Estado de la Salud Global

Lectura rápida de señales sanitarias globales

🫁
RespiratoriasVigilancia estacional activaLos sistemas sanitarios mantienen seguimiento de influenza, COVID-19 y otros virus respiratorios.
💉
VacunaciónCobertura con brechasLa recuperación mundial continúa, pero millones de niños siguen sin completar esquemas esenciales.
🧠
Salud mentalDemanda sostenidaCrece la necesidad de servicios comunitarios accesibles y prevención temprana del suicidio.
🥗
NutriciónDoble carga persistenteDesnutrición, obesidad y deficiencias de micronutrientes continúan coexistiendo en numerosas poblaciones.
❤️
CrónicasPrioridad sanitariaCardiopatías, cáncer, diabetes y enfermedades respiratorias concentran gran parte de la mortalidad evitable.
⚠️
AlertasBrotes bajo seguimientoÉbola, sarampión y enfermedades transmitidas por alimentos requieren vigilancia reforzada.
🔬
InvestigaciónInnovación aceleradaNuevos diagnósticos, vacunas experimentales e inteligencia clínica avanzan con evaluación regulatoria.

Costa Rica vigila 3.052 casos de dengue y un repunte de malaria

Un mapa de Costa Rica señala la presencia de mosquitos Aedes aegypti y Anopheles en Alajuela, Puntarenas y Crucitas-Llano Verde. (INFOBAE)

El boletín epidemiológico de la semana 31 registra 74 casos de malaria y concentra la vigilancia sanitaria en Alajuela, el Pacífico Central y la frontera norte


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.


Costa Rica acumuló 3.052 casos de dengue y 74 de malaria durante 2026, según el boletín epidemiológico correspondiente a la semana 31 publicado por el Ministerio de Salud. La circulación simultánea de ambas enfermedades transmitidas por mosquitos mantiene bajo vigilancia a diferentes zonas del país, con especial atención sobre los territorios que presentan mayor incidencia y transmisión local.

El dengue alcanzó una incidencia nacional de 58,5 casos por cada 100.000 habitantes y registró 58 pacientes con signos de alarma. La cifra acumulada representa un aumento del 26 % frente al mismo periodo de 2025, mientras la Organización Panamericana de la Salud instó a Costa Rica y otros países de Centroamérica a reforzar la vigilancia epidemiológica, el diagnóstico y el control de los mosquitos.

La actualización amplía el panorama comunicado anteriormente, cuando Costa Rica había superado los 2.400 casos de dengue. El nuevo balance confirma que la transmisión continúa activa y que su comportamiento presenta diferencias importantes entre regiones y cantones.

El Pacífico Central registra la incidencia más elevada

La región Central Norte concentró el mayor número absoluto de diagnósticos, con 925 casos y una tasa de 88,3 por cada 100.000 habitantes. El Pacífico Central contabilizó 665 casos, pero presentó una incidencia de 206,6, la más alta entre las regiones señaladas en el informe.

Alajuela encabezó la distribución por cantones con 398 casos, seguida de Orotina con 360, Grecia con 292, Puntarenas con 142 y San José con 127. Estas cifras permiten orientar las acciones de control vectorial y búsqueda de casos hacia los territorios donde la transmisión muestra mayor intensidad.

Al 17 de agosto, la Caja Costarricense de Seguro Social notificó tres personas hospitalizadas con dengue y signos de alarma. Dos permanecían internadas en el Hospital San Rafael de Alajuela y una en el Hospital Víctor Manuel Sanabria, en Puntarenas.

Los signos de alarma pueden aparecer cuando la fiebre comienza a disminuir. Dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, sangrado, somnolencia marcada, irritabilidad, debilidad extrema o dificultad respiratoria requieren una evaluación médica inmediata. La atención temprana y una hidratación apropiada ayudan a reducir el riesgo de progresión hacia cuadros graves.

La malaria suma 74 casos y mantiene un foco fronterizo

El balance nacional de malaria incluye 20 casos de transmisión local, de los cuales nueve fueron clasificados como autóctonos y 11 como introducidos. Otros 37 fueron considerados importados, en su mayoría vinculados con personas procedentes de Nicaragua, mientras 17 continuaban bajo investigación para determinar su origen.

El principal foco se encuentra en Crucitas–Llano Verde, cerca de la frontera norte. Esa zona reunió 54 casos, equivalentes al 73 % del total nacional, y permanece bajo seguimiento especial de las autoridades sanitarias.

