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Las infecciones virales persistentes pueden acelerar el envejecimiento celular


Investigadores del Instituto de Salud Carlos III, en España, explican cómo el VIH, las hepatitis crónicas y determinados herpesvirus pueden mantener activadas las defensas y favorecer procesos de inflamación, senescencia celular y deterioro inmunitario. Comprender estos mecanismos podría abrir nuevas vías de prevención y tratamiento.


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz


Las infecciones virales que permanecen durante años en el organismo pueden influir en procesos relacionados con el envejecimiento biológico. Investigadores del Instituto de Salud Carlos III, en España, han analizado cómo la persistencia de determinados virus puede alterar el funcionamiento del sistema inmunitario, favorecer la acumulación de células senescentes y mantener señales inflamatorias que afectan a distintos tejidos.

El análisis, publicado en octubre de 2026, aborda las consecuencias de convivir con infecciones como el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), las hepatitis virales crónicas y determinados herpesvirus, entre ellos el citomegalovirus.

Los especialistas explican que la edad biológica no siempre coincide con los años transcurridos desde el nacimiento. Mientras la edad cronológica avanza de manera uniforme, los procesos celulares relacionados con el envejecimiento pueden desarrollarse a ritmos diferentes según la genética, las enfermedades, las condiciones ambientales y otros factores.

La persistencia de algunos virus constituye uno de los elementos que pueden contribuir a estas diferencias, especialmente cuando provoca activación inmunitaria prolongada y alteraciones inflamatorias.

La investigación sobre estos mecanismos busca comprender por qué determinadas personas desarrollan antes ciertas enfermedades asociadas con la edad y qué intervenciones podrían reducir ese riesgo.

La edad biológica refleja cambios que no aparecen en el calendario

El envejecimiento es un proceso complejo que incluye transformaciones progresivas en las células, los tejidos y los órganos.

Entre esas transformaciones se encuentran la acumulación de daños en el ADN, las alteraciones en el funcionamiento de las mitocondrias, los cambios en la regulación de los genes y la disminución de determinadas capacidades de reparación celular.

Los telómeros, estructuras situadas en los extremos de los cromosomas, también participan en los procesos estudiados por la biología del envejecimiento. Su longitud puede modificarse durante la división celular y en respuesta a diferentes condiciones biológicas.

Sin embargo, ningún marcador aislado permite describir completamente el estado de envejecimiento de una persona.

La edad biológica se investiga mediante distintos indicadores, entre ellos patrones epigenéticos, características celulares, proteínas circulantes y medidas funcionales.

Estos indicadores permiten estudiar asociaciones entre determinadas exposiciones y el deterioro relacionado con la edad, aunque su interpretación clínica continúa siendo objeto de investigación.

En Mundo de la Salud se ha documentado que los órganos humanos pueden presentar ritmos diferentes de envejecimiento y períodos de deterioro acelerado, lo que demuestra que el proceso no afecta a todos los tejidos de manera uniforme.

Las infecciones persistentes añaden otra dimensión a este fenómeno porque pueden modificar durante años el entorno inmunológico y molecular del organismo.

Por qué algunos virus permanecen durante toda la vida

No todas las infecciones virales siguen la misma evolución.

En muchas infecciones agudas, el sistema inmunitario controla al patógeno y consigue eliminarlo o reducirlo hasta que deja de producir una enfermedad activa.

Sin embargo, determinados virus desarrollan mecanismos que les permiten persistir en el organismo durante períodos prolongados.

Algunos mantienen actividad replicativa continua o intermitente, mientras que otros permanecen en estados de latencia dentro de determinadas células.

La latencia significa que el material genético viral puede mantenerse en el organismo sin producir necesariamente nuevas partículas infecciosas de manera constante.

En determinadas circunstancias, algunos virus latentes pueden reactivarse.

El VIH establece reservorios celulares que dificultan su eliminación completa mediante los tratamientos disponibles. Los virus de las hepatitis B y C pueden provocar infecciones persistentes, aunque presentan mecanismos biológicos y posibilidades terapéuticas diferentes.

Entre los herpesvirus, el citomegalovirus y el virus de Epstein-Barr pueden permanecer durante décadas en el organismo después de la infección inicial.

