La primera evaluación conjunta de diez especialidades proyecta una caída del 4,2 % en la oferta y un aumento del 12,8 % en la demanda, con déficits especialmente graves en las zonas rurales
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Estados Unidos podría enfrentar un déficit de 27.940 cirujanos para 2038 si continúan las tendencias actuales de formación, retiro profesional, distribución geográfica y demanda asistencial. La proyección procede de un nuevo análisis nacional presentado por investigadores vinculados a Case Western Reserve University School of Medicine y Cleveland Clinic y difundido por el American College of Surgeons (ACS), que por primera vez evaluó conjuntamente la oferta y la demanda en diez especialidades quirúrgicas.
El estudio estima que entre 2023 y 2038 la oferta total de cirujanos disminuirá un 4,2 %, mientras la demanda aumentará un 12,8 %. Como resultado, la fuerza laboral disponible cubriría aproximadamente el 84,3 % de las necesidades quirúrgicas estimadas para el país al final del periodo.
Las cifras constituyen proyecciones y no una predicción inevitable. Dependen de un modelo que incorpora tendencias demográficas, utilización de servicios sanitarios y disponibilidad de profesionales. Además, el trabajo será presentado en el Scientific Forum del ACS Clinical Congress 2026, celebrado en Washington entre el 26 y el 29 de septiembre, y el resumen ha sido seleccionado por un comité científico pero todavía no ha pasado por una revisión por pares completa.
Diez especialidades fueron analizadas en un mismo modelo
Los investigadores utilizaron el Health Workforce Simulation Model, una herramienta del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos destinada a proyectar la evolución de diferentes profesiones sanitarias.
El análisis incluyó cirugía general, cirugía colorrectal, cirugía vascular, cirugía torácica, cirugía plástica, neurocirugía, ortopedia, urología, otorrinolaringología y oftalmología. La demanda futura se estimó utilizando variables demográficas, patrones de utilización de los servicios sanitarios y relaciones entre médicos y población.
Hasta ahora, muchas evaluaciones de la fuerza laboral quirúrgica estadounidense se habían concentrado en una especialidad concreta o en grupos reducidos de profesionales. La nueva investigación intenta ofrecer una perspectiva conjunta para identificar qué áreas podrían presentar las mayores diferencias entre la cantidad de cirujanos disponibles y las necesidades previstas de los pacientes.
La disponibilidad de profesionales constituye una parte esencial de la capacidad de cualquier sistema sanitario. La presión sobre determinados puestos ya está impulsando soluciones tecnológicas en otras áreas: en Estados Unidos, por ejemplo, la FDA autorizó un sistema robótico de extracción de sangre que puede funcionar bajo la supervisión de personal capacitado, una tecnología planteada parcialmente como respuesta a las dificultades para cubrir puestos de flebotomía.
Cirugía vascular tendría uno de los déficits más pronunciados
Las proyecciones no son iguales para todas las especialidades. El análisis identifica cuatro áreas con los mayores déficits relativos: cirugía vascular, oftalmología, cirugía torácica y cirugía plástica.
En cirugía vascular, la fuerza laboral proyectada cubriría solamente el 65,8 % de la necesidad estimada en 2038. En oftalmología alcanzaría el 71,8 %, mientras que la cirugía torácica llegaría al 73,1 % y la cirugía plástica al 74,1 %.
Otros cuatro campos presentarían déficits moderados: urología, con una cobertura proyectada del 84,4 %; otorrinolaringología, con 87,5 %; ortopedia, con 87,9 %; y neurocirugía, con 88,7 %.
Las proyecciones son menos desfavorables para cirugía general y cirugía colorrectal. El modelo estima que la primera cubriría el 91,3 % de la necesidad y la segunda aproximadamente el 98,3 %, una cifra mucho más próxima al equilibrio entre oferta y demanda.
