Nueve de cada diez pacientes con señales previas desconocían su posible relación con la leucemia linfocítica crónica, una enfermedad frecuente entre los adultos mayores
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.
La leucemia linfocítica crónica (LLC), uno de los tipos de leucemia más comunes en adultos, puede avanzar durante años sin causar manifestaciones claras. Una encuesta internacional mostró que el 89% de los pacientes que habían experimentado síntomas antes del diagnóstico desconocía que esas señales podían estar relacionadas con una enfermedad de la sangre.
Los resultados adquieren especial relevancia este 1 de septiembre de 2026, Día Mundial de la Leucemia Linfocítica Crónica. La fecha busca mejorar el conocimiento sobre un cáncer que afecta principalmente a personas mayores y que, con frecuencia, se identifica de manera fortuita durante un hemograma o un control médico rutinario.
La LLC comienza en formas tempranas de los linfocitos, un tipo de glóbulo blanco producido en la médula ósea. Las células anormales se acumulan progresivamente y pasan a la sangre, aunque la evolución puede ser muy diferente entre pacientes.
Fatiga, ganglios inflamados y sudoración nocturna
La encuesta, publicada en Frontiers in Hematology, recopiló las experiencias de 846 personas con leucemia linfocítica crónica en más de diez países. El 69% señaló haber presentado algún síntoma antes de conocer el diagnóstico, pero la mayoría no lo interpretó como una posible manifestación de leucemia.
La fatiga fue la señal comunicada con mayor frecuencia y afectó al 40% de los participantes. Le siguieron la inflamación de los ganglios linfáticos, mencionada por el 27%, y la fiebre o la sudoración nocturna, registradas por el 19%.
También pueden aparecer pérdida involuntaria de peso, infecciones recurrentes y molestias en la parte superior izquierda del abdomen asociadas con el agrandamiento del bazo. Ninguna de estas manifestaciones confirma por sí sola una leucemia, ya que puede obedecer a numerosas causas, pero su persistencia requiere una evaluación médica.
Fernando Piotrowski, paciente con leucemia y director ejecutivo de la Asociación Leucemia Mieloide Argentina (ALMA), explicó que el cansancio, la transpiración nocturna y los ganglios inflamados son señales inespecíficas. Por ello, consideró necesario informar sin generar alarma y facilitar la consulta oportuna con un hematólogo cuando los hallazgos clínicos lo justifiquen.
El hemograma descubre gran parte de los casos
El 71% de los diagnósticos incluidos en la encuesta surgió de un análisis de sangre o de un control de salud rutinario, en lugar de una consulta motivada por un síntoma determinado. Este dato refleja la naturaleza silenciosa de la enfermedad durante sus primeras etapas.
El proceso diagnóstico suele incluir un examen físico para comprobar si existen ganglios inflamados o un aumento del tamaño del bazo. El hemograma completo permite contar y diferenciar las células sanguíneas; una elevación de los linfocitos B puede constituir la primera señal que motive estudios hematológicos específicos.
El uso de la sangre como fuente de información clínica continúa ampliándose en oncología. Distintas investigaciones exploran análisis capaces de detectar múltiples tipos de cáncer y métodos orientados a identificar tumores en etapas tempranas, aunque estas tecnologías no sustituyen las pruebas diagnósticas establecidas para la LLC.
La vigilancia activa no significa abandonar al paciente
El 84% de los participantes atravesó alguna vez una etapa de vigilancia activa. Este abordaje consiste en efectuar controles periódicos sin administrar tratamiento mientras la enfermedad permanezca estable y no existan signos que indiquen progresión.
A diferencia de las leucemias agudas, la LLC puede evolucionar lentamente y mantenerse sin síntomas durante años. Iniciar medicación de inmediato no aporta necesariamente un beneficio a todos los pacientes, por lo que el seguimiento clínico constituye una conducta médica establecida y no una falta de atención.
Sin embargo, la espera puede producir ansiedad. Una cuarta parte de las personas que pasó por vigilancia activa afirmó haberse sentido muy preocupada. Piotrowski destacó que explicar qué parámetros se controlarán y qué cambios justificarían el tratamiento ayuda a disminuir la incertidumbre.
Las alteraciones genéticas orientan el pronóstico
Los especialistas consideran el estadio clínico y las características moleculares de las células cancerosas para evaluar el comportamiento de la LLC. Alteraciones como la deleción de una parte del cromosoma 17 o una mutación en el gen TP53 pueden asociarse con un crecimiento más rápido y una respuesta diferente a determinadas terapias.
En el estadio 0 existe un exceso de linfocitos en la sangre sin otras manifestaciones. En etapas posteriores pueden aparecer ganglios agrandados, aumento del tamaño del hígado o el bazo, anemia por disminución de glóbulos rojos y trombocitopenia por un recuento bajo de plaquetas.
La investigación molecular también intenta comprender otros cánceres hematológicos. Un estudio reseñado por Mundo de la Salud identificó el mecanismo que permite al virus HTLV-1 permanecer latente, hallazgo relacionado con la leucemia o linfoma de células T del adulto, una enfermedad distinta de la LLC.
Tratamientos dirigidos y esquemas sin quimioterapia
Las opciones terapéuticas para la leucemia linfocítica crónica cambiaron considerablemente con la incorporación de medicamentos dirigidos contra componentes específicos de las células malignas. Entre ellos figuran los inhibidores de tirosina-cinasas y los fármacos que bloquean la proteína BCL2.
Las guías actualizadas en 2026 por la Asociación Europea de Hematología priorizan los tratamientos dirigidos cuando están disponibles. Para determinados pacientes, estos avances permiten utilizar esquemas de duración definida y libres de quimioterapia, seleccionados según el estadio, las alteraciones genéticas, la edad y el estado general de salud.
Cuando las terapias dirigidas no están disponibles o no son toleradas, la combinación de quimioterapia e inmunoterapia conserva un papel clínico. En situaciones seleccionadas también pueden considerarse el trasplante de médula ósea o la terapia CAR-T, aunque no constituyen opciones rutinarias para todas las personas con LLC.
El desarrollo de tratamientos más selectivos alcanza distintos tipos de leucemia. Por ejemplo, científicos han trabajado en una versión rediseñada de la asparaginasa para reducir su toxicidad, investigación enfocada principalmente en la leucemia linfoblástica aguda y todavía diferente del abordaje de la LLC.
Información y acceso oportuno a la atención
Reconocer las señales no implica que todas las personas con cansancio, fiebre o ganglios inflamados deban sospechar una leucemia. La importancia sanitaria reside en consultar cuando las manifestaciones sean persistentes, se presenten en conjunto o se acompañen de alteraciones en un análisis de sangre.
Las organizaciones de pacientes advierten que el temor al diagnóstico, las dificultades para acceder a hematólogos y las demoras en la cobertura de estudios o tratamientos innovadores continúan condicionando la atención. La educación sobre la vigilancia activa y las alternativas terapéuticas puede ayudar a que cada paciente comprenda mejor las decisiones de su equipo médico.
Fuentes referenciales:
Infobae
Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos
Manual MSD
