Los programas supervisados combinan ejercicio, control de factores de riesgo y educación sanitaria para recuperar capacidad funcional y reducir hospitalizaciones tras eventos coronarios
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Superar un infarto, una cirugía de revascularización o la colocación de un stent no significa que el proceso de recuperación cardiovascular haya terminado. Después del alta comienza una etapa en la que la rehabilitación cardíaca puede desempeñar un papel decisivo para recuperar capacidad física, controlar factores de riesgo y disminuir la probabilidad de nuevas complicaciones.
Estos programas no consisten simplemente en recomendar al paciente que haga ejercicio. Se trata de intervenciones estructuradas que pueden combinar actividad física adaptada y supervisada, evaluación clínica, educación sanitaria, orientación nutricional, control de factores de riesgo cardiovascular y, cuando corresponde, apoyo psicológico.
La evidencia disponible respalda su incorporación a la prevención secundaria de la enfermedad coronaria. El Consenso de Síndromes Coronarios Crónicos de la Sociedad Argentina de Cardiología señala que la rehabilitación basada en ejercicio ha demostrado beneficios sobre la mortalidad cardiovascular y las hospitalizaciones en pacientes con enfermedad coronaria crónica.
La recuperación cardiovascular continúa después del alta
Un paciente que recibe el alta después de un episodio coronario puede haber superado la fase más inmediata del problema, pero continúa necesitando seguimiento. La enfermedad cardiovascular subyacente y factores como hipertensión arterial, alteraciones de los lípidos, diabetes, tabaquismo o sedentarismo pueden seguir influyendo sobre su riesgo futuro.
Por ello, la rehabilitación busca acompañar una recuperación progresiva y clínicamente controlada. La actividad se prescribe de acuerdo con las condiciones y antecedentes de cada persona, en lugar de aplicar una rutina idéntica a todos los pacientes. La evaluación y la estratificación del riesgo forman parte del proceso para determinar qué tipo de ejercicio puede realizarse y con qué intensidad.
La prevención cardiovascular también depende del manejo adecuado de condiciones que pueden permanecer durante años. El control correcto de la presión arterial, por ejemplo, permite detectar y seguir uno de los principales factores modificables asociados con las enfermedades cardiovasculares.
Ejercicio supervisado y recuperación de la capacidad funcional
La actividad física constituye uno de los componentes centrales de la rehabilitación. Dependiendo del estado del paciente, pueden utilizarse ejercicios aeróbicos, bicicleta estática y trabajo de resistencia con cargas adaptadas, siempre dentro de un programa definido por profesionales sanitarios.
El objetivo no es alcanzar rápidamente un rendimiento deportivo, sino recuperar de manera progresiva la tolerancia al esfuerzo y facilitar un retorno seguro a las actividades cotidianas. En personas que han permanecido inactivas, la progresión debe ajustarse especialmente a su capacidad funcional y a la respuesta cardiovascular observada durante el proceso.
Fuera del contexto específico de una rehabilitación, la evidencia también relaciona el movimiento cotidiano con una mejor salud cardiovascular. Incorporar actividades sencillas como caminar regularmente para reducir el sedentarismo puede contribuir a una vida más activa, aunque una caminata realizada por cuenta propia no sustituye un programa de rehabilitación indicado después de un evento cardíaco.
Menos hospitalizaciones entre quienes participan en rehabilitación
Uno de los aspectos de mayor interés clínico es la relación entre la participación en estos programas y los acontecimientos posteriores al alta. Un estudio citado en la información revisada comparó pacientes que asistieron a rehabilitación cardíaca con quienes no participaron y evaluó nuevas hospitalizaciones o muerte por cualquier causa durante los 180 días siguientes.
En ese análisis, el 12,1 % de los participantes en rehabilitación volvió a ser hospitalizado durante el período estudiado, frente al 18,7 % entre quienes no asistieron. Después de ajustar los resultados por edad, sexo, factores de riesgo y diagnósticos al alta, los investigadores observaron una reducción del 42,7 % en el riesgo combinado de reingreso o muerte durante esos seis meses.
La interpretación de esas cifras requiere cautela. El resultado corresponde a una población y un período de seguimiento determinados y no significa que cada paciente obtenga exactamente la misma reducción del riesgo. Tampoco debe interpretarse como una garantía individual de que no se producirá otro episodio cardiovascular.
