La humedad, el calor y el contacto con superficies compartidas favorecen esta infección cutánea. Reconocer sus síntomas y aplicar medidas preventivas ayuda a reducir las complicaciones y las recaídas.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
El pie de atleta, conocido médicamente como tiña del pie o tinea pedis, es una de las infecciones por hongos más frecuentes de la piel. Su aparición está relacionada con microorganismos que proliferan en ambientes cálidos y húmedos, especialmente cuando los pies permanecen durante largos períodos dentro de calzado poco ventilado o entran en contacto con superficies contaminadas.
En España, se estima que entre el 10 % y el 15 % de la población puede padecer esta infección en algún momento de su vida, según los datos recogidos por la publicación especializada Salud y Medicina el 29 de octubre de 2026. Aunque generalmente no representa una enfermedad grave, puede provocar molestias persistentes y extenderse hacia otras zonas del pie o las uñas cuando no recibe el tratamiento adecuado.
El farmacéutico Julián Laínez advierte de la importancia de prestar atención a los primeros síntomas y mantener hábitos preventivos, especialmente durante los meses de mayor calor, cuando aumenta la exposición a piscinas, vestuarios, duchas colectivas y otras instalaciones compartidas.
Por qué aparecen los hongos en los pies
La tiña del pie está causada principalmente por dermatofitos, un grupo de hongos capaces de utilizar la queratina presente en las capas superficiales de la piel y las uñas. Entre las especies implicadas se encuentran Trichophyton rubrum y Trichophyton interdigitale.
Estos microorganismos encuentran condiciones favorables cuando coinciden la humedad, el calor y la escasa ventilación. El sudor acumulado dentro del calzado, los calcetines húmedos y la falta de secado entre los dedos pueden facilitar su desarrollo.
La infección también puede transmitirse mediante el contacto con escamas de piel contaminadas presentes en suelos, toallas, zapatos u otros objetos compartidos.
El conocimiento de los hongos que forman parte de la microbiota humana permite comprender que no todos estos microorganismos producen enfermedades. Algunas especies conviven normalmente con el organismo, mientras que determinados hongos patógenos pueden colonizar tejidos y provocar infecciones.
Picazón, descamación y grietas: los síntomas más habituales
El pie de atleta suele comenzar en los espacios entre los dedos, especialmente entre el cuarto y el quinto. En esta zona pueden aparecer enrojecimiento, picazón, ardor, descamación y pequeñas fisuras.
En algunos casos, la piel adquiere una apariencia blanquecina debido a la humedad acumulada. También pueden presentarse lesiones en la planta o los laterales del pie, con áreas de piel seca, engrosada o descamada.
Existen diferentes presentaciones clínicas. La forma interdigital afecta principalmente los espacios entre los dedos; la forma hiperqueratósica produce descamación persistente en la planta y los bordes del pie; y la forma vesicular puede ocasionar pequeñas ampollas acompañadas de inflamación.
El mal olor puede acompañar algunas infecciones, aunque no constituye por sí mismo una prueba de presencia de hongos. Como se explica en el análisis sobre las causas del mal olor en los pies y sus señales de alerta, también intervienen bacterias, sudoración excesiva y otras alteraciones cutáneas.
Por ello, cuando las lesiones persisten o presentan características poco habituales, es importante obtener un diagnóstico adecuado antes de iniciar tratamientos repetidos.
Cuando la infección alcanza las uñas
Una de las complicaciones posibles es la onicomicosis, una infección fúngica que afecta las uñas y puede resultar más difícil de tratar que las lesiones superficiales de la piel.
Las uñas afectadas pueden adquirir tonalidades amarillentas, blanquecinas o marrones, aumentar de grosor, volverse quebradizas o presentar deformaciones. En determinadas situaciones también pueden separarse parcialmente del lecho ungueal.
Laínez señala que estos cambios no deben considerarse únicamente un problema estético, porque pueden indicar una infección que requiere atención específica.
