El radón, la contaminación atmosférica, el humo ajeno y determinados factores genéticos ayudan a explicar por qué esta enfermedad también aparece en personas sin antecedentes de tabaquismo.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.
El cáncer de pulmón no afecta exclusivamente a quienes consumen tabaco. Especialistas en oncología de Estados Unidos advierten que una proporción importante de los diagnósticos corresponde a personas que nunca fumaron, una realidad que está impulsando nuevas investigaciones sobre factores ambientales, predisposición genética y estrategias de detección temprana.
La preocupación adquiere especial relevancia porque la ausencia de antecedentes de tabaquismo puede retrasar la sospecha clínica. Una tos persistente, dificultades respiratorias u otros síntomas pueden atribuirse inicialmente a enfermedades más frecuentes, mientras un tumor pulmonar continúa desarrollándose.
El médico Bryant Lin, profesor clínico de la Universidad de Stanford, representa uno de estos casos. En 2024 recibió un diagnóstico de cáncer de pulmón en estadio IV después de experimentar una tos seca que persistió durante varias semanas. Nunca había fumado y, cuando se identificó la enfermedad, ya se había extendido a otros órganos.
Su experiencia ilustra por qué los especialistas consideran necesario ampliar la comprensión de los factores de riesgo y las posibilidades de tratamiento del cáncer de pulmón más allá del consumo directo de cigarrillos.
El humo del tabaco no es la única exposición peligrosa
Aunque el tabaquismo continúa siendo el principal factor de riesgo prevenible, existen otras exposiciones capaces de aumentar la probabilidad de desarrollar tumores pulmonares.
Entre ellas figura el humo de segunda mano, que contiene sustancias carcinógenas y puede afectar a personas que conviven o trabajan en ambientes donde otros fuman. La exposición involuntaria constituye un problema de salud pública que no desaparece por el hecho de que una persona nunca haya encendido un cigarrillo.
Las investigaciones sobre el impacto mundial del humo de segunda mano muestran que sus consecuencias sanitarias se extienden a millones de personas, incluidos niños y adultos sin antecedentes de consumo de tabaco.
Otro factor reconocido es el radón, un gas radiactivo natural que puede acumularse en espacios interiores, especialmente en determinadas viviendas y edificios con ventilación insuficiente. Su presencia depende de las características geológicas del terreno y de las condiciones constructivas.
La exposición prolongada al radón incrementa el riesgo de cáncer de pulmón tanto en fumadores como en no fumadores. Por tratarse de un gas invisible e inodoro, su concentración solo puede conocerse mediante mediciones específicas.
También se encuentran entre los factores relevantes la exposición al amianto o asbesto y a determinados agentes carcinógenos presentes en algunos entornos laborales.
La contaminación atmosférica y los cambios celulares
La contaminación del aire constituye otra línea importante de investigación. Las partículas finas suspendidas en la atmósfera pueden penetrar profundamente en el sistema respiratorio y favorecer procesos inflamatorios que, bajo determinadas condiciones, contribuyen al desarrollo de enfermedades pulmonares.
Los estudios científicos han explorado cómo la exposición prolongada a contaminantes puede intervenir en la aparición de tumores incluso en personas que nunca fumaron.
Una de las hipótesis investigadas plantea que la inflamación persistente puede favorecer la expansión de células que ya contienen determinadas alteraciones genéticas, sin que la contaminación tenga necesariamente que provocar por sí sola todas las mutaciones que intervienen en el cáncer.
Esta relación entre ambiente, inflamación y enfermedad también ha impulsado el estudio de señales biológicas en sangre que podrían anticipar el cáncer de pulmón antes de que aparezcan manifestaciones clínicas evidentes.
Los investigadores subrayan que estos mecanismos son complejos y que el riesgo individual depende de la interacción de múltiples factores, entre ellos la intensidad y duración de las exposiciones.
La genética ayuda a explicar algunos casos
La predisposición genética también puede desempeñar un papel importante en el cáncer de pulmón de personas que nunca fumaron.
Los antecedentes familiares, especialmente cuando existen diagnósticos de cáncer a edades tempranas, pueden aportar información relevante para evaluar el riesgo. Sin embargo, tener familiares afectados no significa que una persona vaya a desarrollar necesariamente la enfermedad.
