La infección suele pasar inadvertida, pero puede alcanzar el sistema nervioso y causar meningitis, encefalitis o parálisis en pacientes vulnerables
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Andalucía había confirmado 46 casos humanos de fiebre del Nilo Occidental durante 2026 hasta las 09:30 horas del 18 de agosto, según el balance de la Consejería de Presidencia, Sanidad y Emergencias. Entre los pacientes se contabilizaban 14 cuadros neuroinvasivos, 16 hospitalizaciones y una muerte, datos que consolidan al virus como un problema recurrente de salud pública en el sur de España.
De los 46 diagnósticos, 32 correspondían a enfermedad leve. Diez personas permanecían ingresadas en la fecha del informe. La distribución territorial mostraba una concentración muy marcada: 45 casos estaban localizados en la provincia de Sevilla y uno en Hinojos, municipio perteneciente a Huelva.
Los tres casos incorporados en aquella actualización correspondían a residentes de Almensilla, Dos Hermanas y Villamanrique de la Condesa. Este último municipio acumulaba diez diagnósticos, mientras Coria del Río y Dos Hermanas registraban seis cada uno. La Junta mantenía 27 municipios andaluces declarados como áreas en alerta.
Una infección silenciosa en la mayoría de las personas
El virus del Nilo Occidental pertenece al género de los flavivirus y circula en la naturaleza principalmente entre aves y mosquitos. Los insectos se infectan al alimentarse de aves portadoras y posteriormente pueden transmitir el patógeno a seres humanos, caballos y otros mamíferos mediante sus picaduras.
Las personas y los caballos son hospedadores accidentales y, por lo general, no desarrollan una cantidad de virus en sangre suficiente para mantener el ciclo habitual de transmisión hacia nuevos mosquitos. Tampoco se ha documentado una propagación entre personas mediante el contacto cotidiano.
Aproximadamente el 80 % de quienes contraen el virus no presenta síntomas. Cerca del 20 % desarrolla fiebre del Nilo Occidental, un cuadro que puede incluir fiebre, dolor de cabeza, cansancio, dolores musculares, náuseas, vómitos, erupción cutánea o inflamación de los ganglios linfáticos. El periodo de incubación suele situarse entre tres y 14 días.
La circulación estacional en España ya había provocado la activación de medidas sanitarias durante el verano. Un análisis anterior sobre los primeros casos españoles de fiebre del Nilo en 2026 explicó el papel de los mosquitos Culex y la importancia epidemiológica de la vigilancia en aves y caballos.
Por qué el virus puede afectar al sistema nervioso
Alrededor de una de cada 150 personas infectadas desarrolla una forma grave, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud. En esos pacientes, el virus puede invadir el sistema nervioso central y causar meningitis, encefalitis o una forma de poliomielitis asociada con debilidad muscular y parálisis flácida aguda.
Las manifestaciones de alarma pueden incluir fiebre alta, dolor intenso de cabeza, rigidez de cuello, desorientación, somnolencia anormal, temblores, convulsiones, pérdida de fuerza, alteración de la conciencia o parálisis. Estos síntomas requieren valoración médica urgente, especialmente cuando aparecen durante la temporada de mosquitos en una zona con circulación confirmada.
La gravedad no depende exclusivamente de la presencia del virus, sino también de la respuesta del organismo. La edad avanzada y la inmunosupresión son los factores de riesgo mejor reconocidos para desarrollar enfermedad neuroinvasiva. El envejecimiento puede reducir la rapidez y coordinación de la respuesta inmunitaria, mientras que una inmunidad debilitada facilita la multiplicación y diseminación del patógeno.
Sin embargo, una enfermedad grave puede aparecer en personas de cualquier edad. La medicina todavía no dispone de una herramienta capaz de anticipar con total precisión qué paciente infectado desarrollará complicaciones neurológicas. Las características del sistema inmunitario, el estado clínico individual y factores biológicos todavía investigados pueden contribuir a las diferencias entre casos.
