Una comisión internacional de 35 especialistas evaluó riesgos sanitarios, ambientales, sociales y tecnológicos hasta 2100. El uso malicioso de la inteligencia artificial y una posible guerra nuclear figuran entre los escenarios de consecuencias más extremas.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Una comisión científica internacional vinculada con la revista médica The Lancet ha identificado 17 amenazas capaces de provocar daños extraordinarios a la salud mundial durante el siglo XXI. El informe, presentado en el contexto de la Cumbre Mundial de la Salud celebrada en Berlín en octubre de 2026, incorpora riesgos tradicionales, como la obesidad, las pandemias y la contaminación atmosférica, junto con peligros emergentes relacionados con el uso malicioso de la inteligencia artificial y los conflictos nucleares.
El trabajo, denominado Comisión de The Lancet sobre las Amenazas Globales para la Salud en el Siglo XXI, reunió a 35 especialistas de diferentes disciplinas para analizar cómo determinados acontecimientos y tendencias podrían afectar la esperanza y la calidad de vida de las poblaciones hasta el año 2100.
Los investigadores estudiaron escenarios correspondientes a 204 países y territorios. Su propósito no fue establecer una clasificación de los peligros más probables, sino calcular la magnitud potencial de sus consecuencias y determinar cuánto daño podría evitarse mediante decisiones oportunas.
Christopher Murray, director del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington, destacó que todavía existe capacidad para intervenir y modificar las trayectorias futuras. La principal conclusión del análisis es que muchas pérdidas de salud no son inevitables, aunque prevenirlas exige actuar antes de que los riesgos se conviertan en crisis de gran escala.
Una evaluación que amplía el concepto de salud pública
Tradicionalmente, los análisis sanitarios internacionales han prestado especial atención a las enfermedades infecciosas, los factores de riesgo metabólicos, la mortalidad prematura y las condiciones que provocan discapacidad.
La nueva comisión amplía ese enfoque al incorporar amenazas que también dependen de decisiones económicas, ambientales, tecnológicas y geopolíticas.
Para los investigadores, la salud de una población no está determinada exclusivamente por la disponibilidad de hospitales, medicamentos o profesionales sanitarios. También depende del acceso a la educación, la distribución de los ingresos, la estabilidad de los sistemas alimentarios, la calidad ambiental y la capacidad de las instituciones para prevenir acontecimientos catastróficos.
El equipo examinó cientos de amenazas posibles antes de seleccionar 17. Como criterio general, consideró riesgos capaces de provocar, bajo determinados escenarios, más de mil millones de años de vida saludable perdidos antes de 2100.
El uso malicioso de la inteligencia artificial y una guerra nuclear fueron incorporados por su potencial de producir consecuencias existenciales, aunque su probabilidad y sus efectos resultan mucho más difíciles de cuantificar.
La selección no significa que los problemas excluidos carezcan de importancia. El informe responde a criterios específicos de magnitud, posibilidades de intervención y necesidad de atención adicional.
La inteligencia artificial aparece entre los riesgos sanitarios extremos
Una de las novedades más relevantes es la incorporación del uso malicioso de la inteligencia artificial como amenaza para la salud mundial.
La comisión no considera que toda aplicación de inteligencia artificial represente un peligro. Su preocupación se concentra en determinados usos deliberadamente perjudiciales y en escenarios de pérdida de control que podrían tener consecuencias extraordinarias.
Los especialistas identificaron tres mecanismos principales de riesgo.
El primero es la utilización de sistemas avanzados para facilitar actividades relacionadas con agentes biológicos peligrosos. La preocupación se refiere a la posibilidad de que herramientas tecnológicas reduzcan barreras para realizar acciones dañinas, no a que exista evidencia de una catástrofe de este tipo provocada por inteligencia artificial.
El segundo mecanismo comprende fallas encadenadas en infraestructuras críticas que dependan de sistemas automatizados. Una interrupción grave de servicios sanitarios, energéticos o de comunicaciones podría afectar indirectamente la atención médica y la seguridad de grandes poblaciones.
El tercero corresponde a escenarios en los que sistemas autónomos avanzados actúen de maneras incompatibles con los objetivos establecidos por sus responsables y resulten difíciles de supervisar o controlar.
Estas hipótesis presentan una incertidumbre considerable. No existe una serie histórica de catástrofes globales causadas por inteligencia artificial que permita estimar sus consecuencias con la misma metodología empleada para enfermedades o factores de riesgo conocidos.
Por ello, los investigadores complementaron la información disponible con evaluaciones de especialistas y pronosticadores experimentados.
Los riesgos de la IA deben distinguirse de sus aplicaciones médicas
La inclusión de la inteligencia artificial en el informe no supone una descalificación de sus posibles beneficios para la medicina.
