Una investigación publicada en JAMA, con 3.959 pacientes de 13 hospitales estadounidenses, encontró que comenzar antes este medicamento no redujo significativamente la mortalidad a los 28 días.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Un ensayo clínico desarrollado por investigadores de Intermountain Health, en Estados Unidos, encontró que iniciar la administración de vasopresina cuando los pacientes con shock séptico necesitan dosis relativamente bajas de otros medicamentos para sostener la presión arterial no reduce significativamente la mortalidad en comparación con esperar hasta alcanzar dosis mayores. Los resultados, publicados el 14 de octubre de 2026 en la revista científica JAMA, aportan evidencia para una decisión habitual en las unidades de cuidados intensivos: cuándo incorporar un segundo fármaco vasopresor durante el tratamiento de una infección potencialmente mortal.
La investigación, denominada VASSPR, incluyó a 3.959 adultos atendidos en 13 hospitales de Utah e Idaho entre febrero de 2024 y julio de 2025. Los científicos compararon dos estrategias hospitalarias que recomendaban comenzar la vasopresina en distintos momentos de la evolución del shock.
La mortalidad a los 28 días fue del 31,8 % entre los pacientes asignados a la estrategia de inicio más temprano y del 33,0 % entre quienes recibieron atención bajo la estrategia de inicio más tardío. Después del ajuste estadístico, la diferencia no resultó significativa.
El hallazgo no significa que la vasopresina sea innecesaria ni que deba retrasarse sistemáticamente su administración. Lo que indica es que, dentro de las condiciones evaluadas, recomendar su incorporación a un umbral más bajo de otros vasopresores no produjo una mejora demostrable en la supervivencia.
El shock séptico exige mantener la circulación sanguínea
La sepsis es una disfunción orgánica potencialmente mortal causada por una respuesta desregulada del organismo frente a una infección. Puede desarrollarse a partir de diferentes focos infecciosos y afectar rápidamente el funcionamiento de órganos esenciales.
En los casos más graves aparece el shock séptico, caracterizado por alteraciones circulatorias y metabólicas que pueden provocar una caída persistente de la presión arterial y comprometer el suministro de oxígeno a los tejidos.
Los pacientes pueden necesitar atención en cuidados intensivos, antibióticos, líquidos intravenosos, vigilancia continua y medicamentos capaces de contraer los vasos sanguíneos para mantener una presión adecuada.
Estos medicamentos se denominan vasopresores. La norepinefrina suele utilizarse como tratamiento inicial, mientras que la vasopresina puede incorporarse cuando el soporte circulatorio necesita intensificarse.
La elección del tratamiento también depende del control de la infección responsable. Identificar el microorganismo y determinar su respuesta a los medicamentos puede requerir pruebas de sensibilidad a los antibióticos, especialmente cuando existe sospecha de resistencia antimicrobiana.
Sin embargo, aunque el uso de vasopresores constituye una intervención fundamental en el shock séptico, todavía existen preguntas sobre el momento óptimo para añadir un segundo medicamento.
Dos estrategias de tratamiento comparadas en 13 hospitales
El equipo encabezado por Ithan D. Peltan, especialista del Intermountain Medical Center, diseñó un ensayo pragmático para evaluar una decisión terapéutica dentro de la práctica hospitalaria habitual.
Los investigadores compararon una estrategia que recomendaba iniciar vasopresina cuando la dosis total de otros vasopresores alcanzaba el equivalente a 0,1 microgramos por kilogramo de peso corporal por minuto de norepinefrina frente a otra que establecía el umbral en 0,4 microgramos por kilogramo por minuto.
En ambos casos, la recomendación contemplaba administrar vasopresina a una dosis fija de 0,03 unidades por minuto.
La diferencia entre las estrategias no consistía en administrar cantidades distintas de vasopresina, sino en modificar el nivel de soporte vasopresor previo que activaba la recomendación de añadirla.
El ensayo utilizó un diseño aleatorizado por conglomerados con intercambio de estrategias. En lugar de asignar individualmente a cada paciente mediante un procedimiento convencional, los hospitales fueron distribuidos inicialmente entre las dos recomendaciones y posteriormente alternaron de estrategia cada mes.
Este enfoque permitió estudiar las decisiones terapéuticas dentro del funcionamiento real de los centros sanitarios, donde los médicos conservaban capacidad de adaptación según la evolución clínica.
La investigación incluyó pacientes con una mediana de edad de 68 años. Aproximadamente el 48 % eran mujeres.
La mortalidad fue similar con ambos momentos de inicio
El principal resultado evaluado fue la mortalidad durante los 28 días posteriores a la inclusión en el ensayo.
Entre los 1.975 pacientes asignados a la estrategia que recomendaba comenzar antes la vasopresina, fallecieron 628, equivalentes al 31,8 %.