El brote de 2020 modificó el riesgo percibido en España
La presencia del virus en España no es nueva, pero el brote registrado en Andalucía durante 2020 confirmó su capacidad para causar una emergencia sanitaria. Aquel episodio dejó 77 casos humanos y siete muertes, además de una elevada concentración de infecciones en las provincias de Sevilla y Cádiz.
Desde entonces, los casos se han repetido durante los meses cálidos y el virus ha demostrado que puede mantener una circulación estacional en determinadas áreas. Las condiciones ambientales que favorecen la reproducción de mosquitos, la abundancia de aves hospedadoras y la coincidencia entre vectores capaces de picar a aves y personas influyen en el riesgo territorial.
El problema tampoco se limita a Andalucía. La vigilancia de los casos del virus del Nilo Occidental en Europa ha mostrado actividad en países como Italia, Grecia, Rumanía y España. La intensidad de la transmisión varía entre regiones y temporadas, por lo que la detección local resulta esencial para orientar las medidas preventivas.
Vigilancia humana, animal y entomológica
La declaración de un área en alerta implica intensificar simultáneamente la vigilancia de casos humanos, animales y mosquitos. También exige reforzar las labores municipales de control de vectores en núcleos habitados y en posibles criaderos o refugios situados en las proximidades.
Hasta el 18 de agosto, las autoridades andaluzas habían realizado estudios para descartar la infección en 457 personas y pruebas de arbovirus en 119 casos de meningitis vírica. Entre el 1 de junio y el 9 de agosto también se efectuaron 3.620 determinaciones dentro del cribado de donantes de sangre.
La vigilancia de las donaciones es importante porque, aunque la vía habitual de contagio es la picadura de un mosquito infectado, se han documentado excepcionalmente transmisiones mediante transfusiones sanguíneas, trasplantes de órganos y de madre a hijo. Los controles buscan reducir esos riesgos poco frecuentes.
La combinación de información sanitaria, veterinaria y ambiental permite identificar la circulación del virus antes de que aumenten los diagnósticos humanos. Esta estrategia cobra mayor importancia ante condiciones meteorológicas que pueden modificar los criaderos y la actividad de los vectores, una relación observada también en otros riesgos sanitarios asociados con mosquitos y variaciones climáticas.
Prevención ante la ausencia de vacuna humana
No existe actualmente una vacuna autorizada para prevenir el virus del Nilo Occidental en seres humanos ni un antiviral específico contra la infección. El tratamiento de los cuadros neuroinvasivos es de soporte y puede requerir hospitalización, administración de líquidos, asistencia respiratoria y prevención de complicaciones secundarias.
La protección personal se concentra en evitar las picaduras. Las autoridades recomiendan utilizar repelentes autorizados, vestir ropa clara que cubra brazos y piernas, instalar o reparar mosquiteras y extremar las precauciones al amanecer y al anochecer, periodos de mayor actividad para algunas especies de Culex.
También es necesario eliminar el agua acumulada en cubos, platos de macetas, bebederos, juguetes, canalones y otros recipientes domésticos. Los depósitos que no puedan vaciarse deben permanecer cubiertos o recibir el mantenimiento indicado, ya que pequeñas acumulaciones pueden convertirse en lugares de reproducción.
Las medidas comunitarias y municipales complementan la protección individual. El tratamiento de focos larvarios, el seguimiento de mosquitos adultos y la comunicación rápida de las áreas afectadas permiten concentrar los recursos allí donde las pruebas confirman circulación viral.
Los 46 diagnósticos registrados en Andalucía hasta el 18 de agosto no representan todas las infecciones reales, debido a la elevada proporción de personas asintomáticas. Sí permiten observar la carga clínica detectada: casi un tercio de los casos confirmados desarrolló enfermedad neuroinvasiva, una proporción influida por el hecho de que los sistemas sanitarios identifican con mayor facilidad los cuadros graves que las infecciones sin síntomas.
Fuentes referenciales:
The Conversation
Consejería de Presidencia, Sanidad y Emergencias de la Junta de Andalucía
Organización Mundial de la Salud
Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades
