Una revisión internacional de Cochrane, publicada el 13 de octubre de 2026, analizó nueve ensayos clínicos con 537 adultos y encontró evidencia muy incierta sobre la calidad del sueño, las horas de descanso y el funcionamiento durante el día.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.
El cannabis medicinal todavía no cuenta con evidencia científica suficientemente sólida para recomendarse como tratamiento del insomnio. Esta es la principal conclusión de una revisión sistemática publicada el 13 de octubre de 2026 por la organización internacional Cochrane, que examinó nueve ensayos clínicos con 537 adultos y encontró resultados inciertos sobre sus posibles beneficios para dormir mejor.
La investigación fue desarrollada por especialistas vinculados al Centro Asociado Cochrane de la Universidad Hospital Italiano de Buenos Aires, en Argentina, y la Universidad de Manitoba, en Canadá. El equipo evaluó productos medicinales derivados del cannabis que contienen tetrahidrocannabinol (THC), cannabidiol (CBD) o combinaciones de ambos componentes.
Los resultados indican que estos tratamientos podrían producir poca o ninguna mejoría clínicamente importante en la calidad del sueño, el tiempo total dormido o el funcionamiento cotidiano. También se observaron posibles efectos adversos, aunque la certeza de los datos disponibles fue baja.
Los investigadores subrayan una distinción fundamental: la falta de pruebas concluyentes no demuestra que el cannabis medicinal sea ineficaz en todos los pacientes. Significa que los estudios publicados hasta ahora presentan limitaciones que impiden establecer con confianza sus beneficios y riesgos para la población general con insomnio.
Nueve ensayos clínicos evaluaron los posibles beneficios del cannabis
La revisión, titulada Medical cannabis for the treatment of insomnia, fue publicada en la Cochrane Database of Systematic Reviews y reunió investigaciones que compararon productos medicinales de cannabis con placebo u otros tratamientos en adultos diagnosticados de insomnio.
Los participantes tenían entre 18 y 76 años. La mayoría de los estudios se concentró en personas con insomnio primario, es decir, dificultades para dormir que no estaban directamente atribuidas a otra enfermedad.
Seis ensayos analizaron casos de insomnio crónico y tres incluyeron participantes con insomnio agudo. El insomnio crónico se caracteriza por dificultades persistentes para conciliar o mantener el sueño, generalmente durante al menos tres noches por semana y por un período de tres meses o más.
Ocho de los nueve ensayos compararon cannabis medicinal con placebo, mientras que uno utilizó como referencia el antidepresivo amitriptilina.
La mayoría de las investigaciones contó con muestras pequeñas, frecuentemente inferiores a 50 participantes, y los períodos de seguimiento fueron relativamente breves. El estudio de mayor duración observó a sus participantes durante 12 semanas.
Estas características limitaron la capacidad de los autores para determinar si los efectos observados se mantienen con el tiempo o si aparecen complicaciones relacionadas con tratamientos prolongados.
La duración del sueño apenas mostró diferencias frente al placebo
Uno de los indicadores más relevantes fue el tiempo total de sueño, una medida que permite evaluar si una intervención consigue aumentar las horas o minutos que una persona permanece dormida.
El análisis de seis estudios con 194 participantes encontró una diferencia promedio de 7,68 minutos a favor del cannabis medicinal respecto al placebo.
Sin embargo, el intervalo de confianza de los resultados se extendió desde una reducción aproximada de 23 minutos hasta un aumento cercano a 38 minutos. Esta amplitud significa que los datos son compatibles con resultados muy diferentes y no permiten confirmar una mejoría real.
Desde una perspectiva clínica, tampoco puede asumirse que una diferencia promedio de pocos minutos represente una recuperación significativa del descanso nocturno.
La revisión examinó además la calidad del sueño y la satisfacción de los participantes con su descanso. En este apartado se reunieron siete ensayos con 374 personas, sin encontrar pruebas confiables de una mejoría clínicamente importante.
La incertidumbre también alcanzó al funcionamiento diurno, evaluado en cinco estudios con 144 participantes. Los resultados no demostraron que el tratamiento mejorara de manera consistente la capacidad para desarrollar las actividades habituales durante el día.
La distinción entre dormir más y descansar mejor resulta importante. Una persona puede permanecer varias horas en la cama y continuar experimentando cansancio, problemas de concentración o somnolencia si el sueño está fragmentado o no resulta reparador.
Estas consecuencias forman parte de los problemas asociados con la falta de sueño y sus efectos sobre la salud física y mental, que pueden extenderse mucho más allá de una noche de descanso insuficiente.
La calidad de vida podría mejorar, pero la evidencia es muy incierta
Los investigadores también evaluaron si el cannabis medicinal producía cambios en la calidad de vida de las personas con insomnio.
