Un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas registra una fuerte disminución entre 2015 y 2024, pero advierte sobre las desigualdades territoriales, las uniones tempranas y la exclusión educativa que todavía afectan a miles de adolescentes.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
El Salvador logró reducir un 68,3 % las inscripciones prenatales de niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años durante el período 2015-2024. Sin embargo, el avance sanitario convive con importantes dificultades sociales y educativas: casi tres de cada diez adolescentes de 15 a 19 años se encontraban fuera del sistema escolar, según los resultados del informe Mapa de Embarazos en Niñas y Adolescentes. El Salvador 2025, elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).
Los registros prenatales correspondientes a este grupo de edad pasaron de 24.944 en 2015 a 7.900 en 2024. La disminución representa uno de los cambios más relevantes de la última década en materia de salud sexual y reproductiva en el país centroamericano.
Pese a esta evolución, las cifras de 2024 equivalen a un promedio de 21,6 inscripciones prenatales diarias entre niñas y adolescentes. El dato evidencia que la prevención del embarazo temprano continúa siendo una prioridad sanitaria, especialmente entre las poblaciones que enfrentan mayores barreras económicas, educativas y territoriales.
El informe también permite observar una realidad que no siempre resulta visible al examinar únicamente las estadísticas nacionales: la maternidad adolescente mantiene una presencia considerable en determinados territorios rurales, mientras las oportunidades de continuar estudiando y acceder a servicios de salud reproductiva siguen siendo desiguales.
Los embarazos disminuyeron en los dos grupos de edad analizados
La reducción de los registros prenatales se produjo tanto entre las niñas de 10 a 14 años como entre las adolescentes de 15 a 19 años, aunque con diferencias en su magnitud.
En el grupo de menor edad, las inscripciones pasaron de 1.437 en 2015 a 361 en 2024, una disminución del 74,9 %. Se trata de un descenso especialmente importante desde la perspectiva de la protección de la infancia, debido a los riesgos sanitarios y sociales asociados a la maternidad a edades tan tempranas.
Entre las adolescentes de 15 a 19 años, los registros descendieron de 23.507 a 7.539 durante el mismo período, lo que representa una reducción del 67,9 %.
La disminución general indica que el número de adolescentes que ingresaron al sistema de atención prenatal fue considerablemente menor al observado una década antes.
No obstante, es importante distinguir entre las inscripciones prenatales registradas y el número total de embarazos. Los datos administrativos pueden no captar todas las gestaciones, especialmente aquellas que no llegan a los servicios de salud o no quedan incorporadas en los registros utilizados.
Por ello, la evolución debe interpretarse como una reducción documentada en el indicador analizado, sin asumir que representa necesariamente la totalidad de los embarazos ocurridos en el país.
Ahuachapán, Sonsonate y La Paz presentan las tasas más elevadas
Los resultados del UNFPA muestran diferencias importantes entre los departamentos salvadoreños.
Ahuachapán registró la tasa más alta de embarazo entre niñas y adolescentes de 10 a 19 años, con 20 casos por cada mil habitantes femeninas de ese grupo de edad. Le siguieron Sonsonate, con 19,8, y La Paz, con 18,4.
San Salvador presentó una tasa de 10,5 casos por cada mil adolescentes, la más baja entre los departamentos señalados en el informe.
También registraron niveles inferiores al promedio nacional Cabañas, Chalatenango, Cuscatlán y La Libertad.
Las diferencias territoriales sugieren que los avances nacionales no se distribuyen uniformemente. Las condiciones de acceso a centros educativos, servicios sanitarios y programas de prevención pueden variar considerablemente entre comunidades.
El análisis adquiere especial importancia cuando se examina por separado el grupo de niñas de 10 a 14 años.
En ese segmento, La Unión registró una tasa de 2,1 casos por cada mil niñas, seguida por Sonsonate, con 1,9. La Libertad también apareció entre los territorios con registros elevados para este grupo específico.
Estas variaciones muestran la necesidad de diseñar intervenciones ajustadas a las características de cada territorio, en lugar de aplicar únicamente medidas generales basadas en los promedios nacionales.
Más de 16.000 niñas y adolescentes ya eran madres en 2024
El Censo de Población y Vivienda de 2024 contabilizó 16.071 niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años que ya habían experimentado la maternidad.
La cifra representaba el 3,5 % de la población femenina de ese grupo de edad, aproximadamente una de cada 29 niñas y adolescentes.
Entre las jóvenes de 15 a 19 años, el número ascendía a 15.918 madres, equivalente al 7,1 % de ese segmento poblacional.
En términos proporcionales, alrededor de una de cada catorce adolescentes de 15 a 19 años ya había tenido al menos un hijo nacido vivo.
Estos datos corresponden a una medición de maternidad acumulada, distinta de las inscripciones prenatales registradas durante un año determinado. Por tanto, ambas cifras describen dimensiones diferentes del fenómeno y no deben sumarse ni interpretarse como indicadores equivalentes.
