Investigadores europeos advierten que el calor nocturno, la contaminación, las desigualdades sanitarias y la hiperconectividad están dificultando el descanso. Un nuevo documento científico reclama políticas coordinadas para protegerlo.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
La salud del sueño enfrenta presiones crecientes en Europa que van mucho más allá de los hábitos individuales. Investigadores de la Universidad Nottingham Trent, en el Reino Unido, y de la Universidad de Módena y Reggio Emilia, en Italia, advierten que el cambio climático, las condiciones de las viviendas, los horarios laborales, las tecnologías digitales y las desigualdades en el acceso a la atención sanitaria están creando un escenario cada vez más desfavorable para el descanso.
La advertencia aparece en un trabajo publicado en octubre de 2026 en la revista científica Journal of Sleep Research, elaborado desde el Comité de Igualdad, Diversidad e Inclusión y la Red de Investigadores en Etapas Iniciales de la Sociedad Europea de Investigación del Sueño (ESRS).
El documento, encabezado por Fran Pilkington-Cheney, profesora de psicología y sueño de la Universidad Nottingham Trent, y Adrian Michalak, investigador de la Universidad de Módena y Reggio Emilia, plantea que dormir adecuadamente debe considerarse una prioridad de salud pública que requiere intervenciones de gobiernos, empresas, profesionales sanitarios y responsables de planificación urbana.
Los autores sostienen que la acumulación de factores ambientales, económicos y tecnológicos puede dificultar que amplios sectores de la población obtengan un descanso suficiente y reparador.
El trabajo no presenta un nuevo ensayo clínico ni cuantifica una prevalencia única de trastornos del sueño para toda Europa. Se trata de un análisis de desafíos y propuestas de actuación basado en la evidencia disponible.
El descanso depende también del entorno social
El sueño es un proceso biológico esencial para el funcionamiento del organismo. Interviene en la memoria, el aprendizaje, la regulación emocional, la respuesta inmunitaria y la recuperación física.
Su calidad también influye en la capacidad para realizar tareas que requieren concentración y vigilancia, como conducir vehículos, utilizar maquinaria o desempeñar determinadas actividades sanitarias.
Tradicionalmente, muchas recomendaciones se han centrado en las rutinas personales: mantener horarios regulares, reducir el consumo nocturno de estimulantes y preparar un ambiente adecuado para dormir.
Sin embargo, el nuevo documento subraya que esas medidas pueden resultar insuficientes cuando una persona vive en una vivienda excesivamente calurosa, trabaja en turnos incompatibles con su ritmo biológico o permanece expuesta a ruido ambiental durante la noche.
Esta perspectiva coincide con investigaciones que consideran la falta de sueño un problema de salud pública de alcance mundial, con consecuencias que pueden extenderse a la seguridad, la productividad y los sistemas sanitarios.
Para los investigadores europeos, proteger el descanso exige reconocer las condiciones estructurales que determinan cuándo, dónde y durante cuánto tiempo pueden dormir las personas.
Las noches más cálidas dificultan la recuperación del organismo
Uno de los factores identificados es el aumento de las temperaturas nocturnas asociado con el cambio climático.
El organismo necesita reducir su temperatura interna como parte de los procesos fisiológicos que facilitan el inicio y mantenimiento del sueño. Cuando el ambiente permanece demasiado caliente, esa regulación puede verse dificultada.
Las olas de calor prolongadas, especialmente en ciudades densamente pobladas, pueden aumentar los despertares nocturnos y reducir la continuidad del descanso.
La situación resulta particularmente problemática en edificios con aislamiento inadecuado, ventilación insuficiente o escasas posibilidades de refrigeración.
El problema también está condicionado por los recursos económicos. Los hogares que no pueden afrontar el coste energético de mantener temperaturas confortables disponen de menos alternativas para protegerse durante las noches calurosas.
Investigaciones anteriores han examinado cómo el calor nocturno altera el sueño y aumenta las exigencias sobre el sistema cardiovascular, especialmente cuando las temperaturas elevadas impiden una recuperación adecuada.
El documento europeo advierte que estas presiones ambientales podrían intensificarse si continúan aumentando las temperaturas y la frecuencia de los episodios extremos.
Los autores no atribuyen todos los problemas del sueño al cambio climático, sino que lo identifican como uno de varios factores capaces de agravar dificultades ya existentes.
Ruido, iluminación artificial y contaminación del aire
Las características del entorno urbano constituyen otra dimensión importante de la salud del sueño.
La exposición nocturna al ruido del tráfico, las actividades comerciales o determinadas infraestructuras puede interrumpir el descanso incluso cuando las personas no recuerdan haberse despertado.
La iluminación artificial también puede interferir con las señales ambientales que contribuyen a sincronizar el reloj biológico.
