Investigadores de Dinamarca y Suecia analizaron datos de 64.406 adultos durante un período de hasta 24 años y encontraron una menor mortalidad asociada con un patrón alimentario rico en cereales integrales, vegetales, frutas, pescado y grasas saludables.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Una investigación encabezada por científicos de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, y la Universidad de Upsala, en Suecia, encontró que mantener una dieta nórdica saludable podría relacionarse con una mayor supervivencia a largo plazo. El análisis, realizado con información de 64.406 adultos suecos, identificó una menor mortalidad por todas las causas durante un período de hasta 24 años entre quienes seguían este patrón alimentario.
Los resultados, publicados en The American Journal of Clinical Nutrition, indican que una adherencia sostenida a la dieta nórdica saludable se asoció con un riesgo de muerte aproximadamente un 4 % menor que el estimado para quienes seguían las Recomendaciones Nórdicas de Nutrición de 2023. Frente a un escenario sin una intervención alimentaria específica, la reducción estimada alcanzó el 6 %.
La investigación aporta nuevos datos sobre la relación entre alimentación y longevidad, aunque sus autores advierten que los resultados proceden de modelos estadísticos y no demuestran que adoptar esta dieta, por sí sola, prolongue la vida de una persona.
Un seguimiento de más de 64.000 adultos durante 24 años
Los investigadores utilizaron información de hombres y mujeres suecos de mediana y avanzada edad, recopilada en distintos momentos entre 1997 y 2019. El objetivo consistió en estimar los posibles efectos de mantener determinados patrones alimentarios durante un período prolongado.
Para ello aplicaron una metodología conocida como emulación de ensayo clínico objetivo. Esta técnica permite utilizar datos observacionales para reproducir, mediante procedimientos estadísticos, algunas características de un ensayo clínico que sería difícil desarrollar durante varias décadas.
El análisis comparó tres escenarios hipotéticos: mantener una dieta nórdica saludable, seguir las recomendaciones nutricionales nórdicas de 2023 o continuar sin una intervención dietética específica.
Los científicos encontraron diferencias relativamente pequeñas, pero favorables, en las estimaciones de mortalidad general asociadas con el patrón nórdico saludable. La comparación sugiere que la composición y la continuidad de la alimentación podrían tener relevancia para la supervivencia a largo plazo.
Estos resultados se relacionan con otras investigaciones sobre la calidad de la alimentación y el envejecimiento saludable, que han identificado asociaciones entre diversos patrones nutricionales y la conservación de capacidades físicas, cognitivas y mentales durante la vejez.
Qué alimentos caracterizan a la dieta nórdica
La dieta nórdica saludable se inspira en los alimentos tradicionalmente disponibles en países como Suecia, Dinamarca, Noruega, Finlandia e Islandia. Su principal característica es la elevada presencia de productos vegetales, cereales integrales, pescado y grasas insaturadas.
Entre los alimentos más representativos se encuentran la avena, el centeno, las legumbres, las zanahorias, las remolachas, las coles y otras hortalizas adaptadas a climas fríos. También incluye frutas como manzanas, peras, arándanos y diferentes variedades de bayas.
El pescado ocupa un lugar destacado, especialmente especies grasas como el salmón, que aportan proteínas de alta calidad y ácidos grasos omega-3. Estos nutrientes participan en diferentes funciones del organismo y forman parte de patrones alimentarios asociados con una mejor salud cardiovascular.
Otro componente característico es el aceite de colza, también denominado aceite de canola, utilizado como fuente de grasas insaturadas. En este modelo cumple una función semejante a la del aceite de oliva dentro de la alimentación mediterránea.
La propuesta también busca reducir el consumo de carnes procesadas, productos ultraprocesados, azúcares añadidos y alimentos con elevadas cantidades de grasas saturadas.
Los fundamentos de este patrón ya habían sido examinados por Mundo de la Salud en un artículo sobre los alimentos de la dieta nórdica y sus posibles beneficios cardiovasculares, donde se explica su composición y las diferencias con otros modelos de alimentación saludable.
Los cereales integrales y la fibra tienen un papel importante
Uno de los aspectos nutricionales más relevantes de la dieta nórdica es su preferencia por los cereales completos frente a las harinas refinadas. La avena y el centeno conservan componentes del grano que proporcionan fibra, vitaminas, minerales y otros compuestos beneficiosos.