En el grupo de 1.984 pacientes atendidos bajo la estrategia de inicio más tardío se registraron 655 fallecimientos, equivalentes al 33,0 %.
La diferencia observada fue de 1,2 puntos porcentuales en las tasas brutas. No obstante, el análisis ajustado estimó una diferencia de riesgo de -0,4 puntos porcentuales, con un intervalo de confianza del 95 % comprendido entre -2,7 y 1,3 puntos.
El valor de probabilidad estadística fue de 0,62, por lo que los investigadores no encontraron evidencia suficiente para concluir que la estrategia de inicio más temprano redujera la mortalidad.
Estos resultados son especialmente relevantes porque el estudio examinó una intervención frecuente en pacientes de elevada gravedad y contó con una muestra amplia.
La ausencia de una diferencia estadísticamente significativa tampoco demuestra que ambas estrategias sean idénticas en todas las circunstancias. El ensayo permite descartar determinadas expectativas de beneficio, pero no elimina la posibilidad de diferencias pequeñas o efectos específicos en subgrupos que requieran investigaciones adicionales.
La vasopresina sí se administró antes en el grupo correspondiente
Una cuestión importante era comprobar que las dos estrategias realmente generaban diferencias en la práctica clínica.
Entre los pacientes que recibieron vasopresina, el medicamento comenzó después de una mediana de 1,4 horas desde la inclusión en el ensayo bajo la estrategia de umbral más bajo, frente a 2,2 horas con el umbral más alto.
También existieron diferencias en las dosis de otros vasopresores administradas antes de iniciar el segundo medicamento.
La dosis máxima previa de norepinefrina o su equivalente fue de 0,14 microgramos por kilogramo por minuto en la estrategia de inicio más temprano, frente a 0,34 en la estrategia más tardía.
Esto confirma que las recomendaciones modificaron el momento de incorporación de la vasopresina, aunque los médicos conservaron discrecionalidad para adaptar el tratamiento a las necesidades individuales.
La diferencia temporal entre las estrategias fue relativamente limitada. Por ello, los resultados no deben extrapolarse a retrasos mucho mayores ni a pacientes en quienes exista una indicación clínica urgente para intensificar el soporte circulatorio.
Tampoco hubo una mejora demostrada en la función renal
Además de la mortalidad, los investigadores analizaron los días transcurridos sin necesidad de tratamiento de sustitución renal durante el período de seguimiento.
Este indicador resulta importante porque la sepsis y el shock séptico pueden producir lesión renal aguda, una complicación que en determinados pacientes requiere diálisis u otras formas de soporte extracorpóreo.
El ensayo no encontró una diferencia significativa entre las dos estrategias en los días libres de tratamiento de sustitución renal.
Los análisis también examinaron otros resultados relacionados con la evolución hospitalaria y la recuperación. En conjunto, no identificaron una ventaja clínica consistente de la recomendación de comenzar vasopresina a un umbral menor.
En el grupo de inicio más temprano se observaron algunas diferencias en determinados acontecimientos adversos, incluido el shock cardiogénico, pero estos hallazgos secundarios deben interpretarse con cautela y no modificaron la conclusión principal sobre supervivencia.
Los investigadores subrayan que el objetivo no era cuestionar la necesidad de sostener la circulación sanguínea, sino establecer si una intensificación más temprana mediante vasopresina ofrecía beneficios adicionales medibles.
La investigación aborda una decisión cotidiana en cuidados intensivos
La importancia del ensayo reside en que los equipos médicos deben decidir continuamente cómo ajustar los tratamientos cuando un paciente presenta una infección grave acompañada de inestabilidad circulatoria.
En estos escenarios, administrar más medicamentos o incorporarlos antes no siempre produce mejores resultados. Cada intervención debe evaluarse según sus beneficios, riesgos y efectos sobre la evolución clínica.
La atención hospitalaria también requiere medidas de prevención y control de infecciones. Un análisis reciente sobre prevención de infecciones asociadas con catéteres mostró que disponer de sistemas de vigilancia no garantiza por sí solo la aplicación constante de todas las medidas preventivas recomendadas.
De manera semejante, otras investigaciones han advertido que determinadas intervenciones rutinarias en cuidados intensivos deben ajustarse al contexto epidemiológico. El uso generalizado de algunos procedimientos de desinfección, por ejemplo, requiere equilibrar la prevención de infecciones con sus posibles consecuencias sobre la resistencia bacteriana.
En el caso de la vasopresina, los resultados de VASSPR aportan evidencia experimental para evitar asumir que adelantar sistemáticamente su incorporación mejorará la supervivencia.
