Más de mil adultos mayores de 11 países participaron durante dos años en una intervención regional que combinó actividad física, alimentación saludable, control cardiovascular, entrenamiento cognitivo y socialización.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
La prevención de la demencia ha dejado de concentrarse únicamente en la edad, la genética o la búsqueda de nuevos medicamentos. Una investigación desarrollada en América Latina aporta evidencia de que actuar de manera organizada sobre determinados hábitos y factores de riesgo puede ayudar a preservar la memoria y otras funciones cognitivas durante el envejecimiento.
El estudio LatAm-FINGERS evaluó una intervención intensiva dirigida a personas mayores con mayor riesgo de deterioro cognitivo. Durante dos años participaron más de mil adultos mayores de 11 países latinoamericanos, en uno de los esfuerzos regionales más amplios para estudiar estrategias no farmacológicas de protección cerebral.
La investigación fue liderada regionalmente por la neuropsicóloga Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina —CONICET— y profesora de la Universidad Maimónides. También es presidenta de WYLD y AWARE, editora de la revista Alzheimer’s & Dementia y miembro de la Organización Mundial de la Salud.
Factores de riesgo que pueden modificarse
El riesgo de desarrollar demencia no depende exclusivamente del envejecimiento o de la predisposición genética. También está relacionado con factores potencialmente modificables, como la hipertensión, la obesidad, la diabetes, la depresión, la inactividad física, el aislamiento social, el tabaquismo, la pérdida auditiva, el consumo excesivo de alcohol, el bajo nivel educativo y los traumatismos craneoencefálicos.
La influencia de estos factores no es idéntica en todas las regiones. Una estimación citada por Crivelli indica que alrededor del 54 % de los casos de demencia en América Latina podrían evitarse mediante la reducción de riesgos potencialmente modificables. En Argentina, la proporción estimada se acerca al 60 %.
En el conjunto de América Latina, la obesidad, la inactividad física y la depresión figuran entre los factores con mayor peso. En Argentina destacan la hipertensión, la obesidad y el sedentarismo. Estas diferencias refuerzan la necesidad de diseñar intervenciones adaptadas a las características sanitarias, sociales y culturales de cada población.
La relación entre estilo de vida y deterioro cognitivo también ha sido examinada en revisiones sobre hábitos saludables y riesgo de demencia, que subrayan la importancia de combinar acciones individuales con medidas de salud pública.
Cinco pilares aplicados durante dos años
LatAm-FINGERS estudió si un programa estructurado de cambios en el estilo de vida podía proteger la memoria y otras capacidades cognitivas en personas mayores con un riesgo elevado de deterioro. La intervención se organizó alrededor de cinco pilares: actividad física, alimentación saludable, control de factores cardiovasculares, entrenamiento cognitivo y socialización.
Los participantes asignados al programa estructurado obtuvieron mejores resultados cognitivos que quienes recibieron recomendaciones generales de salud. El grupo sometido a la intervención organizada registró alrededor de un 55 % más de mejora cognitiva.
Los beneficios no se limitaron a una evaluación global. También se observaron progresos en la memoria, las funciones ejecutivas y la velocidad de procesamiento. Las funciones ejecutivas comprenden capacidades necesarias para organizar tareas, planificar, tomar decisiones y resolver problemas, mientras que la velocidad de procesamiento refleja la rapidez con la que el cerebro recibe y utiliza la información.
El resultado respalda una estrategia combinada, en lugar de depender de una recomendación aislada. El movimiento, la alimentación, el cuidado cardiovascular, la estimulación mental y las relaciones sociales fueron abordados como elementos complementarios de un mismo programa.
Una intervención acompañada y adaptada a cada país
La diferencia principal no consistió únicamente en aconsejar a los participantes que hicieran ejercicio o comieran de manera saludable. El programa fue sostenido, supervisado, medido y adaptado a la realidad de las comunidades latinoamericanas.