El organismo utiliza la alternancia entre luz y oscuridad para regular diferentes procesos fisiológicos. Una exposición inadecuada a la luz durante la noche puede dificultar la conciliación del sueño o modificar los horarios naturales de descanso.
La contaminación atmosférica añade otro elemento de preocupación, particularmente por sus efectos sobre la salud respiratoria y las condiciones que pueden perjudicar el sueño.
Estas exposiciones no se distribuyen de manera uniforme. Las personas que viven cerca de vías de tráfico intenso o en viviendas de menor calidad pueden afrontar varias de ellas simultáneamente.
Por esta razón, los investigadores consideran necesario integrar la salud del sueño en la planificación urbana y en las políticas relacionadas con vivienda, transporte y medio ambiente.
La pobreza energética y los desplazamientos aumentan la vulnerabilidad
El análisis también destaca las consecuencias de la inseguridad habitacional, los conflictos y los desplazamientos de población.
Perder una vivienda estable o vivir en condiciones precarias puede afectar la sensación de seguridad y las oportunidades de descanso.
Los desplazamientos asociados con conflictos armados o fenómenos climáticos extremos pueden generar alteraciones del sueño que persisten durante períodos prolongados.
La pobreza energética constituye otro problema porque limita la capacidad de los hogares para mantener condiciones térmicas adecuadas.
En invierno, una vivienda demasiado fría puede dificultar el descanso. Durante las olas de calor, la falta de refrigeración puede convertirse en una barrera igualmente importante.
El documento señala que las políticas destinadas a mejorar la salud del sueño deben considerar estas desigualdades materiales y no depender exclusivamente de campañas sobre hábitos individuales.
Las recomendaciones personales pueden ayudar, pero no eliminan por sí solas el ruido ambiental, las malas condiciones de vivienda ni la imposibilidad de descansar después de una jornada laboral prolongada.
El trabajo por turnos y la conexión permanente alteran los ritmos biológicos
La organización de una sociedad que funciona durante las veinticuatro horas del día constituye otra de las amenazas identificadas.
Numerosas actividades económicas requieren trabajo nocturno o turnos rotativos, incluidos servicios sanitarios, transporte, seguridad, industria y logística.
Estos horarios pueden obligar a las personas a dormir durante períodos que no coinciden con su ritmo circadiano natural.
El problema puede agravarse cuando los turnos cambian con frecuencia o cuando no existe tiempo suficiente para recuperarse entre jornadas.
Los investigadores también señalan la conectividad permanente como un factor que reduce las oportunidades de descanso.
Las comunicaciones laborales fuera del horario habitual, las notificaciones constantes y el uso extendido de pantallas pueden prolongar la actividad mental hasta momentos próximos a la hora de acostarse.
La evidencia sobre la relación entre los horarios de sueño y el reloj biológico muestra que la regularidad y la compatibilidad entre descanso y obligaciones diarias son componentes importantes de la recuperación.
El documento europeo plantea que las empresas y los responsables de políticas laborales deben participar en la protección del sueño, especialmente cuando los horarios y las exigencias profesionales limitan las posibilidades de descanso.
La obsesión por dormir perfectamente puede convertirse en otro problema
El estudio identifica una paradoja relacionada con las tecnologías digitales: los dispositivos destinados a mejorar el descanso también pueden generar preocupaciones excesivas sobre cómo se duerme.
Relojes inteligentes, pulseras de actividad y aplicaciones móviles ofrecen estimaciones sobre duración, fases y calidad del sueño.
Estas herramientas pueden ayudar a reconocer patrones generales, pero sus mediciones no siempre equivalen a las obtenidas mediante evaluaciones clínicas especializadas.
Los investigadores llaman la atención sobre la tendencia conocida como sleepmaxxing, centrada en optimizar continuamente el sueño mediante rutinas, productos y mediciones.
También mencionan la ortosomnia, término utilizado para describir una preocupación excesiva por alcanzar puntuaciones o indicadores ideales de descanso.
Una persona puede comenzar a interpretar cualquier variación registrada por su dispositivo como una señal de que ha dormido mal, incluso cuando su funcionamiento cotidiano no muestra problemas relevantes.
La preocupación constante por obtener métricas perfectas puede aumentar la ansiedad y terminar interfiriendo con el propio descanso.
Esta situación ya había sido examinada en análisis sobre la diferencia entre dormir un número determinado de horas y conseguir un descanso verdaderamente reparador.
Los autores del nuevo documento advierten que las tecnologías de seguimiento necesitan evaluaciones científicas rigurosas y no deben sustituir el asesoramiento profesional individualizado.
La desinformación digital también afecta las decisiones sobre el sueño
Las redes sociales y otras plataformas digitales han multiplicado la circulación de recomendaciones sobre cómo dormir mejor.
