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El párkinson cuesta 22.800 millones de euros anuales a Europa

Crédito: Pixabay/CC0 Dominio público

El análisis estimó que 2,2 millones de adultos vivían con la enfermedad en 2019 y atribuyó el 19 % de la carga económica al cuidado no remunerado


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Javier Morales O.


La enfermedad de Parkinson generó un coste social anual de 22.800 millones de euros en Europa durante 2019, según un análisis publicado en la revista Movement Disorders. La cifra equivaldría a 28.800 millones de euros expresados en precios de 2025 y refleja la presión combinada sobre los sistemas sanitarios, los servicios sociales, las familias y el empleo.

La investigación estimó que aproximadamente 2,2 millones de adultos vivían con párkinson en 47 países europeos en 2019. El trabajo forma parte de la iniciativa Cost of Illness in Neurology in Europe, conocida como COIN-Eu y dirigida por la Academia Europea de Neurología.

Los autores advirtieron que la carga probablemente aumentará a medida que crezca la población afectada. La planificación sanitaria tendrá que considerar no solo consultas, hospitalizaciones y medicamentos, sino también rehabilitación, asistencia social, adaptaciones domésticas y apoyo para los cuidadores.

Los costes asistenciales concentraron el 76 % del total

De los 22.800 millones de euros calculados, 17.300 millones correspondieron a costes médicos y no médicos directos. Este apartado, equivalente al 76 % de la carga total, incluyó atención hospitalaria, medicamentos, cuidados sociales y modificaciones necesarias para conservar la seguridad y la autonomía dentro del hogar.

Otros 4.400 millones de euros, el 19 % del total, se relacionaron con el cuidado informal proporcionado sin remuneración por familiares, amistades y otras personas del entorno. Los costes indirectos derivados principalmente de la pérdida de productividad alcanzaron aproximadamente 1.000 millones de euros.

La distribución muestra que el impacto de la enfermedad no queda limitado a los presupuestos sanitarios. Cuando una persona pierde autonomía, las necesidades pueden extenderse a la supervisión cotidiana, la movilidad, la preparación de alimentos, la gestión de medicamentos y la asistencia durante actividades básicas.

El tratamiento también exige ajustes individualizados conforme cambian los síntomas. Una de las innovaciones recientes es un parche que mide la levodopa mediante el sudor, tecnología experimental orientada a mejorar el seguimiento de uno de los medicamentos más utilizados para controlar las alteraciones motoras.

Alemania y Francia registraron los mayores costes

Alemania encabezó la estimación nacional con 5.700 millones de euros, seguida por Francia, con 5.300 millones. Italia alcanzó 2.600 millones; España, 1.900 millones; y el Reino Unido, 1.600 millones.

En conjunto, estos cinco países concentraron alrededor del 75 % de la carga económica calculada para Europa. Los investigadores señalaron que esa distribución no responde a un solo factor.

Entre las posibles explicaciones se encuentran el tamaño de sus poblaciones, una mayor prevalencia asociada con la edad, el coste más elevado de la atención en los países de mayores ingresos y la existencia de información más completa para realizar los cálculos.

Las diferencias también pueden reflejar cómo se organiza y financia la atención. Dos países con un número semejante de pacientes pueden registrar costes distintos si varían el acceso a especialistas, la utilización de hospitales, la cobertura de medicamentos, los servicios domiciliarios o la disponibilidad de centros de larga estancia.

La prevalencia casi se duplicó desde 1990

El análisis indicó que la prevalencia del párkinson en Europa aumentó desde 135 hasta 247 casos por cada 100.000 habitantes entre 1990 y 2019. El envejecimiento demográfico constituye una de las principales razones, aunque también influyen el reconocimiento de los síntomas y las mejoras en el diagnóstico.

La enfermedad de Parkinson es el segundo trastorno neurodegenerativo más frecuente del mundo y uno de los que crecen con mayor rapidez. Se caracteriza por la pérdida progresiva de neuronas relacionadas con la producción de dopamina, un neurotransmisor esencial para el control del movimiento.