Los algoritmos pueden contribuir al análisis de imágenes clínicas, la identificación de patrones en grandes conjuntos de datos, la investigación farmacológica y la organización de determinados servicios sanitarios.
Sin embargo, sus aplicaciones también plantean cuestiones relacionadas con la privacidad, los sesgos, la seguridad y la responsabilidad profesional.
Mundo de la Salud ya había examinado las oportunidades y los riesgos de la inteligencia artificial aplicada a la salud mental, un ámbito en el que las herramientas digitales pueden ampliar el acceso al apoyo psicológico, pero también generar problemas cuando carecen de validación o supervisión adecuada.
La nueva comisión aborda una escala distinta: no se concentra únicamente en errores clínicos individuales o en la calidad de una aplicación, sino en escenarios capaces de comprometer sistemas completos y producir daños sanitarios masivos.
Esta diferencia resulta esencial para interpretar el informe. Los riesgos hipotéticos de consecuencias extremas no deben confundirse con efectos adversos ya documentados de tecnologías existentes.
Una guerra nuclear podría desencadenar una crisis sanitaria mundial
Junto con la inteligencia artificial mal utilizada, la comisión considera que un conflicto nuclear constituye uno de los escenarios con potencial de consecuencias más extremas.
El impacto sanitario de una guerra nuclear no se limitaría a las muertes y lesiones provocadas directamente por las explosiones.
Los investigadores también contemplan la posible destrucción de instalaciones médicas, la interrupción de los sistemas de abastecimiento, la contaminación ambiental, los desplazamientos de población y las dificultades para mantener la producción y distribución de alimentos.
En determinados escenarios, las alteraciones atmosféricas y agrícolas posteriores a un conflicto nuclear podrían provocar una crisis alimentaria de alcance internacional.
El informe considera diferentes vías de escalada, incluidos enfrentamientos entre potencias, accidentes y utilización de sistemas tecnológicos en entornos de seguridad extremadamente sensibles.
Los autores advierten que las estimaciones asociadas con estos escenarios contienen incertidumbres importantes y no deben interpretarse como predicciones de que ocurrirá una guerra nuclear antes de 2100.
Entre las medidas preventivas examinadas figuran el fortalecimiento de los acuerdos internacionales de no proliferación, la reducción de arsenales y los mecanismos destinados a disminuir el riesgo de escaladas militares.
La obesidad podría representar una enorme pérdida de años saludables
A diferencia de las amenazas tecnológicas o nucleares, la obesidad cuenta con abundante información epidemiológica que permite construir proyecciones a partir de tendencias observadas.
La comisión estima que, bajo determinados escenarios, la obesidad podría asociarse con hasta 23.100 millones de años de vida saludable perdidos acumulados hacia finales de siglo.
Esta magnitud no representa una cifra de fallecimientos. Incluye tanto los años perdidos por muerte prematura como los períodos vividos con enfermedades o discapacidades relacionadas con el riesgo analizado.
La obesidad está vinculada con un mayor riesgo de diversas enfermedades crónicas, entre ellas diabetes tipo 2, trastornos cardiovasculares y determinadas formas de cáncer.
Su prevención y tratamiento requieren intervenciones que van más allá de las decisiones alimentarias individuales. También intervienen factores genéticos, biológicos, económicos y ambientales.
Este enfoque coincide con la consideración de la obesidad como una enfermedad crónica y multifactorial. En Mundo de la Salud se ha explicado por qué la regulación del peso corporal depende de mecanismos metabólicos, hormonales y ambientales que deben tenerse en cuenta al diseñar estrategias de atención.
Las estimaciones del informe subrayan la importancia de combinar prevención, acceso a tratamientos eficaces y políticas públicas capaces de reducir la exposición a factores de riesgo.
La desigualdad y la educación también condicionan la esperanza de vida
Dos de las amenazas incluidas en la evaluación corresponden a determinantes sociales de la salud: la desigualdad de ingresos y el bajo nivel educativo.
Los escenarios estudiados estiman pérdidas acumuladas de hasta 13.800 millones de años de vida saludable relacionadas con la desigualdad de ingresos y de 16.100 millones asociadas con niveles educativos insuficientes.
Estas cifras reflejan que las condiciones sociales pueden influir profundamente en la exposición a enfermedades, la posibilidad de recibir atención médica y la capacidad para adoptar medidas preventivas.
La educación está relacionada con múltiples dimensiones de la salud, desde la comprensión de recomendaciones sanitarias hasta las oportunidades laborales y el acceso a recursos.
La desigualdad económica, por su parte, puede dificultar la disponibilidad de alimentación adecuada, vivienda segura, servicios médicos y condiciones ambientales saludables.
La comisión destaca que los efectos de estas amenazas no se distribuyen de manera uniforme entre regiones y grupos sociales.
Las comunidades con menos recursos suelen enfrentar mayores dificultades para prevenir los riesgos y recuperarse de sus consecuencias.
En África subsahariana, el informe identifica una carga especialmente importante relacionada con las deficiencias educativas.
Estas estimaciones muestran que mejorar los resultados sanitarios requiere la participación de sectores que habitualmente no se consideran parte directa del sistema de salud.
Las pandemias y la resistencia antimicrobiana siguen siendo amenazas
La evaluación también incorpora las pandemias de origen natural y la resistencia a los antimicrobianos entre los riesgos capaces de producir grandes pérdidas de salud.
Las pandemias pueden generar mortalidad directa, presión sobre hospitales, interrupciones de tratamientos y consecuencias económicas que afectan el acceso a servicios esenciales.
La resistencia antimicrobiana representa otro desafío porque determinados microorganismos desarrollan mecanismos que reducen la eficacia de medicamentos utilizados para tratar infecciones.
Cuando una infección bacteriana no responde a los tratamientos habituales, pueden aumentar la duración de la enfermedad, la necesidad de hospitalización y el riesgo de complicaciones.
La vigilancia microbiológica es una herramienta importante para identificar estas situaciones. Mundo de la Salud explicó recientemente cómo los laboratorios utilizan pruebas de sensibilidad para determinar si una bacteria responde a determinados antibióticos.
La comisión plantea que las estrategias de preparación sanitaria deben contemplar tanto la investigación de nuevas herramientas como el fortalecimiento de las capacidades existentes.
Entre las áreas de intervención se encuentran el desarrollo de vacunas, la disponibilidad de tratamientos eficaces, la vigilancia de enfermedades y la cooperación internacional.
El cambio climático amplifica riesgos sanitarios y ambientales
El calentamiento global constituye otra de las amenazas analizadas por la comisión.
Los investigadores evaluaron escenarios climáticos con diferentes niveles de aumento de la temperatura y sus consecuencias sobre la salud humana.
Según el análisis presentado, limitar el calentamiento a aproximadamente 1,8 °C, frente a una trayectoria cercana a 4,4 °C, podría evitar la pérdida acumulada de unos 1.890 millones de años de vida saludable por determinados efectos relacionados con el calor extremo y la contaminación atmosférica.
Esta estimación no abarca todas las consecuencias sanitarias posibles del cambio climático.
Los autores reconocen dificultades para cuantificar completamente efectos indirectos relacionados con sequías, inseguridad alimentaria, escasez de agua, desplazamientos de población y alteraciones de los sistemas agrícolas.
Los impactos climáticos también pueden interactuar con otros factores incluidos en la evaluación, como la malnutrición infantil, las enfermedades infecciosas y las desigualdades económicas.
Por tanto, los riesgos no deben interpretarse como fenómenos independientes cuyos efectos puedan sumarse automáticamente sin considerar sus interacciones.
Los años de vida saludable permiten comparar amenazas diferentes
Para evaluar riesgos tan diversos, la comisión utilizó los años de vida ajustados por discapacidad, conocidos como AVAD o DALY por sus siglas en inglés.
Este indicador combina dos dimensiones: los años perdidos por fallecimientos prematuros y los años vividos con enfermedades o discapacidades.
Un AVAD representa, de manera simplificada, un año de vida saludable perdido.
La medida permite analizar tanto enfermedades que provocan una elevada mortalidad como condiciones que generan discapacidad durante períodos prolongados.
También facilita estudiar los efectos acumulados de diferentes riesgos a lo largo de varias décadas.
Sin embargo, la precisión de las estimaciones depende de la disponibilidad y calidad de los datos.
Para amenazas como la obesidad, la hipertensión o el tabaquismo existen registros epidemiológicos y estudios acumulados durante muchos años.
En cambio, los escenarios relacionados con inteligencia artificial maliciosa o acontecimientos nucleares extremos requieren métodos adicionales porque no cuentan con antecedentes históricos directamente comparables.
Por esta razón, los resultados deben interpretarse como proyecciones condicionadas por supuestos y no como cifras definitivas sobre lo que ocurrirá en el futuro.
Las 17 amenazas abarcan enfermedades, tecnología y condiciones sociales
La comisión seleccionó 17 amenazas que representan diferentes dimensiones de la salud mundial.
Entre los factores sociales se encuentran la desigualdad de ingresos y el bajo nivel educativo.
En el ámbito de las enfermedades y condiciones sanitarias figuran la obesidad, los problemas de salud mental, la hipertensión arterial, la malnutrición infantil, las pandemias naturales, la resistencia antimicrobiana y los problemas de salud asociados con el envejecimiento.
También se incluyen riesgos relacionados con el consumo elevado de alcohol y el tabaquismo.
