Investigadores de Cedars-Sinai, en Estados Unidos, descubrieron que PD-L2 favorece la persistencia de células senescentes. Bloquearla en ratones redujo su acumulación y mejoró indicadores metabólicos y de fuerza muscular, aunque todavía no existe un tratamiento validado para humanos.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.
Investigadores de Cedars-Sinai Health Sciences University, en Estados Unidos, identificaron un mecanismo molecular que permite a determinadas células envejecidas permanecer en el organismo y evitar su eliminación por el sistema inmunitario. El descubrimiento señala a una proteína denominada PD-L2 como posible responsable de facilitar la supervivencia de estas células, cuya acumulación se ha relacionado con inflamación persistente y alteraciones funcionales asociadas con la edad.
El estudio, publicado en la revista científica Cell Metabolism y difundido nuevamente el 14 de octubre de 2026, combinó experimentos con ratones y análisis de células y tejidos humanos. Los investigadores observaron que eliminar o bloquear PD-L2 reducía la presencia de células senescentes en animales de laboratorio y se acompañaba de mejoras en determinados indicadores de salud.
Entre los resultados más relevantes figuraron una mayor sensibilidad a la insulina y una mejor fuerza de agarre en ratones envejecidos. También se registró una reducción de sustancias inflamatorias producidas por las células senescentes.
Los hallazgos proporcionan una posible explicación de por qué algunas células dañadas permanecen durante años en los tejidos a pesar de los mecanismos de vigilancia inmunitaria. Sin embargo, no demuestran que bloquear PD-L2 permita rejuvenecer a las personas ni que pueda utilizarse actualmente como tratamiento contra enfermedades relacionadas con el envejecimiento.
Qué son las células senescentes y por qué se acumulan
La senescencia celular es un estado biológico en el que una célula deja de dividirse de manera estable, generalmente como respuesta a daños, estrés o alteraciones que podrían comprometer su funcionamiento.
Este mecanismo puede resultar beneficioso en determinadas circunstancias. Al impedir que células dañadas continúen multiplicándose, contribuye a proteger los tejidos y participa en procesos como la reparación de lesiones y la supresión de ciertos mecanismos tumorales.
El problema aparece cuando algunas células senescentes no son eliminadas y permanecen durante períodos prolongados en el organismo.
Estas células pueden liberar moléculas inflamatorias, factores de crecimiento y otras sustancias que modifican el comportamiento de las células vecinas. El conjunto de estas señales se conoce como fenotipo secretor asociado a la senescencia, o SASP por sus siglas en inglés.
Su acumulación se ha vinculado con alteraciones de tejidos y órganos durante el envejecimiento, aunque la relación varía según el tipo celular, el órgano afectado y el contexto fisiológico.
La conexión entre las células dañadas y la inflamación crónica asociada a la edad constituye una de las áreas más activas de la investigación biomédica sobre longevidad y enfermedades degenerativas.
PD-L2 podría funcionar como un mecanismo de evasión inmunitaria
El sistema inmunitario no se limita a combatir virus, bacterias y otros agentes infecciosos. También participa en la identificación y eliminación de células alteradas que pueden representar un riesgo para el funcionamiento normal de los tejidos.
En condiciones adecuadas, diferentes poblaciones inmunitarias reconocen señales relacionadas con el daño celular y contribuyen a retirar células senescentes.
Sin embargo, esa vigilancia puede resultar insuficiente. Algunas células persisten y se acumulan progresivamente, especialmente en determinados contextos asociados con el envejecimiento.
El equipo dirigido por investigadores de Cedars-Sinai encontró que PD-L2 puede intervenir en este proceso de supervivencia.
La proteína pertenece a una familia de moléculas relacionadas con la regulación de las respuestas inmunitarias. Su actividad puede participar en señales que limitan la acción de determinadas células defensivas.
Los investigadores identificaron una mayor expresión de PD-L2 en células humanas senescentes en comparación con células más jóvenes. También observaron que sus niveles aumentaban con la edad en algunos tejidos humanos examinados.
Estos resultados respaldan la hipótesis de que PD-L2 ayuda a las células senescentes a evitar su eliminación inmunitaria, aunque su importancia puede variar entre tejidos y condiciones biológicas.
