Especialistas del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), en Argentina, explican por qué los cambios persistentes en las rutinas, las relaciones personales y la capacidad de disfrutar merecen atención. Ante el Día Mundial de la Salud Mental, recomiendan reconocer el malestar antes de que interfiera gravemente en la vida cotidiana.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.
Dejar de disfrutar de una actividad favorita, reducir el contacto con familiares y amigos o sentir que las obligaciones ocupan todo el día pueden ser manifestaciones de un malestar emocional que pasa inadvertido. En vísperas del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora cada 10 de octubre, especialistas del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), de Argentina, destacaron la importancia de observar estos cambios cotidianos para identificar posibles dificultades antes de que se agraven.
La advertencia no significa que abandonar temporalmente un pasatiempo o necesitar momentos de soledad constituya una enfermedad. Los profesionales señalan que es necesario considerar cuánto duran los cambios, con qué intensidad aparecen y hasta qué punto afectan el descanso, el trabajo, los estudios o las relaciones personales.
La doctora Mariángeles Pose, médica psiquiatra de la Clínica de Salud Cerebral de INECO, explicó que prestar atención a la salud mental también implica reconocer las señales de malestar antes de atravesar una crisis. Según la especialista, no todas las emociones desagradables indican un trastorno, pero tampoco conviene normalizar un sufrimiento que se mantiene durante períodos prolongados.
Las rutinas pueden revelar cambios en el bienestar emocional
La salud mental influye en la manera en que una persona piensa, siente, toma decisiones, mantiene relaciones y responde a las dificultades. Por eso, sus alteraciones no siempre se expresan mediante síntomas fácilmente identificables.
En ocasiones, las primeras manifestaciones aparecen en actividades aparentemente sencillas: dejar de salir a caminar, abandonar una afición, cancelar encuentros habituales o perder el interés por proyectos personales.
Carolina Oyola, jefa del Departamento de Terapia Ocupacional de INECO, destacó que la organización de la vida diaria aporta información relevante sobre el bienestar psicológico. Cuando desaparecen las actividades que antes proporcionaban satisfacción, descanso o sentido de pertenencia, puede ser conveniente examinar qué está ocurriendo.
La especialista también advirtió sobre las rutinas dominadas exclusivamente por responsabilidades laborales, familiares o académicas, sin espacios suficientes para el ocio y la recuperación.
El problema no consiste en dedicar exactamente la misma cantidad de tiempo a cada actividad. Una rutina saludable puede variar considerablemente entre personas, según sus responsabilidades, preferencias y circunstancias.
Lo importante es que exista una organización sostenible que permita atender las obligaciones sin eliminar completamente las oportunidades de descanso, disfrute y contacto social.
La pérdida de interés no siempre aparece acompañada de tristeza
Una persona puede experimentar dificultades emocionales sin manifestar tristeza de manera evidente. En algunos casos predominan el cansancio, la irritabilidad, la apatía o la reducción de la iniciativa.
La pérdida de interés o de capacidad para disfrutar de actividades anteriormente placenteras se conoce clínicamente como anhedonia. Este síntoma puede aparecer en la depresión y en otras condiciones, aunque su presencia aislada no permite establecer un diagnóstico.
Por ejemplo, alguien que antes disfrutaba de la lectura, la jardinería o las reuniones familiares puede comenzar a evitar esas actividades sin identificar claramente una causa.
También pueden aparecer dificultades para concentrarse, alteraciones del sueño o una sensación persistente de agotamiento.
Estas manifestaciones requieren una interpretación cuidadosa porque también pueden relacionarse con enfermedades físicas, medicamentos, duelos, sobrecarga laboral o circunstancias vitales transitorias.
La evaluación profesional permite analizar el conjunto de síntomas y determinar si existe un trastorno de salud mental u otra situación que necesita atención.
La duración y el impacto del malestar son señales importantes
La doctora Pose explicó que experimentar preocupación, miedo, angustia o estrés forma parte de la experiencia humana. Estas emociones pueden aparecer ante problemas familiares, cambios laborales, dificultades económicas o situaciones de incertidumbre.
Lo que merece especial atención es su persistencia y la pérdida de capacidad para recuperar el funcionamiento habitual.
Un período de cansancio después de una semana exigente no tiene necesariamente el mismo significado que varias semanas de agotamiento, aislamiento y abandono de actividades importantes.
La intensidad también importa. Una preocupación ocasional puede ser manejable, mientras que una sensación de angustia que impide dormir, trabajar o relacionarse puede justificar una consulta.
Los especialistas recomiendan observar el funcionamiento cotidiano en lugar de concentrarse únicamente en una emoción concreta.
