Un estudio publicado en The Lancet Public Health encontró que las tasas de mortalidad de personas de 25 a 49 años fueron un 42 % superiores en el norte de Inglaterra respecto del sur en 2024, frente al 13 % registrado en 1981.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.
Las desigualdades regionales de salud en Inglaterra se han ampliado considerablemente durante las últimas cuatro décadas, especialmente entre los adultos jóvenes y de mediana edad. Una investigación de las universidades de Manchester y Liverpool, publicada el 21 de octubre de 2026 en la revista científica The Lancet Public Health, encontró que las tasas de mortalidad de las personas de entre 25 y 49 años eran un 42,4 % más elevadas en el norte del país que en el sur durante 2024.
La diferencia contrasta con el 13 % registrado en 1981 y demuestra que la brecha relativa entre ambas regiones se ha multiplicado por más de tres.
El estudio, desarrollado con la participación de Health Equity North, analizó los registros nacionales de defunciones y las estimaciones de población correspondientes al período 1981-2024. Los investigadores examinaron cómo evolucionaron las diferencias según la edad y el sexo, además de evaluar si la pandemia de COVID-19 modificó las tendencias anteriores.
Los resultados muestran que la mortalidad general disminuyó durante buena parte del período estudiado, pero las mejoras no se distribuyeron de manera uniforme entre las regiones.
La desigualdad se acentuó particularmente entre las personas en edad laboral y las mujeres jóvenes. Los autores consideran que esta evolución constituye un desafío importante para las políticas sanitarias, económicas y sociales de Inglaterra.
El análisis reunió más de cuatro décadas de registros nacionales
La investigación fue dirigida por Evangelos Kontopantelis, de la Universidad de Manchester, junto con Xingna Zhang, Mark Green, Luke Munford, Benjamin Barr e Iain Buchan, investigadores vinculados con instituciones académicas y sanitarias del Reino Unido.
El equipo utilizó información oficial sobre fallecimientos registrados y estimaciones anuales de población para estudiar las diferencias de mortalidad entre el norte y el sur de Inglaterra.
Los datos fueron organizados por grupos quinquenales de edad y sexo. Posteriormente se calcularon tasas estandarizadas y razones de tasas ajustadas mediante modelos estadísticos de Poisson.
Este procedimiento permitió comparar poblaciones con estructuras demográficas diferentes y evitar que una mayor proporción de personas de edad avanzada explicara artificialmente las diferencias observadas.
Los investigadores también utilizaron modelos longitudinales segmentados para estudiar la evolución durante dos períodos: 2010-2019, anterior a la pandemia, y 2020-2024, que incluye la crisis sanitaria y sus años posteriores.
La comparación se centró en las tasas de mortalidad por todas las causas, sin atribuir los fallecimientos a enfermedades específicas.
Este detalle es importante porque el trabajo identifica una desigualdad epidemiológica sostenida, pero no determina por sí solo qué proporción corresponde a enfermedades cardiovasculares, cáncer, causas externas u otros problemas de salud.
La brecha de mortalidad se triplicó entre los 25 y 49 años
El resultado más destacado apareció entre las personas de 25 a 49 años, un grupo que comprende una parte importante de la población en edad laboral.
En 1981, la tasa de mortalidad en el norte era aproximadamente un 13 % superior a la del sur. En 2024, esa diferencia alcanzó el 42,4 %.
El intervalo de confianza del 95 % para la estimación de 2024 se situó entre el 38,5 % y el 46,3 %, lo que indica que la desigualdad observada fue considerable incluso al tener en cuenta la incertidumbre estadística.
La cifra no significa que el 42 % de los adultos jóvenes del norte fallecieran ni que su probabilidad individual de morir pueda calcularse directamente a partir de ese porcentaje.
Representa una diferencia relativa entre tasas de mortalidad poblacionales ajustadas.
Los investigadores observaron que la separación entre ambas regiones comenzó a ampliarse mucho antes de la pandemia. Por tanto, el COVID-19 no explica el origen de la tendencia, aunque pudo influir en la evolución de la mortalidad durante algunos años.
El hallazgo coincide con la preocupación internacional por las desigualdades sanitarias entre territorios con distintos niveles de recursos, un fenómeno en el que las condiciones materiales, los servicios disponibles y las oportunidades sociales pueden influir en la salud de las poblaciones.
Las mujeres registraron un aumento especialmente pronunciado
La evolución de la mortalidad femenina constituye uno de los aspectos más relevantes de la investigación.
En las décadas de 1980, las mujeres del norte que se encontraban entre el final de la veintena y la treintena no presentaban necesariamente un exceso de mortalidad respecto de sus equivalentes del sur.
Sin embargo, para 2024, todos los grupos quinquenales de mujeres de entre 25 y 49 años registraban tasas entre un 35 % y un 60 % superiores en el norte.
La brecha relativa para el conjunto de mujeres de estas edades pasó de aproximadamente el 12 % al 41 %, lo que supone un aumento de unas 3,5 veces.
Los autores encontraron que, entre 2010 y 2019, el exceso relativo de mortalidad del norte aumentó un 1,8 % anual entre las mujeres de 25 a 49 años.
Entre los hombres del mismo grupo de edad, el incremento anual fue del 1,2 %.
Estos resultados muestran que la desigualdad regional se amplió en ambos sexos, aunque con mayor rapidez entre las mujeres antes de la pandemia.
El estudio no establece qué enfermedades o circunstancias explican específicamente el deterioro relativo femenino. Esa pregunta requerirá investigaciones adicionales que examinen las causas de muerte y sus determinantes.
Las diferencias también afectan a los menores de 75 años
La desigualdad no se limita a las personas de entre 25 y 49 años.
Cuando los investigadores analizaron a toda la población menor de 75 años, encontraron que las tasas de mortalidad del norte fueron un 25,9 % superiores a las del sur durante 2024.
El intervalo de confianza del 95 % se situó entre el 24,7 % y el 27,1 %.
Esta diferencia indica que la brecha regional se extiende a un conjunto mucho más amplio de edades, aunque alcanza una magnitud especialmente elevada entre los adultos jóvenes.
La utilización del límite de 75 años permite examinar una parte importante de la mortalidad que ocurre antes de edades avanzadas, un indicador relevante para las políticas de prevención y reducción de desigualdades.
Sin embargo, no todos los fallecimientos ocurridos antes de esa edad pueden considerarse evitables. Determinar cuáles podrían prevenirse requiere analizar las causas concretas y las intervenciones disponibles.
La desigualdad observada tampoco significa que todas las localidades del norte tengan peores indicadores que todas las del sur. Las tasas regionales representan promedios poblacionales y pueden ocultar diferencias importantes dentro de cada territorio.
La pandemia no eliminó las desigualdades anteriores
Uno de los objetivos de la investigación consistió en comprobar si la pandemia de COVID-19 había modificado de manera significativa la evolución de la brecha entre el norte y el sur.
Los investigadores encontraron que la mortalidad general había descendido durante gran parte de las cuatro décadas estudiadas, aunque ese progreso se interrumpió durante la crisis sanitaria.
Sin embargo, la ampliación de la desigualdad entre adultos jóvenes ya era visible antes de 2020.
Los modelos correspondientes a 2020-2024 sugirieron algunas variaciones en la velocidad de crecimiento de las diferencias, pero esas señales no resultaron suficientemente robustas después de considerar la sobredispersión de los datos.
En términos generales, el estudio no encontró evidencia de una reducción de la brecha en ninguno de los grupos de edad y sexo examinados durante el período posterior a 2020.
Este resultado cuestiona la interpretación de que las desigualdades regionales actuales sean únicamente una consecuencia transitoria de la pandemia.
La persistencia del fenómeno obliga a examinar procesos sociales y sanitarios que se desarrollan durante períodos prolongados.
Las condiciones sociales pueden influir en la salud regional
Los autores consideran que las diferencias de mortalidad deben analizarse dentro de un contexto más amplio que incluye empleo, vivienda, privación económica, enfermedades crónicas y acceso a servicios.
Estas condiciones pueden influir en la exposición a riesgos sanitarios, la capacidad de recibir atención preventiva y las posibilidades de mantener una buena salud durante la vida adulta.
Por ejemplo, las dificultades económicas pueden limitar el acceso a alimentos saludables, viviendas adecuadas o actividades que favorezcan el bienestar físico y mental.
Los problemas laborales también pueden asociarse con exposiciones ambientales, inseguridad económica y estrés prolongado.
Sin embargo, el nuevo estudio no midió directamente la contribución causal de cada uno de estos factores a la diferencia del 42,4 %.
Los investigadores plantean estas condiciones como elementos relevantes para orientar futuras investigaciones y políticas públicas, no como explicaciones cuantificadas por el análisis actual.
La relación entre condiciones sociales y resultados sanitarios también aparece en estudios de otras poblaciones. En Canadá, una investigación nacional identificó diferencias importantes en la frecuencia de complicaciones maternas graves, lo que ilustra cómo las desigualdades pueden manifestarse en indicadores clínicos distintos de la mortalidad general.
Estos antecedentes refuerzan la necesidad de estudiar la salud desde una perspectiva que combine los factores médicos con las condiciones sociales y territoriales.
La esperanza de vida saludable muestra otras diferencias en Inglaterra
Los resultados del nuevo estudio pueden situarse junto a otros indicadores oficiales sobre desigualdad sanitaria publicados en Inglaterra.
La Oficina Nacional de Estadística del Reino Unido informó que, durante el período 2022-2024, la esperanza de vida al nacer de los hombres residentes en las zonas más desfavorecidas de Inglaterra fue de 73,2 años, frente a 83,6 años en las zonas menos desfavorecidas.
Entre las mujeres, las cifras correspondientes fueron de 78,3 y 86,4 años.
Las diferencias resultaron todavía mayores al considerar la esperanza de vida saludable, que estima cuántos años puede esperar vivir una persona en condiciones de buena salud.
En las áreas más desfavorecidas, este indicador fue de 49,8 años entre los hombres y 48,2 entre las mujeres.
En las áreas menos desfavorecidas alcanzó 69,2 y 68,5 años, respectivamente.
Estos datos no proceden del ensayo epidemiológico publicado en octubre, sino de estadísticas oficiales independientes. Además, comparan niveles de privación territorial y no directamente las regiones norte y sur.
No obstante, permiten observar que Inglaterra presenta desigualdades importantes tanto en mortalidad como en años vividos con buena salud.
La mortalidad por todas las causas exige investigaciones adicionales
Una limitación central del trabajo publicado en The Lancet Public Health es que sus resultados corresponden a fallecimientos por todas las causas combinadas.
El estudio no identifica qué enfermedades o acontecimientos explican el incremento relativo de la mortalidad entre los adultos jóvenes del norte.
Por tanto, no sería correcto atribuir automáticamente la diferencia a enfermedades cardiovasculares, cáncer, problemas de salud mental, consumo de sustancias u otras causas específicas.
Los investigadores anunciaron que desarrollarán nuevos análisis para determinar cuáles son las causas de muerte que más contribuyen a la desigualdad regional.
La identificación de estos componentes podría ayudar a establecer prioridades preventivas y a diseñar intervenciones mejor orientadas.
Las políticas necesarias pueden variar considerablemente según el origen de los fallecimientos. Una diferencia vinculada principalmente con enfermedades crónicas requeriría respuestas distintas de otra asociada con lesiones, problemas de salud mental o dificultades de acceso a tratamientos.
La importancia de analizar las desigualdades por enfermedad también se observa en investigaciones sobre mortalidad por cáncer de cuello uterino en poblaciones económicamente desfavorecidas, donde las barreras de prevención, diagnóstico y tratamiento pueden desempeñar un papel relevante.
El análisis específico de las causas permitirá comprobar si mecanismos semejantes contribuyen a las diferencias territoriales de Inglaterra, sin asumir que necesariamente lo hacen.