La alimentación disponible, los precios, las costumbres familiares, la seguridad de los espacios públicos, el transporte, el clima, el nivel educativo y la confianza en las instituciones pueden determinar si una recomendación es aplicable. Por ese motivo, LatAm-FINGERS utilizó un protocolo científico común, pero permitió que su implementación se ajustara a las condiciones locales.
La alimentación constituye uno de los componentes centrales. No se trata solamente de aumentar el consumo de productos vegetales, sino de cuidar la calidad general de la dieta. Investigaciones sobre alimentación y protección frente al deterioro cognitivo han diferenciado los patrones ricos en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos de aquellos dominados por productos refinados o ultraprocesados.
El descanso también forma parte del cuidado integral del cerebro. El sueño interviene en la memoria, la regulación metabólica y otros procesos neurológicos, por lo que las investigaciones sobre sueño y envejecimiento cerebral lo consideran otro factor relevante dentro de las estrategias preventivas.
La prevención no ofrece una garantía absoluta
Los resultados no significan que adoptar hábitos saludables elimine por completo la posibilidad de desarrollar demencia. La enfermedad puede estar influida por múltiples factores biológicos, genéticos, sociales y ambientales que no siempre pueden modificarse.
El estudio muestra, sin embargo, que una intervención intensiva y combinada puede mejorar el desempeño cognitivo de personas mayores en riesgo. Su alcance se encuentra en la protección de funciones cerebrales y en la reducción de factores modificables, no en prometer una cura ni una prevención absoluta.
La estimulación cognitiva y la socialización también requieren continuidad. Aprender actividades, mantener conversaciones, participar en grupos y enfrentarse a tareas que exigen memoria, orientación o planificación pueden ayudar a sostener la reserva cognitiva. Estas prácticas han sido abordadas en recomendaciones sobre hábitos diarios que fortalecen el cerebro.
Una estrategia posible para la salud pública
LatAm-FINGERS plantea que la prevención del deterioro cognitivo no depende exclusivamente de medicamentos costosos o tecnologías de alta complejidad. Las intervenciones no farmacológicas basadas en hábitos cotidianos pueden incorporarse, con inversión, organización y seguimiento, a las políticas de envejecimiento saludable.
Sostener estos cambios requiere algo más que voluntad individual. Las personas necesitan acceso a alimentos saludables, controles de presión arterial, glucosa y otros factores cardiovasculares, espacios seguros para realizar actividad física, oportunidades de socialización y programas accesibles de entrenamiento cognitivo.
Los centros de atención primaria, municipios, universidades, plazas y organizaciones comunitarias podrían convertirse en espacios de aplicación. La prevención de la demencia también involucra equidad, porque las posibilidades de cuidar el cerebro dependen de las condiciones económicas, educativas, urbanas y sanitarias de cada comunidad.
La demencia afecta a quienes reciben el diagnóstico, pero también a sus familias, cuidadores y sistemas de salud. Proteger la función cognitiva durante más tiempo puede contribuir a preservar la autonomía, reducir necesidades de cuidado y mejorar la calidad de vida durante el envejecimiento.
Evidencia producida desde América Latina
Uno de los principales aportes de LatAm-FINGERS es haber generado evidencia con poblaciones latinoamericanas. La investigación evita trasladar automáticamente resultados obtenidos en Finlandia, Estados Unidos u otras regiones cuyas condiciones culturales, económicas y sanitarias pueden ser diferentes.
El protocolo mantuvo criterios científicos compartidos, pero reconoció que una intervención solo puede sostenerse cuando respeta la cultura, el lenguaje y los recursos de las personas que participan. El estudio demuestra que la adaptación local no reduce el rigor científico, sino que puede mejorar la viabilidad de las recomendaciones.
El siguiente desafío será trasladar los hallazgos a la atención primaria y a programas comunitarios permanentes. La evidencia regional muestra que existen acciones concretas para cuidar el cerebro, pero su impacto dependerá de que la información se transforme en hábitos posibles y en políticas públicas sostenidas.
Fuente(s) referenciales
Infobae — ¿Se puede prevenir la demencia?