Cuando las dificultades empiezan a afectar varias áreas de la vida, buscar orientación profesional puede ayudar a identificar sus causas y establecer estrategias adecuadas.
Familiares y amigos pueden advertir cambios antes que la propia persona
Las modificaciones del comportamiento no siempre son reconocidas inmediatamente por quien las experimenta.
En determinadas circunstancias, las personas cercanas pueden observar que alguien participa menos en conversaciones, evita encuentros, responde con mayor irritabilidad o muestra menos entusiasmo por actividades que anteriormente disfrutaba.
Pose señaló que escuchar estas observaciones puede facilitar el reconocimiento de dificultades que todavía no se habían identificado.
Sin embargo, el acompañamiento debe evitar los juicios y las interpretaciones precipitadas. El aislamiento puede tener causas diversas y no siempre representa una alteración psicológica.
Una conversación respetuosa, centrada en cómo se siente la persona y qué apoyo necesita, puede resultar más útil que atribuirle un diagnóstico.
También es importante respetar la privacidad y la autonomía, sin dejar de prestar atención a situaciones en las que exista un deterioro significativo del funcionamiento cotidiano.
El sueño influye en la regulación emocional y la salud cerebral
El doctor Guido Vázquez, neurólogo e integrante de la Clínica de Salud Cerebral de INECO, destacó que los hábitos cotidianos pueden contribuir tanto al bienestar psicológico como a la identificación temprana de dificultades.
Uno de los aspectos fundamentales es el descanso nocturno. Durante el sueño se desarrollan procesos relacionados con la consolidación de la memoria, el aprendizaje, la recuperación física y la regulación emocional.
Las alteraciones persistentes del descanso pueden afectar la concentración, el estado de ánimo y la capacidad para afrontar situaciones estresantes.
Los especialistas recomiendan mantener horarios de sueño relativamente regulares y procurar un descanso suficiente, adaptado a las necesidades individuales.
También conviene observar si aparecen dificultades prolongadas para conciliar el sueño, despertares frecuentes o cansancio que no mejora después de descansar.
Estas manifestaciones no deben atribuirse automáticamente a un problema psicológico, ya que pueden tener múltiples causas médicas y ambientales.
La actividad física puede ayudar a manejar el estrés cotidiano
El movimiento regular constituye otra herramienta importante para el bienestar general. La actividad física se relaciona con beneficios para la salud cardiovascular, el sueño y el estado de ánimo.
Como referencia general, los especialistas de INECO recomiendan alcanzar al menos 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada, además de incorporar ejercicios de fortalecimiento muscular.
Caminar, montar en bicicleta, nadar o realizar otras actividades adaptadas a las condiciones de cada persona pueden contribuir a mantener una rutina más activa.
Para quienes trabajan durante muchas horas sentados, también resulta útil interrumpir periódicamente los períodos prolongados de inactividad.
La actividad física no sustituye la atención psicológica o psiquiátrica cuando existe un trastorno que requiere tratamiento, pero puede formar parte de una estrategia integral de cuidado.
Las personas con enfermedades crónicas, limitaciones funcionales o síntomas físicos relevantes deben adaptar las recomendaciones a sus posibilidades y consultar con profesionales sanitarios cuando sea necesario.
Las actividades placenteras también cumplen una función protectora
Dedicar tiempo a intereses personales no constituye únicamente una forma de entretenimiento. Los pasatiempos pueden favorecer la participación social, estimular distintas capacidades cognitivas y proporcionar satisfacción.
Cocinar, leer, aprender un idioma, escuchar música, realizar trabajos manuales o desarrollar actividades creativas son ejemplos de experiencias que pueden incorporarse a la vida cotidiana.
Desde la terapia ocupacional, estas actividades adquieren especial importancia cuando resultan significativas para la persona.
No se trata de acumular obligaciones adicionales ni de transformar cada momento libre en una tarea productiva. El disfrute y la posibilidad de elegir también forman parte de su valor.
Por ello, abandonar progresivamente actividades que antes eran importantes puede ser una señal que conviene examinar, especialmente cuando coincide con aislamiento, cansancio o cambios persistentes del estado de ánimo.
Las relaciones sociales ayudan a sostener el bienestar
Mantener vínculos personales significativos puede contribuir a afrontar situaciones difíciles y facilitar la búsqueda de apoyo.
Las conversaciones con familiares, las amistades, las actividades comunitarias y los espacios de participación ofrecen oportunidades para compartir experiencias y reducir la sensación de desconexión.
Los especialistas destacan que la calidad de las relaciones resulta importante. No existe una cantidad universal de contactos sociales que garantice el bienestar emocional.
