Estado de la Salud Global

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RespiratoriasVigilancia estacional activaLa circulación de influenza, COVID-19 y otros virus respiratorios continúa bajo seguimiento internacional.
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VacunaciónBrechas persistentesLa recuperación de las coberturas avanza de forma desigual y mantiene comunidades expuestas a enfermedades prevenibles.
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Salud mentalDemanda asistencial elevadaLos sistemas sanitarios refuerzan la integración de apoyo psicológico y atención comunitaria en servicios generales.
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NutriciónDoble carga nutricionalDesnutrición, anemia, obesidad y dietas de baja calidad continúan coexistiendo en numerosos países.
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CrónicasMayor acceso, cobertura insuficienteSe amplía la atención de enfermedades no transmisibles, aunque persisten desigualdades diagnósticas y terapéuticas.
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AlertasBrotes bajo seguimientoÉbola, sarampión, dengue, cólera, hantavirus e influenza aviar concentran parte de la vigilancia epidemiológica.
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InvestigaciónInnovación con evaluación reforzadaLa inteligencia artificial médica avanza junto con mayores exigencias de validación, transparencia y seguimiento real.

Seis hábitos que ayudan a proteger la salud cerebral


Especialistas de INECO explicaron cómo el aprendizaje, el descanso, la actividad física, los vínculos y el bienestar emocional contribuyen al funcionamiento del cerebro durante toda la vida


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.


La salud cerebral no consiste únicamente en prevenir enfermedades neurológicas. También implica conservar la capacidad de pensar, aprender, recordar, regular las emociones, tomar decisiones y mantener la autonomía desde la infancia hasta la vejez.

En el marco del Día Mundial del Cerebro, especialistas del Grupo INECO destacaron que el bienestar cerebral se construye mediante hábitos cotidianos y entornos que favorezcan el desarrollo cognitivo, emocional y social.

Los expertos señalaron que el cuidado debe comenzar antes de que aparezcan síntomas de una enfermedad. La calidad del sueño, la actividad física, la alimentación, los vínculos sociales, el aprendizaje y las condiciones de los espacios donde las personas viven y trabajan influyen sobre el funcionamiento cerebral.

Este enfoque coincide con la evidencia que relaciona una combinación de hábitos saludables con un menor riesgo de deterioro cognitivo, aunque ninguna conducta aislada garantiza la prevención absoluta de enfermedades como la demencia.

El desarrollo cerebral comienza en la infancia

Los primeros años de vida constituyen una etapa decisiva para el cerebro. Durante ese período se establecen bases que influyen sobre las capacidades cognitivas, emocionales, sociales y de autorregulación que acompañarán a la persona en etapas posteriores.

La doctora Andrea Abadi, directora del Departamento Infanto Juvenil de INECO, explicó que el juego, los vínculos, la calidad del sueño, la actividad física, la alimentación y las oportunidades de aprendizaje contribuyen al desarrollo de esas capacidades.

Entre los factores protectores durante la infancia figuran el juego con otros niños, el movimiento al aire libre, un descanso adecuado para cada edad, relaciones seguras y predecibles con adultos y experiencias educativas positivas.

La especialista destacó que la salud cerebral no comienza a construirse en la edad adulta. Las experiencias tempranas crean una base sobre la que posteriormente se desarrollan la memoria, el aprendizaje, la gestión emocional y las habilidades sociales.

El aprendizaje continuo mantiene activo el cerebro

Uno de los hábitos centrales es sostener el aprendizaje durante toda la vida. Incorporar conocimientos y afrontar desafíos diferentes favorece la plasticidad cerebral y fortalece las conexiones neuronales.

Aprender un idioma, tocar un instrumento, leer, estudiar una disciplina o desarrollar una habilidad nueva son actividades que estimulan distintas funciones cognitivas y ayudan a mantener el cerebro activo.

La estimulación no tiene que limitarse a ejercicios formales. Las actividades que exigen atención, memoria, planificación, creatividad o resolución de problemas también representan desafíos para el funcionamiento cerebral.

La importancia de combinar actividad mental con movimiento, nutrición adecuada y vida social también aparece en estudios sobre estrategias para conservar la agilidad mental durante el envejecimiento.

Dormir bien y atender la salud emocional

El descanso y el bienestar emocional forman otro pilar del cuidado cerebral. Dormir mal de forma persistente puede afectar la atención, la memoria, la regulación emocional y la capacidad para tomar decisiones.

La ansiedad, la depresión y el estrés sostenido también pueden producir efectos concretos sobre el funcionamiento del cerebro. Los especialistas recomiendan consultar cuando estos síntomas persisten o comienzan a interferir con las actividades cotidianas.

El doctor Guido Dorman, jefe del Departamento de Neurología Cognitiva de INECO, subrayó que la salud mental forma parte de la salud cerebral y no debe abordarse como un elemento separado.

