Provoca más de 2.300 muertes anuales en el país y suele detectarse por estudios realizados por otros motivos, antes de dar señales claras.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
El cáncer de riñón vuelve a ocupar un lugar central en la agenda sanitaria argentina por una característica que lo hace especialmente complejo: durante años puede avanzar sin síntomas evidentes. En Argentina causa más de 2.300 muertes al año y se estiman 4.908 nuevos casos anuales, con una presencia marcada en hombres, ya que casi 7 de cada 10 diagnósticos corresponden a varones, según datos del Global Cancer Observatory de la Organización Mundial de la Salud.
La fecha elegida para reforzar la conversación pública es el Día Mundial del Cáncer de Riñón, conmemorado este jueves 18 de junio. La advertencia médica no apunta a generar alarma, sino a recordar que los síntomas de alerta persistentes y los controles médicos pueden abrir una oportunidad de diagnóstico temprano.
Un tumor que muchas veces aparece por casualidad
La doctora Andrea Marchioni, coordinadora del Instituto de Oncología del Hospital Alemán, explicó que el hallazgo del cáncer renal suele producirse de manera incidental, a partir de una ecografía, una tomografía o un estudio abdominal solicitado por otra causa. Esa particularidad lo diferencia de otros tumores más visibles para la población.
La incidencia parece estar en aumento, en parte porque el uso más frecuente de estudios por imágenes permite descubrir tumores renales pequeños y localizados. Esto no significa que todos los casos puedan prevenirse, pero sí refuerza el valor de la consulta médica, la evaluación de factores de riesgo y la atención ante molestias que no desaparecen.
Señales que no deben minimizarse
En sus primeras etapas, el cáncer de riñón casi siempre transcurre sin signos claros. Cuando la enfermedad avanza, pueden aparecer sangre en la orina, dolor persistente en la espalda o en el costado, pérdida de apetito, cansancio, fiebre o pérdida de peso sin causa aparente.
La sangre en la orina es uno de los signos que más atención requiere. Puede estar asociada a infecciones urinarias, cálculos u otras condiciones benignas, pero su presencia siempre amerita una consulta médica. También deben observarse el dolor lumbar persistente, la pérdida involuntaria de peso o la aparición de una masa abdominal.
El problema es que muchos de estos síntomas pueden confundirse con cansancio, dolores musculares o molestias pasajeras. Por eso, en cáncer renal, como ocurre con otras enfermedades de curso silencioso, el diagnóstico temprano depende muchas veces de no postergar la evaluación médica.
Factores de riesgo y carcinoma de células renales
El cáncer de riñón no responde a una única causa. Puede desarrollarse por una combinación de factores no modificables, como la edad avanzada, los antecedentes familiares o ciertos síndromes hereditarios, y otros relacionados con hábitos o condiciones de salud que sí pueden controlarse.
El doctor Carlos Silva, jefe oncológico del Hospital Británico, explicó que el 90% de los tumores malignos de riñón corresponde al carcinoma de células renales. Entre los factores de riesgo mencionados figuran el tabaquismo, la obesidad, la presión arterial alta, los tratamientos prolongados de diálisis, los antecedentes familiares, la exposición a agentes carcinógenos como el cadmio y condiciones genéticas como la enfermedad de von Hippel-Lindau.
El tabaquismo incrementa el riesgo de carcinoma de células renales en un 50% en hombres y en un 20% en mujeres. Mantener un peso saludable, controlar la presión arterial, evitar el tabaco, realizar actividad física y sostener una alimentación equilibrada forman parte de las medidas preventivas vinculadas a la salud general y a la reducción de factores de riesgo.
Cómo se diagnostica y qué opciones de tratamiento existen
El diagnóstico suele comenzar con estudios por imágenes. La ecografía abdominal puede ser una primera herramienta de detección, mientras que la tomografía computada y la resonancia magnética permiten precisar el tamaño, la localización y la extensión del tumor. En algunos casos se realiza una biopsia renal, aunque no siempre es necesaria.
Una vez detectado el cáncer, el siguiente paso es determinar el estadio. Los estadios I a IV indican el grado de extensión: los más bajos corresponden a tumores limitados al riñón, mientras que el estadio IV implica afectación de ganglios linfáticos o metástasis en otros órganos.
El tratamiento suele comenzar con cirugía. En tumores localizados, la nefrectomía parcial o total busca extirpar el cáncer y preservar la mayor función renal posible. La cirugía conservadora se prefiere cuando es factible, especialmente en pacientes con un solo riñón o tumores pequeños.
También existen alternativas no quirúrgicas, como la crioablación, que congela el tumor, y la ablación por radiofrecuencia, que utiliza calor. Estas técnicas pueden considerarse en pacientes con tumores pequeños o con contraindicaciones para cirugía.
Inmunoterapia y terapias dirigidas
En la última década, los tratamientos sistémicos cambiaron el manejo del cáncer renal avanzado. La inmunoterapia en cáncer busca estimular al sistema inmune para que reconozca y ataque células tumorales, mientras que las terapias dirigidas actúan sobre mecanismos específicos que el tumor utiliza para crecer, multiplicarse o formar nuevos vasos sanguíneos.
El artículo original también recoge avances recientes en investigación. Un fármaco experimental logró eliminar por completo el carcinoma renal de células claras en un paciente dentro de un ensayo publicado en Cell Reports Medicine. El tratamiento se centró en inhibir la proteína hematopoyética progenitora quinasa 1, conocida como HPK1, uno de los frenos naturales del sistema inmunitario.
El ensayo incluyó a más de 100 pacientes con tumores resistentes a terapias habituales y registró actividad antitumoral en 22 personas con carcinoma renal de células claras. Una logró remisión completa, dos redujeron significativamente el tumor y tres estabilizaron la enfermedad durante hasta 25 meses.
El impacto emocional también forma parte de la atención
El cáncer de riñón no solo plantea un desafío físico. La encuesta global de la Coalición Internacional contra el Cáncer de Riñón reveló que el 85% de los pacientes siente un fuerte impacto emocional después del diagnóstico. Entre las preocupaciones principales aparecen la ansiedad, el miedo a la recurrencia, la tristeza o depresión y el temor a morir.
Entre el 40% y el 66% de los encuestados no habló de su malestar emocional con profesionales de la salud ni accedió a herramientas para gestionarlo. Para los especialistas, escuchar al paciente, preguntar por sus preocupaciones y ofrecer apoyo psicológico cuando sea necesario es parte de una atención integral.
El desafío sanitario es doble: mejorar la detección de un tumor que puede crecer en silencio y acompañar a quienes reciben el diagnóstico. En ese camino, los controles médicos, la prevención de factores de riesgo y los avances terapéuticos pueden marcar una diferencia concreta para miles de pacientes.
Fuente(s) referenciales
Infobae: Cáncer de riñón: por qué es un tumor silencioso y qué señales pueden alertar a tiempo
