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El dengue amplía su mapa de riesgo fuera de los trópicos


El calentamiento global, la urbanización y la movilidad humana favorecen la llegada del virus a nuevos territorios y obligan a reforzar la prevención


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz


El dengue ha dejado de ser una amenaza limitada a las regiones tropicales. El aumento de las temperaturas, los cambios en las lluvias, el crecimiento urbano desordenado y los desplazamientos humanos están facilitando que los mosquitos transmisores y el virus alcancen territorios donde anteriormente no circulaban o solo aparecían de manera excepcional.

La expansión representa un desafío para los sistemas sanitarios porque introduce el riesgo de transmisión en comunidades con poca experiencia frente a la enfermedad. También exige mejorar la vigilancia epidemiológica, reconocer con rapidez los casos importados y actuar antes de que el virus encuentre poblaciones locales de mosquitos capaces de mantener el contagio.

Entre enero y julio de 2026 se notificaron más de 1,5 millones de casos y más de 500 muertes en más de 90 países y territorios, según datos citados por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades. Aunque la carga no se distribuye de manera uniforme, las cifras muestran que el dengue mantiene una presencia internacional considerable.

Temperaturas favorables amplían el territorio de los mosquitos

El virus se transmite principalmente mediante la picadura de mosquitos hembra de Aedes aegypti infectados. Aedes albopictus, conocido como mosquito tigre, también puede participar en la transmisión y posee una mayor capacidad para tolerar determinadas condiciones templadas.

Las temperaturas cálidas influyen en la supervivencia del mosquito, la velocidad de reproducción y el tiempo que necesita el virus para desarrollarse dentro del insecto. Cuando las condiciones ambientales son adecuadas, los vectores pueden permanecer activos durante temporadas más prolongadas y establecerse en latitudes donde el frío limitaba anteriormente su presencia.

El calentamiento global no actúa de forma aislada. La humedad, las precipitaciones, la disponibilidad de pequeños depósitos de agua, la densidad poblacional y la calidad de las medidas de control determinan si un territorio ambientalmente favorable llega a experimentar transmisión local.

Una investigación publicada en Nature Communications estimó que 5.660 millones de personas viven en áreas ambientalmente aptas para el dengue, el chikungunya y el zika. El modelo también identificó expansiones recientes hacia latitudes más altas, aunque la aptitud ambiental no significa que todas esas personas estén expuestas al mismo nivel de riesgo ni que exista circulación activa en cada lugar.

La situación coincide con la expansión de otras enfermedades transmitidas por los mismos vectores. Los estudios sobre cómo el chikungunya encuentra condiciones favorables en regiones templadas muestran que el clima, la presencia de mosquitos y la llegada de viajeros infectados pueden combinarse para facilitar brotes locales.

La movilidad humana conecta zonas con distinta transmisión

Los mosquitos suelen desplazarse a distancias limitadas, pero las personas pueden transportar el virus entre ciudades, países y continentes durante el periodo en que este circula en la sangre. Si un viajero infectado llega a una localidad donde existen vectores competentes, un mosquito puede adquirir el virus al picarlo y transmitirlo posteriormente a otras personas.

Este proceso ayuda a explicar por qué la movilidad internacional y los desplazamientos cotidianos influyen en la aparición de casos fuera de las áreas tradicionalmente endémicas. Sin embargo, la llegada de una persona infectada no provoca automáticamente un brote: también deben coincidir mosquitos abundantes, condiciones meteorológicas favorables y oportunidades suficientes de contacto con la población.

Europa ha registrado episodios de transmisión local en años recientes, incluidos casos en Francia, Italia y España. Estos antecedentes han llevado a reforzar el seguimiento del mosquito tigre, la investigación de infecciones relacionadas con viajes y la coordinación entre laboratorios, servicios médicos y autoridades de control vectorial.

Las Américas presentan un descenso general con focos activos

La situación regional de 2026 muestra una reducción frente a los niveles extraordinarios alcanzados durante las epidemias anteriores. Hasta la semana epidemiológica 29, correspondiente al periodo del 19 al 25 de julio, la Organización Panamericana de la Salud había contabilizado 1.470.237 casos sospechosos en las Américas, con una incidencia acumulada de 142 casos por cada 100.000 habitantes.

