Investigadores de China descubren cómo las células grasas de la médula ósea activan una respuesta inflamatoria que dificulta la formación de hueso. Los resultados, publicados el 15 de octubre de 2026 en Advanced Science, proceden de experimentos preclínicos.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.
Un equipo científico de China ha identificado un mecanismo molecular que conecta la acumulación de grasa en la médula ósea, la inflamación y la disminución de la capacidad del organismo para formar tejido óseo durante el envejecimiento. La investigación, publicada el 15 de octubre de 2026 en la revista Advanced Science, señala a la vía inmunitaria STING como un componente importante de este proceso y plantea nuevas posibilidades para estudiar tratamientos contra la osteoporosis relacionada con la edad.
El trabajo fue desarrollado por investigadores vinculados al Instituto de Tecnología Avanzada de Shenzhen, de la Academia China de Ciencias, y a la Universidad de Medicina Tradicional China de Shandong, entre otras instituciones. El equipo, encabezado por Zhichao Li, examinó cómo interactúan diferentes poblaciones celulares de la médula ósea y qué ocurre cuando se modifica experimentalmente su actividad.
Los resultados mostraron que la activación de STING en determinados macrófagos de la médula aumenta durante el envejecimiento. Los científicos identificaron además una cadena de señales que relaciona esa activación con la inflamación y con alteraciones metabólicas que dificultan la formación de hueso nuevo.
En ratones envejecidos, la inhibición experimental de esta vía redujo la pérdida ósea. Una intervención que combinó un inhibidor de STING con un precursor metabólico también produjo resultados favorables en los modelos estudiados.
Sin embargo, se trata de investigación preclínica. Los hallazgos no demuestran que bloquear STING sea un tratamiento seguro o eficaz contra la osteoporosis en seres humanos.
La osteoporosis implica un desequilibrio en la renovación del hueso
El esqueleto es un tejido vivo que se mantiene mediante un proceso continuo de renovación. Durante este ciclo, unas células eliminan porciones de hueso deteriorado y otras producen nueva matriz ósea.
Los osteoclastos participan en la degradación del tejido, mientras que los osteoblastos intervienen en su formación. Los osteocitos, alojados dentro de la matriz mineralizada, también contribuyen a regular la respuesta del esqueleto frente a las necesidades mecánicas y metabólicas.
Este equilibrio cambia con la edad. Cuando la formación de hueso resulta insuficiente para compensar su eliminación, la estructura puede perder resistencia y aumentar su vulnerabilidad a las fracturas.
La osteoporosis constituye una de las principales enfermedades asociadas con este deterioro. Su evolución puede ser silenciosa durante años, hasta que una fractura pone de manifiesto la fragilidad del tejido.
La evaluación clínica suele incluir mediciones de densidad mineral ósea, aunque la resistencia del esqueleto depende también de su arquitectura y de otras propiedades. Investigaciones anteriores han mostrado que el riesgo de fractura puede evaluarse mediante propiedades mecánicas que complementan las pruebas de densidad ósea.
El nuevo estudio aborda una cuestión diferente: identificar qué señales celulares contribuyen a deteriorar la capacidad de renovación del esqueleto a medida que envejece.
La médula ósea cambia su composición durante el envejecimiento
La médula ósea contiene distintas poblaciones celulares que participan en la producción de sangre, la respuesta inmunitaria y el mantenimiento del tejido esquelético.
Entre ellas se encuentran las células madre mesenquimales, capaces de originar determinados tipos celulares relacionados con el hueso, y los adipocitos medulares, especializados en almacenar grasa.
Durante el envejecimiento pueden aumentar los depósitos de tejido adiposo dentro de la médula. Este fenómeno suele acompañarse de modificaciones en la actividad de las células inmunitarias y de una mayor presencia de señales inflamatorias.
La acumulación de grasa no representa únicamente una ocupación física del espacio medular. Los adipocitos también producen moléculas que pueden influir en el funcionamiento de las células vecinas.
Los investigadores chinos examinaron precisamente esa comunicación entre adipocitos, macrófagos y células precursoras del tejido óseo.
La importancia de estudiar estas interacciones se relaciona con una comprensión más amplia del esqueleto. Además de proporcionar soporte mecánico, el tejido óseo participa en procesos de comunicación metabólica y hormonal que conectan diferentes órganos y sistemas.
