Un análisis de más de 10 millones de hermanos en Estados Unidos encontró diferencias modestas en 150 enfermedades, desde trastornos alérgicos y del neurodesarrollo hasta afecciones digestivas
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.
Investigadores de la Universidad de Chicago y la Universidad de Columbia encontraron que la posición ocupada por una persona entre sus hermanos se asocia con diferencias en el riesgo de desarrollar determinadas enfermedades. El estudio examinó los registros sanitarios de más de 10 millones de individuos pertenecientes a 5,1 millones de familias estadounidenses con dos hijos.
Los resultados, publicados en Nature Health, identificaron patrones relacionados con 150 diagnósticos. Los primogénitos presentaron mayor frecuencia de algunas condiciones del neurodesarrollo y enfermedades alérgicas, mientras los segundos hijos mostraron más diagnósticos gastrointestinales y de abuso de sustancias.
Más de 10 millones de hermanos comparados
El equipo utilizó datos de Merative MarketScan, una base de reclamaciones médicas de personas aseguradas principalmente mediante sus empleadores en Estados Unidos. Los investigadores estudiaron 569 enfermedades y encontraron que 418 contaban con suficientes casos para efectuar los cálculos estadísticos previstos.
De esas 418 condiciones, 150 presentaron asociaciones estadísticamente significativas después de aplicar una corrección estricta por comparaciones múltiples. La distribución fue casi equilibrada: 79 diagnósticos aparecieron con mayor frecuencia entre primogénitos y 71 entre segundos hijos.
El estudio aplicó dos diseños complementarios. El primero comparó más de 1,6 millones de pares emparejados pertenecientes a familias distintas. El segundo examinó directamente a los dos hermanos de cada familia, una estrategia que permite controlar mejor características compartidas como el entorno doméstico, parte de la genética y determinados factores socioeconómicos.
Las estimaciones de ambos métodos coincidieron en la dirección del resultado para el 74,2 % de las enfermedades examinadas en los dos análisis. Esa concordancia respalda la existencia de patrones generales, aunque no convierte las asociaciones en relaciones causales.
Primogénitos con más diagnósticos alérgicos
Entre los hijos nacidos primero se observó mayor frecuencia de alergias alimentarias, rinitis alérgica y asma. Los investigadores relacionan este patrón con hipótesis previas sobre la exposición microbiana durante los primeros años de vida.
Un primogénito comienza su desarrollo sin hermanos mayores que introduzcan en el hogar microorganismos adquiridos en escuelas, guarderías y otros espacios. Los hijos posteriores, en cambio, pueden exponerse antes a una comunidad microbiana más diversa, lo que potencialmente influye en la maduración del sistema inmunitario.
Esta explicación, conocida como marco de los “viejos amigos”, no plantea que las infecciones sean beneficiosas, sino que el contacto temprano con microorganismos ambientales y comensales podría contribuir a una regulación inmunitaria más equilibrada. La relación entre microbiota y aumento de las enfermedades alérgicas continúa siendo un campo activo de investigación.
Otros estudios han encontrado que la ausencia de determinadas bacterias beneficiosas durante los primeros meses puede relacionarse con asma, alergias y eccema. Estos hallazgos sobre microbioma intestinal infantil y desarrollo inmunitario ofrecen un posible contexto biológico, pero no demuestran que convivir con hermanos prevenga por sí mismo esas enfermedades.
Autismo y TDAH aparecieron con mayor frecuencia en primeros hijos
Los primogénitos también presentaron una mayor frecuencia de diagnósticos de autismo, trastorno generalizado del desarrollo no especificado y trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Las diferencias fueron estadísticamente detectables, pero no deben utilizarse para predecir el desarrollo individual de un niño.
La relación entre orden de nacimiento y neurodesarrollo es difícil de interpretar. La edad de los padres, los cambios en los criterios diagnósticos, el acceso a los servicios médicos y las decisiones reproductivas posteriores al diagnóstico del primer hijo pueden influir en las cifras.
Los autores evaluaron específicamente el llamado cese reproductivo, es decir, la posibilidad de que algunas familias decidan no tener más hijos después de un diagnóstico. Encontraron que el autismo en el primogénito se asociaba con una reducción relativa aproximada del 13 % en la probabilidad de tener un segundo hijo.
Ese fenómeno explicó solo una parte de la diferencia observada. La comparación directa entre hermanos también mantuvo la asociación, pero los investigadores señalaron que el orden de nacimiento no debe considerarse una causa demostrada del autismo o el TDAH.
Las condiciones del neurodesarrollo tienen mecanismos complejos en los que pueden intervenir múltiples factores genéticos y ambientales. Las investigaciones sobre redes genéticas relacionadas con el autismo muestran que estos diagnósticos no pueden atribuirse a una característica familiar aislada.