La cifra representaba una disminución del 60 % respecto al mismo periodo de 2025 y del 66 % frente al promedio de los cinco años anteriores. Este descenso regional no elimina el riesgo, ya que países como Costa Rica, Honduras, El Salvador y Ecuador habían presentado aumentos recientes en sus notificaciones.

El seguimiento territorial continúa siendo indispensable. La información sobre la distribución de los casos de dengue en Costa Rica evidencia que la incidencia puede variar considerablemente entre provincias y comunidades, incluso cuando el balance regional muestra una tendencia descendente.

Otro factor de vigilancia es la circulación simultánea de diferentes serotipos del virus. Una infección proporciona protección prolongada frente al serotipo que la causó, pero no garantiza inmunidad contra los demás. Las infecciones posteriores por otro serotipo pueden aumentar el riesgo de desarrollar formas graves de la enfermedad.

Eliminar los criaderos requiere una acción sostenida

La prevención comienza con la reducción de los lugares donde los mosquitos depositan sus huevos. Baldes, neumáticos, macetas, bebederos, botellas, canaletas obstruidas y depósitos sin tapa pueden retener suficiente agua para sostener el ciclo reproductivo de Aedes aegypti.

No siempre basta con vaciar los recipientes. Los huevos pueden quedar adheridos a sus paredes y sobrevivir durante periodos secos, por lo que es necesario cepillar las superficies internas, mantener los depósitos cubiertos y retirar los objetos que puedan volver a acumular agua de lluvia.

Las intervenciones deben abarcar viviendas, escuelas, comercios, centros de trabajo, terrenos y espacios públicos. La acción aislada de una familia pierde eficacia cuando permanecen criaderos activos en propiedades cercanas. Por esa razón, las autoridades sanitarias consideran esencial la participación comunitaria y la continuidad de las inspecciones.

El uso de repelentes autorizados, ropa que cubra brazos y piernas, mosquiteros y mallas en puertas y ventanas puede disminuir la exposición a las picaduras. Estas medidas son especialmente relevantes durante el día, cuando los principales mosquitos transmisores del dengue mantienen una actividad elevada.

Vigilancia clínica y señales que requieren atención

El dengue puede provocar fiebre, dolor de cabeza, molestias detrás de los ojos, dolores musculares y articulares, náuseas, vómitos y erupciones cutáneas. Aunque muchas personas se recuperan con seguimiento e hidratación adecuados, algunos pacientes desarrollan complicaciones después de que comienza a disminuir la fiebre.

El dolor abdominal intenso, los vómitos persistentes, el sangrado, la dificultad respiratoria, la somnolencia marcada, la irritabilidad o la debilidad extrema requieren una evaluación médica urgente. El diagnóstico oportuno y el control de los signos de alarma ayudan a reducir el riesgo de progresión hacia dengue grave.

No existe un antiviral específico para tratar la infección. La Organización Mundial de la Salud recomienda reposo, hidratación y atención médica cuando sea necesaria. El ácido acetilsalicílico, el ibuprofeno y otros antiinflamatorios pueden aumentar el riesgo de hemorragia, por lo que no deben utilizarse por cuenta propia ante una sospecha de dengue.

Nuevas herramientas complementan el control tradicional

La vacunación y las estrategias biológicas amplían las opciones disponibles, pero sus indicaciones dependen de la edad, los antecedentes de infección, la situación epidemiológica y las decisiones regulatorias de cada país. Ninguna de estas herramientas sustituye la eliminación de criaderos, la vigilancia de los casos y la protección frente a las picaduras.

Una de las estrategias complementarias consiste en liberar mosquitos Aedes aegypti portadores de Wolbachia, una bacteria que reduce su capacidad para transmitir determinados virus. Los resultados obtenidos en algunas ciudades han sido favorables, aunque la expansión de los mosquitos con Wolbachia en Brasil todavía enfrenta desafíos logísticos, técnicos y financieros.

La respuesta más efectiva exige combinar vigilancia epidemiológica, diagnóstico rápido, atención clínica, control ambiental, comunicación pública y participación comunitaria. Frente a un dengue que amplía su alcance geográfico, anticipar las condiciones de transmisión resulta tan importante como actuar cuando los casos ya han comenzado a aumentar.

Fuentes referenciales:
Infobae
Organización Mundial de la Salud
Nature Communications