La maternidad durante la adolescencia puede coincidir con mayores necesidades de atención sanitaria, apoyo psicológico, acompañamiento familiar y protección social.
Las dificultades también pueden extenderse al período posterior al nacimiento, cuando las jóvenes deben compatibilizar el cuidado de sus hijos con la educación, el trabajo y su propio desarrollo personal.
La importancia de estas circunstancias se relaciona con las consecuencias del embarazo adolescente sobre la pobreza y la vulnerabilidad, especialmente cuando las madres jóvenes carecen de redes de apoyo y oportunidades educativas.
La maternidad temprana es más frecuente en las zonas rurales
El informe identifica una brecha territorial particularmente significativa al comparar la maternidad adolescente en las ciudades con la registrada en áreas rurales y dispersas.
Entre las adolescentes de 15 a 19 años residentes en zonas mayoritariamente deshabitadas, el 10,3 % ya eran madres.
En las ciudades, esa proporción descendía al 4,2 %.
La diferencia supera los seis puntos porcentuales y refleja una prevalencia considerablemente mayor de maternidad temprana en los territorios menos urbanizados.
Los municipios de Usulután Oeste, La Libertad Costa y Ahuachapán Sur figuraron entre los que presentaron mayor prevalencia.
Las diferencias entre áreas urbanas y rurales pueden estar relacionadas con múltiples circunstancias, incluidas las oportunidades educativas, la disponibilidad de servicios sanitarios, las condiciones socioeconómicas y las normas sociales que influyen sobre las decisiones reproductivas.
Sin embargo, las cifras territoriales no permiten determinar por sí solas qué factor explica cada embarazo. Para establecer relaciones causales se requieren investigaciones adicionales que examinen las circunstancias individuales y comunitarias.
Casi el 30 % de las adolescentes de 15 a 19 años estaba fuera de la escuela
Uno de los resultados más relevantes del informe es la magnitud de la exclusión educativa.
El 17 % de las adolescentes de 10 a 19 años se encontraba fuera del sistema educativo. Cuando se analiza específicamente el grupo de 15 a 19 años, la proporción aumenta hasta el 29,8 %.
Esto significa que aproximadamente tres de cada diez adolescentes de mayor edad no estaban incorporadas al sistema escolar.
Es importante precisar que el 29,8 % corresponde al conjunto de adolescentes de 15 a 19 años analizadas, y no exclusivamente a quienes estaban embarazadas o ya eran madres.
La relación entre embarazo adolescente y educación es compleja. La maternidad temprana puede dificultar la continuidad de los estudios, pero también existen adolescentes que abandonan la escuela antes de quedar embarazadas debido a problemas económicos, familiares o sociales.
El UNFPA advierte que la falta de oportunidades educativas constituye tanto un factor de vulnerabilidad previo como una posible consecuencia de la maternidad temprana.
Por esta razón, las políticas de prevención necesitan combinar educación sexual integral, permanencia escolar y mecanismos que faciliten el regreso a las aulas de las jóvenes que ya tienen hijos.
La continuidad educativa también influye sobre las posibilidades de empleo y autonomía económica durante la vida adulta.
Las uniones tempranas aparecen vinculadas con la maternidad adolescente
El informe del UNFPA identifica una asociación importante entre las experiencias de unión conyugal y la maternidad durante la adolescencia.
En 2024, el 10,3 % de las adolescentes salvadoreñas de 15 a 19 años había experimentado alguna forma de unión conyugal.
Entre las adolescentes que ya eran madres, el 72,1 % había estado casada o acompañada antes o durante la maternidad.
La diferencia muestra que las experiencias de convivencia o unión de pareja son mucho más frecuentes entre las jóvenes que han tenido hijos.
El dato no demuestra que todas esas uniones hayan causado los embarazos, pero señala una relación relevante para comprender las circunstancias sociales que rodean la maternidad temprana.
El UNFPA también identifica la violencia sexual, la pobreza, las barreras para acceder a métodos anticonceptivos y la falta de información como factores que pueden aumentar la vulnerabilidad de niñas y adolescentes.
En las edades más tempranas, la prevención debe incorporar especialmente la protección frente al abuso y la violencia sexual, así como mecanismos accesibles para identificar situaciones de riesgo.
La necesidad de una educación afectivo-sexual adecuada durante la adolescencia también se relaciona con la capacidad de reconocer relaciones abusivas, comprender el consentimiento y acceder a información confiable sobre salud reproductiva.
Una de cada cuatro adolescentes unidas tenía necesidades anticonceptivas insatisfechas
Otro indicador examinado por el UNFPA es la necesidad insatisfecha de planificación familiar.
Entre las adolescentes de 15 a 19 años que estaban casadas o en unión, el 27,3 % no contaba con cobertura suficiente para evitar o postergar un embarazo.
Esta proporción refleja dificultades persistentes para acceder a información, orientación y métodos anticonceptivos adecuados.
Las barreras pueden incluir problemas económicos, limitaciones territoriales, falta de confidencialidad, desinformación o dificultades para recibir atención adaptada a la edad.