Los segundos hijos mostraron otros patrones clínicos
Los segundos hijos presentaron una asociación mayor con abuso de sustancias, con una razón de probabilidades de 1,19 frente a los primogénitos. El trabajo también encontró más diagnósticos de gastritis y duodenitis, síndrome de intestino irritable, migraña, herpes zóster, enfermedad apendicular y alteraciones del tejido conectivo.
En el caso de la gastritis y la duodenitis, la razón de probabilidades fue de 1,14. Estas medidas expresan diferencias relativas entre los grupos estudiados y no indican que todos los segundos hijos tengan un riesgo elevado ni permiten calcular la probabilidad personal sin considerar otros factores.
Los investigadores plantearon que algunos patrones podrían relacionarse con comportamientos familiares y sociales. Los hermanos menores pueden estar expuestos antes a modelos de conducta de mayor edad, aunque esta interpretación continúa siendo una hipótesis y no explica necesariamente todas las asociaciones encontradas.
El estudio también detectó mayor frecuencia de acné, trastornos de adaptación y enfermedades de las vías biliares en primogénitos. La amplitud de los resultados sugiere que intervienen diferentes mecanismos y descarta una explicación única aplicable a todos los diagnósticos.
Microbiota, epigenética y entorno familiar
Además de la exposición a microorganismos, los autores mencionaron posibles diferencias epigenéticas. Un metaanálisis previo encontró variaciones en la metilación del ADN de la sangre neonatal según el orden de nacimiento, lo que indica que pueden existir diferencias biológicas medibles desde etapas tempranas.
La epigenética estudia modificaciones que regulan la actividad de los genes sin alterar la secuencia del ADN. Esas señales pueden estar influidas por la edad materna, las condiciones del embarazo, el ambiente y otros factores relacionados indirectamente con la posición del niño dentro de la familia.
La microbiota también cambia con rapidez durante la infancia y puede verse afectada por la vía del parto, la alimentación, los antibióticos y el entorno doméstico. Un estudio de la microbiota en tres generaciones mostró que los primeros años constituyen una etapa decisiva para la maduración del sistema inmunitario y gastrointestinal.
Los aspectos sociales aportan otra dimensión. La atención parental, las expectativas, el reparto de responsabilidades y la convivencia cotidiana pueden variar entre hermanos. El cuidado de hermanos menores y sus efectos emocionales ilustra cómo una misma posición familiar puede producir experiencias diferentes según la carga asumida y el apoyo recibido.
Un mapa epidemiológico, no una predicción individual
Los propios autores describieron sus análisis como exploratorios y descriptivos. El trabajo identifica dónde aparecen las asociaciones más fuertes, pero no proporciona un modelo que permita anticipar qué enfermedad desarrollará una persona a partir de su orden de nacimiento.
La mayoría de las diferencias fue modesta. Factores como antecedentes familiares, condiciones prenatales, alimentación, actividad física, exposiciones ambientales, acceso a la atención sanitaria y nivel socioeconómico continúan siendo esenciales para comprender el riesgo de enfermedad.
Los datos proceden de facturación sanitaria y reflejan diagnósticos que generaron una consulta médica cubierta por el seguro. No registran necesariamente todos los casos existentes y pueden verse afectados por diferencias en la búsqueda de atención o en la manera de utilizar los servicios médicos.
Los investigadores comprobaron que los primogénitos acumulaban un 4,5 % más de días con reclamaciones médicas que los segundos hijos. Al ajustar los cálculos por esta diferencia, los resultados se mantuvieron prácticamente sin cambios, lo que reduce la posibilidad de que el patrón dependa exclusivamente de una mayor atención sanitaria al primer hijo.
La muestra limita la generalización de los resultados
La investigación se concentró en familias estadounidenses con seguro médico vinculado al empleo, integradas principalmente por personas de ingresos medios y altos y ascendencia europea. Por lo tanto, los resultados no pueden trasladarse automáticamente a poblaciones con otros sistemas sanitarios, condiciones económicas o estructuras familiares.
El diseño principal incluyó exclusivamente hogares con dos hijos. Esta decisión permitió distinguir con claridad entre primogénitos y segundos hijos y evitar la influencia del tamaño familiar, pero dejó fuera a hijos únicos y familias con tres o más hermanos.
También resulta difícil separar por completo el orden de nacimiento de la edad parental. Los padres son necesariamente más jóvenes cuando nace el primer hijo, y la edad materna y paterna puede relacionarse de manera independiente con algunos resultados de salud.
El estudio amplía la comprensión epidemiológica de las diferencias entre hermanos, pero sus hallazgos no justifican controles médicos especiales basados únicamente en la posición familiar. La atención preventiva debe seguir guiándose por la edad, los antecedentes clínicos, los síntomas y las recomendaciones profesionales.
Fuentes referenciales:
Infobae
Nature Health
