Genomas recuperados de dos personas enterradas en el norte de Chile aportan evidencia molecular directa de la circulación del virus durante la colonización temprana
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo internacional liderado por la Universidad de Chile recuperó los primeros genomas antiguos del virus de la viruela identificados en América. El material genético fue extraído de restos humanos del periodo colonial temprano encontrados en Camarones 9, un sitio arqueológico situado en la región de Arica y Parinacota, en el norte chileno.
La investigación, publicada en la revista Science, proporciona la primera evidencia molecular directa de la introducción de la viruela en el continente durante la colonización europea. El hallazgo complementa los documentos históricos que describen las epidemias, pero que no registraron todos los episodios de transmisión ocurridos entre las poblaciones indígenas.
El trabajo fue desarrollado por especialistas del Núcleo Interdisciplinario de Biología y Genética del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile, en colaboración con investigadores de la Universidad de Tarapacá y el Trinity College Dublin, en Irlanda.
Dos personas infectadas durante el mismo brote
Los científicos examinaron 13 muestras óseas procedentes de Camarones 9. El análisis detectó ADN del virus de la viruela, denominado Variola virus, en una mujer adulta y un hombre joven enterrados en el lugar.
Los genomas obtenidos de ambos individuos eran prácticamente iguales, una similitud que indica que probablemente estuvieron expuestos durante un mismo episodio epidémico. La datación arqueológica y genética sitúa a las dos personas entre 1492 y 1631, dentro de las primeras décadas del periodo colonial.
El hallazgo documenta un brote para el cual no se conocían registros históricos específicos. Hasta ahora, la reconstrucción de la viruela en América dependía principalmente de crónicas coloniales, informes administrativos y testimonios que tendían a concentrarse en las epidemias de mayor extensión.
El estudio muestra cómo el ADN de patógenos conservado en restos arqueológicos puede revelar episodios que quedaron fuera de los archivos escritos. Una aproximación semejante permitió investigar el ADN antiguo de la bacteria causante de la sífilis en restos prehistóricos, ampliando la cronología conocida de esa infección.
El virus ya circulaba entre comunidades indígenas
Los análisis genéticos también determinaron que las dos personas infectadas tenían ascendencia indígena y no presentaban señales de mezcla europea. Esta información indica que el virus no permaneció limitado a los recién llegados, sino que ya se transmitía entre poblaciones locales.
Los investigadores consideran probable que la propagación se produjera mediante redes de movilidad e interacción existentes dentro de la esfera incaica. Esas conexiones enlazaban comunidades de distintas zonas y pudieron facilitar el desplazamiento del patógeno después de su introducción.
La evidencia no permite establecer por sí sola quién transmitió el virus a cada persona ni reconstruir toda la cadena de contagios. Sí demuestra que una variante procedente del proceso de expansión colonial alcanzó a habitantes indígenas del norte de Chile durante aquella etapa temprana.
El resultado ayuda a diferenciar la viruela de otras infecciones que ya estaban presentes en el continente antes del contacto europeo. Estudios paleogenómicos, por ejemplo, han aportado pruebas de que una forma de lepra circulaba en América antes de la colonización, lo que evidencia que cada enfermedad requiere una reconstrucción histórica y molecular independiente.
Una variante extinta situada entre linajes europeos
El equipo comparó los genomas de Camarones 9 con secuencias antiguas y modernas recuperadas en Europa. El análisis filogenético situó la variante chilena en una posición intermedia entre cepas europeas medievales y los linajes que posteriormente dieron origen a formas modernas de la viruela.
La variante identificada se encuentra actualmente extinta. Su ubicación dentro del árbol evolutivo del virus respalda molecularmente su procedencia europea y permite observar una etapa de transformación anterior a la consolidación de los linajes modernos.
Los genomas también mostraron un proceso progresivo de pérdida o inactivación de genes mientras el virus se especializaba como patógeno humano. De acuerdo con el estudio, este ritmo evolutivo se mantuvo de manera relativamente constante hasta los siglos XVI y XVII, coincidiendo con la expansión colonial y las grandes epidemias americanas.