La transmisión local se mantiene por debajo de los niveles registrados en 2023 y 2024, pero el informe identificó un incremento del 100 % frente a 2025. Costa Rica había realizado 119.758 pruebas diagnósticas de malaria durante el periodo analizado, una actividad necesaria para encontrar infecciones, iniciar tratamiento y evitar nuevas cadenas de transmisión.

La malaria es causada por parásitos del género Plasmodium y se transmite mediante la picadura de mosquitos Anopheles infectados. Fiebre, escalofríos, sudoración, dolor de cabeza, cansancio, dolores musculares, náuseas o vómitos pueden formar parte del cuadro, aunque su presentación varía. La enfermedad puede evolucionar hacia complicaciones graves si no se diagnostica y trata oportunamente.

La investigación sobre malaria también busca ampliar las herramientas preventivas disponibles. Entre las líneas abiertas se encuentra el desarrollo de una vacuna experimental contra la malaria por Plasmodium vivax, aunque estas iniciativas todavía no reemplazan el diagnóstico, el tratamiento y el control del vector.

Dengue y malaria requieren estrategias diferentes

Aunque ambas enfermedades se transmiten mediante mosquitos, no comparten el mismo agente infeccioso ni necesariamente el mismo vector. El dengue es una infección viral propagada principalmente por Aedes aegypti, un mosquito adaptado a entornos urbanos que deposita sus huevos en recipientes con agua acumulada. La malaria es parasitaria y su transmisión depende de mosquitos del género Anopheles.

Estas diferencias obligan a adaptar las intervenciones a cada territorio. Para el dengue, resulta esencial eliminar criaderos en viviendas, escuelas, comercios y espacios públicos. En el caso de la malaria, la búsqueda activa de pacientes, las pruebas diagnósticas, el tratamiento oportuno y la investigación del origen de cada infección tienen especial importancia para interrumpir la transmisión local.

Las condiciones meteorológicas y ambientales pueden modificar la disponibilidad de criaderos y la actividad de los vectores. La advertencia regional sobre los riesgos sanitarios asociados con El Niño en América Latina incluye precisamente la posibilidad de cambios en la distribución del dengue, la malaria y otras enfermedades transmitidas por mosquitos.

Eliminar agua acumulada sigue siendo una medida prioritaria

La prevención del dengue comienza con la eliminación o limpieza periódica de recipientes capaces de retener agua. Baldes, barriles, bebederos de animales, macetas, neumáticos, botellas, canaletas y depósitos sin tapa pueden convertirse en criaderos de Aedes aegypti.

La fumigación ayuda a reducir temporalmente la presencia de mosquitos adultos en determinadas circunstancias, pero no sustituye la eliminación de huevos y larvas. El control necesita combinar saneamiento ambiental, participación comunitaria, vigilancia entomológica, protección personal y aplicación responsable de insecticidas.

Los mosquiteros, la ropa que cubre brazos y piernas, las mallas en puertas y ventanas y los repelentes autorizados pueden disminuir la exposición a las picaduras. Las indicaciones deben aplicarse de acuerdo con la edad, el producto y las instrucciones sanitarias correspondientes.

Las nuevas herramientas de control también pueden complementar las medidas tradicionales. Brasil, por ejemplo, ha utilizado mosquitos Aedes aegypti portadores de la bacteria Wolbachia para reducir su capacidad de transmitir dengue, zika y chikunguña, aunque la expansión de la estrategia afronta desafíos técnicos y logísticos.

La OPS pide fortalecer la respuesta regional

La Organización Panamericana de la Salud ha advertido sobre aumentos recientes del dengue en Costa Rica, El Salvador y Honduras. Las condiciones ambientales favorables para los mosquitos, la movilidad entre territorios y la circulación simultánea de distintas enfermedades exigen coordinación entre autoridades nacionales, gobiernos locales, laboratorios, centros asistenciales y comunidades.

La respuesta requiere actualizar los datos epidemiológicos, reconocer con rapidez los signos de alarma, garantizar capacidad diagnóstica y comunicar medidas preventivas sin confundir las características del dengue y la malaria. La vigilancia también debe diferenciar los casos autóctonos, introducidos e importados para comprender cómo se mantienen las cadenas de transmisión.

Las cifras de la semana epidemiológica 31 representan un corte sujeto a posteriores revisiones y reclasificaciones. Su utilidad inmediata consiste en localizar los focos activos, orientar los recursos sanitarios y promover la consulta temprana ante síntomas compatibles, especialmente entre residentes o viajeros procedentes de las áreas con transmisión conocida.

Fuentes referenciales:
Infobae Costa Rica
Organización Panamericana de la Salud