Un estudio de la Universidad de Stanford siguió el desarrollo embrionario de distintas regiones cerebrales y reprodujo una de esas rutas con células madre humanas
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Investigadores de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, identificaron dos grupos de células embrionarias que contribuyen a formar regiones diferentes del cerebro. El trabajo, publicado el 18 de septiembre de 2026 en Nature Neuroscience, propone revisar la idea de que todas esas regiones proceden de una única población inicial de células nerviosas.
Una de las poblaciones estudiadas da origen al prosencéfalo y al mesencéfalo, regiones anteriores relacionadas con funciones como el pensamiento y el procesamiento de información. La otra contribuye al rombencéfalo, una región posterior que comprende estructuras implicadas en funciones vitales, entre ellas el control de la respiración y del ritmo cardíaco. Esto no significa que existan dos cerebros separados: las regiones forman parte de un sistema conectado.
Dos rutas celulares desde las primeras etapas del embrión
El equipo siguió el destino de células en embriones de ratón y encontró que los dos grupos de precursores aparecen en paralelo durante la gastrulación, una etapa temprana del desarrollo. Después, al trabajar con células madre pluripotentes humanas, observó que las células obtenidas seguían trayectorias distintas hacia identidades anteriores o posteriores. También detectó diferencias en la organización de su cromatina, asociadas con los destinos que adoptarían más adelante.
El resultado pone el foco en cómo se establece la identidad de cada región antes de que maduren sus circuitos. Otros trabajos sobre la función del gen OTP en el cerebro y la regulación del hambre muestran, desde una pregunta de investigación diferente, que los programas genéticos del desarrollo pueden seguir siendo relevantes para estudiar funciones nerviosas posteriores.
Células madre para estudiar el rombencéfalo
Al reproducir en el laboratorio la ruta de desarrollo posterior, los investigadores obtuvieron neuronas motoras correspondientes a dos segmentos específicos del rombencéfalo, denominados rombómeros 5 y 6. Conseguir células con una identidad regional precisa puede ayudar a estudiar cómo se forman ciertos circuitos y qué ocurre cuando su desarrollo se altera.
Se trata de una línea de investigación distinta de los estudios con organoides cerebrales sobre el desarrollo de las neuronas. Ambos enfoques recurren a células humanas cultivadas para examinar procesos difíciles de observar directamente durante la formación del cerebro.
Una hipótesis evolutiva con posibles aplicaciones médicas
Los autores plantean que la separación entre precursores anteriores y posteriores podría tener raíces evolutivas antiguas. Presentan esa interpretación como una hipótesis apoyada por sus resultados y por comparaciones entre especies; el estudio no demuestra que el cerebro humano contenga dos órganos independientes ni establece de forma definitiva que evolucionaron por separado.
La producción de neuronas con una identidad concreta también podría facilitar futuros modelos de enfermedades que afectan a las neuronas motoras. Por ahora, el hallazgo corresponde a investigación embrionaria y de laboratorio: no es un tratamiento. En otro ámbito de la investigación neurológica se estudia el uso de células madre para la regeneración cerebral tras un ictus, una aplicación diferente que igualmente requiere evaluar con cuidado sus resultados clínicos.
Fuentes referenciales:
Infobae
Nature Neuroscience
Stanford Medicine