Esto implica reconocer que descansar adecuadamente, gestionar el estrés y recibir atención ante un cuadro depresivo o ansioso son medidas de cuidado cerebral, además de intervenciones dirigidas al bienestar psicológico.

La actividad física protege el cerebro y el sistema cardiovascular

La práctica regular de actividad física beneficia la circulación, el metabolismo y la salud cardiovascular, factores estrechamente relacionados con el funcionamiento del cerebro.

El movimiento también contribuye a preservar la autonomía y puede formar parte de estrategias destinadas a reducir factores asociados con el deterioro cognitivo. La actividad debe adaptarse a la edad, el estado de salud y la capacidad funcional de cada persona.

Los especialistas no plantean la necesidad de realizar entrenamientos extremos. Caminar, nadar, montar bicicleta, bailar o participar en actividades deportivas pueden incorporarse de manera progresiva y sostenida.

La relación entre ejercicio y rendimiento cerebral también se observa en los hábitos que fortalecen la agilidad mental, debido a que el movimiento favorece el flujo de oxígeno y nutrientes hacia el cerebro.

La alimentación y el control de riesgos cardiovasculares

Una alimentación equilibrada constituye otro componente del cuidado cerebral. La calidad de los alimentos influye tanto sobre la salud metabólica y cardiovascular como sobre procesos vinculados con la memoria y otras funciones cognitivas.

El control de la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado y el tabaquismo resulta especialmente relevante. Estos factores pueden afectar los vasos sanguíneos y aumentar la exposición del cerebro a daños acumulativos.

No existe un alimento capaz de proteger por sí solo la memoria. La recomendación es mantener un patrón alimentario variado y equilibrado como parte de un estilo de vida que también incluya descanso, ejercicio y actividad social.

Algunos nutrientes participan en el funcionamiento neuronal, pero deben incorporarse dentro de una alimentación completa. Un análisis sobre alimentación, memoria y salud cerebral destaca el papel de las proteínas, las grasas saludables, los antioxidantes y determinadas vitaminas.

Los vínculos sociales también estimulan el cerebro

Las relaciones sociales significativas tienen un impacto favorable sobre el bienestar mental y cerebral. Conversar, compartir actividades, recibir apoyo emocional y mantener un sentido de pertenencia estimulan capacidades cognitivas y ayudan a afrontar situaciones de estrés.

El cuidado de los vínculos incluye la vida familiar y comunitaria, pero también los entornos educativos y laborales. Los espacios que facilitan la concentración, el aprendizaje, el descanso y una interacción respetuosa pueden favorecer el bienestar.

La doctora María Roca, directora de INECO Organizaciones, señaló que las instituciones y empresas pueden contribuir a la salud cerebral o deteriorarla según la manera en que organizan el trabajo.

La especialista indicó que seis de las diez habilidades consideradas relevantes para el futuro están relacionadas con funciones cerebrales. Por ello, revisar las condiciones laborales también forma parte de una estrategia integral de prevención.

Los seis pilares deben funcionar de manera combinada

Las recomendaciones de INECO pueden resumirse en seis componentes relacionados entre sí: aprendizaje continuo, salud mental y descanso, actividad física, alimentación y control cardiovascular, relaciones sociales, y construcción de hábitos protectores desde la infancia.

Ninguno de estos elementos actúa de manera completamente aislada. Dormir bien puede favorecer el aprendizaje y la regulación emocional; la actividad física beneficia el sistema cardiovascular; y los vínculos sociales aportan estimulación cognitiva y contención.

La salud cerebral se fortalece mediante decisiones repetidas y condiciones ambientales que permiten sostenerlas. Por esa razón, no debe considerarse un objetivo reservado a personas mayores ni exclusivamente vinculado con la prevención de enfermedades neurológicas.

Tampoco existe una edad límite para comenzar. Los hábitos protectores pueden establecerse desde la infancia, pero las personas adultas también pueden incorporar cambios que favorezcan su funcionamiento cerebral y su calidad de vida.

Una encuesta estudia la salud cerebral en Argentina

Investigadores del Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional, vinculado al CONICET, y de la Universidad Católica de Cuyo desarrollaron la Encuesta Federal de Salud Cerebral.

La iniciativa busca conocer el estado de la salud cerebral de la población argentina e identificar los factores relacionados con su bienestar.

El relevamiento analiza dimensiones como el sueño, la actividad física, la alimentación, los vínculos sociales y la actividad cognitiva. La encuesta está abierta a la comunidad y puede completarse por internet.

Los datos permitirán estudiar cómo interactúan estos pilares en diferentes grupos de la población. La propuesta parte de que cuidar el cerebro requiere atender simultáneamente los hábitos personales, el bienestar emocional y los entornos familiares, educativos, comunitarios y laborales.

Fuente(s) referenciales

Infobae