Este resultado se examinó mediante tres ensayos que reunieron a 95 participantes. La síntesis estadística sugirió una posible mejoría, pero los márgenes de incertidumbre fueron tan amplios que también resultaban compatibles con un pequeño empeoramiento.
Por esa razón, los autores calificaron la certeza de la evidencia como muy baja.
La calidad de vida incluye aspectos que no dependen exclusivamente del número de horas dormidas, como el bienestar emocional, la energía disponible, las relaciones sociales y la capacidad para realizar actividades cotidianas.
En pacientes que experimentan dolor, ansiedad u otras molestias, una intervención podría modificar la percepción general de bienestar sin producir necesariamente una mejoría objetiva del sueño.
No obstante, la revisión no permite establecer que ese mecanismo explique los resultados encontrados ni identificar qué grupos podrían obtener un beneficio particular.
La investigación tampoco demuestra que todos los preparados de cannabis tengan efectos equivalentes. Las diferencias entre sus componentes, dosis y formas de administración dificultan interpretar los resultados como si correspondieran a un único medicamento.
Los mareos y la sequedad bucal estuvieron entre los efectos adversos
La seguridad del tratamiento constituyó otro componente importante de la revisión.
Los investigadores analizaron tres estudios con 98 participantes que registraron acontecimientos adversos durante los períodos de tratamiento.
En estos ensayos, 37 personas comunicaron efectos no deseados durante la exposición al cannabis medicinal, ninguna los presentó exclusivamente durante el período con placebo, 14 registraron acontecimientos en ambos períodos y 47 no comunicaron efectos adversos en ninguno.
Entre las molestias descritas figuraron los mareos y la sequedad bucal.
Los resultados sugieren que el cannabis medicinal podría aumentar la frecuencia de efectos adversos respecto al placebo. Sin embargo, la certeza de esta conclusión fue baja debido al número limitado de estudios y participantes.
Los cannabinoides también pueden producir otros efectos, como cansancio, alteraciones de la memoria o cambios del estado de ánimo, dependiendo del compuesto, la dosis y las características individuales.
La revisión no permitió establecer con suficiente precisión los riesgos de tratamientos prolongados, ya que ningún ensayo realizó un seguimiento superior a 12 semanas.
La seguridad resulta especialmente relevante cuando se considera que las personas con insomnio pueden necesitar atención durante meses o años.
Los posibles efectos sobre el sistema nervioso y la aparición de tolerancia ya habían sido examinados en investigaciones anteriores sobre el uso del cannabis como tratamiento del insomnio, aunque los estudios observacionales y los ensayos clínicos responden a preguntas diferentes y no deben interpretarse como pruebas equivalentes.
La variedad de productos impidió obtener conclusiones uniformes
Uno de los principales problemas metodológicos identificados por Cochrane fue la diversidad de los preparados utilizados.
Los estudios incluyeron productos con THC, CBD y combinaciones de ambos, administrados mediante diferentes presentaciones, como aceites, cápsulas o geles.
Dos ensayos utilizaron medicamentos autorizados, mientras que otros siete evaluaron preparados magistrales.
El THC y el CBD presentan propiedades farmacológicas diferentes. El primero tiene efectos psicoactivos, mientras que el segundo no produce la intoxicación característica del THC, aunque también puede interactuar con distintos sistemas biológicos y medicamentos.
Las concentraciones, proporciones y dosis de estos componentes pueden variar considerablemente entre formulaciones.
Por ello, un resultado obtenido con una combinación determinada no demuestra que otro producto produzca los mismos efectos.
Esta dificultad también aparece al evaluar el cannabis medicinal en pacientes con otras enfermedades, donde la composición de los preparados y las condiciones clínicas influyen sobre la interpretación de los beneficios y riesgos.
La revisión Cochrane se concentró específicamente en adultos diagnosticados de insomnio. Sus resultados no deben extrapolarse automáticamente a pacientes que reciben cannabinoides por otras indicaciones médicas o que experimentan alteraciones del sueño asociadas a enfermedades diferentes.
Las limitaciones de los ensayos redujeron la confianza científica
El equipo investigador evaluó la calidad metodológica de los ensayos y encontró varios factores que redujeron la confianza en los resultados.
Entre ellos figuraron el riesgo de sesgo, la inconsistencia entre estudios y la imprecisión estadística derivada de muestras pequeñas.
Cuando los ensayos presentan diferencias importantes en sus resultados, los investigadores deben determinar si esas variaciones reflejan efectos reales de los tratamientos o problemas relacionados con los métodos utilizados.
La revisión identificó una heterogeneidad considerable en varios indicadores, lo que significa que los resultados de los distintos ensayos no fueron suficientemente uniformes.
También existieron limitaciones en la representatividad de los participantes. Aproximadamente el 72,7 % eran mujeres y la mayoría de las investigaciones se realizó en países desarrollados.
Las muestras tampoco representaron adecuadamente a determinados grupos, como adultos mayores y personas con enfermedades coexistentes.