En este contexto, la médula ósea constituye un entorno donde la actividad inmunitaria y la formación del esqueleto pueden influirse mutuamente.
La vía STING presenta funciones diferentes según la edad
STING es una proteína implicada en mecanismos de defensa inmunitaria innata. Forma parte de un sistema de señalización que permite responder a determinadas señales de ADN y a situaciones de estrés celular.
Su activación puede desencadenar respuestas inflamatorias necesarias para proteger al organismo frente a amenazas. Sin embargo, una actividad excesiva o persistente también puede contribuir a procesos inflamatorios perjudiciales.
El equipo científico estudió su funcionamiento en macrófagos de la médula ósea, células inmunitarias que participan en la defensa del organismo y en la regulación de su entorno.
Los análisis mostraron que la actividad de STING aumentaba progresivamente en estos macrófagos durante el envejecimiento de los ratones.
Para determinar sus efectos, los investigadores utilizaron animales modificados genéticamente en los que se había reducido la función de esta vía en determinadas células.
Los resultados revelaron una característica inesperada: la ausencia de STING no producía el mismo efecto durante todas las etapas de la vida.
En animales jóvenes, la reducción de su actividad se relacionó con indicadores menos favorables de masa ósea. En cambio, durante etapas posteriores del envejecimiento, los animales con menor actividad de STING presentaron una pérdida de hueso más lenta.
Este comportamiento indica que la vía desempeña funciones dependientes de la edad y del estado del tejido.
Por tanto, los resultados no justifican considerar a STING una proteína exclusivamente perjudicial ni plantear su inhibición indiscriminada durante toda la vida.
Los adipocitos envejecidos liberan una proteína que activa la inflamación
Una de las principales aportaciones del estudio fue identificar una señal producida por las células grasas de la médula ósea que puede contribuir a activar la respuesta inflamatoria.
Los investigadores encontraron que los adipocitos medulares envejecidos liberaban una forma soluble de la proteína DPP4, denominada sDPP4.
Esta molécula interactuaba con el receptor inmunitario TLR4 presente en los macrófagos y participaba en una cadena de acontecimientos que favorecía la activación de STING.
Los experimentos también identificaron la participación de ADN mitocondrial, material genético procedente de las estructuras celulares encargadas de producir energía.
La combinación de estas señales contribuía a mantener una respuesta inflamatoria en los macrófagos de la médula ósea.
El hallazgo resulta relevante porque establece una conexión molecular entre dos características del envejecimiento esquelético: el aumento de grasa medular y la inflamación persistente.
Los adipocitos no actuaban simplemente como depósitos de lípidos. En las condiciones experimentales, participaban activamente en la modificación del comportamiento de las células inmunitarias cercanas.
Sin embargo, el estudio no demuestra que este mecanismo sea responsable de todos los casos de osteoporosis humana. La pérdida ósea puede depender también de factores hormonales, nutricionales, genéticos, mecánicos y farmacológicos.
La proteína CD38 conecta la inflamación con el metabolismo celular
Después de identificar la activación de STING, los científicos examinaron sus consecuencias sobre otras rutas moleculares de la médula ósea.
Encontraron que esta señalización aumentaba la expresión de CD38, una proteína con funciones relacionadas con la regulación inmunitaria y el metabolismo de determinados compuestos celulares.
La mayor actividad de CD38 contribuía a intensificar la inflamación y alteraba la disponibilidad de moléculas necesarias para mantener procesos metabólicos normales.
Entre ellas se encuentra el nicotinamida adenina dinucleótido, conocido como NAD+, una coenzima que participa en reacciones energéticas, mecanismos de reparación celular y otros procesos fundamentales.
El estudio identificó una disminución de la disponibilidad local de nicotinamida mononucleótido, o NMN, un precursor utilizado en determinadas rutas de producción de NAD+.
Los investigadores relacionaron esa alteración con un deterioro de la función de las células madre mesenquimales de la médula.
Cuando estas células disponían de un entorno metabólico menos favorable, su capacidad para diferenciarse hacia células formadoras de hueso se veía comprometida.
De esta manera, la investigación propone una secuencia de acontecimientos que conecta la grasa medular envejecida con la inflamación y, posteriormente, con una menor formación de tejido óseo.