La presencia de un virus persistente no significa automáticamente que exista inflamación perjudicial o envejecimiento acelerado en todas las personas infectadas.

El efecto depende del patógeno, la respuesta inmunitaria, la actividad viral, las coinfecciones y otras características individuales.

La activación inmunitaria prolongada puede favorecer el desgaste celular

El sistema inmunitario dispone de mecanismos especializados para reconocer y controlar agentes infecciosos.

Durante una infección aguda, las células defensivas se activan, proliferan y coordinan respuestas destinadas a limitar la propagación del patógeno.

Una vez controlada la amenaza, muchos de estos procesos disminuyen y el organismo recupera un estado de equilibrio.

Las infecciones persistentes pueden modificar esa dinámica.

Cuando existe exposición prolongada a componentes virales o episodios repetidos de reactivación, determinadas poblaciones de células inmunitarias pueden permanecer estimuladas durante períodos extensos.

Esta situación favorece cambios en la composición y el funcionamiento de las defensas.

Algunos linfocitos pueden desarrollar características de agotamiento funcional, un estado asociado con alteraciones en su capacidad de respuesta después de una estimulación antigénica persistente.

Otros pueden presentar rasgos relacionados con la senescencia celular.

Ambos fenómenos comparten ciertas características, pero no son equivalentes: el agotamiento inmunitario y la senescencia implican mecanismos y estados celulares diferentes.

La investigación intenta determinar cómo estas alteraciones contribuyen al deterioro de las defensas y a la aparición de enfermedades asociadas con la edad.

Las células senescentes pueden mantener señales inflamatorias

La senescencia celular constituye uno de los mecanismos más estudiados dentro de la biología del envejecimiento.

Se produce cuando determinadas células dejan de dividirse de forma estable como respuesta a daños, estrés u otras señales biológicas.

Este proceso puede desempeñar funciones protectoras. Por ejemplo, detener la proliferación de una célula con daños importantes puede contribuir a evitar la propagación de alteraciones potencialmente peligrosas.

El problema aparece cuando determinadas células senescentes se acumulan y permanecen activas en los tejidos.

Algunas desarrollan un patrón de secreción conocido como fenotipo secretor asociado a la senescencia, o SASP por sus siglas en inglés.

Este patrón puede incluir citocinas, quimiocinas, factores de crecimiento y otras moléculas capaces de modificar el entorno celular.

En determinadas circunstancias, esas señales favorecen la inflamación y pueden alterar el funcionamiento de las células vecinas.

La composición del SASP varía según el tipo celular, el tejido y el estímulo que provocó la senescencia.

Por ello, no todas las células senescentes producen los mismos efectos ni deben considerarse exclusivamente perjudiciales.

Los investigadores estudian si las infecciones virales persistentes pueden aumentar la presencia de determinados estados senescentes y contribuir así a procesos de deterioro tisular.

La inflamación crónica conecta las infecciones con el envejecimiento

La inflamación es una respuesta fisiológica esencial para combatir infecciones y reparar tejidos dañados.

Sin embargo, cuando ciertas señales inflamatorias se mantienen durante períodos prolongados, pueden contribuir a alterar el equilibrio del organismo.

El término inflammaging describe un patrón de inflamación crónica de bajo grado asociado con determinados procesos de envejecimiento.

Las infecciones virales persistentes pueden contribuir a este fenómeno mediante la activación prolongada de células inmunitarias y la liberación de mediadores inflamatorios.

La relación entre inflamación y envejecimiento, no obstante, presenta diferencias importantes entre poblaciones.

Investigaciones comparativas han observado que los niveles de marcadores inflamatorios y su asociación con enfermedades crónicas no son idénticos en todos los contextos ambientales y sociales.

Este aspecto fue abordado en Mundo de la Salud al examinar por qué la inflamación relacionada con el envejecimiento presenta patrones distintos entre poblaciones.

Por tanto, encontrar un marcador inflamatorio elevado no permite concluir por sí solo que una persona esté envejeciendo prematuramente.

La interpretación requiere considerar el contexto clínico, la exposición a infecciones y otros factores que influyen en el sistema inmunitario.

El VIH permite estudiar las consecuencias de una infección persistente

El VIH constituye uno de los ejemplos más investigados de la relación entre infección crónica, inflamación y envejecimiento.