Estas diferencias son importantes porque una cifra nacional agregada puede ocultar déficits mucho más intensos dentro de determinadas especialidades. También significa que aumentar simplemente el número total de médicos no garantizaría por sí solo que las necesidades se cubran allí donde se esperan las mayores carencias.
Las zonas rurales afrontarían una brecha todavía mayor
La distribución geográfica aparece como otro elemento central del análisis. Los investigadores proyectan que la diferencia entre oferta y demanda será mayor en las comunidades rurales que en las zonas urbanas.
Para los pacientes, una menor disponibilidad de especialistas puede traducirse en tiempos de espera más prolongados y desplazamientos mayores para recibir atención. En determinadas regiones rurales, acceder a un procedimiento especializado ya puede requerir viajar durante horas hasta un hospital con capacidad quirúrgica suficiente.
La desigualdad territorial no afecta exclusivamente a la cirugía. El acceso limitado a profesionales y servicios especializados puede amplificar diferentes problemas sanitarios. En salud bucodental, por ejemplo, especialistas han advertido que los niños de comunidades rurales y de bajos ingresos pueden ser especialmente vulnerables cuando disminuyen determinadas medidas preventivas y el acceso a atención odontológica es limitado.
La ubicación de los profesionales importa tanto como su número total. Formar más especialistas sin conseguir que una parte de ellos trabaje en las regiones con mayor déficit podría mantener diferencias importantes en el acceso a la atención.
La demanda aumentaría mientras disminuye la oferta
La brecha proyectada resulta de dos tendencias que avanzan simultáneamente en direcciones opuestas. Por un lado, el número disponible de cirujanos disminuiría un 4,2 % entre 2023 y 2038. Por otro, la demanda estimada de servicios quirúrgicos crecería un 12,8 %.
El envejecimiento de la población estadounidense forma parte del contexto de estas proyecciones. Una población de mayor edad puede necesitar más intervenciones relacionadas con enfermedades cardiovasculares, cáncer, trastornos musculoesqueléticos, problemas oftalmológicos y otras condiciones cuya atención puede requerir especialistas quirúrgicos.
Al mismo tiempo, la fuerza laboral médica también envejece y parte de los profesionales actualmente activos se jubilará durante el periodo analizado. El ritmo con el que nuevos especialistas terminan la formación deberá compensar esas salidas y responder además al crecimiento de la demanda.
La formación quirúrgica requiere años después de completar los estudios de medicina. Esto limita la posibilidad de responder rápidamente a una escasez una vez que ya se ha producido y aumenta la importancia de anticipar las necesidades con suficiente tiempo.
Las plazas de residencia forman parte del debate
Los autores señalan la formación de nuevos médicos como una de las áreas en las que podrían adoptarse medidas para modificar las proyecciones. Una de las propuestas mencionadas es ampliar las plazas disponibles en programas de residencia médica.
El investigador principal Fernando Ribeiro Duraes, estudiante de medicina de Case Western Reserve University School of Medicine, señaló que las soluciones deberían adaptarse tanto a cada especialidad como a las diferencias geográficas, en lugar de aplicar únicamente incrementos generales de profesionales.
Entre las medidas discutidas por los investigadores figuran el aumento de plazas de residencia y programas capaces de incentivar el ejercicio profesional en comunidades con menor disponibilidad de especialistas. También mencionan instrumentos de apoyo financiero y condonación de préstamos vinculados al servicio público como posibles mecanismos para favorecer la distribución territorial.
Estas propuestas pertenecen al ámbito de las políticas de fuerza laboral y no constituyen resultados demostrados por el estudio. El análisis proyecta la magnitud y distribución potencial de la escasez, pero no prueba que una intervención concreta vaya a eliminarla.
La escasez de profesionales puede convertirse en una barrera clínica
Disponer de un tratamiento eficaz no garantiza que todas las personas que podrían beneficiarse puedan acceder a él. La distancia hasta los centros médicos, la disponibilidad de especialistas, los costos, la cobertura sanitaria y la continuidad asistencial pueden determinar si un paciente recibe atención a tiempo.
