Universidades de Reino Unido, Estados Unidos y Francia compararon miles de registros biológicos y hallaron patrones de envejecimiento felino similares a los humanos
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
El cerebro de los gatos domésticos podría aportar nuevas claves para comprender la longevidad humana, la demencia y otros trastornos asociados a la vejez. Una colaboración entre la Universidad de Bath, la Universidad de Auburn y la École Nationale Vétérinaire de Toulouse concluyó que los felinos envejecen de forma notablemente similar a las personas.
El trabajo, publicado en Biology Open, sostiene que un gato de entre 15 y 19 años equivale biológicamente a un humano de 80 años. La comparación no se basó en una proporción simple de edad, sino en cambios medibles vinculados al envejecimiento a lo largo de la vida.
Un modelo biológico más preciso
Los investigadores examinaron 3.754 puntos de datos reunidos en humanos, gatos y otros mamíferos. El análisis incluyó imágenes cerebrales, estudios bioquímicos de sangre, patrones de enfermedad y señales conductuales como la apertura de los ojos y el inicio del juego.
Ese enfoque permitió construir una comparación más amplia entre especies. En lugar de traducir la edad felina a años humanos mediante reglas generales, el equipo evaluó procesos biológicos observables, especialmente en la adultez y la vejez.
La investigación se suma al interés creciente por comprender el envejecimiento cerebral desde distintas escalas: células, estructuras cerebrales, biomarcadores, conducta y riesgo de deterioro cognitivo.
Cambios cerebrales parecidos en gatos y humanos
Las resonancias magnéticas mostraron en ambas especies una reducción general del tamaño cerebral, expansión de los ventrículos y otras alteraciones estructurales relacionadas con la edad. Los ventrículos son espacios del cerebro llenos de líquido y pueden ampliarse durante el envejecimiento.
El estudio también observó que esos cambios aparecen en afecciones asociadas con la vejez. Tanto los humanos mayores como los gatos de edad avanzada pueden desarrollar alteraciones neurodegenerativas en etapas avanzadas de la vida.
Brier Rigby Dames, investigadora asociada en el Departamento de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Bath y candidata a doctora cuando participó en el estudio, destacó que los gatos presentan patrones de atrofia cerebral vinculados a la edad similares a los de los humanos.
Por qué los gatos pueden ayudar a estudiar la demencia
Una de las razones para considerar a los gatos como modelo de investigación es que viven lo suficiente como para desarrollar cambios cerebrales comparables a los de las personas mayores. Al mismo tiempo, su esperanza de vida más corta permite observar en menos tiempo los factores que influyen en el envejecimiento.
Este punto diferencia a los gatos domésticos de muchos animales de laboratorio, en los que las enfermedades suelen inducirse artificialmente y la vida útil es más limitada. Los felinos envejecen en entornos compartidos con humanos y reciben atención clínica cada vez más avanzada.
La posibilidad de estudiar cambios naturales en animales de compañía puede complementar líneas actuales de investigación sobre demencia, como los trabajos que exploran si un escáner cerebral puede estimar la velocidad del envejecimiento y anticipar riesgos neurológicos.
Una oportunidad para la medicina traslacional
El equipo fue liderado por la doctora Christine Charvet, de la Universidad de Auburn, junto con Rigby Dames. El objetivo fue comparar cómo se desarrolla el envejecimiento en humanos, gatos y otros mamíferos a partir de datos reunidos durante toda la vida.
Ryan Gibson, coautor del trabajo y neurólogo veterinario de la Facultad de Medicina Veterinaria de Auburn, explicó que cada vez más dueños de gatos solicitan técnicas avanzadas de neuroimagen para sus mascotas con fines diagnósticos. Esa tendencia abre una oportunidad para la investigación traslacional.
El estudio plantea que la colaboración entre medicina veterinaria y medicina humana puede mejorar la comprensión de las enfermedades neurológicas. Esta conexión también permite observar cómo el envejecimiento se expresa en animales que comparten ambientes, hábitos y exposiciones con las personas.
Bases de datos veterinarias para entender la vejez
Los autores propusieron crear bases de datos veterinarias de gran escala para animales de compañía, comparables al Biobanco del Reino Unido en salud humana. Ese tipo de registros permitiría cruzar imágenes, análisis de sangre, historiales clínicos, neuropatología e información aportada por propietarios.
Durante su doctorado en el Departamento de Informática de la Universidad de Bath, Rigby Dames colaboró en el análisis de miles de datos de gatos y humanos a lo largo de la vida. Su contribución incluyó historiales clínicos veterinarios, biomarcadores sanguíneos de envejecimiento y correlaciones de edad entre especies.
La investigación también dialoga con estudios recientes sobre factores modificables del deterioro cerebral. Hábitos como el descanso, la alimentación y la actividad física han sido relacionados con la salud neurológica, como ocurre con investigaciones sobre sueño y envejecimiento cerebral.
Una ventana compartida sobre la longevidad
El hallazgo no convierte a los gatos en una réplica exacta del envejecimiento humano. Sin embargo, sí muestra que pueden aportar información útil sobre procesos biológicos comunes, especialmente cuando se combinan medicina veterinaria, neuroimagen, biomarcadores y seguimiento clínico.
Comprender por qué algunos cerebros envejecen con menor deterioro sigue siendo una prioridad científica. En humanos, los estudios sobre superancianos y envejecimiento cerebral ya muestran que la longevidad saludable depende de múltiples mecanismos biológicos, ambientales y clínicos.
Los gatos domésticos podrían convertirse así en aliados inesperados para estudiar la vejez, mejorar la salud neurológica y desarrollar estrategias que beneficien tanto a pacientes humanos como a animales de compañía.