Los tratamientos antirretrovirales modernos pueden suprimir de manera sostenida la replicación viral y permitir que muchas personas con VIH alcancen una esperanza de vida prolongada.

Cuando el tratamiento mantiene una carga viral indetectable, también impide la transmisión sexual del VIH, principio conocido como Indetectable = Intransmisible.

Sin embargo, controlar la replicación no equivale a eliminar todos los reservorios virales.

En algunas personas persisten alteraciones inmunológicas e inflamatorias que pueden contribuir al riesgo de enfermedades no definitorias de sida.

Entre estas complicaciones se encuentran determinadas enfermedades cardiovasculares, alteraciones metabólicas, problemas renales y trastornos neurocognitivos.

La relación es multifactorial. Además de la infección, pueden intervenir la edad, los antecedentes clínicos, las coinfecciones, las condiciones sociales y los factores de riesgo habituales.

Mundo de la Salud examinó previamente los desafíos del envejecimiento en personas que reciben tratamiento antirretroviral contra el VIH, incluida la necesidad de prevenir complicaciones crónicas.

El análisis actual amplía esa perspectiva hacia mecanismos compartidos por diferentes infecciones persistentes, sin asumir que todos los virus producen los mismos efectos.

El citomegalovirus modifica la composición de las defensas

El citomegalovirus humano pertenece a la familia de los herpesvirus y puede permanecer latente después de la infección inicial.

En personas con un sistema inmunitario competente, la infección suele ser asintomática o producir manifestaciones leves, aunque existen excepciones.

Su comportamiento es especialmente importante en personas inmunodeprimidas y durante determinadas infecciones congénitas.

Desde la perspectiva del envejecimiento, los investigadores estudian cómo la infección persistente por citomegalovirus puede modificar las poblaciones de linfocitos T.

En algunas personas se observa una expansión de células T específicas frente al virus, acompañada de cambios en la diversidad y composición del repertorio inmunitario.

Estos fenómenos se han relacionado con determinados indicadores de envejecimiento inmunológico.

Sin embargo, su significado clínico depende de numerosos factores y no permite afirmar que todas las personas infectadas por citomegalovirus experimenten un deterioro inmunitario acelerado.

La investigación continúa examinando cuándo estas adaptaciones ayudan a mantener controlado el virus y cuándo pueden contribuir a una respuesta menos eficiente frente a otros desafíos inmunológicos.

Las hepatitis crónicas también pueden generar efectos prolongados

Las infecciones persistentes por virus de las hepatitis constituyen otro campo relevante para estudiar la relación entre inflamación y daño tisular.

La hepatitis B crónica puede mantenerse durante años debido, entre otros mecanismos, a la persistencia de material genético viral en las células hepáticas.

La infección prolongada puede aumentar el riesgo de fibrosis, cirrosis y carcinoma hepatocelular.

La hepatitis C presenta características diferentes y actualmente puede curarse en la mayoría de los pacientes mediante tratamientos antivirales de acción directa.

En determinados casos, incluso después de eliminar el virus, pueden persistir consecuencias del daño hepático previo, especialmente cuando existe fibrosis avanzada.

La hepatitis D, por su parte, depende de la presencia del virus de la hepatitis B para completar su ciclo infeccioso y puede agravar la enfermedad hepática.

Estos procesos muestran que la persistencia viral, la inflamación y las lesiones acumuladas pueden interactuar de maneras diferentes según la infección.

La investigación de nuevos tratamientos busca actuar también sobre los mecanismos responsables de esa persistencia. Un ejemplo reciente es la estrategia experimental de edición epigenética diseñada para silenciar material genético del virus de la hepatitis B.

Los resultados de esta línea de investigación todavía requieren evaluación clínica para establecer su seguridad y eficacia en seres humanos.

El epigenoma puede registrar efectos del estrés celular prolongado

La epigenética estudia mecanismos que regulan la actividad de los genes sin modificar necesariamente la secuencia del ADN.

Entre estos mecanismos se encuentran la metilación del ADN, las modificaciones de histonas y los cambios en la organización de la cromatina.

Las infecciones y las respuestas inflamatorias pueden influir en determinados procesos epigenéticos.

Por ejemplo, la activación persistente de vías inmunitarias puede asociarse con cambios en la regulación de genes relacionados con inflamación, metabolismo y diferenciación celular.