La decisión individual continúa dependiendo de la presión arterial, la perfusión de los órganos, la respuesta a la norepinefrina y las demás condiciones clínicas del paciente.
Un ensayo pragmático con fortalezas y limitaciones
El estudio presenta varias fortalezas metodológicas. Incluyó casi 4.000 pacientes, se realizó en múltiples hospitales y utilizó asignación aleatoria de las estrategias, lo que permite obtener evidencia más sólida que una comparación exclusivamente observacional.
Su diseño pragmático también ofrece información sobre la efectividad de las recomendaciones dentro de la atención cotidiana, sin exigir que todas las decisiones clínicas siguieran un protocolo rígido.
Sin embargo, esa misma característica introduce limitaciones.
El ensayo fue abierto: los profesionales conocían la estrategia asignada. Además, la adherencia a las recomendaciones no fue absoluta, porque los médicos podían modificar el tratamiento cuando lo consideraban necesario.
Las estrategias tampoco produjeron una separación completa entre todos los pacientes. Algunos no llegaron a necesitar vasopresina y otros recibieron el medicamento de acuerdo con decisiones individuales.
Por otra parte, los 13 hospitales pertenecían a un sistema sanitario integrado de Estados Unidos. Los resultados podrían diferir en centros con otros recursos, protocolos o características de pacientes.
El ensayo tampoco comparó todas las dosis posibles de inicio ni evaluó directamente cualquier alternativa terapéutica disponible para el shock séptico.
Por estas razones, sus conclusiones deben aplicarse a las estrategias específicas estudiadas y no interpretarse como una recomendación universal de retrasar el tratamiento.
La resistencia antimicrobiana complica la atención de infecciones graves
El manejo del shock séptico depende de dos intervenciones complementarias: tratar la infección responsable y sostener las funciones vitales mientras el organismo responde al tratamiento.
Cuando la infección está causada por bacterias resistentes, seleccionar un antimicrobiano eficaz puede resultar más difícil y exigir información microbiológica adicional.
La circulación de microorganismos resistentes en los centros sanitarios representa un desafío para la prevención. Una investigación desarrollada en Guatemala relacionó la exposición a establecimientos de salud con una mayor probabilidad de portar determinadas bacterias resistentes, aunque el estudio no demostró que la visita hospitalaria fuera por sí misma la causa de esa colonización.
Este tipo de resultados complementa las investigaciones sobre soporte circulatorio, porque una estrategia de vasopresores no sustituye la identificación y el tratamiento oportuno del foco infeccioso.
También explica por qué la vigilancia de bacterias resistentes en hospitales y comunidades forma parte de los esfuerzos destinados a reducir complicaciones graves de las infecciones.
Qué pueden cambiar estos resultados en la práctica médica
Las recomendaciones internacionales sobre sepsis contemplan añadir vasopresina cuando los pacientes necesitan dosis crecientes de norepinefrina. Sin embargo, el umbral exacto para comenzar el segundo medicamento ha sido motivo de incertidumbre.
El ensayo VASSPR aporta una comparación aleatorizada directa entre dos estrategias de inicio y muestra que recomendar un umbral de 0,1 microgramos por kilogramo por minuto no mejoró la mortalidad a los 28 días respecto de utilizar un umbral de 0,4.
En un editorial publicado junto con la investigación, los especialistas Romain Pirracchio y Christopher W. Seymour examinaron las implicaciones de estos resultados y la necesidad de seguir estudiando cómo optimizar el soporte hemodinámico en el shock séptico.
El resultado puede ayudar a los equipos de cuidados intensivos a tomar decisiones con mayor respaldo científico, especialmente cuando consideran adelantar la incorporación de vasopresina por la expectativa de mejorar la supervivencia.
También pone de relieve el valor de los ensayos que no encuentran beneficios adicionales de una intervención. Estos estudios permiten revisar prácticas, orientar futuras guías clínicas y concentrar recursos en tratamientos que demuestren ventajas relevantes para los pacientes.
Los autores concluyen que una estrategia hospitalaria que recomienda comenzar antes la vasopresina no redujo significativamente la mortalidad a los 28 días frente a otra que aconsejaba incorporarla cuando se alcanzaban dosis más altas de otros vasopresores.
La investigación no cambia la urgencia de tratar el shock séptico ni elimina el papel de la vasopresina. Su aportación principal consiste en precisar, mediante evidencia clínica, los límites del beneficio esperado al adelantar sistemáticamente su administración.
Fuentes referenciales:
JAMA — Effect of Vasopressin Initiation Threshold on Septic Shock Mortality: The VASSPR Cluster Crossover Randomized Strategy Trial
JAMA — Vasopressin in Septic Shock: Is Early the Right Question?
Intermountain Health — Septic shock trial finds escalating treatment earlier does not improve patient outcomes

