Un estudio realizado en Estados Unidos identificó cambios en 5.812 grupos de proteínas de ovarios de mujeres entre 50 y 75 años, revelando procesos de remodelación e inflamación que continúan después de la etapa reproductiva.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Los ovarios no se convierten en órganos biológicamente inactivos cuando termina la vida reproductiva. Una investigación realizada por científicos del Buck Institute for Research on Aging y la Universidad Northwestern, en Estados Unidos, ha identificado cambios moleculares que continúan durante décadas después de la menopausia, incluidos procesos relacionados con la inflamación, la estructura de los tejidos y la actividad del sistema inmunitario.
El estudio, publicado el 13 de octubre de 2026 en la revista científica Aging Cell, analizó muestras de tejido ovárico de 28 mujeres posmenopáusicas de entre 50 y 75 años. Los investigadores examinaron miles de proteínas para comprender cómo evoluciona este órgano una vez que ha finalizado su función reproductiva.
Los resultados cuestionan la interpretación tradicional del ovario posmenopáusico como un tejido residual que permanece prácticamente sin actividad. Aunque la menopausia marca el final de la capacidad reproductiva natural, los ovarios continúan experimentando transformaciones biológicas que podrían tener importancia para la salud femenina.
La investigación no demuestra que estos cambios provoquen enfermedades ni establece nuevas recomendaciones de tratamiento. Sin embargo, aporta información sobre una etapa de la fisiología femenina que ha recibido menos atención científica que los años reproductivos.
El análisis identificó miles de proteínas en el tejido ovárico
Para investigar el envejecimiento de los ovarios, los científicos utilizaron técnicas avanzadas de proteómica, una disciplina que permite estudiar las proteínas presentes en las células y los tejidos.
Mediante espectrometría de masas, el equipo cuantificó 5.812 grupos de proteínas en muestras de ovarios sin alteraciones patológicas conocidas. Las participantes fueron distribuidas en tres grupos de edad: entre 50 y 59 años, entre 60 y 69 años y mujeres de 70 años o más.
La comparación permitió identificar diferencias progresivas en la composición molecular del tejido. En particular, 117 proteínas presentaron cambios estadísticamente significativos al comparar a las mujeres de 70 años o más con las del grupo de 50 a 59 años.
Los investigadores observaron que las proteínas relacionadas con la regulación genética y el procesamiento del ARN tenían mayor presencia relativa en los ovarios del grupo más joven, mientras que en las edades avanzadas destacaban procesos metabólicos, mecanismos inmunitarios y componentes asociados con la remodelación de los tejidos.
Estas diferencias indican que el ovario continúa modificando su funcionamiento molecular con el paso de los años, incluso cuando ya no dispone de suficientes folículos para sostener la fertilidad.
La inflamación y la estructura del ovario cambian con la edad
Uno de los hallazgos más relevantes fue el aumento de señales moleculares relacionadas con la inflamación y con el sistema del complemento, un conjunto de proteínas que participa en las respuestas de defensa del organismo.
También se identificaron modificaciones en la matriz extracelular, la estructura que rodea y sostiene las células de los tejidos. Esta matriz contiene proteínas que contribuyen a mantener la organización, resistencia y comunicación entre los distintos componentes celulares.
Con el envejecimiento, los ovarios pueden experimentar procesos de fibrosis, caracterizados por la acumulación de determinados componentes estructurales y por cambios en las células encargadas de producirlos.
El estudio encontró patrones compatibles con una remodelación progresiva de esa matriz, junto con alteraciones en proteínas vinculadas con la organización del tejido y la señalización inflamatoria.
La investigación también detectó un aumento de factores secretados relacionados con el daño celular y el envejecimiento. Estos cambios no significan necesariamente que exista una enfermedad, pero permiten identificar procesos que podrían influir en la actividad del órgano.
