El análisis de cosméticos, artículos de higiene y limpiadores halló una media de 51 sustancias por muestra, frente a los 16 ingredientes indicados habitualmente en sus etiquetas
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Una investigación realizada en Estados Unidos detectó al menos una sustancia química no declarada en el 98 % de 113 productos de cuidado personal y limpieza analizados. La muestra incluyó protectores solares, lociones para bebés, champús, jabones y otros artículos de uso cotidiano distribuidos en 12 categorías.
El estudio, publicado en la revista Environment & Health, también encontró que el 85 % de los productos contenía al menos un compuesto no indicado en la etiqueta con peligros conocidos o sospechados para la salud. Entre las sustancias identificadas figuraban ftalatos, parabenos, componentes de fragancias, contaminantes de silicona e hidroxitolueno de butilo, conocido como BHT.
Los resultados corresponden a los productos incluidos en esta muestra y no permiten afirmar que el 98 % de todos los cosméticos y limpiadores comercializados en el mundo presente la misma composición. No obstante, evidencian limitaciones importantes en los controles que dependen exclusivamente de las listas proporcionadas por los fabricantes.
Las pruebas detectaron tres veces más sustancias que las etiquetas
Las etiquetas enumeraban una media de 16 ingredientes por producto, mientras que los análisis de laboratorio detectaron un promedio de 51 sustancias. La diferencia puede incluir compuestos agregados durante la formulación, impurezas de materias primas, productos de degradación, contaminantes del proceso y sustancias que migraron desde los envases.
El equipo registró 3.141 señales químicas e identificó 303 compuestos con distintos grados de confianza analítica. Para obtener este inventario utilizó análisis químico no dirigido, una metodología capaz de buscar miles de señales sin limitar la prueba a una lista pequeña de sustancias seleccionadas previamente.
Este enfoque se diferencia de los análisis dirigidos, que comprueban si un producto contiene determinados compuestos ya conocidos. La técnica no dirigida permite observar una fracción mucho más amplia de la composición, aunque identificar una señal no siempre equivale a conocer inmediatamente su concentración, procedencia o relevancia toxicológica.
La investigación se relaciona con un debate más amplio sobre las exposiciones químicas cotidianas y su posible participación en el aumento de alergias y alteraciones de las barreras de la piel. Cosméticos, limpiadores, plásticos y contaminantes del aire interior pueden contribuir conjuntamente a una carga difícil de estimar mediante una sola fuente.
Las promesas “naturales” o “sin tóxicos” no garantizaron mayor pureza
Más de una cuarta parte de los artículos contenía sustancias incompatibles con afirmaciones incluidas en el envase o en la página del fabricante. Los investigadores encontraron compuestos sintéticos en productos anunciados como “100 % naturales”, ftalatos en algunos etiquetados como “libres de ftalatos” y sustancias aromáticas en artículos presentados como “sin fragancia”.
También aparecieron alérgenos o sensibilizantes cutáneos en algunos productos comercializados como “hipoalergénicos”. Los resultados se distribuyeron entre categorías, rangos de precio y empresas de diferentes tamaños, por lo que un coste elevado o una declaración ecológica no predijeron necesariamente una composición más transparente.
Esto no significa que expresiones como “natural”, “ecológico” o “no tóxico” sean siempre falsas. El estudio demuestra que esas afirmaciones, cuando se valoran únicamente mediante el etiquetado, no bastan para descartar impurezas, contaminantes o sustancias que no fueron incluidas en la lista de ingredientes.
Las fragancias requieren especial atención porque pueden reunir múltiples componentes bajo una denominación general. Su presencia también influye en la calidad del aire doméstico, como ocurre con los contaminantes liberados por productos aromáticos utilizados en interiores.
Detectar un compuesto no demuestra que el producto cause enfermedad
La investigación analizó la composición de los productos, pero no midió cuánto de cada sustancia atraviesa la piel, es inhalado o ingresa en el organismo. Tampoco estudió enfermedades entre sus usuarios. Por tanto, los resultados identifican posibles fuentes de exposición, pero no demuestran que utilizar alguno de los artículos evaluados provoque cáncer, infertilidad, diabetes o alteraciones reproductivas.
El riesgo depende de la identidad del compuesto, su concentración, la vía y duración de la exposición, la frecuencia de uso y la vulnerabilidad individual. La detección de una cantidad mínima tampoco tiene necesariamente el mismo significado sanitario que una exposición elevada o repetida.
Algunos ftalatos y parabenos están estudiados por su capacidad para interferir con el sistema endocrino, mientras que otros compuestos pueden actuar como alérgenos, irritantes o sensibilizantes. La evidencia disponible no es idéntica para todas las sustancias, por lo que deben evitarse conclusiones generales sobre familias químicas completas sin considerar el compuesto y la dosis.
La necesidad de valorar concentraciones y métodos analíticos también aparece en otros ámbitos de la salud ambiental. Las investigaciones sobre los posibles efectos de microplásticos y nanoplásticos muestran que detectar una partícula es solo el primer paso para caracterizar una exposición y estimar su importancia clínica.
Los compuestos pueden incorporarse sin una acción deliberada
Los autores aclararon que una sustancia no declarada no implica automáticamente que el fabricante la haya ocultado de manera intencional. Los contaminantes pueden proceder de materias primas, equipos de procesamiento, reacciones químicas durante la elaboración, almacenamiento, cambios de proveedores o migración desde el envase.
También es posible que determinadas sustancias se encuentren dentro de mezclas complejas suministradas por terceros y no aparezcan individualmente en la documentación utilizada para preparar la etiqueta. Estas rutas dificultan que la lista refleje la composición del producto final tal como llega al consumidor.
El estudio encontró además que los artículos de higiene bucal mostraron un mejor comportamiento en las pruebas. Los investigadores plantearon que esta diferencia podría relacionarse con controles más estrictos, dado que algunos de estos productos se regulan en Estados Unidos como medicamentos de venta libre y no únicamente como cosméticos.
Los investigadores piden analizar el producto ya envasado
El equipo propone incorporar el análisis no dirigido a los controles ordinarios de seguridad y calidad, junto con las pruebas microbiológicas, de estabilidad y de conservantes. La recomendación consiste en examinar el producto terminado dentro de su envase comercial, una vez completadas las etapas capaces de modificar su composición.
La Ley de Modernización de la Regulación de Cosméticos de 2022 amplió las competencias federales estadounidenses sobre esta industria, pero los autores señalan que el análisis rutinario de contaminantes químicos en el producto final todavía no constituye una exigencia general.
Para los consumidores, los hallazgos no ofrecen una manera infalible de identificar todos los compuestos desde el envase. Reducir el número de productos perfumados, evitar mezclas innecesarias, ventilar durante la limpieza y suspender un artículo que cause irritación son medidas prudentes, especialmente en personas con dermatitis, alergias o sensibilidad respiratoria. Una reacción persistente o intensa requiere valoración profesional.
Fuentes referenciales:
Agencia SINC
Environment & Health