Investigaciones recientes han identificado variantes genéticas poco frecuentes asociadas con aumentos importantes del riesgo en determinadas poblaciones. Estos hallazgos están ayudando a comprender por qué algunos individuos presentan una susceptibilidad mayor pese a no haber estado expuestos directamente al humo del tabaco.
También existen diferencias en la distribución de la enfermedad. Los especialistas señalan que el cáncer de pulmón en personas que nunca fumaron se diagnostica con mayor frecuencia en mujeres que en hombres con el mismo antecedente de ausencia de tabaquismo.
Asimismo, se han observado patrones particulares en poblaciones de ascendencia asiática oriental. Todavía se investiga cuánto contribuyen a estas diferencias los factores genéticos, ambientales y otros elementos relacionados con la biología de los tumores.
El diagnóstico puede llegar cuando la enfermedad está avanzada
Una de las principales dificultades clínicas consiste en que muchas personas no fumadoras no se consideran vulnerables al cáncer de pulmón. Esta percepción también puede influir en la evaluación inicial de los síntomas.
La tos persistente, la falta de aire, el dolor torácico, la expectoración con sangre y la pérdida de peso sin explicación son manifestaciones que requieren valoración médica, aunque ninguna de ellas confirma por sí sola la presencia de cáncer.
El caso de Bryant Lin pone de manifiesto este problema. Su tos fue inicialmente abordada como una posible manifestación de alergia, asma o reflujo antes de que una prueba de imagen revelara la enfermedad.
La detección temprana es especialmente importante porque las opciones terapéuticas y el pronóstico dependen, entre otros factores, del estadio en que se diagnostica el tumor.
En este contexto, las investigaciones sobre mecanismos inflamatorios implicados en las primeras etapas del cáncer pulmonar buscan identificar nuevas posibilidades de prevención e intervención antes de que la enfermedad progrese.
El cribado actual deja fuera a muchos no fumadores
Las recomendaciones estadounidenses de detección mediante tomografía computarizada de baja dosis se dirigen principalmente a personas de entre 50 y 80 años con antecedentes significativos de tabaquismo, siempre que cumplan otros criterios clínicos.
Este enfoque responde a la evidencia disponible sobre los beneficios y riesgos del cribado en poblaciones con elevada probabilidad de desarrollar la enfermedad.
Sin embargo, deja fuera a muchas personas que nunca fumaron y que podrían presentar otros factores de riesgo relevantes.
Algunos países están evaluando estrategias diferentes. Taiwán, por ejemplo, cuenta con un programa de detección que contempla tomografías de baja dosis para determinados no fumadores con antecedentes familiares de cáncer de pulmón.
La ampliación de estas estrategias exige prudencia. Las pruebas de imagen pueden detectar lesiones que no son malignas y generar procedimientos adicionales, por lo que los especialistas deben valorar cuidadosamente los beneficios frente a los posibles perjuicios.
Las terapias dirigidas abren opciones para determinados pacientes
El conocimiento de las características moleculares del cáncer de pulmón ha permitido desarrollar tratamientos dirigidos contra alteraciones específicas presentes en algunos tumores.
En ciertos pacientes que nunca fumaron se identifican mutaciones que pueden convertirse en objetivos terapéuticos. Para determinar si existen estas alteraciones, los equipos médicos recurren a pruebas moleculares realizadas sobre muestras del tumor y, en determinadas circunstancias, mediante biopsias líquidas.
La disponibilidad de tratamientos específicos depende del tipo de mutación, del estadio de la enfermedad y de otros criterios clínicos. No todos los pacientes presentan alteraciones tratables con los mismos medicamentos.
Bryant Lin ha relatado que recibe una terapia dirigida contra una alteración molecular identificada en su cáncer, lo que le ha permitido mantener sus actividades personales y profesionales mientras continúa bajo tratamiento.
Su experiencia no representa el pronóstico de todos los pacientes con enfermedad avanzada, pero muestra la importancia de caracterizar molecularmente los tumores para seleccionar las alternativas terapéuticas disponibles.
Los especialistas insisten en que la prevención del cáncer de pulmón debe continuar centrada en reducir el tabaquismo, sin ignorar las exposiciones ambientales y los factores hereditarios que afectan a quienes nunca fumaron. Reconocer esa diversidad de riesgos es fundamental para mejorar la sospecha clínica, orientar la investigación y evitar que la ausencia de consumo de tabaco retrase una evaluación necesaria.
Fuentes referenciales:
The Washington Post, distribuido por Infobae — Meeri Kim