La fibra alimentaria contribuye al funcionamiento intestinal y participa en la regulación de diversos procesos metabólicos. Su consumo habitual, dentro de una alimentación equilibrada, se ha relacionado con mejores indicadores de salud y menor riesgo de determinadas enfermedades crónicas.
El interés por estos alimentos también aparece en investigaciones realizadas fuera de los países escandinavos. Un estudio español examinó la relación entre la calidad de los carbohidratos y la mortalidad en adultos con alto riesgo cardiovascular, encontrando asociaciones favorables con una mayor ingesta de fibra y cereales integrales.
Los resultados de ese trabajo fueron explicados en un análisis sobre la calidad de los carbohidratos y su relación con la longevidad, que destacó la importancia de diferenciar los alimentos integrales de los productos elaborados principalmente con harinas refinadas.
Sin embargo, los beneficios observados no deben atribuirse exclusivamente a la fibra. Los alimentos integrales contienen una combinación de nutrientes y compuestos bioactivos, mientras que las personas que los consumen regularmente también pueden mantener otros hábitos favorables para la salud.
El pescado y las grasas saludables completan el patrón alimentario
Además de los productos vegetales, la dieta nórdica incorpora pescado como fuente habitual de proteínas y grasas poliinsaturadas. El salmón, el arenque y otras especies consumidas tradicionalmente en el norte de Europa forman parte de este modelo nutricional.
Los ácidos grasos omega-3 presentes en numerosos pescados participan en funciones celulares y se han estudiado ampliamente por su relación con la salud cardiovascular y metabólica.
La relevancia de estos nutrientes también ha sido examinada en un artículo sobre los beneficios del pescado para la salud y su impacto ambiental, donde se analizan su aporte proteico, sus ácidos grasos esenciales y su presencia en diferentes patrones alimentarios saludables.
En la dieta nórdica, el pescado se combina con aceites vegetales y otros alimentos ricos en grasas insaturadas. Esta distribución busca limitar la proporción de grasas saturadas procedentes de determinados productos animales y preparaciones industriales.
El beneficio potencial depende del conjunto de la alimentación, de las cantidades consumidas y de las características individuales. Ningún alimento aislado garantiza una reducción de la mortalidad ni sustituye otras medidas preventivas.
La investigación no encontró una protección hepática concluyente
Aunque los resultados relacionados con la mortalidad general fueron favorables, el objetivo principal del estudio consistía en evaluar la aparición de complicaciones hepáticas graves a largo plazo.
En este apartado, los investigadores no encontraron evidencia suficientemente clara para afirmar que la dieta nórdica saludable redujera el riesgo de estos acontecimientos frente a los otros escenarios alimentarios examinados.
Las estimaciones de riesgo acumulado a 24 años fueron del 0,53 % para la dieta nórdica saludable, del 0,70 % para las recomendaciones nutricionales de 2023 y del 0,64 % para el escenario sin intervención alimentaria definida.
Aunque las cifras muestran diferencias numéricas, los intervalos de incertidumbre se superpusieron. Por ese motivo, los autores evitaron presentar los resultados como una demostración de protección frente a enfermedades hepáticas graves.
Esta distinción es importante porque un patrón alimentario puede mostrar asociaciones favorables con determinados indicadores de salud sin producir necesariamente beneficios demostrables en todos los órganos o enfermedades.
Estudios anteriores habían encontrado mejoras en la grasa del hígado
La investigación se suma a otros trabajos desarrollados en Suecia sobre alimentación nórdica y salud metabólica. Entre ellos figura un ensayo clínico anterior de la Universidad de Upsala que evaluó durante un año a adultos con prediabetes o diabetes tipo 2.
Los participantes siguieron un patrón alimentario basado en avena, pan de centeno, pescado graso, productos locales y aceite de canola, con una presencia reducida de mantequilla, pan blanco y pasta refinada.
El investigador Ulf Risérus, de la Universidad de Upsala, explicó que las personas con diabetes que siguieron esta alimentación registraron una reducción de algo más del 20 % en la grasa hepática.
