Natación y salud del corazón


Una investigación de la Universidad Federal de São Paulo comparó natación y carrera en ratones y encontró diferencias claras en la adaptación cardíaca


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.

La natación y la carrera son dos formas conocidas de ejercicio aeróbico, pero no producen exactamente la misma respuesta en el corazón. Una investigación realizada en la Universidad Federal de São Paulo, en Brasil, comparó ambas modalidades bajo condiciones controladas y observó que la natación generó adaptaciones cardíacas más robustas que la carrera.

El estudio, publicado en Scientific Reports, fue liderado por Andrey Jorge Serra y utilizó un modelo experimental con ratones. Los investigadores organizaron tres grupos: uno sedentario, otro sometido a sesiones de carrera y un tercero entrenado con natación. El protocolo duró ocho semanas, con sesiones de una hora, cinco veces por semana.

El resultado principal fue claro: tanto nadar como correr mejoraron la aptitud cardiorrespiratoria, pero solo la natación produjo un aumento relevante de la masa cardíaca y del ventrículo izquierdo. Esa diferencia sugiere que no todas las prácticas deportivas generan el mismo impacto en la estructura y el funcionamiento del sistema cardiovascular.

Qué comparó el estudio

El equipo de la Universidad Federal de São Paulo buscaba responder una pregunta concreta: si dos ejercicios aeróbicos ampliamente recomendados pueden provocar adaptaciones cardíacas distintas cuando se realizan con una intensidad comparable.

Para evitar una comparación desigual, los investigadores ajustaron la intensidad del esfuerzo usando como referencia el consumo máximo de oxígeno. Esto permitió equiparar la carga fisiológica entre natación y carrera, aunque ambas actividades tengan mecánicas muy diferentes.

Antes y después del entrenamiento, los científicos evaluaron la capacidad cardiorrespiratoria, la estructura del miocardio, la función cardíaca y las vías genéticas y proteicas relacionadas con la hipertrofia cardíaca fisiológica. También analizaron la participación de microARNs, moléculas que regulan la síntesis de proteínas y ayudan a explicar cómo las células se adaptan al ejercicio.

Este enfoque conecta con la importancia de comprender la frecuencia cardíaca durante el ejercicio, porque no basta con saber que una actividad es saludable: también importa cómo responde el organismo según el tipo, la intensidad y el contexto de entrenamiento.

La natación produjo una adaptación más marcada

Después de ocho semanas, los dos grupos activos mejoraron su capacidad de consumo de oxígeno en más de un 5 %. Ese dato confirma que tanto la natación como la carrera fortalecieron la aptitud cardiorrespiratoria de los animales.

La diferencia apareció al estudiar la estructura del corazón. En los ratones que nadaron se observó un aumento relevante de la masa cardíaca y del ventrículo izquierdo, mientras que el grupo que corrió no mostró cambios estructurales comparables frente al grupo sedentario.

En este caso, el crecimiento cardíaco identificado no se interpreta como una señal patológica, sino como una hipertrofia fisiológica: una adaptación saludable del corazón ante una demanda física sostenida. Este tipo de respuesta puede hacer que el músculo cardíaco trabaje de forma más eficiente.

La distinción es importante porque el corazón también puede aumentar de tamaño por causas dañinas. En cambio, la hipertrofia fisiológica vinculada al ejercicio forma parte de una adaptación funcional, como se ha descrito en otros enfoques sobre hipertrofia cardíaca y respuesta del músculo cardíaco frente a distintos estímulos.

El papel de los microARNs

La clave molecular del estudio estuvo en los microARNs. Estas moléculas participan en la regulación de la expresión genética y ayudan a definir qué proteínas se producen dentro de las células. En el corazón, ese control puede influir en el crecimiento celular, la contractilidad, la formación de vasos sanguíneos y la respuesta al estrés oxidativo.

La natación moduló con más intensidad esos microARNs que la carrera. Esa mayor modulación favoreció procesos asociados con crecimiento de las células cardíacas, angiogénesis, protección frente a muerte celular y regulación de mecanismos vinculados a la función del miocardio.

Andrey Jorge Serra explicó que la natación no solo mejora la capacidad respiratoria, sino que combina adaptaciones funcionales y moleculares que hacen al corazón más fuerte y eficiente. La investigación también subrayó que existían trabajos previos sobre ejercicio aeróbico y microARNs, pero no una comparación directa entre natación y carrera bajo las mismas condiciones.