Sin embargo, no todas las alteraciones ungueales están causadas por hongos. Los traumatismos, la psoriasis y otras enfermedades dermatológicas pueden producir manifestaciones similares. La confirmación mediante examen clínico y, cuando corresponde, pruebas micológicas permite orientar el tratamiento.
Los esmaltes permanentes y semipermanentes pueden dificultar la observación de cambios en las uñas. Además, una retirada inadecuada puede producir daños mecánicos que conviene evitar.
Medidas de prevención en piscinas, gimnasios y duchas
La prevención del pie de atleta depende principalmente de reducir la humedad persistente y limitar el contacto con superficies potencialmente contaminadas.
Los especialistas recomiendan lavar los pies regularmente y secarlos cuidadosamente, prestando especial atención a los espacios entre los dedos. También aconsejan utilizar sandalias o chanclas en duchas colectivas, piscinas, gimnasios y vestuarios.
El calzado transpirable favorece la evaporación del sudor. Cuando se utilizan zapatos deportivos durante muchas horas, resulta conveniente alternarlos para permitir que se sequen completamente antes de volver a utilizarlos.
Los calcetines deben cambiarse cuando estén húmedos y es preferible no compartir toallas, calzado ni instrumentos de pedicura.
La revisión periódica de la piel y las uñas es especialmente importante para quienes presentan diabetes, alteraciones circulatorias, problemas de sensibilidad o antecedentes de infecciones fúngicas recurrentes.
Estas recomendaciones forman parte de las medidas generales de cuidado de la piel y prevención de complicaciones dermatológicas, aunque cada enfermedad cutánea requiere un abordaje específico.
Qué tratamientos se utilizan contra el pie de atleta
Las infecciones superficiales no complicadas suelen tratarse mediante medicamentos antifúngicos tópicos, disponibles en diferentes presentaciones como cremas, geles, soluciones o aerosoles.
Entre los principios activos utilizados se encuentran la terbinafina y el clotrimazol. La elección depende de la localización de las lesiones, la extensión de la infección, las características del paciente y las recomendaciones del profesional sanitario.
Es importante respetar la duración indicada para cada tratamiento, incluso cuando la picazón o el enrojecimiento comienzan a disminuir. Interrumpir prematuramente la aplicación puede favorecer la persistencia de la infección.
Cuando existen lesiones extensas, recaídas frecuentes, afectación ungueal importante o falta de respuesta al tratamiento inicial, puede ser necesaria una evaluación dermatológica y, en determinadas circunstancias, el uso de antifúngicos orales bajo supervisión médica.
Los medicamentos que contienen únicamente corticoides no deben utilizarse por iniciativa propia para tratar una infección sospechosa por dermatofitos, porque pueden modificar su apariencia y dificultar el diagnóstico.
Cuándo es necesario acudir al médico
La mayoría de los casos de pie de atleta puede controlarse con medidas de higiene y tratamiento antifúngico apropiado. Sin embargo, determinadas manifestaciones requieren valoración profesional.
Entre ellas se encuentran el dolor intenso, la inflamación progresiva, la aparición de secreciones, el enrojecimiento que se extiende rápidamente o la presencia de fiebre, circunstancias que pueden indicar una infección bacteriana asociada u otra complicación.
Las personas con diabetes, inmunosupresión o problemas circulatorios deben consultar oportunamente ante lesiones sospechosas, debido a su mayor vulnerabilidad frente a determinadas complicaciones.
También conviene solicitar atención médica cuando las lesiones no mejoran después de un tratamiento correctamente utilizado, cuando reaparecen repetidamente o cuando existen dudas sobre la causa de los síntomas.
La prevención continua resulta relevante incluso después de superar la infección. Mantener los pies secos, utilizar calzado adecuado y evitar la exposición repetida a superficies contaminadas ayuda a disminuir la posibilidad de nuevas infecciones.
Fuentes referenciales:
Salud y Medicina – Información sobre el pie de atleta y las medidas de prevención, 29 de octubre de 2026
Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) – Athlete’s foot
Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) – Información sobre infecciones por dermatofitos

