyappan señaló que, si la asociación encontrada se confirma en muestras mayores, la medición de estas señales podría contribuir a identificar a jóvenes que necesitan una evaluación y un apoyo más intensivos.
Esta posibilidad sigue siendo una línea de investigación y no una aplicación diagnóstica disponible.
La identificación temprana de personas que requieren atención es uno de los objetivos de las investigaciones sobre salud mental, pero cualquier herramienta de predicción debe evaluarse cuidadosamente para evitar clasificaciones erróneas y consecuencias innecesarias para los pacientes.
Los autores también consideran que la señal beta podría investigarse como un posible objetivo de intervenciones futuras, aunque el estudio no probó ningún tratamiento dirigido a modificarla.
Las conclusiones requieren confirmación en muestras mayores
El propio equipo científico advirtió que se trata de una investigación inicial con un número relativamente reducido de participantes.
La muestra estuvo formada por 25 personas con esquizofrenia y 25 controles, por lo que las asociaciones observadas deben comprobarse en poblaciones independientes.
Wei subrayó especialmente la necesidad de confirmar las relaciones entre la actividad beta, la desorganización del lenguaje y la gravedad clínica.
Los resultados tampoco establecen si las alteraciones de esta señal aparecen antes del desarrollo de los síntomas o si cambian conforme evoluciona la enfermedad.
Responder estas preguntas requerirá estudios longitudinales que sigan a los participantes durante períodos prolongados.
También será necesario investigar si patrones semejantes aparecen en otros trastornos psiquiátricos y cómo pueden influir factores como la medicación, la edad o las características clínicas individuales.
Estas comprobaciones son fundamentales antes de considerar la actividad beta como un biomarcador específico de la esquizofrenia.
Una nueva perspectiva sobre la diversidad de síntomas
La investigación aporta una conexión experimental entre tres dimensiones de la esquizofrenia: la integración temporal de estímulos, la organización del lenguaje y la intensidad de las manifestaciones clínicas.
Los científicos encontraron que estas dimensiones se relacionaban con diferencias en una misma clase de oscilaciones cerebrales.
El resultado plantea que ciertos síntomas podrían compartir alteraciones en los mecanismos mediante los cuales el cerebro coordina información y ajusta sus representaciones del entorno.
El estudio fue publicado en Science Advances con el título Neurophysiological dynamics related to perception, action, and language in schizophrenia, firmado por Hsi T. Wei y colaboradores.
Su identificador científico es DOI: 10.1126/sciadv.aeh5819.
La principal contribución del trabajo consiste en ofrecer una hipótesis comprobable sobre la relación entre actividad neuronal y síntomas clínicos que hasta ahora suelen abordarse como problemas separados.
La confirmación de este patrón en investigaciones más amplias permitirá determinar si puede convertirse en una herramienta útil para comprender la evolución de la esquizofrenia o apoyar futuras estrategias de evaluación clínica.
Fuentes referenciales:
Science Advances — Neurophysiological dynamics related to perception, action, and language in schizophrenia
Universidad McGill — Información institucional sobre el estudio de neuroimagen y esquizofrenia