Estas diferencias impiden asegurar que los resultados puedan aplicarse de la misma manera a toda la población con insomnio.
Además, la última búsqueda de investigaciones se realizó el 5 de abril de 2025. Por tanto, la revisión publicada en octubre de 2026 sintetiza los estudios identificados hasta esa fecha, sin incluir necesariamente todos los ensayos que pudieran haberse difundido posteriormente.
Los investigadores no descartan beneficios en determinados pacientes
Lucia Varela, investigadora de la Universidad de Manitoba y autora principal de la revisión, explicó que la evidencia disponible todavía no permite responder de manera confiable si el cannabis medicinal ayuda a las personas con insomnio.
La especialista aclaró que esta incertidumbre no equivale a demostrar la ausencia de eficacia. La conclusión científica es que los datos actuales no permiten formular afirmaciones firmes para la población general.
Luis Garegnani, investigador de la Universidad Hospital Italiano de Buenos Aires y autor principal del trabajo, también señaló que los resultados no deben interpretarse como una aprobación ni como un rechazo definitivo de estos tratamientos.
La evaluación individual de cada paciente continúa siendo importante, especialmente cuando existen enfermedades concomitantes, tratamientos farmacológicos previos o síntomas que requieren una investigación clínica específica.
Sin embargo, esa evaluación no modifica el resultado central de la revisión: todavía no existe una base de evidencia suficientemente confiable para recomendar de forma generalizada cannabis medicinal contra el insomnio.
La terapia cognitivo-conductual continúa siendo una opción de primera línea
Las recomendaciones clínicas para el insomnio crónico priorizan habitualmente la terapia cognitivo-conductual específica para este trastorno, conocida como TCC-I.
Este tratamiento psicológico estructurado busca modificar pensamientos y comportamientos que contribuyen a mantener las dificultades para dormir.
Entre sus componentes pueden encontrarse el control de estímulos, la regulación del tiempo en cama, el establecimiento de horarios consistentes y el trabajo sobre la preocupación excesiva relacionada con el sueño.
A diferencia de una recomendación general de higiene del sueño, la TCC-I constituye una intervención terapéutica organizada que se adapta a las características del paciente.
Los medicamentos pueden considerarse en circunstancias determinadas, especialmente cuando las intervenciones no farmacológicas no están disponibles o resultan insuficientes. Su elección requiere valorar los beneficios esperados, las interacciones y los posibles efectos adversos.
En personas mayores, estas decisiones adquieren especial relevancia porque algunos sedantes pueden aumentar el riesgo de caídas, confusión y deterioro del funcionamiento cotidiano.
Los cambios normales del descanso asociados con la edad tampoco deben confundirse automáticamente con un trastorno. Las investigaciones sobre sueño y envejecimiento destacan la necesidad de identificar las causas de los despertares persistentes antes de seleccionar un tratamiento.
Cuando el insomnio está relacionado con dolor, ansiedad, apnea del sueño u otra enfermedad, la atención también debe dirigirse a la condición que contribuye a alterar el descanso.
Qué necesitan demostrar los próximos estudios clínicos
Los autores de la revisión consideran necesario realizar ensayos aleatorizados con un mayor número de participantes, productos mejor caracterizados y períodos de seguimiento más prolongados.
También recomiendan utilizar indicadores estandarizados que permitan comparar los resultados entre investigaciones.
Entre las variables relevantes se encuentran la calidad subjetiva del sueño, su duración total, los despertares nocturnos, el funcionamiento durante el día y la calidad de vida.
Los futuros ensayos deberían registrar con mayor detalle los acontecimientos adversos, las dosis administradas y las posibles consecuencias de la exposición prolongada.
Otra prioridad es incorporar poblaciones más diversas y presentar los resultados desglosados por edad, sexo y otras características que puedan influir sobre la respuesta al tratamiento.
La investigación fue publicada sin financiación específica para esta revisión Cochrane.
Por ahora, los datos disponibles no permiten establecer qué formulación de cannabis medicinal podría ser más eficaz para el insomnio, qué dosis resultaría apropiada ni durante cuánto tiempo podría administrarse con un balance favorable entre beneficios y riesgos.
La revisión publicada en octubre de 2026 aporta una evaluación sistemática de las pruebas existentes y delimita las preguntas que permanecen abiertas. Su principal implicación clínica es que la popularidad creciente de los cannabinoides como productos para dormir no debe confundirse con una eficacia demostrada mediante ensayos de suficiente calidad.
Fuentes referenciales:
Cochrane — ¿Cuáles son los beneficios y los riesgos del cannabis medicinal para tratar el insomnio?
Cochrane Database of Systematic Reviews — Medical cannabis for the treatment of insomnia
Cochrane — Insufficient evidence to back medical cannabis for insomnia
Infobae — Cannabis medicinal para el insomnio: qué efectos encontró una revisión de estudios internacional

