La OMS estima que afecta a 50 millones de personas; cerca del 80 % vive en países de ingresos bajos y medianos, donde el acceso al tratamiento es desigual.
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
La epilepsia afecta a unos 50 millones de personas en el mundo y plantea un desafío de salud pública especialmente intenso en los países con menos recursos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que cerca del 80 % de quienes viven con esta enfermedad reside en países de ingresos bajos y medianos. Allí, la atención puede verse limitada tanto por las causas prevenibles de algunos casos como por las dificultades para obtener un diagnóstico y mantener el tratamiento.
La cifra mundial describe a personas que viven con epilepsia, pero no significa que la enfermedad tenga la misma frecuencia en todos los países. Tampoco equivale al número de diagnósticos nuevos: la OMS estima que cada año se diagnostica a unos cinco millones de personas. En los países de ingresos altos calcula 49 diagnósticos anuales por cada 100 000 habitantes; en los de ingresos bajos y medianos, la cifra puede llegar a 139.
Qué puede explicar las diferencias entre países
La OMS señala varios factores que probablemente contribuyen a esa diferencia: una mayor exposición a enfermedades como el paludismo y la neurocisticercosis, lesiones de tránsito y traumatismos relacionados con el parto. También influyen las diferencias en prevención, infraestructura sanitaria y acceso a la atención. Estas cifras deben leerse con cuidado: comparar diagnósticos anuales no es lo mismo que comparar cuántas personas viven con epilepsia en un momento dado.
La enfermedad puede tener causas genéticas, estructurales, infecciosas o metabólicas, aunque en muchos casos no se identifica una causa concreta. Sus manifestaciones también varían. Algunas crisis incluyen movimientos involuntarios evidentes; otras producen una breve alteración de la conciencia, como ocurre en las epilepsias de ausencia y sus síntomas. Una convulsión aislada, por sí sola, no establece un diagnóstico de epilepsia.
El tratamiento disponible no llega a todos los pacientes
La desigualdad más clara aparece en la atención. La OMS estima que alrededor de tres cuartas partes de las personas con epilepsia en países de ingresos bajos no reciben el tratamiento que necesitan. Al mismo tiempo, calcula que hasta el 70 % de los pacientes podría vivir sin convulsiones con un diagnóstico y un tratamiento adecuados. Son estimaciones sobre el potencial de la atención, no una garantía de respuesta para cada persona.
La disponibilidad de medicamentos es parte del problema. Según la OMS, en países de ingresos bajos y medianos la disponibilidad media de fármacos genéricos contra la epilepsia en el sector público era inferior al 50 % en el estudio que recoge su ficha informativa. Formar al personal de atención primaria para reconocer y tratar la enfermedad puede ayudar a reducir esa brecha, especialmente donde el acceso a especialistas es limitado.
Reconocer las crisis también importa para orientar la atención. No todas las convulsiones se deben a epilepsia, y sus señales pueden incluir cambios en los movimientos, las sensaciones o la conciencia. La información sobre los síntomas de una convulsión y cuándo buscar ayuda urgente ofrece contexto para distinguir una situación que requiere valoración médica inmediata.
Una carga que va más allá de las convulsiones
La epilepsia puede afectar la seguridad, el aprendizaje y la vida cotidiana. La OMS advierte de un mayor riesgo de lesiones y de problemas psicosociales entre quienes viven con la enfermedad, además del estigma que afrontan muchos pacientes y sus familias. En el continente americano, el análisis de la carga de los trastornos neurológicos muestra por qué los sistemas sanitarios necesitan sostener el diagnóstico y los cuidados a lo largo del tiempo.
La investigación también examina efectos menos visibles. Un estudio sobre epilepsia, sueño y memoria motora observó en un grupo pequeño de pacientes que ciertas descargas cerebrales durante el descanso podían interferir con señales relacionadas con la consolidación de recuerdos. El hallazgo no permite atribuir dificultades de memoria a todas las personas con epilepsia, pero ilustra por qué el seguimiento clínico debe atender más que la frecuencia de las crisis.
Reducir la carga de la enfermedad exige abordar ambos lados de la brecha: prevenir causas evitables, como determinadas lesiones e infecciones, y facilitar que las personas diagnosticadas reciban atención y medicamentos de forma continuada.
Fuentes referenciales:
The Conversation
Organización Mundial de la Salud: epilepsia