Esta relación complementa investigaciones que han permitido observar directamente cómo los osteoblastos incorporan nutrientes y construyen matriz ósea, mostrando que el metabolismo celular es fundamental para conservar la capacidad de renovación del esqueleto.
Los experimentos con ratones mostraron una pérdida ósea más lenta
Para comprobar la importancia funcional de la vía identificada, el equipo realizó diferentes experimentos con ratones de distintas edades.
Los investigadores estudiaron animales jóvenes, de mediana edad y envejecidos, y analizaron cambios en la densidad y la estructura del hueso.
También utilizaron procedimientos de modificación genética para reducir específicamente la actividad de STING en los macrófagos de la médula ósea.
En los animales de mayor edad, esta intervención se relacionó con una reducción de la velocidad de pérdida ósea.
Los análisis mediante microtomografía permitieron examinar características del tejido trabecular, incluida su cantidad y organización.
En una parte de los experimentos, los científicos utilizaron un vector viral experimental para disminuir la expresión de STING en los macrófagos de ratones envejecidos.
Los animales tratados presentaron indicadores más favorables de conservación ósea que los controles, junto con cambios compatibles con una mayor actividad de formación de hueso.
El resultado apoyó la hipótesis de que la activación persistente de esta vía contribuye al deterioro esquelético durante etapas avanzadas de la vida.
No obstante, los autores señalaron que algunas comparaciones entre animales modificados genéticamente y controles no alcanzaron significación estadística en todos los indicadores.
La evidencia más consistente procedió de determinadas mediciones de pérdida ósea a lo largo del tiempo y de intervenciones específicas realizadas durante el envejecimiento.
Una combinación experimental redujo el deterioro del esqueleto
Los investigadores también evaluaron una intervención farmacológica dirigida a dos componentes de la cadena molecular identificada.
El tratamiento experimental combinó H-151, un inhibidor de la señalización STING, con suplementación de NMN, precursor relacionado con la producción de NAD+.
En los modelos preclínicos, esta combinación redujo la pérdida ósea y produjo cambios favorables en determinados indicadores de inflamación y metabolismo de la médula.
Los resultados sugieren que actuar simultáneamente sobre la señal inflamatoria y sobre la disponibilidad de un precursor metabólico podría constituir una estrategia para investigar nuevas terapias.
Sin embargo, existe una limitación importante: el estudio no incluyó grupos de tratamiento separados que permitieran comparar formalmente el efecto del inhibidor por sí solo con el del NMN administrado de manera independiente.
Por ello, no puede determinarse con precisión qué proporción del resultado corresponde a cada componente ni si su combinación ofrece una ventaja específica frente a las intervenciones individuales.
Tampoco se evaluó esta estrategia como tratamiento de osteoporosis en pacientes humanos.
La administración de NMN o de inhibidores de STING no debe interpretarse como una recomendación clínica derivada de este estudio. Su eficacia, dosis y seguridad para prevenir fracturas o tratar osteoporosis humana no han quedado establecidas por estos experimentos.
La inflamación de la médula puede alterar la formación de hueso
Los resultados permiten comprender mejor cómo diferentes procesos del envejecimiento pueden reforzarse entre sí.
El aumento de adipocitos medulares favorece la liberación de determinadas señales. Estas activan respuestas inmunitarias que modifican el entorno celular y pueden reducir la capacidad de producir tejido óseo nuevo.
Los investigadores describen a STING como un punto de conexión entre esos acontecimientos.
La relevancia de esta interpretación reside en que la osteoporosis no depende exclusivamente de la cantidad de calcio disponible o de la actividad de una sola población celular.
El mantenimiento del esqueleto requiere la coordinación de células formadoras de hueso, células encargadas de degradarlo, componentes inmunitarios y mecanismos metabólicos.
El ejercicio físico también participa en esa regulación. Investigaciones anteriores identificaron una proteína asociada con la actividad física que favoreció la función muscular y ósea en ratones envejecidos.
Aunque ambos estudios investigan mecanismos distintos, reflejan que el envejecimiento del esqueleto depende de interacciones entre tejidos y sistemas biológicos.
La identificación de una nueva ruta molecular no elimina la importancia de los factores de riesgo conocidos ni de las estrategias clínicas de prevención de fracturas.
