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Salud mentalPresión persistenteAnsiedad, depresión y agotamiento continúan elevando la demanda de atención, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes.
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NutriciónDoble carga nutricionalLa desnutrición convive con obesidad y enfermedades metabólicas, con mayor impacto en comunidades vulnerables y contextos humanitarios.
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AlertasÉbola y arbovirusLa respuesta al ébola en África central coincide con vigilancia reforzada de chikunguña, dengue y virus del Nilo Occidental.
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InvestigaciónDiagnóstico más precisoLa inteligencia artificial, la genómica y las biopsias líquidas avanzan, pero todavía requieren validación clínica y acceso equitativo.

Diarrea del viajero: cómo prevenirla y cuándo buscar ayuda


La higiene de manos, el agua segura y los alimentos bien cocinados reducen el riesgo de una infección que afecta hasta al 70 % de los viajeros según el destino y la temporada


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Raúl Méndez C.


La diarrea del viajero es la enfermedad asociada con los desplazamientos más frecuente y puede afectar a entre el 30 y el 70 % de las personas durante un viaje de dos semanas, dependiendo del destino y la época del año. El Consejo General de Colegios Farmacéuticos de España recuerda que prevenir la contaminación de alimentos y bebidas es la medida más eficaz para evitar este trastorno durante las vacaciones.

La afección suele provocar deposiciones líquidas frecuentes y urgentes, acompañadas en algunos casos por náuseas, vómitos, calambres, dolor abdominal o fiebre. Aunque la mayoría de los cuadros leves se resuelve espontáneamente en un período de tres a siete días, la pérdida de agua y electrolitos puede causar deshidratación y requerir atención médica.

Agua y alimentos contaminados son las principales vías

La diarrea del viajero puede estar causada por bacterias, virus o parásitos adquiridos al consumir agua no tratada o alimentos manipulados, cocinados o almacenados de manera inadecuada. Las bacterias representan la mayoría de los casos, pero el agente responsable no puede determinarse únicamente a partir de los síntomas.

La interrupción de la cadena de frío favorece la multiplicación de microorganismos en productos perecederos. También puede producirse contaminación cuando una persona prepara alimentos sin una higiene adecuada, se mezclan productos crudos y cocinados o se utiliza agua insegura para lavar ingredientes, fabricar hielo o limpiar utensilios.

Otros patógenos digestivos se transmiten por mecanismos similares. El norovirus puede propagarse rápidamente en cruceros y otros espacios compartidos mediante personas enfermas, alimentos, agua y superficies contaminadas.

Las áreas señaladas como de mayor riesgo incluyen buena parte de Asia, con la excepción de Japón y Corea del Sur, además de Oriente Medio, África, México, América Central y América del Sur. El riesgo concreto varía dentro de cada país y depende de las condiciones sanitarias, la calidad del agua, el establecimiento donde se come y las prácticas personales de higiene.

Medidas para reducir el riesgo durante las vacaciones

Los viajeros deben priorizar el agua embotellada en recipientes cerrados cuando no exista certeza sobre la salubridad del suministro. En lugares de riesgo también conviene emplearla para cepillarse los dientes y evitar el hielo, porque puede haber sido preparado con agua no tratada.

Los alimentos deben consumirse completamente cocinados y servidos calientes. Es prudente evitar productos crudos, platos mantenidos durante mucho tiempo a temperatura ambiente y preparaciones cuya refrigeración o manipulación no pueda comprobarse. Las frutas resultan más seguras cuando el propio viajero puede lavarlas con agua fiable y pelarlas.

Lavarse las manos con agua y jabón antes de comer o preparar alimentos y después de utilizar el baño constituye otra medida esencial. Cuando no estén disponibles, un desinfectante de manos con base alcohólica puede ser una alternativa práctica, aunque no reemplaza el lavado cuando las manos están visiblemente sucias.

Estas precauciones son especialmente importantes para bebés, niños, personas mayores, embarazadas y pacientes con alteraciones del sistema inmunitario, quienes pueden presentar deshidratación o complicaciones con mayor rapidez.

La rehidratación es la prioridad del tratamiento

Cuando aparece la diarrea, el objetivo inmediato consiste en reponer el agua y los electrolitos perdidos. Los farmacéuticos recomiendan ingerir líquidos en cantidades pequeñas y frecuentes, sobre todo si también existen náuseas o vómitos. Las soluciones de rehidratación oral ofrecen una proporción adecuada de agua, sales y glucosa y son preferibles ante pérdidas importantes.

Las bebidas gaseosas o excesivamente azucaradas no sustituyen al suero de rehidratación y, si se consumen en grandes cantidades, pueden empeorar la diarrea. Tampoco se aconsejan el alcohol, el café ni las comidas grasas, fritas, muy picantes o difíciles de digerir durante la fase aguda.

La alimentación puede retomarse de manera gradual con pequeñas porciones de productos tolerados, como arroz hervido, zanahoria cocida, pollo y pescado blanco. La respuesta individual debe guiar la incorporación progresiva de otros alimentos.

La deshidratación también es la complicación más importante de infecciones como la ciclosporiasis, caracterizada por diarrea acuosa persistente, y puede avanzar con rapidez en niños que padecen gastroenteritis causada por rotavirus.

Los antidiarreicos no deben tomarse indiscriminadamente

La loperamida puede considerarse para aliviar una diarrea leve y no complicada en adultos y adolescentes, siempre que no exista una contraindicación y se sigan las indicaciones de un profesional sanitario. No debe utilizarse como único tratamiento cuando las deposiciones contienen sangre o la diarrea está acompañada por fiebre.

En niños, embarazadas, personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas o inmunosupresión, cualquier medicamento debe consultarse previamente con un médico o farmacéutico. La edad, el estado general y el agente infeccioso sospechado pueden modificar las opciones seguras de tratamiento.

Los antibióticos tampoco deben tomarse de manera preventiva ni utilizarse por cuenta propia. Su consumo innecesario puede provocar efectos adversos, alterar la microbiota intestinal y favorecer la resistencia antimicrobiana. Un médico puede prescribirlos en determinados cuadros moderados o graves tras valorar los síntomas, el destino visitado y la posibilidad de una infección bacteriana invasiva.

La duración también aporta pistas sobre la causa. Los parásitos se identifican con mayor frecuencia cuando la diarrea se prolonga durante más de dos semanas, lo que requiere una evaluación específica. La transmisión alimentaria de estos organismos mantiene una carga sanitaria considerable, como muestra la reciente evaluación mundial de las parasitosis asociadas con alimentos.

Señales que requieren atención médica

Se debe solicitar asistencia sanitaria si aparecen sangre o moco en las deposiciones, fiebre alta, vómitos repetidos, dolor abdominal intenso, deterioro del estado general o signos de deshidratación. Entre estos últimos se encuentran sed intensa, boca seca, mareo, debilidad, orina escasa u oscura y somnolencia inusual.

También es recomendable consultar cuando la diarrea no mejora progresivamente, continúa después del regreso o persiste durante varios días. Los bebés, niños pequeños, personas mayores, embarazadas y pacientes inmunodeprimidos necesitan una valoración más temprana porque disponen de menos margen frente a la pérdida de líquidos.

Antes de viajar conviene conocer cómo acceder a los servicios sanitarios del destino y preparar un botiquín con solución de rehidratación oral y los medicamentos habituales. Cualquier antibiótico o tratamiento de reserva debe haber sido indicado previamente para las circunstancias particulares del viajero.

Fuentes referenciales:
EFE Salud
Consejo General de Colegios Farmacéuticos
CDC Yellow Book