La nutricionista Emma Beckett explica que cientos de compuestos bioactivos de esta bebida pueden modificar la digestión, la microbiota, el colesterol y la absorción de nutrientes, incluso más allá de la cafeína
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.
El café puede producir cambios en el organismo que van mucho más allá de mantenernos despiertos. Emma Beckett, docente de Nutrición y Ciencia de los Alimentos de la Australian Catholic University, revisó siete efectos relacionados con el intestino, el reflujo, algunos medicamentos, el colesterol, la microbiota, la absorción de hierro y la actividad digestiva.
La explicación está en la complejidad química de la bebida. Una taza contiene cientos de compuestos bioactivos, por lo que no todas sus respuestas fisiológicas dependen de la cafeína. De hecho, algunos de los efectos descritos también se observan con café descafeinado.
Esta diferencia es importante porque suele atribuirse a la cafeína prácticamente cualquier respuesta después de beber café. Sin embargo, los ácidos clorogénicos, los polifenoles, los diterpenos, los carbohidratos complejos y los productos generados durante el tostado también pueden interactuar con distintos sistemas del organismo.
El café puede activar rápidamente el intestino
Uno de los efectos más inmediatos ocurre en el colon. Un estudio citado por Beckett encontró que alrededor de tres de cada diez personas sienten necesidad de evacuar poco después de beber café. La reacción puede producirse tanto con la versión convencional como con la descafeinada, por lo que la cafeína no parece explicar por sí sola el fenómeno.
La hora de consumo también puede influir. El colon presenta naturalmente una mayor actividad durante la mañana, momento en el que muchas personas toman su primera taza. A esto pueden añadirse los efectos de ingredientes incorporados a la bebida, como la lactosa de la leche o determinados edulcorantes, especialmente en personas sensibles.
La interacción entre bebidas, alimentos y función intestinal forma parte de un campo de investigación cada vez más amplio. En Mundo de la Salud se ha analizado también cómo los edulcorantes pueden modificar el comportamiento de determinadas bacterias intestinales, con resultados que dependen de las sustancias con las que se combinan.
Reflujo, presión ocular y migraña responden de forma diferente
El café puede agravar los síntomas del reflujo gastroesofágico en algunas personas. El problema aparece cuando el contenido del estómago asciende hacia el esófago y puede manifestarse mediante ardor, regurgitación y, cuando alcanza zonas superiores, tos u otras molestias respiratorias.
La respuesta no es igual para todos. Por eso, la presencia de reflujo no implica necesariamente eliminar el café de la dieta. La relación entre la bebida y las molestias digestivas debe evaluarse según la cantidad, el horario y la respuesta individual, como explica el análisis sobre los alimentos y bebidas que pueden favorecer la acidez y el reflujo.
La cafeína también puede aumentar temporalmente la presión intraocular en algunas personas con glaucoma o hipertensión ocular. Debido a que el control de esa presión resulta importante para proteger el nervio óptico, determinados pacientes pueden recibir la recomendación profesional de moderar el consumo de cafeína.
Su relación con la migraña es más compleja. La cafeína puede formar parte de estrategias para aliviar determinados episodios, pero un consumo elevado o la reducción brusca de una cantidad habitual también pueden desencadenar dolor de cabeza en personas susceptibles.
Beckett menciona además la disfunción de la trompa de Eustaquio patulosa, una alteración en la que el conducto entre el oído medio y la parte posterior de la nariz permanece anormalmente abierto. En algunos casos se recomienda limitar las bebidas con cafeína y mantener una hidratación adecuada, aunque la evidencia disponible no permite afirmar que el café cause directamente esta afección.
Algunos medicamentos pueden interactuar con el café
El café puede modificar la absorción o el metabolismo de determinados fármacos. Entre los ejemplos se encuentra la levotiroxina, utilizada para tratar el hipotiroidismo, cuya absorción puede disminuir si se toma demasiado cerca del café. Algo similar puede ocurrir con el alendronato, empleado en el tratamiento de la osteoporosis.
La cafeína también puede ralentizar el metabolismo de la clozapina y aumentar su concentración sanguínea. En sentido contrario, ciertos medicamentos modifican la eliminación de la propia cafeína: el antibiótico ciprofloxacino puede hacer que permanezca durante más tiempo en el organismo.
Estas interacciones no justifican suspender por cuenta propia un tratamiento ni eliminar automáticamente el café. Sí hacen necesario respetar las instrucciones de administración y consultar al médico o farmacéutico cuando exista alguna duda. Un análisis anterior de Mundo de la Salud detalla cómo el café puede interferir con determinados medicamentos y modificar sus efectos.
La preparación puede cambiar el efecto sobre el colesterol
El café contiene diterpenos como cafestol y kahweol. Estos compuestos pueden aumentar el colesterol total y el colesterol LDL, pero su concentración final depende en parte del método utilizado para preparar la bebida.