La relación entre envejecimiento, hormonas y tejidos también resulta importante para comprender problemas como la pérdida de calidad ósea después de la menopausia, aunque el nuevo estudio no evaluó directamente la aparición de osteoporosis.
Una firma molecular de 26 proteínas para estudiar el envejecimiento
A partir de diferentes análisis estadísticos, los investigadores desarrollaron una firma molecular compuesta por 26 proteínas, denominada Buck Postmenopausal Ovary Molecular Signature, o BuckPOMS.
Esta combinación reúne proteínas cuyos cambios permiten describir algunas de las transformaciones que experimenta el ovario durante el envejecimiento posmenopáusico.
La firma incluye señales relacionadas con la matriz extracelular, la inflamación y la pérdida relativa de determinados componentes estructurales.
Entre las proteínas examinadas se encuentran WNT4 y fibromodulina, también conocida como FMOD. Los investigadores utilizaron técnicas de inmunohistoquímica para comprobar la presencia y distribución de algunas de estas proteínas en el tejido.
La finalidad de BuckPOMS es proporcionar una herramienta de investigación para estudiar el envejecimiento ovárico. No constituye actualmente una prueba clínica validada para diagnosticar enfermedades, calcular la edad biológica individual o decidir tratamientos.
Su posible utilidad futura dependerá de investigaciones adicionales con muestras más amplias y seguimiento de pacientes a lo largo del tiempo.
Los cambios moleculares muestran coincidencias con procesos asociados al cáncer
Otro aspecto examinado por el equipo fue la relación entre las proteínas identificadas y determinados procesos biológicos previamente estudiados en el cáncer de ovario.
Los investigadores encontraron que algunos patrones moleculares asociados con el envejecimiento ovárico coincidían con proteínas relacionadas en investigaciones anteriores con esta enfermedad.
Estas coincidencias despertaron interés porque el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer de ovario aumenta con la edad. Sin embargo, encontrar proteínas compartidas no demuestra que el envejecimiento normal del ovario provoque directamente un tumor.
Los cambios inflamatorios y estructurales pueden formar parte de procesos fisiológicos de envejecimiento sin que exista una transformación maligna.
El estudio tampoco permite utilizar esas proteínas como marcadores clínicos de cáncer. Para determinar su posible utilidad diagnóstica sería necesario comprobar si distinguen de manera fiable entre tejidos sanos, lesiones precursoras y tumores.
La investigación se incorpora a un campo en el que también se estudian otras estrategias de prevención, como la extirpación preventiva de las trompas de Falopio en determinadas circunstancias clínicas, una intervención que responde a evidencias diferentes y no constituye una consecuencia del nuevo hallazgo.
Qué significa que el ovario continúe activo después de la menopausia
La menopausia se produce cuando cesa de manera permanente la menstruación como consecuencia de la pérdida de la función folicular ovárica. Este proceso está acompañado por una disminución importante de la producción de estrógenos y otros cambios hormonales.
Sin embargo, el final de la función reproductiva no implica necesariamente la desaparición de toda actividad biológica.
Los ovarios posmenopáusicos pueden conservar determinadas funciones endocrinas y de señalización local, incluida la producción de algunos andrógenos en ciertas circunstancias.
El nuevo estudio aporta evidencia de que, además de esas funciones, el tejido ovárico continúa reorganizándose a nivel molecular durante las décadas posteriores a la menopausia.
Los autores consideran que estas transformaciones merecen atención porque los ovarios permanecen en el organismo durante una parte considerable de la vida de muchas mujeres.
Comprender su comportamiento podría ayudar a investigar posibles conexiones entre el envejecimiento reproductivo, la inflamación y otros procesos fisiológicos. No obstante, todavía no se ha demostrado que las proteínas identificadas tengan efectos concretos sobre órganos distantes o sobre el riesgo individual de enfermedades crónicas.