El dato no significa que correr sea inútil para la salud cardiovascular. La carrera también mejoró la aptitud cardiorrespiratoria. La diferencia es que, en este protocolo experimental, la natación generó cambios adicionales en la estructura y en las rutas moleculares del corazón.

Por qué nadar puede exigir otra respuesta cardiovascular

Los investigadores atribuyen parte de la diferencia a las características propias del medio acuático. El agua ofrece una resistencia distinta a la del aire, modifica la mecánica del esfuerzo y exige una respuesta cardiovascular particular.

Durante la natación, el cuerpo trabaja contra la resistencia del agua, coordina respiración, movimiento y flotación, y distribuye el esfuerzo de una manera distinta a la carrera. Esa combinación podría explicar por qué el corazón recibió un estímulo adaptativo más amplio en el grupo de natación.

Además, al comparar los ejercicios con base en el consumo máximo de oxígeno, el estudio redujo el riesgo de que la diferencia se debiera simplemente a que una actividad fuera más intensa que la otra. La conclusión apunta más bien a que la modalidad de ejercicio importa, incluso cuando el esfuerzo global parece equivalente.

Esta lectura es coherente con investigaciones que destacan la relación entre ejercicio aeróbico y arterias sanas, donde la actividad física no solo se mide por duración, sino también por el tipo de estímulo que genera sobre el sistema cardiovascular.

Implicaciones para rehabilitación e investigación

Los autores plantearon que la natación podría tener un impacto especial en situaciones de recuperación del miocardio, rehabilitación cardíaca y estudios científicos sobre adaptación cardiovascular. Esto no equivale a una recomendación directa para todos los pacientes, pero sí abre una línea de investigación relevante.

En contextos clínicos, elegir una actividad física no depende únicamente de cuál produce más cambios en un estudio experimental. También influyen edad, condición física, historial cardíaco, lesiones, movilidad, acceso a instalaciones, tolerancia al esfuerzo y supervisión profesional.

Por esa razón, los especialistas remarcaron que la elección de la modalidad deportiva depende del gusto, la aptitud y el disfrute personal. Un ejercicio que la persona puede sostener en el tiempo suele ser más útil que una actividad teóricamente superior pero difícil de mantener.

Aun así, el estudio advierte que natación y carrera no deberían tratarse siempre como si fueran equivalentes en investigación cardiovascular. Si sus efectos moleculares y estructurales son distintos, los protocolos científicos y los programas de rehabilitación podrían necesitar diseños más específicos.

Correr sigue siendo beneficioso

El hallazgo no presenta la carrera como una práctica perjudicial. En el experimento, correr también mejoró la capacidad cardiorrespiratoria, un indicador relevante para la salud general y la prevención de enfermedades cardiovasculares.

La diferencia está en que la natación mostró beneficios adicionales sobre la estructura cardíaca y las rutas moleculares vinculadas con la adaptación saludable del corazón. Esa ventaja observada en ratones debe interpretarse con prudencia antes de trasladarla directamente a humanos.

En la vida cotidiana, correr puede ser más accesible para muchas personas, mientras que nadar exige piscina, técnica, tiempo y condiciones específicas. Por eso, el mensaje práctico no es abandonar una actividad por otra, sino comprender que cada ejercicio produce estímulos diferentes.

La evidencia disponible también recuerda que la regularidad sigue siendo un factor central. Diversas investigaciones sobre ejercicio sin impacto y circulación coinciden en que el movimiento sostenido ayuda a mejorar la función cardiovascular, especialmente cuando se adapta a las necesidades de cada persona.

Una señal para elegir mejor el ejercicio

El estudio de la Universidad Federal de São Paulo aporta una conclusión precisa: nadar y correr pueden mejorar la capacidad cardiorrespiratoria, pero la natación generó una adaptación cardíaca más robusta en el modelo experimental analizado.

La mayor modulación de microARNs, el aumento de la masa cardíaca y el crecimiento del ventrículo izquierdo muestran que el corazón no responde igual a todos los ejercicios aeróbicos. La modalidad, la mecánica del movimiento y el entorno donde se practica la actividad influyen en la respuesta del sistema cardiovascular.

Para la prevención y el cuidado cardíaco, el hallazgo refuerza una idea central: la actividad física debe elegirse con criterio, preferencia personal y orientación médica cuando existen antecedentes o necesidades específicas. La natación aparece como una opción especialmente interesante para seguir investigando en salud cardíaca, recuperación del miocardio y rehabilitación.

Fuente(s) referenciales

Infobae: ¿Nadar o correr? Un estudio revela cuál ejercicio fortalece más el corazón