Una perspectiva más amplia aparece en el Consenso de Síndromes Coronarios Crónicos publicado por la Sociedad Argentina de Cardiología. El documento recoge una revisión y un metaanálisis de 63 ensayos con 14.486 participantes con enfermedad coronaria: la rehabilitación basada en ejercicio se asoció con una reducción de la mortalidad cardiovascular y de los ingresos hospitalarios, además de una mejor calidad de vida relacionada con la salud.
Prevenir otro evento exige actuar sobre varios factores
La rehabilitación cardíaca tiene un carácter multicomponente precisamente porque la prevención secundaria no depende de una única intervención. El ejercicio se integra con el tratamiento médico indicado, el control de presión arterial y lípidos, la alimentación, la cesación tabáquica cuando corresponda y otros cambios individualizados.
El seguimiento del colesterol forma parte de este enfoque. Las actualizaciones sobre prevención cardiovascular y control de lípidos reflejan cómo la valoración del riesgo global ha ganado importancia frente a la interpretación aislada de un único parámetro.
La actividad física habitual también se relaciona con indicadores cardiovasculares favorables en la población general. Un análisis de más de 480.000 participantes reseñado anteriormente encontró una asociación entre subir escaleras regularmente y un menor riesgo cardiovascular. Esos resultados observacionales, sin embargo, no deben utilizarse para definir por cuenta propia la intensidad del ejercicio después de un infarto o una intervención coronaria.
Del stent al seguimiento a largo plazo
La colocación de un stent permite mantener abierta una arteria coronaria que se encontraba estrechada u obstruida, pero la intervención no elimina por sí misma todos los factores que favorecieron la enfermedad. De ahí que el seguimiento posterior incluya tratamiento farmacológico cuando está indicado, vigilancia clínica y medidas de prevención secundaria.
La Sociedad Argentina de Cardiología incluye específicamente la rehabilitación cardiovascular dentro del seguimiento a largo plazo de los síndromes coronarios crónicos y contempla programas para pacientes con enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca y otras condiciones cardiovasculares.
La atención integral también resulta relevante para quienes desarrollan insuficiencia cardíaca, una condición que puede requerir seguimiento sostenido y múltiples intervenciones terapéuticas. La experiencia de programas destinados a mejorar la atención de pacientes con insuficiencia cardíaca muestra la importancia de coordinar tratamientos y aplicar las recomendaciones clínicas de manera sistemática.
El acceso y la adherencia siguen siendo desafíos
La existencia de beneficios clínicos no garantiza que todos los pacientes que podrían recibir rehabilitación lleguen a incorporarse y completar el programa. Entre las barreras documentadas aparecen la falta de derivación, la distancia hasta los centros especializados, los costos, las características de la cobertura sanitaria y las dificultades para mantener la asistencia.
Un estudio sobre la situación de la rehabilitación cardiovascular en Argentina, basado en información de 72 centros, encontró una importante concentración de servicios en áreas urbanas y señaló la escasa derivación de candidatos como una de las principales dificultades para incorporar pacientes. El trabajo describió además a la rehabilitación como una estrategia multicomponente de prevención secundaria que integra ejercicio supervisado, control de factores de riesgo, educación para un estilo de vida saludable y aspectos psicosociales.
Las modalidades remotas comienzan a abrir otras posibilidades. Un registro publicado en 2026 sobre el uso de recursos tecnológicos en rehabilitación cardíaca en Argentina indicó que el seguimiento a distancia se realiza principalmente mediante mensajería y llamadas telefónicas. Los autores consideran que estas herramientas pueden favorecer accesibilidad, adherencia y seguimiento, aunque todavía requieren mayor estandarización y evaluación.
Para el paciente que acaba de atravesar un infarto, una angioplastia, una cirugía cardíaca u otro evento coronario, el momento y la modalidad de incorporación a un programa deben definirse con el equipo sanitario responsable. La rehabilitación es una intervención clínica estructurada y su planificación debe considerar diagnóstico, tratamiento recibido, capacidad funcional, factores de riesgo y situación individual.
Fuentes referenciales:
Infobae
Sociedad Argentina de Cardiología — Consenso de Síndromes Coronarios Crónicos
Revista Argentina de Cardiología — Estado actual de la rehabilitación cardiovascular en Argentina
Revista de la Federación Argentina de Cardiología