También se observaron cambios favorables en el peso corporal y determinados indicadores relacionados con la glucosa y los lípidos sanguíneos.
No obstante, estos resultados corresponden a un ensayo diferente y no demuestran que la dieta nórdica prevenga complicaciones hepáticas graves durante varias décadas. La reducción de grasa acumulada en el hígado y la prevención de enfermedades hepáticas avanzadas son resultados clínicos distintos.
La dieta nórdica comparte principios con la mediterránea
Una de las características más interesantes de la dieta nórdica es su semejanza con otros patrones alimentarios tradicionales que han sido relacionados con mejores resultados de salud.
La dieta mediterránea, por ejemplo, también favorece el consumo de verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado y grasas insaturadas. La diferencia principal se encuentra en los ingredientes predominantes y en las tradiciones alimentarias de cada región.
Mientras el aceite de oliva tiene un papel central en los países mediterráneos, el aceite de colza es característico de la alimentación nórdica. Asimismo, los cereales, frutas y verduras utilizados reflejan las condiciones agrícolas y climáticas de cada territorio.
La relación entre alimentación tradicional y supervivencia también se ha estudiado en poblaciones europeas. Mundo de la Salud ha abordado anteriormente la asociación entre la dieta mediterránea y una menor mortalidad por todas las causas, un antecedente que permite contextualizar los nuevos resultados obtenidos en Suecia.
Ambos modelos muestran que una alimentación saludable no necesita depender de un único conjunto de ingredientes. Lo importante es mantener una composición nutricional equilibrada y adaptada a la disponibilidad de alimentos de cada región.
Cómo adaptar este modelo alimentario fuera de Escandinavia
Los principios de la dieta nórdica pueden aplicarse en otros países sin necesidad de importar productos específicos del norte de Europa.
En España y América Latina, por ejemplo, la avena, el pan integral, las legumbres, las verduras de temporada, las frutas locales y el pescado pueden cumplir funciones nutricionales semejantes a las de los alimentos utilizados tradicionalmente en Escandinavia.
El aceite de oliva y otros aceites vegetales ricos en grasas insaturadas también pueden formar parte de una alimentación equilibrada, sin que resulte obligatorio utilizar exclusivamente aceite de canola.
Una adaptación práctica consiste en aumentar progresivamente la presencia de alimentos vegetales, sustituir parte de los cereales refinados por opciones integrales y reducir el consumo habitual de carnes procesadas, bebidas azucaradas y productos ultraprocesados.
La elección debe considerar el presupuesto, las preferencias culturales, la disponibilidad de productos y las necesidades de salud de cada persona. Quienes padecen enfermedades que requieren restricciones nutricionales específicas deben recibir orientación profesional antes de introducir cambios importantes.
Qué significa realmente la reducción de mortalidad observada
Los investigadores subrayan que las diferencias del 4 % y del 6 % corresponden a estimaciones estadísticas de riesgo relativo entre escenarios alimentarios. No representan años adicionales de vida ni permiten calcular cuánto viviría una persona determinada por seguir la dieta nórdica.
El estudio tampoco asignó aleatoriamente una dieta a los participantes durante 24 años. Sus conclusiones dependen de modelos que intentan controlar las diferencias entre las personas, pero que no pueden descartar por completo la influencia de factores no medidos.
La actividad física, el consumo de alcohol, las enfermedades previas y otras características individuales pueden intervenir en la relación entre alimentación y mortalidad.
Por ello, los resultados deben interpretarse como evidencia favorable a la investigación de este patrón nutricional, no como una demostración definitiva de causalidad.
Los autores consideran necesario continuar estudiando qué componentes de la dieta nórdica podrían explicar las asociaciones observadas y si sus posibles beneficios se mantienen en poblaciones con características diferentes de las analizadas en Suecia.
La investigación refuerza el interés científico por los patrones alimentarios basados en productos vegetales, cereales integrales, pescado y grasas insaturadas, al tiempo que muestra la importancia de evaluar sus efectos mediante estudios prolongados y metodologías rigurosas.
Fuente referencial:
Infobae, información del 9 de octubre de 2026 sobre la dieta nórdica y la investigación de las universidades de Aarhus y Upsala