Algunas personas necesitan más momentos de tranquilidad o soledad que otras, sin que ello represente necesariamente una dificultad.
La señal de alerta aparece cuando el aislamiento constituye un cambio importante respecto al comportamiento habitual y se acompaña de sufrimiento o limitaciones en la vida diaria.
En esas circunstancias, recuperar gradualmente espacios de contacto o solicitar apoyo puede ser beneficioso, siempre respetando las necesidades individuales.
La exposición constante a pantallas puede dificultar el descanso
Los profesionales de INECO también llamaron la atención sobre la acumulación de estímulos digitales durante el día.
Los mensajes, las notificaciones, las redes sociales y las exigencias de disponibilidad permanente pueden dificultar la desconexión de las responsabilidades laborales o personales.
Establecer períodos sin notificaciones, limitar determinadas actividades digitales antes de dormir y reservar momentos para experiencias fuera de las pantallas son medidas que pueden favorecer el descanso y la concentración.
Sin embargo, el uso de tecnología no es necesariamente perjudicial. Las herramientas digitales también permiten mantener relaciones, acceder a información y participar en actividades educativas o recreativas.
La recomendación consiste en identificar cuándo su utilización comienza a desplazar el sueño, las relaciones presenciales u otras actividades importantes.
Alimentación y manejo del estrés forman parte del cuidado integral
El bienestar psicológico también se relaciona con hábitos generales de salud. INECO recomienda mantener una alimentación variada que incluya frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y otras fuentes de nutrientes.
Asimismo, aconseja limitar el consumo excesivo de productos ultraprocesados, azúcares y alcohol.
Estas pautas no deben interpretarse como tratamientos específicos para enfermedades mentales. Su utilidad forma parte del cuidado de la salud general y de la prevención de factores que pueden afectar el bienestar físico y cerebral.
Para manejar el estrés cotidiano, los especialistas mencionan herramientas como ejercicios de respiración, meditación, yoga y prácticas de atención plena.
También recomiendan reservar pausas durante el día, especialmente cuando las obligaciones se acumulan sin períodos suficientes de recuperación.
La elección de estas estrategias debe considerar las preferencias individuales. Una técnica que resulta útil para una persona puede no producir el mismo beneficio en otra.
Cuándo es recomendable consultar con un profesional
Los especialistas coinciden en que no es necesario esperar a una crisis para solicitar orientación sobre la salud mental.
Una evaluación puede ser conveniente cuando aparecen cambios persistentes en el sueño, la concentración, el estado de ánimo, las relaciones personales o la capacidad para realizar actividades habituales.
También merece atención la pérdida progresiva de interés por experiencias que antes proporcionaban satisfacción, especialmente si se acompaña de aislamiento o dificultades para cumplir responsabilidades cotidianas.
Consultar no implica necesariamente recibir un diagnóstico psiquiátrico ni comenzar un tratamiento prolongado. En algunos casos, el encuentro profesional permite identificar factores de estrés, revisar hábitos y establecer medidas de apoyo.
Cuando existen síntomas intensos, empeoramiento rápido, incapacidad para atender necesidades básicas o pensamientos de hacerse daño, es importante buscar asistencia sanitaria urgente.
La atención debe adaptarse a la situación de cada persona y puede incluir acompañamiento psicológico, evaluación médica, intervenciones sociales u otros recursos especializados.
El Día Mundial de la Salud Mental invita a reconocer el malestar temprano
La conmemoración del 10 de octubre ofrece una oportunidad para recordar que la salud mental no se limita a la ausencia de enfermedades diagnosticadas.
También comprende la capacidad de mantener relaciones significativas, participar en actividades importantes, afrontar dificultades y disponer de oportunidades de descanso y recuperación.
La doctora Pose destacó que cuidar el bienestar emocional no significa intentar sentirse bien permanentemente. La tristeza, la preocupación y el miedo pueden ser respuestas normales ante acontecimientos difíciles.
El objetivo es reconocer cuándo esas emociones se prolongan, aumentan de intensidad o empiezan a interferir de manera significativa en la vida.
Por su parte, el doctor Vázquez subrayó que no existe una fórmula única para alcanzar el bienestar. Las condiciones biológicas, psicológicas y sociales interactúan de manera diferente en cada persona.
La principal recomendación de los especialistas es observar los cambios respecto al funcionamiento habitual y no desestimar las señales persistentes.
Recuperar espacios de descanso, mantener vínculos, realizar actividades significativas y solicitar orientación cuando sea necesario son medidas que pueden contribuir a proteger el bienestar emocional.
Fuente referencial:
INECO, artículo de especialistas publicado en Infobae el 9 de octubre de 2026