Durante el envejecimiento también se observan modificaciones en patrones epigenéticos que los investigadores utilizan para construir estimadores de edad biológica.

Algunos de estos instrumentos, conocidos como relojes epigenéticos, analizan conjuntos de marcas moleculares y generan estimaciones estadísticas relacionadas con la edad o con determinados resultados de salud.

La diferencia entre una edad epigenética estimada y la edad cronológica puede utilizarse en estudios de investigación para examinar asociaciones con enfermedades y exposiciones.

Sin embargo, estos relojes no son equivalentes entre sí ni proporcionan una medida clínica definitiva del envejecimiento individual.

Tampoco permiten demostrar automáticamente que una infección sea la causa directa de todos los cambios observados.

La posibilidad de modificar determinados procesos epigenéticos representa una línea de investigación, pero todavía no equivale a disponer de tratamientos clínicos capaces de revertir de forma general el envejecimiento provocado por infecciones persistentes.

La microbiota intestinal puede influir en la inflamación sistémica

El intestino contiene una comunidad compleja de microorganismos que participa en funciones metabólicas e inmunológicas.

La relación entre esa comunidad y el sistema inmunitario depende de mecanismos que permiten mantener un equilibrio entre tolerancia, defensa y reparación de tejidos.

Algunas infecciones persistentes pueden alterar la barrera intestinal y favorecer cambios en la composición de la microbiota.

Cuando esa barrera pierde parte de su función, determinados componentes microbianos pueden atravesarla y contribuir a la activación inmunitaria.

Este mecanismo ha sido especialmente estudiado en personas con VIH.

La disbiosis intestinal no debe considerarse una consecuencia inevitable de todas las infecciones virales crónicas, pero puede constituir un factor adicional en determinados pacientes.

La relación entre microorganismos intestinales y envejecimiento inmunitario también ha sido objeto de investigación independiente.

En Mundo de la Salud se presentó un modelo científico sobre cómo la pérdida de vigilancia inmunitaria puede modificar el equilibrio del microbioma durante el envejecimiento.

Estos hallazgos contribuyen a comprender que las defensas y los microorganismos intestinales mantienen una relación bidireccional, aunque todavía existen preguntas importantes sobre las intervenciones capaces de modificarla de manera beneficiosa.

Las consecuencias pueden extenderse más allá del órgano infectado

Uno de los aspectos centrales del análisis es que las consecuencias de una infección persistente no siempre se limitan al tejido donde se encuentra el virus.

Las moléculas inflamatorias circulantes y los cambios en las poblaciones inmunitarias pueden influir sobre diferentes órganos.

Por ejemplo, la inflamación sistémica participa en procesos relacionados con la función vascular, el metabolismo y determinadas respuestas del sistema nervioso.

En pacientes con infecciones crónicas, los investigadores estudian si estos mecanismos contribuyen a aumentar el riesgo de complicaciones cardiovasculares o neurocognitivas.

Sin embargo, las asociaciones epidemiológicas requieren interpretarse cuidadosamente.

Una persona puede presentar varios factores de riesgo simultáneos, como hipertensión, diabetes, tabaquismo o antecedentes familiares.

La identificación de una infección persistente no permite atribuir automáticamente a ese virus cualquier enfermedad posterior.

Los estudios deben considerar variables que puedan modificar o confundir las asociaciones observadas.

La investigación busca controlar las células senescentes

La identificación de mecanismos relacionados con la senescencia ha impulsado el desarrollo de estrategias terapéuticas experimentales.

Entre ellas se encuentran los llamados senolíticos, sustancias investigadas por su capacidad para eliminar selectivamente determinadas células senescentes.

Otra categoría comprende los compuestos senomórficos, cuyo objetivo es modificar aspectos del comportamiento de esas células, como la producción de señales inflamatorias, sin eliminarlas necesariamente.

También se estudian intervenciones dirigidas a recuperar determinadas funciones inmunitarias alteradas por procesos de envejecimiento o estimulación persistente.

Estas líneas de investigación presentan dificultades importantes.

Las células senescentes pueden participar en procesos útiles, como la reparación de tejidos y determinadas respuestas protectoras. Eliminarlas indiscriminadamente podría producir consecuencias no deseadas.

