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Té verde y vitamina B3 muestran señales contra el deterioro cerebral


Una investigación en células cerebrales de ratón halló que la combinación de EGCG y nicotinamida restauró energía celular y redujo procesos asociados al Alzhéimer


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz


Una investigación en animales abrió una vía experimental para estudiar el deterioro cerebral asociado al envejecimiento. El trabajo analizó la combinación de epigalocatequina galato, conocida como EGCG y presente en el té verde, con nicotinamida, una forma de vitamina B3, y observó efectos prometedores en células cerebrales de ratón.

El estudio encontró que ambos compuestos ayudaron a restaurar niveles de trifosfato de guanosina, o GTP, una molécula energética que disminuye con la edad. Esa recuperación se asoció con menor estrés oxidativo y con una mejor eliminación de cúmulos de proteínas amiloides vinculadas al Alzhéimer.

Qué encontró el estudio

La investigación, publicada en la revista científica GeroScience, evaluó cómo la EGCG del té verde y la nicotinamida actuaban sobre células cerebrales envejecidas de ratón. Tras 24 horas de tratamiento, los niveles de GTP se acercaron a los observados en células más jóvenes.

El hallazgo es relevante porque los niveles bajos de GTP han sido relacionados con procesos asociados al Alzhéimer. En el experimento, la restauración de esta molécula energética coincidió con menos daño oxidativo y con una reducción de acumulaciones amiloides, uno de los rasgos biológicos más estudiados en la enfermedad.

La línea de investigación se suma a otros trabajos sobre radicales libres, oxidación y deterioro cerebral, donde el estrés oxidativo aparece como una pieza importante en enfermedades neurodegenerativas.

Por qué no puede trasladarse todavía a humanos

Los expertos advierten que el resultado no permite recomendar suplementos orales de té verde, EGCG o vitamina B3 para prevenir el Alzhéimer, mejorar la memoria o tratar el deterioro cognitivo. El trabajo se realizó en células cerebrales de ratón y todavía necesita validación en estudios humanos.

Gregory J. Brewer, autor principal del estudio y profesor de ingeniería biomédica de la Universidad de California en Irvine, ya había observado en un ensayo reciente que los suplementos orales de vitamina B3 no funcionaron frente al Alzhéimer temprano.

Una de las limitaciones principales es que la vitamina B3 puede ser degradada por bacterias intestinales antes de llegar al cerebro. Por eso, los investigadores consideran que futuras estrategias podrían requerir otras vías de administración, como parches, fármacos nasales o presentaciones sublinguales.

El papel del té verde en la salud cerebral

El té verde ya había sido estudiado por sus compuestos antioxidantes y antiinflamatorios. Investigaciones observacionales han relacionado su consumo habitual con menor presencia de lesiones en la sustancia blanca cerebral en adultos mayores, aunque esa asociación no significa que la bebida reproduzca el efecto experimental observado en células de ratón.

En Mundo de la Salud se ha explicado que beber té verde se asocia a menos lesiones cerebrales en algunos estudios poblacionales, pero esos resultados deben interpretarse dentro de patrones de alimentación y estilo de vida más amplios.

Brewer precisó que beber té verde por sí solo no reproduce la respuesta del estudio. La clave experimental fue la combinación de protección antioxidante y recuperación energética celular, dos procesos que actuaron juntos en el modelo analizado.

Alimentación completa antes que un solo nutriente

Vanessa King, dietista-nutricionista y portavoz de la Academy of Nutrition and Dietetics, recomendó priorizar patrones alimentarios completos en lugar de concentrarse en un único compuesto. Entre las opciones mencionadas aparece la dieta MIND, que incluye verduras de hoja verde, frutos rojos, cereales integrales, frutos secos, semillas, legumbres, mariscos, aves y aceite de oliva virgen extra.

Muchos de esos alimentos aportan vitamina B3 de forma natural. La relación entre alimentación y salud cerebral también ha sido observada en estudios sobre dietas basadas en plantas y deterioro cognitivo, donde la calidad global del patrón alimentario pesa más que un ingrediente aislado.

Alzhéimer, energía celular y prevención

El estudio refuerza una línea de investigación centrada en la energía celular del cerebro. Las neuronas requieren un suministro constante de energía para sostener memoria, comunicación sináptica, reparación celular y eliminación de desechos. Cuando estos procesos fallan, pueden aumentar la vulnerabilidad al deterioro cognitivo.

El Alzhéimer es una enfermedad compleja, con múltiples procesos biológicos implicados. Además de placas amiloides y proteína tau, también se investigan la neuroinflamación, la resistencia a la insulina cerebral, el estrés oxidativo y la salud vascular. En esa línea, otros trabajos han explorado la resistencia a la insulina en el cerebro como posible factor relacionado con neurodegeneración.

La comunidad científica insiste en que la prevención del deterioro cognitivo depende de enfoques integrales: alimentación saludable, actividad física regular, sueño adecuado, control de factores cardiovasculares y seguimiento médico cuando aparecen síntomas de memoria o cambios cognitivos.

Una señal prometedora, no una recomendación clínica

La combinación de té verde y vitamina B3 mostró resultados interesantes en un modelo experimental, pero todavía no existe base para usarla como tratamiento o suplemento preventivo contra el Alzhéimer en humanos.

El valor del estudio está en abrir nuevas preguntas: cómo restaurar la energía de células cerebrales envejecidas, qué vías de administración podrían ser eficaces y qué pacientes podrían beneficiarse si los hallazgos se confirman en investigaciones clínicas futuras.

Fuente(s) referenciales

Infobae