En la dimensión ambiental aparece la contaminación atmosférica junto con el cambio climático.
El informe incorpora además las guerras convencionales, la posibilidad de una guerra nuclear acompañada de hambruna, los recortes en la ayuda internacional destinada a la salud y el desarrollo, y el uso malicioso de la inteligencia artificial.
Esta selección reúne amenazas con características muy diferentes. Algunas producen daños que pueden medirse actualmente mediante registros sanitarios; otras representan escenarios futuros cuya magnitud depende de acontecimientos inciertos.
La comisión no presenta la lista como una clasificación de mayor a menor peligro. Su finalidad es identificar riesgos que requieren atención preventiva y evaluar las posibilidades de reducir sus consecuencias.
La salud mental y el envejecimiento requieren respuestas sostenidas
La incorporación de los problemas de salud mental refleja la importancia de considerar no solamente la supervivencia, sino también la calidad de vida.
Los trastornos mentales pueden generar años prolongados de discapacidad, dificultades sociales y necesidades de atención que no siempre se reflejan adecuadamente en las estadísticas de mortalidad.
Al mismo tiempo, el envejecimiento de las poblaciones modifica la distribución de enfermedades y aumenta la necesidad de servicios sanitarios adaptados a condiciones crónicas.
La comisión considera que ambos procesos deben formar parte de la planificación sanitaria a largo plazo.
La transformación tecnológica también plantea desafíos específicos en este campo. En un análisis anterior, Mundo de la Salud examinó los riesgos y oportunidades de utilizar sistemas conversacionales de inteligencia artificial como apoyo emocional.
La prevención de problemas de salud mental, la atención profesional y la protección de personas vulnerables constituyen aspectos importantes de cualquier estrategia sanitaria que busque reducir la discapacidad y mejorar el bienestar durante las próximas décadas.
La comisión propone anticiparse a las crisis sanitarias
Los investigadores plantean tres grandes líneas de acción para reducir las consecuencias de las amenazas identificadas.
La primera consiste en fortalecer la preparación y capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios.
Esto implica disponer de servicios capaces de responder a emergencias, mantener la continuidad de la atención y proteger a las poblaciones más vulnerables.
La segunda línea se centra en impulsar innovaciones que permitan prevenir enfermedades y reducir sus consecuencias.
Entre las áreas mencionadas se encuentran las vacunas, los antibióticos, los tratamientos para la obesidad y las herramientas destinadas a reducir determinados riesgos ambientales.
La tercera propuesta consiste en establecer mecanismos independientes de seguimiento de las amenazas actuales y emergentes.
La comisión prevé desarrollar, junto con The Lancet, un sistema de monitoreo periódico que permita actualizar las evaluaciones y facilitar información a responsables de decisiones públicas.
El objetivo es que la prevención de riesgos sanitarios de gran escala no dependa exclusivamente de los ministerios de Salud.
También requiere la participación de instituciones responsables de educación, economía, medio ambiente, seguridad, desarrollo y regulación tecnológica.
Las decisiones actuales pueden modificar los escenarios hasta 2100
El horizonte temporal de la investigación se extiende hasta finales del siglo XXI, pero sus autores consideran que las decisiones adoptadas durante los próximos años pueden modificar de manera importante los resultados.
Las proyecciones no describen un destino inevitable para la humanidad. Representan escenarios que dependen de la evolución de los riesgos y de las medidas destinadas a prevenirlos.
En algunos ámbitos, como el tabaquismo, la hipertensión o la vacunación, existen intervenciones sanitarias cuya eficacia cuenta con una amplia base de evidencia.
En otros, como la inteligencia artificial avanzada y determinados riesgos de seguridad internacional, todavía se necesitan mejores herramientas para evaluar probabilidades, identificar mecanismos de daño y establecer medidas preventivas.
La principal aportación de la comisión consiste en reunir amenazas que habitualmente se estudian por separado y examinarlas desde una perspectiva común: sus posibles consecuencias sobre la vida y la salud de las poblaciones.
El informe plantea que actuar anticipadamente puede evitar pérdidas de salud que, una vez producidas, serían mucho más difíciles de revertir.
La investigación también reconoce sus propias limitaciones. Los escenarios a largo plazo contienen incertidumbre y no permiten establecer con precisión cuándo ocurrirán determinados acontecimientos ni cuál será su magnitud definitiva.
La comisión propone mantener una vigilancia continua y actualizar las estimaciones a medida que aparezcan nuevos datos científicos, cambios tecnológicos y transformaciones sociales.
Fuentes referenciales:
Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME), Universidad de Washington — The Lancet Commission on 21st Century Global Threats to Health, publicación científica del 10 de octubre de 2026
Infobae — Análisis de las 17 amenazas para la salud mundial identificadas por la Comisión de The Lancet, 12 de octubre de 2026