Los experimentos con ratones mostraron menos células senescentes
Para estudiar si PD-L2 desempeñaba una función activa en la acumulación de células envejecidas, los científicos utilizaron modelos animales en los que la proteína había sido eliminada genéticamente o bloqueada mediante intervenciones experimentales.
Los ratones envejecidos que carecían de PD-L2 presentaron una menor acumulación de células senescentes que los animales de edad comparable con la proteína funcional.
También se observó una disminución de señales inflamatorias relacionadas con estas células.
El resultado es importante porque sugiere que PD-L2 no constituye únicamente un marcador presente en las células envejecidas, sino que podría contribuir a mantenerlas en el organismo.
La investigación apunta así hacia un mecanismo de evasión inmunitaria que podría ser relevante para comprender cómo cambian los tejidos durante el envejecimiento.
Este fenómeno debe distinguirse de la transformación de las poblaciones inmunitarias con la edad. Mientras algunos estudios examinan cómo cambian las defensas, la nueva investigación analiza cómo determinadas células senescentes podrían aprovechar señales reguladoras para escapar de su eliminación.
Mejoró la sensibilidad a la insulina y la fuerza muscular
Además de estudiar la acumulación celular, los investigadores evaluaron cambios funcionales en los animales.
Los ratones envejecidos sin PD-L2 mostraron una mayor sensibilidad a la insulina que los animales de control. Esto significa que sus organismos respondían de manera más favorable a la acción de esta hormona, esencial para regular la utilización de glucosa.
El estudio también encontró una mayor fuerza de agarre, una medida utilizada habitualmente en investigación animal para evaluar determinados aspectos de la función muscular.
En otro conjunto de experimentos, el tratamiento dirigido contra PD-L2 permitió recuperar la sensibilidad a la insulina en ratones envejecidos que conservaban la proteína.
Estos resultados sugieren que reducir la actividad de PD-L2 podría modificar algunas consecuencias funcionales asociadas con la acumulación de células senescentes.
Sin embargo, las mejoras observadas no equivalen a una demostración de que el envejecimiento haya sido revertido.
La fuerza de agarre y la sensibilidad a la insulina son indicadores específicos. No permiten establecer por sí solos que los animales hayan aumentado su esperanza de vida, recuperado globalmente la función de todos sus órganos o reducido la incidencia de enfermedades.
El descubrimiento también se investigó en células humanas
Los investigadores complementaron los experimentos animales con análisis de células y tejidos humanos.
Las células senescentes estudiadas presentaron niveles superiores de PD-L2 respecto de células no senescentes, mientras que en determinados tejidos la expresión de la proteína aumentaba con la edad.
Esta coincidencia entre observaciones humanas y resultados experimentales en ratones refuerza el interés de PD-L2 como posible marcador de senescencia celular.
Una de las aplicaciones futuras planteadas por el equipo consiste en investigar si la proteína, incluida su forma soluble, puede utilizarse para identificar o seguir la acumulación de células senescentes mediante pruebas biológicas.
Para desarrollar una prueba clínica sería necesario establecer su precisión, sensibilidad y especificidad, además de comprobar si permite distinguir adecuadamente entre cambios normales del envejecimiento y procesos patológicos.
Actualmente, los resultados no justifican utilizar PD-L2 como prueba rutinaria para determinar la edad biológica de una persona.
Una posible estrategia para eliminar células dañadas sin afectar a las sanas
Una de las líneas de investigación sobre envejecimiento busca desarrollar tratamientos capaces de reducir la acumulación de células senescentes perjudiciales.
Estas estrategias incluyen los llamados tratamientos senolíticos, cuyo objetivo es favorecer la eliminación de determinadas células senescentes, y los enfoques senomórficos, destinados a modificar su actividad o sus efectos inflamatorios.
La investigación sobre PD-L2 plantea una alternativa relacionada con la inmunidad: facilitar que el propio sistema defensivo reconozca y elimine células que permanecen en los tejidos.
Selim Chaib, investigador de Cedars-Sinai y primer autor y coautor de correspondencia del trabajo, explicó que los resultados sugieren que PD-L2 ayuda a determinadas células envejecidas a permanecer en el organismo cuando normalmente podrían ser eliminadas por las defensas.
