El análisis de 3.570 niños de 44 países encontró una mediana de 18.542 pasos diarios y grandes diferencias según edad, sexo, entorno residencial y nivel de ingresos del país
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Investigadores de la Universidad de Sevilla, junto con una amplia red científica internacional, establecieron por primera vez valores de referencia mundiales para los pasos diarios de niños en edad preescolar. El estudio analizó datos de 3.570 menores de tres y cuatro años procedentes de 44 países y encontró una mediana global de 18.542 pasos al día, una cifra que los autores proponen utilizar como referencia comparativa para estudiar la actividad física durante la primera infancia, no como una meta universal que todos los niños deban alcanzar.
El trabajo, publicado en The Lancet Child & Adolescent Health, forma parte del proyecto internacional SUNRISE y fue liderado por Jesús del Pozo-Cruz y Rosa María Alfonso-Rosa, investigadores de la Universidad de Sevilla. Los datos fueron recogidos entre marzo de 2018 y marzo de 2025 en seis regiones mundiales y abarcaron países pertenecientes a todas las categorías de ingresos utilizadas por el Banco Mundial.
La investigación aporta una herramienta que hasta ahora no existía a escala internacional para este grupo de edad. Su importancia se relaciona con la necesidad de medir de manera objetiva el movimiento durante una etapa decisiva del desarrollo. Como ha explicado Mundo de la Salud al abordar la relación entre movimiento, descanso y bienestar durante la infancia, la actividad física forma parte de un conjunto de comportamientos cotidianos que influyen en la salud infantil.
Los niños registraron una mediana de 18.542 pasos diarios
Los 3.570 participantes —1.755 niños y 1.815 niñas— tenían una edad media de 4,22 años. Los investigadores utilizaron acelerómetros para obtener mediciones objetivas de los pasos y de distintas métricas de cadencia. Para ser incluidos en el análisis, los participantes debían disponer de al menos un día válido con un mínimo de diez horas de uso del dispositivo.
El resultado global fue una mediana ponderada de 18.542 pasos diarios, con un intervalo de confianza del 95 % entre 18.318 y 18.812 pasos. Al separar a los participantes por edad, los niños de tres años registraron una mediana de 17.502 pasos diarios, mientras que entre los de cuatro años ascendió a 18.928.
Los investigadores construyeron distribuciones percentilares en lugar de establecer simplemente una cifra única. Este enfoque permite situar el nivel de movimiento de un niño dentro de una distribución internacional, de manera conceptualmente similar al uso de curvas pediátricas para comparar variables como peso o talla.
El número de pasos constituye una medida sencilla del movimiento ambulatorio, pero no representa por sí solo toda la condición física infantil. Otras evaluaciones pueden aportar información complementaria sobre fuerza y capacidad cardiorrespiratoria. En ese contexto, investigaciones anteriores han explorado cómo la fuerza muscular puede utilizarse como un indicador del estado físico durante la infancia.
La edad y el sexo mostraron diferencias en los pasos diarios
El estudio encontró diferencias entre niños y niñas en la mayor parte de la distribución. Entre los participantes de tres años, los niños registraron una mediana de 18.064 pasos diarios, frente a 16.426 entre las niñas de la misma edad.
La diferencia también apareció a los cuatro años. En ese grupo, la mediana alcanzó 19.477 pasos diarios entre los niños y 18.321 entre las niñas.
Los autores no interpretaron estas diferencias como evidencia de una causa biológica única. El análisis fue transversal y los patrones de movimiento pueden estar relacionados con múltiples factores individuales, familiares, sociales, culturales y ambientales. Por esa razón, las referencias deben interpretarse dentro del contexto en el que vive cada menor.
La actividad física durante la infancia también se relaciona con otros determinantes de salud que deben analizarse conjuntamente. La prevención de problemas como el sobrepeso y la obesidad infantil requiere considerar alimentación, movimiento, sueño y condiciones ambientales, sin reducir el estado de salud de un niño a una única cifra de pasos.
Los niños rurales acumularon más pasos que los urbanos
Uno de los resultados más destacados fue la variación según el lugar de residencia. Los participantes que vivían en entornos rurales registraron, en conjunto, más pasos diarios que quienes residían en zonas urbanas.
También se observaron diferencias asociadas con las características económicas de los países. Los niños de países de ingresos bajos y medios acumularon más pasos diarios que los participantes procedentes de países de ingresos altos. Patrones semejantes aparecieron al estudiar las métricas de cadencia, aunque las diferencias entre grupos fueron menores que las observadas en el número total de pasos.