Sin embargo, no todas las afirmaciones que alcanzan gran difusión cuentan con respaldo científico suficiente.
El documento europeo advierte que los consejos engañosos pueden generar expectativas poco realistas y promover prácticas que no necesariamente responden a las necesidades individuales.
La idea de que todas las personas deben acostarse exactamente a la misma hora o alcanzar una puntuación determinada en una aplicación puede ignorar diferencias relacionadas con la edad, las condiciones médicas y los ritmos circadianos.
Por esta razón, los investigadores consideran necesario mejorar la alfabetización en salud del sueño.
Esto implica facilitar información comprensible sobre los procesos normales del descanso, los trastornos que requieren evaluación médica y las limitaciones de los dispositivos comerciales.
También supone formar a profesionales sanitarios y educadores para que puedan orientar a la población mediante recomendaciones fundamentadas.
El acceso desigual a especialistas dificulta el diagnóstico
Los investigadores advierten que las posibilidades de recibir atención especializada por problemas del sueño varían considerablemente entre comunidades europeas.
Las diferencias afectan a la disponibilidad de profesionales, los servicios diagnósticos, los tratamientos y las vías de derivación dentro de los sistemas sanitarios.
En determinadas zonas, la escasez de especialistas puede prolongar los tiempos de espera o dificultar la identificación de trastornos que necesitan atención.
Estas barreras adquieren importancia en enfermedades como la apnea obstructiva del sueño, caracterizada por interrupciones repetidas de la respiración durante el descanso.
El diagnóstico adecuado permite distinguir entre dificultades relacionadas con el entorno o los hábitos y trastornos que requieren intervenciones médicas específicas.
La necesidad de ampliar la atención especializada también se relaciona con investigaciones sobre nuevas opciones terapéuticas para pacientes con apnea obstructiva del sueño, cuyo desarrollo no elimina la importancia de disponer de servicios diagnósticos accesibles.
Los autores recomiendan fortalecer la formación profesional y mejorar las estructuras asistenciales para reducir desigualdades en la atención.
Una estrategia europea que involucre a varios sectores
El trabajo propone abordar la salud del sueño mediante un marco conocido como PESTEL, que examina factores políticos, económicos, sociales, tecnológicos, legales y ambientales.
Este enfoque permite organizar recomendaciones que no se limitan a la medicina clínica.
Entre las prioridades identificadas figuran mejorar la educación pública sobre el descanso, combatir la desinformación, ampliar la formación de profesionales y facilitar el acceso a servicios especializados.
También se plantea prestar mayor atención a la regulación de los horarios laborales, las tecnologías digitales y determinadas exposiciones ambientales.
Las políticas de vivienda y planificación urbana podrían contribuir mediante la reducción del ruido, una iluminación mejor diseñada y espacios interiores más adecuados para descansar.
Los investigadores destacan además la necesidad de considerar las desigualdades económicas y sociales al diseñar intervenciones.
Una recomendación que resulta viable para una persona con vivienda confortable y horario estable puede ser difícil de aplicar para alguien que trabaja durante la noche o vive en condiciones habitacionales precarias.
La participación de administraciones públicas, empleadores, profesionales sanitarios, centros educativos y desarrolladores tecnológicos permitiría distribuir responsabilidades entre los sectores que influyen sobre las oportunidades reales de dormir.
Proteger el sueño exige algo más que cambiar hábitos personales
Fran Pilkington-Cheney y sus colaboradores sostienen que Europa enfrenta una combinación de presiones que pueden intensificarse durante los próximos años.
El cambio climático, la organización laboral, la expansión de tecnologías digitales y las desigualdades en vivienda y atención sanitaria actúan sobre diferentes dimensiones del descanso.
El documento no establece que todos estos factores afecten de la misma manera a cada país o individuo. Tampoco permite atribuir una cifra concreta de trastornos del sueño a la suma de las amenazas examinadas.
Su aportación consiste en reunir desafíos que habitualmente se estudian por separado y proponer una respuesta coordinada desde la salud pública.
Los autores consideran que reconocer el sueño como una necesidad sanitaria colectiva permitiría diseñar medidas preventivas más amplias y prestar atención a las personas que disponen de menos recursos para proteger su descanso.
La investigación plantea así una cuestión central para los sistemas de salud europeos: mejorar el sueño de la población no depende únicamente de enseñar a dormir mejor, sino también de crear condiciones ambientales, sociales y laborales que permitan hacerlo.
Fuentes referenciales:
Journal of Sleep Research — A Call to Action: Challenges and Future Directions for Sleep Health in Europe
Medical Xpress — Researchers warn of growing threats to sleep health across Europe