Además, los resultados obtenidos en modelos celulares o animales no permiten garantizar beneficios equivalentes en personas.

Los investigadores han identificado diferentes vías moleculares relacionadas con la regulación de la inflamación. Mundo de la Salud informó sobre experimentos con una hormona del timo que redujo señales inflamatorias en ratones de edad avanzada.

Estos avances ayudan a identificar posibles objetivos terapéuticos, pero no constituyen tratamientos antienvejecimiento validados para pacientes con infecciones virales crónicas.

El control de las infecciones sigue siendo la principal medida clínica

Mientras se investigan terapias dirigidas a los mecanismos del envejecimiento celular, las estrategias sanitarias establecidas continúan siendo fundamentales.

El diagnóstico oportuno permite identificar infecciones que pueden mantenerse durante años sin producir síntomas evidentes.

En el caso del VIH, el tratamiento antirretroviral sostenido reduce de manera decisiva la replicación viral y las complicaciones relacionadas con la infección.

En la hepatitis C, los antivirales de acción directa permiten eliminar la infección en la mayoría de las personas tratadas.

En la hepatitis B, los tratamientos disponibles pueden mantener controlada la replicación y reducir el riesgo de complicaciones, aunque no siempre consiguen eliminar completamente la infección.

Las vacunas contra la hepatitis B constituyen una herramienta preventiva importante.

Para otros virus persistentes, las medidas clínicas dependen del patógeno y de las características individuales.

También es necesario distinguir entre una infección activa que requiere tratamiento y una infección latente que no necesariamente precisa intervención farmacológica.

Las decisiones deben adoptarse mediante evaluación médica y de acuerdo con las recomendaciones clínicas correspondientes.

El estilo de vida influye, pero no sustituye los tratamientos antivirales

La salud cardiovascular y metabólica también depende de factores modificables que pueden influir en el envejecimiento.

La actividad física regular, una alimentación equilibrada, el descanso adecuado y la reducción del consumo de tabaco contribuyen a disminuir diferentes riesgos de enfermedad.

En personas con infecciones virales crónicas, estas medidas pueden formar parte de una atención integral.

Sin embargo, no eliminan los reservorios virales ni sustituyen los tratamientos específicos cuando estos están indicados.

La investigación sobre envejecimiento ha mostrado que la relación entre hábitos, inflamación y función orgánica es compleja.

Por ello, no resulta adecuado presentar un alimento, suplemento o rutina de ejercicio como una intervención capaz de revertir por sí sola la senescencia asociada con infecciones persistentes.

El seguimiento sanitario debe considerar la enfermedad viral, los tratamientos utilizados, los factores de riesgo y las necesidades individuales.

La prevención del envejecimiento prematuro requiere más investigación

El análisis desarrollado por investigadores del Instituto de Salud Carlos III destaca la importancia de estudiar las consecuencias de las infecciones persistentes más allá de sus manifestaciones inmediatas.

Comprender la interacción entre virus, células inmunitarias, inflamación y regulación epigenética puede ayudar a identificar mecanismos relacionados con determinadas complicaciones a largo plazo.

También plantea la posibilidad de desarrollar tratamientos más específicos para pacientes que mantienen alteraciones inmunológicas incluso cuando la replicación viral está controlada.

No obstante, todavía es necesario establecer qué cambios moleculares tienen una relación causal con el deterioro funcional y cuáles representan respuestas adaptativas o indicadores indirectos.

Las investigaciones futuras deberán comprobar si intervenir sobre estos procesos produce beneficios clínicos sostenidos y si las estrategias utilizadas presentan un perfil de seguridad aceptable.

Por ahora, la evidencia respalda priorizar la prevención de infecciones evitables, el diagnóstico temprano, el acceso a tratamientos eficaces y el control de las enfermedades crónicas asociadas.

El principal objetivo no es modificar artificialmente una cifra de edad biológica, sino reducir las complicaciones y preservar durante más tiempo el funcionamiento saludable de los órganos y sistemas del organismo.

Fuentes referenciales:
The Conversation — Por qué convivir con infecciones virales crónicas acelera nuestro reloj biológico, David Coca La Calle y colaboradores, octubre de 2026
Diario de Navarra — Reproducción del análisis científico sobre infecciones virales crónicas y envejecimiento biológico, 5 de octubre de 2026