James Kirkland, director del Center for Advanced Gerotherapeutics y autor sénior del estudio, destacó que bloquear esta proteína podría convertirse en una estrategia para ayudar al sistema inmunitario a retirar células senescentes.
No obstante, una intervención inmunitaria de este tipo exige precauciones. Las proteínas que regulan las respuestas defensivas cumplen funciones importantes para evitar una activación inmunitaria excesiva.
Por ello, bloquearlas podría producir efectos no deseados y requerir una evaluación cuidadosa de seguridad, dosis, selectividad y consecuencias a largo plazo.
El envejecimiento inmunitario es un proceso más amplio
La acumulación de células senescentes constituye solamente uno de los múltiples procesos biológicos asociados con el envejecimiento.
Con el paso de los años también se producen cambios en las células madre, las mitocondrias, la regulación genética, el metabolismo y la capacidad de reparación de los tejidos.
Además, el sistema inmunitario experimenta modificaciones en su composición y funcionamiento que pueden afectar su capacidad para responder a infecciones, reconocer células alteradas y regular la inflamación.
Las investigaciones sobre inmunosenescencia y deterioro de las defensas muestran que estos cambios no afectan de manera idéntica a todas las personas ni a todos los componentes inmunitarios.
En este contexto, PD-L2 podría representar una pieza adicional para comprender la interacción entre las células dañadas y las defensas del organismo.
La investigación también se relaciona con estudios sobre inflamación persistente, alteraciones metabólicas y pérdida de capacidad funcional durante la vejez, aunque todavía es necesario determinar en qué enfermedades concretas tendría mayor relevancia clínica.
Por qué todavía no puede hablarse de una terapia antienvejecimiento
El principal límite de los resultados es que las mejoras funcionales obtenidas mediante el bloqueo de PD-L2 proceden de experimentos con animales.
Las observaciones en células y tejidos humanos respaldan la existencia de un mecanismo biológico potencialmente relevante, pero no demuestran que bloquear esta proteína sea seguro o eficaz para tratar enfermedades relacionadas con la edad en pacientes.
Tampoco está establecido qué proporción de células senescentes sería conveniente eliminar, durante cuánto tiempo debería mantenerse una intervención o qué consecuencias tendría sobre la reparación de tejidos y otras funciones protectoras de la senescencia.
La senescencia celular no es exclusivamente perjudicial. En determinadas circunstancias participa en mecanismos fisiológicos importantes, por lo que una estrategia destinada a eliminar indiscriminadamente todas las células senescentes podría tener consecuencias no deseadas.
Otro aspecto relevante es la declaración de intereses económicos vinculados con esta línea de investigación. Algunos autores mantienen patentes o solicitudes de patente relacionadas con PD-L2 y tratamientos senolíticos, y otros tienen participaciones en empresas dedicadas al desarrollo de terapias contra procesos asociados con el envejecimiento.
Estas relaciones fueron declaradas en la publicación científica y deben considerarse junto con el diseño experimental y las limitaciones del estudio.
Los próximos estudios deberán establecer su utilidad clínica
Los investigadores consideran que una de las prioridades será comprobar si la inhibición de PD-L2 puede utilizarse de manera segura en humanos y si produce beneficios clínicos medibles.
También será necesario identificar qué tejidos y poblaciones celulares dependen más de esta proteína para evitar la eliminación inmunitaria.
Otra cuestión pendiente consiste en determinar si PD-L2 puede convertirse en un biomarcador suficientemente fiable para estudiar la senescencia celular y evaluar la respuesta a futuros tratamientos.
El trabajo aporta un resultado concreto: en los modelos estudiados, PD-L2 favoreció la persistencia de células senescentes, mientras que su eliminación o bloqueo redujo su acumulación y mejoró determinados indicadores funcionales en ratones envejecidos.
La relevancia médica del descubrimiento reside en haber identificado una posible vía de comunicación entre el envejecimiento celular y la regulación inmunitaria. Su transformación en un tratamiento dependerá de investigaciones posteriores que demuestren seguridad y beneficios reales en personas.
Fuentes referenciales:
Cell Metabolism — Blocking PD-L2 prevents senescent cell accumulation and age-related dysfunction
Cedars-Sinai — Blocking a Protein May Reduce Buildup of Harmful Aging Cells
PubMed — Registro científico del estudio sobre PD-L2 y senescencia celular