Posteriormente habría existido una fase de menor cambio, seguida por un nuevo aumento de las tasas evolutivas que los investigadores consideran posiblemente relacionado con la aparición de la vacunación. Esta asociación se plantea como una interpretación evolutiva y no implica que el estudio haya reconstruido cada transformación histórica del virus.
El desafío de recuperar ADN viral de hace cinco siglos
El ADN antiguo suele encontrarse fragmentado, degradado y mezclado con material genético humano, microbiano y ambiental. Su concentración puede ser extremadamente reducida, por lo que la recuperación de secuencias virales completas o suficientemente informativas exige procedimientos especializados.
Las muestras deben procesarse en laboratorios preparados para evitar la contaminación con ADN moderno. Los investigadores también tienen que comprobar patrones característicos de daño molecular que ayuden a confirmar la antigüedad del material y distinguir una señal auténtica de una incorporación reciente.
Después de recuperar los fragmentos, las técnicas de secuenciación y análisis computacional permiten compararlos con genomas conocidos y reconstruir sus relaciones evolutivas. La misma capacidad para examinar material genético se emplea actualmente en la vigilancia de agentes emergentes, como ocurrió con la secuenciación de un virus detectado en garrapatas de Costa Rica.
En Camarones 9, la combinación de paleogenómica, arqueología, bioarqueología e historia permitió relacionar el virus con personas, lugar y periodo. Sin ese contexto, una secuencia antigua ofrecería información evolutiva, pero resultaría insuficiente para interpretar su significado demográfico y epidemiológico.
Las lesiones arqueológicas podrán revisarse
El hallazgo también plantea una nueva interpretación para ciertas lesiones cutáneas observadas anteriormente en restos del mismo sitio. Algunas habían sido atribuidas a la exposición crónica al arsénico, un problema conocido en poblaciones antiguas del norte chileno.
Los investigadores consideran que parte de esas alteraciones podría estar relacionada con la viruela. Sin embargo, la detección del virus en dos individuos no permite reclasificar automáticamente todas las lesiones encontradas en Camarones 9. Cada caso necesitará evaluación arqueológica, patológica y molecular.
Esta cautela es necesaria porque las marcas conservadas en huesos o tejidos pueden tener causas diferentes y numerosas infecciones no dejan señales específicas. La paleogenómica aporta una identificación directa del agente cuando su material genético sobrevive, pero tampoco garantiza que pueda recuperarse en todas las personas que padecieron una enfermedad.
Una nueva base para estudiar las epidemias coloniales
La viruela fue erradicada mundialmente después de una prolongada campaña de vacunación, logro certificado por la Organización Mundial de la Salud en 1980. El descubrimiento chileno no señala una reaparición del patógeno ni representa un riesgo infeccioso derivado de los restos analizados.
Su valor reside en reconstruir la evolución de uno de los virus más importantes de la historia sanitaria. También proporciona un punto de comparación para investigaciones sobre orthopoxvirus relacionados, grupo al que pertenece el virus mpox. Los estudios actuales sobre mecanismos esenciales del virus mpox y posibles blancos farmacológicos muestran que esta familia viral continúa teniendo relevancia médica.
Los genomas de Camarones 9 representan únicamente dos infecciones dentro de un continente extenso y un periodo de más de un siglo. No permiten determinar cuántas introducciones independientes ocurrieron, qué variantes circularon en otras regiones ni cómo cambiaron durante epidemias posteriores.
La búsqueda de ADN viral en nuevos sitios arqueológicos podría revelar otros linajes y rutas de propagación. Una colección geográfica y temporal más amplia ayudaría a precisar cuándo llegaron distintas variantes, cómo se desplazaron entre comunidades y qué relación mantuvieron con los brotes descritos en los documentos coloniales.
El estudio confirma que los patógenos también conservan un registro biológico del pasado. Al integrarlo con la evidencia humana y arqueológica, la paleogenómica puede documentar dimensiones de la colonización que fueron culturales y demográficas, pero también profundamente sanitarias.
Fuentes referenciales:
Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile
Science