El hallazgo no cambia las recomendaciones sobre extirpar ovarios sanos
La nueva investigación también plantea preguntas sobre el papel que desempeñan los ovarios después de la menopausia y sobre las consecuencias de conservarlos o extirparlos durante determinadas intervenciones quirúrgicas.
Los investigadores subrayan que sus resultados no permiten establecer si los ovarios sanos deberían conservarse o retirarse en situaciones clínicas específicas.
La decisión de realizar una ooforectomía, procedimiento mediante el cual se extirpa uno o ambos ovarios, depende de factores como la edad, los antecedentes familiares, el riesgo genético de cáncer, la presencia de enfermedades y las características de cada paciente.
Las nuevas observaciones moleculares no justifican modificar esas decisiones sin evidencia clínica adicional.
Del mismo modo, los resultados no permiten concluir que la terapia hormonal deba utilizarse para modificar los procesos de envejecimiento identificados en el tejido ovárico.
Las investigaciones sobre la terapia hormonal y sus efectos cardiovasculares analizan beneficios y riesgos específicos que deben valorarse de manera individual, sin extrapolar directamente los resultados del nuevo estudio proteómico.
Las limitaciones de una investigación basada en 28 mujeres
Aunque los resultados proporcionan información detallada sobre miles de proteínas, el estudio presenta limitaciones que deben considerarse antes de trasladar sus conclusiones a la práctica médica.
La primera es el tamaño de la muestra. El análisis incluyó tejidos de 28 mujeres, una cantidad relativamente pequeña para representar la diversidad de situaciones hormonales, genéticas y clínicas de la población posmenopáusica.
Además, la investigación comparó muestras de mujeres pertenecientes a distintos grupos de edad. No siguió los cambios de los mismos ovarios durante varias décadas.
Por esta razón, los resultados describen asociaciones entre edad y composición molecular, pero no permiten reconstruir con certeza la evolución individual de cada participante.
Los investigadores también reconocen que determinar con precisión el momento de la menopausia puede resultar complicado cuando los antecedentes dependen de información retrospectiva o cuando existen diferencias en los tratamientos hormonales y las historias quirúrgicas.
Serán necesarios estudios longitudinales para distinguir mejor los efectos de la edad cronológica, el tiempo transcurrido desde la menopausia y otros factores que podrían influir en el tejido ovárico.
La investigación amplía el conocimiento sobre la salud femenina
El trabajo del Buck Institute for Research on Aging y la Universidad Northwestern contribuye a cubrir una laguna en la investigación biomédica: el estudio de los ovarios durante las décadas posteriores a la etapa reproductiva.
Tradicionalmente, buena parte de la investigación ovárica se ha concentrado en la fertilidad, la producción hormonal, la reproducción asistida y las enfermedades ginecológicas.
Sin embargo, el envejecimiento femenino comprende transformaciones que continúan mucho después del cese de la menstruación. La alimentación, la actividad física, la salud cardiovascular y el mantenimiento de la masa ósea también adquieren relevancia durante esta etapa, como muestran los estudios sobre las necesidades nutricionales de las mujeres a lo largo de la vida.
El nuevo análisis no propone una intervención preventiva concreta, pero proporciona una base molecular para investigar cómo evoluciona el ovario y qué funciones puede conservar durante el envejecimiento.
Los próximos estudios deberán establecer si las transformaciones observadas representan únicamente características normales de la edad o si algunas de ellas tienen consecuencias medibles sobre la salud.
Por ahora, el hallazgo principal es que el ovario posmenopáusico sigue siendo un tejido biológicamente dinámico. Su actividad molecular continúa cambiando durante décadas, una observación que abre nuevas preguntas sobre la fisiología femenina después de la etapa reproductiva.
Fuentes referenciales:
Aging Cell — The Human Ovary Exhibits Dynamic Molecular Remodeling in the Decades Post-Menopause
Universidad Northwestern y Buck Institute for Research on Aging — Comunicado sobre la investigación
Science — Does the postmenopausal ovary still matter?