Los cafés sin filtrar, entre ellos determinadas preparaciones con prensa francesa o café turco, conservan una mayor cantidad de estos diterpenos. Los filtros de papel retienen una parte considerable, por lo que el perfil químico que llega a la taza no es idéntico entre distintos métodos de preparación.
La relación cardiovascular tampoco puede resumirse en un único efecto. Ensayos de corta duración han observado que cafestol y kahweol pueden reducir la lipoproteína(a), mientras los ácidos clorogénicos se han relacionado con cambios modestos en la presión arterial y la función vascular. Estas observaciones no permiten considerar al café por sí mismo como una intervención para prevenir enfermedades cardiovasculares.
La respuesta individual también importa. Cantidad, frecuencia, preparación y sensibilidad a la cafeína pueden modificar los efectos, de manera similar a lo que ocurre cuando se analiza cómo el horario del café influye sobre la concentración y el sueño.
Los compuestos del café llegan hasta la microbiota intestinal
Una parte de los ácidos clorogénicos no se absorbe en el intestino delgado y continúa su recorrido hasta el colon. Allí puede ser transformada por los microorganismos intestinales. Algo semejante ocurre con determinados carbohidratos complejos y con las melanoidinas formadas durante el tostado.
Pequeños estudios realizados en humanos han encontrado cambios en la composición de la microbiota asociados con el consumo de café. Sin embargo, la evidencia todavía está desarrollándose y no permite clasificar de manera general a la bebida como un prebiótico.
Este posible vínculo entre café, microbioma y otros sistemas del organismo también se investiga desde diferentes perspectivas. Trabajos anteriores han explorado la relación entre café, microbiota intestinal, bienestar emocional y función cognitiva, incluido el posible papel de componentes presentes en las variedades descafeinadas.
Tomarlo con las comidas puede reducir la absorción de hierro vegetal
Uno de los efectos nutricionales más relevantes aparece cuando el café se consume junto con alimentos que contienen hierro no hemo, la forma del mineral presente principalmente en productos vegetales. Los polifenoles de la bebida, incluidos los ácidos clorogénicos, pueden unirse al hierro en el aparato digestivo y dificultar su absorción.
El fenómeno no se atribuye principalmente a la cafeína. Por ello, cambiar automáticamente a café descafeinado no necesariamente elimina esta interacción nutricional.
El efecto merece mayor atención en personas con reservas bajas de hierro, anemia ferropénica o dietas en las que las fuentes vegetales constituyen una parte importante del aporte del mineral. No significa que toda la población deba dejar de tomar café con el desayuno, sino que el horario puede adquirir importancia cuando existe riesgo de deficiencia.
La absorción del hierro vegetal puede favorecerse mediante otras decisiones alimentarias. Por ejemplo, combinar lentejas y otras fuentes de hierro no hemo con alimentos ricos en vitamina C mejora el aprovechamiento del mineral.
El páncreas puede responder incluso sin alimentos presentes
Otro efecto descrito por Beckett ocurre en el aparato digestivo antes de que exista necesariamente comida que procesar. El café puede estimular al páncreas para liberar tripsina, una enzima que participa en la digestión de las proteínas.
Esta respuesta se ha observado tanto con café convencional como descafeinado, una señal adicional de que componentes diferentes de la cafeína intervienen en los efectos fisiológicos de la bebida.
El café también puede modificar hormonas intestinales relacionadas con el hambre y la saciedad. Sin embargo, los estudios no han demostrado de manera consistente que estos cambios provoquen necesariamente que una persona coma más o menos. Por eso, no corresponde interpretar la activación digestiva como una herramienta comprobada para controlar el apetito o el peso corporal.
Los efectos dependen de la dosis, la preparación y cada persona
Los siete mecanismos revisados muestran que hablar del café únicamente en términos de cafeína simplifica una bebida químicamente compleja. Incluso dos tazas con cantidades semejantes pueden presentar perfiles diferentes según el grano, el tostado, el método de preparación y los ingredientes añadidos.
También existe una amplia variabilidad entre consumidores. La sensibilidad a la cafeína, los medicamentos utilizados, las reservas de hierro, la presencia de reflujo, glaucoma u otras condiciones y el horario de consumo pueden cambiar la respuesta.
El momento del día merece especial atención cuando se busca proteger el descanso. La cafeína puede permanecer activa durante varias horas y su consumo demasiado cerca de la hora de dormir puede reducir la calidad o duración del sueño, aunque la velocidad de metabolización varía considerablemente entre personas.
La evidencia disponible tampoco convierte al café en una bebida que deba considerarse universalmente beneficiosa o perjudicial. Sus numerosos compuestos interactúan con el organismo de maneras distintas y, en situaciones clínicas específicas, el contexto individual resulta más importante que una recomendación general aplicable a todos.
Fuentes referenciales:
Infobae
The Conversation / Medical Xpress