Este problema se observa también fuera de la cirugía. Investigaciones sobre hepatitis C han encontrado que algunas poblaciones estadounidenses continúan teniendo menor acceso a tratamientos altamente eficaces, pese a que existen medicamentos capaces de curar la infección en una elevada proporción de pacientes.
En cirugía, la disponibilidad de especialistas puede ser particularmente crítica cuando el tiempo condiciona el resultado. Procedimientos por cáncer, enfermedad vascular, traumatismos o determinadas patologías torácicas y neurológicas pueden requerir derivaciones rápidas hacia equipos especializados.
Un déficit de profesionales tampoco implica necesariamente que todos los pacientes experimenten retrasos. La organización de redes hospitalarias, la distribución de procedimientos entre centros, la incorporación de nuevas tecnologías y los cambios en los modelos asistenciales pueden modificar la capacidad efectiva del sistema.
La tecnología puede aumentar capacidad, pero no sustituye toda la fuerza laboral
La automatización, la telemedicina, la inteligencia artificial y otras tecnologías sanitarias podrían ayudar a reorganizar determinadas tareas, reducir cargas administrativas o ampliar la capacidad de algunos servicios. Sin embargo, las proyecciones del nuevo estudio se refieren a especialistas responsables de procedimientos quirúrgicos y de decisiones clínicas que requieren formación altamente especializada.
La experiencia con nuevas herramientas médicas muestra que automatizar una tarea concreta no equivale necesariamente a eliminar la necesidad de profesionales. El sistema robótico Aletta, por ejemplo, automatiza una venopunción pero continúa requiriendo supervisión humana, identificación correcta del paciente, control de muestras y capacidad para intervenir ante problemas.
En cirugía, las tecnologías robóticas pueden asistir al profesional durante determinados procedimientos, pero continúan dependiendo de cirujanos capacitados para seleccionar pacientes, planificar la intervención, manejar complicaciones y tomar decisiones durante y después de la operación.
Por esa razón, las innovaciones tecnológicas y la planificación de la fuerza laboral son cuestiones complementarias. Una tecnología que aumente la productividad puede modificar algunas necesidades futuras, pero el efecto real deberá medirse y no asumirse automáticamente.
Las cifras de 2038 pueden cambiar
Los investigadores utilizaron un modelo de simulación y, como ocurre con cualquier proyección a largo plazo, los resultados dependen de los supuestos incorporados. Cambios en la población, formación médica, jubilaciones, migración de profesionales, utilización de servicios, tecnologías o políticas sanitarias podrían alterar el escenario previsto.
La cifra de 27.940 cirujanos faltantes debe interpretarse por tanto como el resultado del escenario modelado y no como una cantidad inevitable que necesariamente se materializará en 2038.
Existe además una limitación científica importante: los resultados anunciados forman parte de un resumen aceptado para presentación en el Scientific Forum del ACS Clinical Congress 2026. El American College of Surgeons especifica que estos trabajos son revisados y seleccionados por un comité del programa, pero todavía no han sido sometidos al proceso completo de revisión por pares propio de una publicación científica definitiva.
La relevancia del análisis reside en ofrecer una evaluación integrada de diez especialidades y señalar dónde podrían concentrarse las mayores brechas. Si las tendencias utilizadas por el modelo se mantienen, Estados Unidos tendría que afrontar simultáneamente una reducción de la oferta quirúrgica, un crecimiento de la demanda y desigualdades geográficas que afectarían especialmente a las comunidades rurales.
La planificación anticipada será determinante porque formar un cirujano requiere muchos años. Las decisiones sobre residencias, distribución territorial, incentivos profesionales y organización de los servicios que se adopten antes de que aparezcan los déficits pueden modificar sustancialmente el escenario que el modelo proyecta para 2038.
Fuente referencial:
American College of Surgeons