Los resultados muestran que el entorno puede desempeñar un papel importante en las oportunidades de movimiento desde los primeros años. La disponibilidad de espacios, los desplazamientos cotidianos, el juego, las características de los centros educativos y las rutinas familiares pueden modificar cuánto se mueve un niño durante el día.
El papel del entorno físico también se estudia en otros ámbitos de promoción de la salud. La disponibilidad de parques y espacios abiertos, por ejemplo, puede facilitar el movimiento y otras actividades, aunque el contacto con espacios naturales debe entenderse como un apoyo a hábitos saludables y no como una intervención médica por sí misma.
18.542 pasos no son una nueva recomendación diaria
La mediana encontrada en el estudio no debe interpretarse como una prescripción de 18.542 pasos diarios para todos los niños. El objetivo de la investigación fue establecer valores internacionales de referencia que permitan comparar la actividad de un menor con la distribución observada en niños de edad semejante.
Esta distinción es importante porque un recuento de pasos mide principalmente el desplazamiento y no captura de la misma forma todas las modalidades de actividad física. Un niño puede participar en juegos, nadar, montar en bicicleta o realizar movimientos que un contador de pasos no representa completamente.
Además, el estudio fue transversal: describe los patrones observados durante un periodo concreto, pero no permite concluir que alcanzar determinado número de pasos produzca por sí mismo un resultado específico de salud. Tampoco permite establecer las causas de las diferencias detectadas entre países, sexos o entornos residenciales.
La popularización de objetivos numéricos ha hecho que el recuento de pasos sea una forma habitual de representar la actividad física. Sin embargo, incluso en adultos, la cantidad total debe interpretarse junto con otros componentes del movimiento. Mundo de la Salud ha señalado que la intensidad de la marcha aporta información adicional al número de pasos acumulados, un principio que refuerza la necesidad de evitar convertir una cifra aislada en una medida completa de actividad física.
Una herramienta potencial para la vigilancia de la actividad infantil
Los investigadores consideran que los percentiles obtenidos podrían convertirse en una herramienta práctica para estudiar los patrones de actividad durante la primera infancia. La Universidad de Sevilla plantea que el sistema podría funcionar de manera comparable a otras referencias pediátricas, permitiendo interpretar si el movimiento registrado se encuentra por encima o por debajo de los valores observados internacionalmente para la misma edad.
La utilidad podría ser especialmente relevante para la vigilancia de salud pública en lugares con recursos limitados. Contar pasos requiere dispositivos relativamente sencillos y ofrece una métrica objetiva que puede compararse entre poblaciones cuando se utilizan protocolos estandarizados.
Sin embargo, los propios resultados muestran por qué una referencia global necesita contexto. Las diferencias entre zonas rurales y urbanas, entre países con distintos niveles de ingresos y entre grupos de participantes indican que el comportamiento de movimiento no puede interpretarse al margen de las condiciones sociales y ambientales.
El proyecto SUNRISE estudia movimiento, sedentarismo y sueño
La investigación forma parte de SUNRISE, el Estudio Internacional sobre los Comportamientos de Movimiento en los Primeros Años de Vida, una colaboración internacional orientada a generar evidencia sobre actividad física, comportamiento sedentario y sueño en la primera infancia.
La Universidad de Sevilla explicó que la participación española en esta red se consolidó a partir de la colaboración de sus investigadores con la Universidad de Wollongong, en Australia, donde se encuentra la coordinación internacional del proyecto.
La línea tendrá continuidad en España mediante LIFE on HOLIDAYS Andalucía, un proyecto previsto para el periodo 2026-2029 que estudiará longitudinalmente cómo los periodos vacacionales se relacionan con actividad física, función cognitiva, rendimiento académico, habilidades motrices y estilos de vida de niños andaluces de entre tres y cinco años.
Los nuevos valores internacionales proporcionan así una base para futuras investigaciones y sistemas de vigilancia, pero no transforman el número de pasos en un diagnóstico individual. La principal aportación del estudio es ofrecer una distribución de referencia obtenida con mediciones objetivas en numerosos contextos internacionales, permitiendo estudiar con mayor precisión cómo se mueve la población preescolar y cómo esas diferencias pueden relacionarse posteriormente con el desarrollo y la salud.
Fuentes referenciales:
The Lancet Child & Adolescent Health
Universidad de Sevilla
Infobae