Los síntomas más conocidos comprenden temblor, lentitud, rigidez e inestabilidad postural, pero la enfermedad también puede producir trastornos del sueño, alteraciones digestivas, ansiedad, depresión, dolor y deterioro cognitivo. Esta combinación incrementa la complejidad y el coste de la atención conforme avanza el cuadro.

La investigación científica intenta detectar la enfermedad antes y personalizar su manejo. Los estudios sobre biomarcadores y nuevas terapias contra el párkinson buscan identificar cambios biológicos tempranos y desarrollar intervenciones que superen el control temporal de los síntomas.

Otra línea analiza la susceptibilidad individual. Un estudio basado en 14 cohortes identificó interacciones entre variantes genéticas asociadas con el riesgo de párkinson, aunque la genética representa solo una parte de una enfermedad en la que también intervienen la edad y distintos factores ambientales.

La atención informal sostiene una parte esencial del sistema

El peso económico atribuido al cuidado no remunerado evidencia la dependencia de los sistemas europeos respecto de las familias. Estas tareas pueden requerir reducir jornadas laborales, renunciar temporalmente al empleo o asumir gastos que no siempre aparecen en los registros sanitarios.

El deterioro progresivo también puede aumentar el agotamiento físico y emocional de los cuidadores. Sin recursos de relevo, formación y acompañamiento, la atención prolongada puede perjudicar su propia salud y elevar indirectamente la necesidad de servicios médicos y sociales.

La planificación debe incluir equipos multidisciplinarios con neurología, enfermería, fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia, salud mental y trabajo social. Una atención coordinada puede ayudar a conservar la movilidad, prevenir caídas, mantener la comunicación y retrasar algunas pérdidas funcionales.

Reconocer señales tempranas también puede facilitar la organización asistencial, aunque una asociación no equivale a una prueba diagnóstica. Una investigación sobre la posible relación entre el síndrome de piernas inquietas y el párkinson mostró precisamente la necesidad de interpretar con cautela los factores vinculados con la enfermedad.

Las lagunas de información pueden subestimar la carga

Los investigadores combinaron estimaciones de prevalencia del Global Burden of Disease Study con información económica obtenida mediante una revisión sistemática de estudios europeos sobre costes de enfermedad.

Solo 14 trabajos económicos cumplieron los requisitos para ser incluidos y 13 procedían de países de ingresos altos. No se encontraron datos primarios elegibles de países europeos clasificados como de ingresos medianos bajos.

Por esa falta de información, los 22.800 millones de euros representan los costes estimados para 43 de los 47 países incluidos en el análisis de prevalencia. La cifra continental podría, por tanto, no reflejar toda la carga real.

Las metodologías tampoco fueron uniformes. Algunos estudios incorporaron más componentes relacionados con atención domiciliaria, productividad o cuidados informales, mientras otros se concentraron principalmente en el gasto sanitario. Estas diferencias dificultan la comparación directa entre países.

Los autores propusieron establecer métodos estandarizados para medir los costes del párkinson. Disponer de información comparable permitiría proyectar necesidades de profesionales, medicamentos, rehabilitación, atención domiciliaria y apoyo económico a las familias.

El aumento de casos exige planificación a largo plazo

La estimación no constituye un cálculo de gastos actuales en 2026, sino una reconstrucción referida a la prevalencia y los costes de 2019. La conversión a 28.800 millones de euros a precios de 2025 sirve para mostrar cuánto representaría aquella carga después de ajustar el valor monetario.

El profesor Günther Deuschl, fundador y expresidente de la Academia Europea de Neurología, señaló que el estudio ofrece una evaluación detallada para cada país a partir de la evidencia disponible. Richard Dodel, de la Universidad de Duisburgo-Essen, destacó que las cifras reflejan tanto la cantidad de personas afectadas como la calidad, disponibilidad y coste de los servicios recibidos.

El crecimiento de la prevalencia obliga a prever una demanda mayor de diagnóstico, tratamientos continuos, rehabilitación y cuidados de larga duración. También requiere políticas que reconozcan el trabajo informal y eviten trasladar una proporción desmedida de la atención a las familias.

Fuentes referenciales:
Medical Xpress
Academia Europea de Neurología