Los investigadores solicitan políticas que vayan más allá de los hospitales
Los responsables del estudio consideran que reducir la brecha de mortalidad requiere una estrategia sostenida que involucre tanto al sistema sanitario como a las instituciones responsables de las condiciones económicas y sociales.
Iain Buchan, profesor de sistemas de salud pública de la Universidad de Liverpool, advirtió que el crecimiento de las desigualdades puede reforzar un círculo de desventajas en el norte del país.
El investigador señaló que mejorar las oportunidades laborales, las condiciones de vida y la salud debe formar parte de una misma estrategia.
Evangelos Kontopantelis, de la Universidad de Manchester, destacó la necesidad de políticas duraderas que aborden factores como la privación, las enfermedades simultáneas, la vivienda inadecuada y las condiciones laborales adversas.
Benjamin Barr, especialista en salud pública de la Universidad de Liverpool, consideró que la reducción de la brecha debería situarse entre las prioridades gubernamentales.
Los autores proponen fortalecer las capacidades de las autoridades regionales y dirigir recursos hacia las comunidades con mayores niveles de privación.
Estas recomendaciones constituyen propuestas de política pública derivadas de la interpretación del estudio. La investigación no evaluó experimentalmente la eficacia de una intervención gubernamental concreta.
La desigualdad sanitaria puede afectar también a la economía
La mayor mortalidad entre adultos en edad laboral plantea consecuencias que van más allá del ámbito estrictamente médico.
Las enfermedades graves y las muertes prematuras pueden afectar a las familias, la participación laboral y la disponibilidad de recursos en las comunidades.
Los investigadores advierten que las diferencias de salud pueden reforzar desigualdades económicas existentes, mientras que las condiciones de desventaja social pueden contribuir a mantener resultados sanitarios desfavorables.
Este posible vínculo bidireccional constituye una razón adicional para estudiar conjuntamente los indicadores de salud, empleo y bienestar.
Luke Munford, investigador de la Universidad de Manchester y Health Equity North, subrayó la preocupación por el aumento de la brecha entre mujeres jóvenes y de mediana edad, debido también a las posibles repercusiones familiares y sociales.
La investigación no calculó directamente las pérdidas económicas atribuibles a cada fallecimiento ni estableció el efecto que tendría una política específica sobre la productividad regional.
Sus resultados proporcionan, sin embargo, una base epidemiológica para evaluar la necesidad de intervenciones coordinadas.
El estudio confirma una desigualdad persistente de salud pública
La investigación aporta una perspectiva histórica que permite distinguir una tendencia estructural de las fluctuaciones de mortalidad observadas durante unos pocos años.
Entre 1981 y 2024, Inglaterra experimentó mejoras generales en supervivencia, pero la distancia relativa entre el norte y el sur se amplió considerablemente en determinados grupos.
El resultado más significativo fue el exceso de mortalidad del 42,4 % entre adultos de 25 a 49 años en el norte durante 2024, acompañado por una brecha del 25,9 % en la población menor de 75 años.
Las mujeres jóvenes presentaron un deterioro relativo especialmente pronunciado, mientras que el análisis posterior a la pandemia no encontró una reducción sostenida de las desigualdades.
El estudio no permite determinar todavía qué enfermedades explican estas diferencias ni cuantificar el peso causal de cada condición social.
Su principal contribución consiste en demostrar, mediante registros poblacionales de más de cuatro décadas, que las mejoras generales de la mortalidad no han sido suficientes para cerrar la distancia sanitaria entre las regiones inglesas.
Para los investigadores, la siguiente prioridad es identificar las causas específicas del exceso de mortalidad y utilizar esa información para orientar políticas preventivas y sociales que puedan evaluarse a largo plazo.
Fuentes referenciales:
The Lancet Public Health — The north–south divide in English mortality, 1981–2024: a longitudinal population study, 2026
Universidad de Manchester — Resultados del estudio sobre mortalidad regional en Inglaterra, 21 de octubre de 2026
Universidad de Manchester — Registro académico y resumen científico de la investigación
Office for National Statistics — Estadísticas oficiales sobre desigualdades de salud en Inglaterra y Gales