El UNFPA considera que los servicios de salud dirigidos a adolescentes deben proporcionar información clara, atención respetuosa y acompañamiento apropiado a sus necesidades.
La prevención no consiste únicamente en distribuir anticonceptivos. También requiere garantizar que las personas jóvenes comprendan su funcionamiento, conozcan las opciones disponibles y puedan tomar decisiones informadas sobre su salud.
La participación de familias, comunidades y centros educativos resulta igualmente importante para construir entornos protectores.
El embarazo adolescente también representa un desafío económico
Las consecuencias de la maternidad temprana pueden extenderse más allá del ámbito sanitario.
Un estudio del UNFPA publicado en mayo de 2024 estimó que el costo económico y social anual del embarazo adolescente en El Salvador alcanzaba aproximadamente 113 millones de dólares, equivalentes al 0,35 % del producto interno bruto.
El análisis consideró dimensiones como educación, participación laboral, ingresos de las mujeres, gastos sanitarios e ingresos fiscales.
Los resultados mostraron importantes diferencias en las trayectorias educativas de quienes fueron madres durante la adolescencia y aquellas que tuvieron su primer hijo en la edad adulta.
Entre las mujeres que habían sido madres adolescentes, el 24,4 % había finalizado el bachillerato y el 2,6 % había alcanzado estudios superiores.
En comparación, entre quienes fueron madres durante la edad adulta, el 39,4 % había completado el bachillerato y el 9,3 % contaba con educación superior.
Estas diferencias no deben atribuirse exclusivamente al embarazo, porque las condiciones socioeconómicas y educativas anteriores a la maternidad también influyen sobre los resultados.
No obstante, muestran la importancia de acompañar a las madres adolescentes para evitar que el cuidado de sus hijos implique una interrupción permanente de sus oportunidades de formación.
La atención integral debe considerar además el bienestar psicológico durante el embarazo y después del parto. Las intervenciones preventivas frente a la depresión perinatal representan una herramienta complementaria de salud materna, especialmente cuando existen factores adicionales de vulnerabilidad.
La prevención requiere mantener a las adolescentes en el sistema educativo
El UNFPA desarrolla en El Salvador la iniciativa Llegar a Cero, orientada a prevenir los embarazos en niñas y adolescentes mediante acciones coordinadas entre instituciones públicas, comunidades y organizaciones sociales.
Entre sus líneas de trabajo figuran la educación, el fortalecimiento de los servicios de salud amigables para adolescentes, la prevención de la violencia sexual y el apoyo a familias y comunidades protectoras.
La iniciativa también contempla medidas destinadas a mejorar las oportunidades económicas y sociales de las jóvenes, con especial atención a quienes enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad.
El programa de país del UNFPA para el período 2022-2026 incorpora objetivos relacionados con la autonomía corporal, la prevención de embarazos no deseados y la ampliación de las oportunidades de desarrollo para adolescentes y jóvenes.
Una de las prioridades consiste en aumentar la permanencia escolar, dado que la educación constituye un factor protector y permite ampliar las posibilidades de las adolescentes para construir proyectos de vida independientes.
La respuesta también requiere fortalecer la atención prenatal de las jóvenes que ya están embarazadas y facilitar servicios posteriores al parto que contemplen sus necesidades físicas, emocionales y sociales.
La atención integral de la salud juvenil en América Latina exige abordar simultáneamente factores sanitarios, educativos y socioeconómicos que influyen sobre el bienestar de esta población.
El descenso de los embarazos no elimina las desigualdades
Los datos de El Salvador muestran que una reducción importante de las inscripciones prenatales puede coexistir con niveles significativos de maternidad temprana y exclusión educativa.
El descenso del 68,3 % entre 2015 y 2024 constituye un avance documentado, pero no significa que todas las adolescentes hayan adquirido las mismas oportunidades de protección, educación y atención sanitaria.
Las diferencias entre departamentos, la mayor prevalencia de maternidad en áreas rurales y las necesidades anticonceptivas insatisfechas señalan ámbitos donde las intervenciones pueden necesitar mayor intensidad.
La información también muestra que las niñas de 10 a 14 años requieren una respuesta especialmente orientada a la protección de la infancia y la detección de posibles situaciones de violencia.
Para el UNFPA, avanzar hacia la prevención de los embarazos tempranos implica combinar servicios sanitarios accesibles, educación sexual integral, protección frente a la violencia y medidas que eviten la interrupción de los estudios.
El seguimiento de estos indicadores durante los próximos años permitirá evaluar si la reducción registrada continúa y, especialmente, si alcanza a los territorios y grupos de adolescentes que todavía enfrentan mayores obstáculos.
Fuentes referenciales:
Infobae — El Salvador redujo en 68 % los embarazos en niñas y adolescentes en una década
UNFPA El Salvador — Adolescencia y juventud
UNFPA El Salvador — Iniciativa Llegar a Cero
UNFPA El Salvador — Costo Económico y Social del Embarazo Adolescente en El Salvador, 2024
Fondo de Población de las Naciones Unidas — Embarazo adolescente