Por qué los resultados todavía no pueden aplicarse a pacientes
El estudio proporciona información experimental detallada, pero presenta limitaciones que deben considerarse antes de trasladar sus conclusiones a la práctica médica.
La mayor parte de los resultados procede de modelos animales y experimentos celulares. Aunque estos procedimientos permiten manipular rutas moleculares y estudiar sus efectos, no reproducen completamente la complejidad del envejecimiento humano.
La respuesta de STING también depende de la edad y del contexto biológico. Los propios investigadores observaron efectos diferentes entre animales jóvenes y envejecidos.
Esto obliga a estudiar cuidadosamente las consecuencias de cualquier intervención que modifique una vía implicada en la defensa inmunitaria.
Además, una mejoría de indicadores óseos en ratones no demuestra necesariamente que una intervención reduzca fracturas en seres humanos.
Para establecer un beneficio clínico sería necesario desarrollar investigaciones adicionales sobre seguridad, distribución del tratamiento en los tejidos, efectos inmunitarios y resultados a largo plazo.
También deberían examinarse posibles diferencias relacionadas con el sexo, el estado hormonal y las enfermedades metabólicas, factores importantes en la osteoporosis.
Los autores reconocen que la combinación farmacológica utilizada podría producir efectos en otros tejidos y que todavía no se ha determinado qué parte de la respuesta corresponde exclusivamente a la médula ósea.
La prevención de fracturas mantiene sus recomendaciones habituales
Mientras se investigan nuevos mecanismos moleculares, la prevención y el tratamiento de la osteoporosis continúan basándose en intervenciones con respaldo clínico.
La evaluación del riesgo individual puede incluir antecedentes de fracturas, edad, medicamentos utilizados, enfermedades asociadas y mediciones de densidad mineral ósea.
La actividad física adaptada, especialmente los ejercicios de fuerza y las actividades con carga apropiadas para cada persona, contribuye al mantenimiento de la función muscular y esquelética.
La alimentación también debe proporcionar cantidades suficientes de proteínas, calcio y otros nutrientes necesarios para el metabolismo óseo.
Las necesidades pueden variar según la edad y las condiciones médicas. Por ello, la salud de los huesos requiere considerar varios nutrientes y no únicamente el aporte de calcio.
En personas con osteoporosis diagnosticada o riesgo elevado de fracturas, los profesionales sanitarios pueden indicar tratamientos farmacológicos cuya eficacia haya sido evaluada en estudios clínicos.
Las intervenciones experimentales dirigidas a STING no sustituyen esos tratamientos.
También es importante prevenir las caídas, especialmente en personas mayores con alteraciones del equilibrio, debilidad muscular o antecedentes de fracturas.
Una nueva línea de investigación sobre el envejecimiento esquelético
El trabajo publicado en Advanced Science identifica una conexión molecular entre la expansión del tejido adiposo medular, la activación inmunitaria y la disminución de la capacidad formadora de hueso.
La secuencia propuesta comienza con la liberación de sDPP4 por adipocitos envejecidos, continúa con la activación de señales inmunitarias relacionadas con STING y CD38 y termina afectando la disponibilidad de precursores metabólicos necesarios para determinadas funciones celulares.
Los experimentos muestran que modificar esta vía durante etapas avanzadas de la vida puede reducir el deterioro óseo en ratones.
Su aportación principal no consiste en presentar un medicamento nuevo listo para utilizarse, sino en identificar posibles objetivos terapéuticos y explicar cómo diferentes células de la médula contribuyen al envejecimiento del esqueleto.
Los siguientes estudios deberán determinar si el mecanismo identificado también tiene un papel comparable en la osteoporosis humana y si puede modificarse sin interferir perjudicialmente en las funciones normales del sistema inmunitario.
La investigación amplía así el conocimiento sobre la pérdida ósea relacionada con la edad y proporciona una base experimental para estudiar estrategias que actúen sobre la inflamación y el metabolismo de la médula ósea.
Fuentes referenciales:
Advanced Science — Bone Marrow Macrophage STING Signaling is a Direct Nexus Linking Marrow Adipose Expansion to NAD+ Depletion and Osteogenic Decline in Skeletal Aging, 15 de octubre de 2026
Medical Xpress / Wiley — Can we take the STING out of bone loss? Pathway presents potential treatment target for skeletal aging, 15 de octubre de 2026

