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Frutas y verduras muestran beneficios renales frente al bicarbonato


Un ensayo clínico estadounidense siguió durante diez años a 108 pacientes con enfermedad renal crónica y acidosis metabólica. La intervención alimentaria se relacionó con menos hospitalizaciones, visitas a urgencias y progresión hacia la diálisis.


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz


Una intervención alimentaria basada en frutas y verduras produjo resultados clínicos más favorables que el tratamiento habitual con bicarbonato de sodio en un ensayo estadounidense realizado con personas que padecían enfermedad renal crónica y acidosis metabólica. La investigación, presentada por la Sociedad Estadounidense de Nefrología (ASN) durante su congreso Kidney Week 2026, aporta nuevos datos sobre el papel de la alimentación en el tratamiento de determinadas complicaciones renales.

El estudio incluyó a 108 adultos con enfermedad renal crónica en estadio 3 y acidosis metabólica, distribuidos aleatoriamente en tres grupos de 36 participantes. Uno recibió una intervención con frutas y verduras, otro fue tratado con bicarbonato de sodio por vía oral y el tercero continuó con la atención habitual.

Durante diez años de seguimiento, el grupo asignado a la intervención alimentaria registró menos hospitalizaciones, visitas a servicios de urgencias y casos de progresión hacia la diálisis que el grupo de atención habitual.

Los resultados son especialmente relevantes porque el bicarbonato de sodio constituye una de las opciones utilizadas para corregir la acidosis metabólica en pacientes con enfermedad renal crónica. Sin embargo, el ensayo sugiere que modificar la carga ácida de la dieta podría ofrecer beneficios clínicos adicionales en determinadas personas.

El hallazgo no significa que las frutas y verduras puedan sustituir de manera generalizada los medicamentos para las enfermedades renales. La intervención fue diseñada para pacientes seleccionados, con seguimiento médico, y sus resultados deben interpretarse dentro de esas condiciones.

Qué es la acidosis metabólica en la enfermedad renal crónica

Los riñones cumplen una función esencial en el mantenimiento del equilibrio ácido-base del organismo. Entre sus tareas se encuentra eliminar ácidos generados durante el metabolismo y contribuir a mantener una concentración adecuada de bicarbonato en la sangre.

Cuando la función renal disminuye, el organismo puede perder parte de su capacidad para eliminar esa carga ácida. Como consecuencia, algunas personas desarrollan acidosis metabólica, una alteración caracterizada por la acumulación excesiva de ácidos o la reducción de las reservas de bicarbonato.

Esta complicación puede aparecer durante la evolución de la enfermedad renal crónica y se relaciona con consecuencias importantes para la salud, entre ellas alteraciones musculares, problemas óseos y posibles efectos sobre la progresión del deterioro renal.

El tratamiento convencional puede incluir bicarbonato de sodio oral, utilizado para aumentar la disponibilidad de bicarbonato y corregir el desequilibrio ácido-base.

No obstante, las intervenciones alimentarias también pueden modificar la cantidad de ácido que el organismo necesita neutralizar y eliminar.

Esta relación entre alimentación y función renal explica el interés por estudiar estrategias nutricionales como complemento de la atención médica, especialmente en enfermedades crónicas que requieren seguimiento durante muchos años.

El ensayo comparó tres estrategias durante una década

Los investigadores diseñaron un ensayo clínico aleatorizado con tres grupos de tratamiento. Cada grupo estuvo integrado por 36 adultos con enfermedad renal crónica en estadio 3 y acidosis metabólica.

Los participantes del primer grupo recibieron frutas y verduras en cantidades calculadas para reducir aproximadamente a la mitad la carga ácida de su alimentación.

El segundo grupo recibió bicarbonato de sodio por vía oral, con el objetivo de lograr una reducción equivalente de la carga ácida neta que debía afrontar el organismo.

El tercer grupo continuó con la atención habitual y sirvió como referencia para comparar los resultados.

Los participantes fueron evaluados anualmente durante diez años, un período prolongado que permitió observar acontecimientos clínicos importantes más allá de las modificaciones iniciales de los indicadores bioquímicos.

Durante el seguimiento se registraron 115 hospitalizaciones, 166 visitas a servicios de urgencias y 34 casos en los que fue necesario iniciar diálisis entre los participantes del ensayo.

Los investigadores analizaron cómo se distribuyeron estos acontecimientos entre los tres grupos y evaluaron sus implicaciones clínicas y económicas.

Menos hospitalizaciones y visitas a urgencias

Las diferencias más destacadas aparecieron al comparar el grupo de frutas y verduras con el que recibió atención habitual.

Durante el período de seguimiento, los participantes asignados a la intervención alimentaria acumularon 14 hospitalizaciones, frente a 64 en el grupo de atención habitual.

También se observaron diferencias en la utilización de los servicios de urgencias: el grupo de frutas y verduras registró 20 visitas, mientras que el grupo de atención habitual acumuló 88.

Estas cifras corresponden a acontecimientos registrados durante el seguimiento y no deben interpretarse como el número de pacientes individuales que necesitaron atención hospitalaria.

La reducción de hospitalizaciones y visitas a urgencias tiene relevancia tanto para los pacientes como para los sistemas sanitarios, porque estos episodios pueden representar complicaciones médicas, interrupciones de la vida cotidiana y mayores necesidades asistenciales.

Los resultados sugieren que una intervención alimentaria diseñada específicamente para reducir la carga ácida podría influir favorablemente en la evolución clínica de determinados pacientes renales.

La progresión hacia la diálisis también fue menor

Uno de los resultados más importantes del ensayo fue la diferencia observada en la necesidad de iniciar diálisis.

En el grupo que recibió frutas y verduras, cuatro participantes necesitaron este tratamiento durante el seguimiento. En cambio, en el grupo de atención habitual fueron 16.

La diálisis se utiliza cuando los riñones ya no pueden realizar adecuadamente determinadas funciones esenciales, como eliminar productos de desecho y controlar el equilibrio de líquidos y electrolitos.

Evitar o retrasar la necesidad de diálisis representa un objetivo importante en el tratamiento de la enfermedad renal crónica, aunque las decisiones terapéuticas dependen de múltiples factores clínicos.

Los datos del ensayo muestran una diferencia favorable para la intervención alimentaria, pero no permiten afirmar que aumentar el consumo de frutas y verduras impida por sí solo la insuficiencia renal avanzada en cualquier paciente.

La población estudiada tenía características concretas y la dieta fue ajustada para conseguir una modificación determinada de la carga ácida.

El bicarbonato de sodio no mostró la misma ventaja clínica

Los investigadores también compararon los resultados del grupo tratado con bicarbonato de sodio oral con los del grupo de atención habitual.

Según la información presentada, no se identificaron diferencias entre ambos grupos en los desenlaces clínicos evaluados: hospitalizaciones, visitas a urgencias y progresión hacia la diálisis.

Este resultado es relevante porque ambas intervenciones activas buscaban reducir aproximadamente a la mitad la carga ácida.

Sin embargo, los beneficios clínicos observados no fueron equivalentes, lo que plantea la posibilidad de que la intervención alimentaria produzca efectos que van más allá de la corrección del equilibrio ácido-base.

Las frutas y verduras aportan fibra, vitaminas, minerales y diversos compuestos bioactivos que pueden influir en múltiples procesos fisiológicos.

Es posible que la combinación de estos componentes contribuya a explicar parte de las diferencias observadas, aunque la información presentada no permite identificar un mecanismo responsable único.

La ausencia de una ventaja demostrada para el bicarbonato en este ensayo tampoco significa que el medicamento carezca de utilidad clínica. Su indicación depende del estado ácido-base, las características del paciente y la valoración del equipo médico.

Por qué las frutas y verduras pueden reducir la carga ácida

Los alimentos tienen efectos diferentes sobre la carga ácida neta que debe procesar el organismo.

Algunos patrones alimentarios generan una mayor cantidad de ácidos durante el metabolismo, mientras que determinadas frutas y verduras aportan compuestos que favorecen la producción de sustancias con efecto alcalinizante.

En pacientes con enfermedad renal crónica y acidosis metabólica, reducir la carga ácida procedente de la alimentación puede disminuir parte del trabajo necesario para mantener el equilibrio ácido-base.

El ensayo utilizó precisamente este principio: la cantidad de frutas y verduras se ajustó para reducir aproximadamente a la mitad la carga ácida dietética.

No se trató simplemente de recomendar a los participantes que comieran más vegetales sin un objetivo definido, sino de aplicar una intervención nutricional diseñada para modificar una variable fisiológica concreta.

La importancia de la calidad global de la alimentación también aparece en investigaciones sobre los beneficios cardiovasculares y metabólicos de la dieta mediterránea, que combina alimentos vegetales, legumbres, cereales integrales y otras fuentes de nutrientes.

Sin embargo, una dieta saludable para la población general no siempre coincide con las necesidades de una persona que presenta alteraciones importantes de la función renal.

El potasio exige precauciones en pacientes con enfermedad renal

Una de las consideraciones más importantes al interpretar este estudio es que algunas frutas y verduras contienen cantidades significativas de potasio.

Este mineral es necesario para el funcionamiento normal de los músculos, los nervios y el corazón. No obstante, cuando los riñones pierden capacidad para eliminarlo, puede acumularse en la sangre.

La hiperpotasemia, o elevación excesiva del potasio sanguíneo, puede provocar complicaciones cardíacas graves.

Por ese motivo, no todas las personas con enfermedad renal crónica deben aumentar indiscriminadamente el consumo de alimentos ricos en potasio.

La conveniencia de una intervención de este tipo depende de la función renal, los niveles sanguíneos de potasio, los medicamentos utilizados y otras características clínicas.

En algunos pacientes puede ser necesario seleccionar determinados alimentos, modificar las cantidades o aplicar restricciones específicas.

El estudio evaluó una intervención estructurada y supervisada. Sus resultados no justifican sustituir las recomendaciones del nefrólogo o del profesional de nutrición renal por una dieta elegida sin seguimiento.

Los beneficios podrían extenderse a la utilización de recursos sanitarios

Además de evaluar resultados clínicos, el ensayo examinó las consecuencias de las diferentes estrategias sobre la utilización de servicios de salud y los costos asociados.

La reducción de hospitalizaciones y visitas a urgencias observada en el grupo de frutas y verduras sugiere que las intervenciones nutricionales podrían tener efectos favorables sobre la demanda de atención sanitaria.

Nimrit Goraya, médica de Baylor Scott & White Health y autora de correspondencia del estudio, señaló que el tratamiento de la acidosis metabólica mediante frutas y verduras se relacionó con mejores resultados clínicos a largo plazo y una utilización más favorable de los servicios sanitarios.

La investigadora destacó que estos resultados se observaron sin aumentar los costos generales para el sistema de salud ni los costos sociales evaluados.

El hallazgo plantea la posibilidad de estudiar programas alimentarios no solo como intervenciones individuales, sino también como estrategias de salud pública para determinadas poblaciones con enfermedad renal crónica.

Sin embargo, cualquier aplicación a gran escala requeriría evaluar las condiciones económicas, sociales y asistenciales de cada sistema sanitario.

El acceso estable a frutas y verduras adecuadas, la educación nutricional y la disponibilidad de seguimiento médico son elementos importantes para reproducir una intervención semejante fuera de un ensayo clínico.

La alimentación influye en diferentes dimensiones de la salud metabólica

El interés por las intervenciones nutricionales se extiende a otras enfermedades crónicas relacionadas con el metabolismo y la salud cardiovascular.

Investigaciones poblacionales han encontrado asociaciones entre el consumo de determinados alimentos vegetales y una menor prevalencia de trastornos cardiometabólicos.

Por ejemplo, un análisis de 46.939 adultos estadounidenses relacionó una mayor ingesta de legumbres secas con una menor prevalencia de enfermedad cardiometabólica, aunque su diseño observacional no permitió demostrar causalidad.

Asimismo, las investigaciones sobre el consumo de peras y manzanas han encontrado asociaciones favorables con determinados indicadores de salud cardiovascular.

Estos estudios abordan poblaciones y resultados diferentes de los examinados en el ensayo renal, pero ilustran el interés científico por comprender cómo los alimentos vegetales pueden relacionarse con procesos fisiológicos diversos.

En la enfermedad renal crónica, la alimentación requiere una adaptación especialmente cuidadosa porque los cambios en el consumo de proteínas, sodio, potasio y otros nutrientes pueden tener consecuencias clínicas importantes.

Qué limitaciones deben considerarse antes de aplicar los resultados

El ensayo presenta una fortaleza importante: el seguimiento prolongado de los participantes durante diez años.

Además, la asignación aleatoria a los tres grupos permite realizar comparaciones más sólidas que las obtenidas mediante estudios puramente observacionales.

No obstante, el número de participantes fue relativamente pequeño: 36 personas por grupo.

Esto obliga a interpretar los resultados con prudencia y destaca la necesidad de confirmar los hallazgos mediante investigaciones adicionales con poblaciones más amplias y diversas.

También es importante considerar que el estudio se realizó en adultos con enfermedad renal crónica en estadio 3 y acidosis metabólica.

Sus conclusiones no pueden trasladarse automáticamente a personas con función renal normal, pacientes con enfermedad renal en otros estadios o personas que presentan diferentes alteraciones metabólicas.

La información difundida corresponde a resultados anunciados para su presentación en el congreso ASN Kidney Week 2026, celebrado del 22 al 25 de octubre. La evaluación detallada de los métodos y análisis completos será importante para establecer el alcance definitivo de las conclusiones.

Una estrategia nutricional que merece mayor investigación clínica

Los resultados del ensayo sugieren que una intervención alimentaria diseñada para reducir la carga ácida puede ofrecer beneficios clínicos importantes en determinadas personas con enfermedad renal crónica.

La comparación entre grupos mostró menos hospitalizaciones, visitas a urgencias y progresión hacia la diálisis entre quienes recibieron frutas y verduras que entre quienes continuaron con la atención habitual.

La ausencia de diferencias semejantes para el grupo tratado con bicarbonato de sodio plantea nuevas preguntas sobre los mecanismos que podrían explicar la ventaja observada con la intervención nutricional.

Los investigadores consideran que estos hallazgos justifican continuar evaluando el papel de las frutas y verduras como estrategia terapéutica dentro de la atención renal.

Por ahora, el mensaje clínico principal es que la alimentación puede formar parte del tratamiento de determinadas complicaciones renales, siempre que se adapte a las necesidades del paciente y se mantenga el seguimiento profesional correspondiente.

Fuentes referenciales:
American Society of Nephrology — Resultados del ensayo sobre frutas, verduras y acidosis metabólica en enfermedad renal crónica