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Un análisis reabre las dudas sobre la seguridad de la cefepima


La revisión de 110 ensayos detectó una señal de mayor mortalidad frente a otros antibióticos betalactámicos, concentrada en adultos y con importantes matices estadísticos


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.


Una revisión sistemática de 110 ensayos clínicos aleatorizados volvió a plantear dudas sobre la seguridad de la cefepima, un antibiótico ampliamente utilizado contra infecciones bacterianas graves. El análisis, publicado en JAMA Network Open, encontró una probabilidad estadística del 94,4 % de que el medicamento estuviera asociado con mayores probabilidades de muerte que otros antibióticos betalactámicos.

La investigación, encabezada por Zahra N. Sohani, integró información de 22.608 pacientes adultos y pediátricos. Entre quienes recibieron cefepima murieron 778 de 11.726 pacientes, equivalentes al 6,6 %, frente a 674 de 10.882, un 6,2 %, en los grupos tratados con otros betalactámicos.

La diferencia absoluta fue pequeña y el intervalo de credibilidad del análisis general incluyó la posibilidad de que no existiera un aumento real del riesgo. Por esta razón, los resultados representan una señal de seguridad que necesita consideración clínica y estudios adicionales, no una demostración concluyente de que la cefepima provoque las muertes observadas.

Qué es la cefepima y por qué se utiliza en infecciones graves

La cefepima es una cefalosporina de cuarta generación con actividad frente a diferentes bacterias grampositivas y gramnegativas, incluida Pseudomonas aeruginosa. Se emplea en hospitales para tratar cuadros graves y constituye una de las opciones recomendadas para la neutropenia febril, una complicación caracterizada por fiebre y una cantidad anormalmente baja de determinados glóbulos blancos.

El medicamento conserva relativa estabilidad frente a las betalactamasas AmpC, enzimas que algunas bacterias producen para neutralizar antibióticos. Esta propiedad adquiere especial importancia ante el avance de las infecciones resistentes a los tratamientos habituales, que reducen las alternativas disponibles para pacientes vulnerables.

Las primeras dudas importantes sobre su seguridad aparecieron en 2007, cuando un metaanálisis encontró un incremento relativo del 26 % en el riesgo de muerte respecto de otros betalactámicos. Una evaluación posterior de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, que incorporó ensayos inéditos patrocinados por la industria, no identificó un aumento estadísticamente significativo.

La revisión incorporó ensayos publicados e inéditos

El nuevo trabajo examinó bases de datos científicas y registros internacionales desde su creación hasta el 25 de mayo de 2026. Los autores incluyeron ensayos que compararon directamente la cefepima con otros betalactámicos, ya fuera como tratamiento único o acompañada por el mismo segundo medicamento administrado al grupo de comparación.

Los estudios sobre uso preventivo de cefepima y las combinaciones con inhibidores de betalactamasas quedaron excluidos. El resultado principal fue la mortalidad por cualquier causa a los 30 días o en el momento más cercano informado por cada ensayo.

Los investigadores aplicaron un metaanálisis bayesiano de efectos aleatorios. Este método no se limita a determinar si un resultado supera un umbral convencional de significación, sino que calcula la probabilidad de que la mortalidad sea mayor con un tratamiento determinado al integrar la información de todos los estudios.

El resultado agrupado produjo una razón de probabilidades de 1,10, con un intervalo de credibilidad del 95 % entre 0,98 y 1,24. Aunque la mayor parte de la distribución estadística apuntó hacia un posible perjuicio, el intervalo atravesó el valor de ausencia de diferencia, lo que impide presentar la asociación como una certeza.

La señal fue más intensa en los ensayos publicados

Al analizar únicamente los 73 ensayos publicados y revisados por pares, con 15.411 participantes, la probabilidad de mayor mortalidad asociada con cefepima ascendió al 98,6 %. En este grupo, la razón de probabilidades fue de 1,17 y el intervalo de credibilidad se situó entre 1,02 y 1,34.

La diferencia entre los resultados de estudios publicados e inéditos plantea la posibilidad de sesgo de publicación. Los ensayos facilitados anteriormente por la FDA mostraban una dirección distinta, y su incorporación redujo la intensidad de la señal general. La certeza global de la evidencia fue calificada como moderada debido a la heterogeneidad entre estudios y al posible sesgo.

El incremento se concentró en pacientes adultos, mientras que los datos pediátricos no mostraron una señal clara de mayor mortalidad. La probabilidad de daño más elevada, del 96,1 %, apareció entre los pacientes tratados por neutropenia febril.

Los autores calcularon que sería necesario tratar a 227 pacientes con cefepima para que se produjera una muerte adicional respecto de otros betalactámicos. Al considerar exclusivamente los ensayos publicados, esa estimación se redujo a 111 pacientes. Estas cifras dependen de las tasas observadas en los estudios y no permiten predecir el desenlace individual de una persona.

La dosis y la función renal pueden influir en el riesgo

Una de las explicaciones planteadas se relaciona con una exposición insuficiente al antibiótico. Una dosis demasiado baja puede no controlar adecuadamente una infección grave, especialmente si el microorganismo presenta una sensibilidad reducida o si las concentraciones del medicamento no alcanzan el objetivo terapéutico.

En el extremo contrario, una exposición excesiva puede causar neurotoxicidad. El riesgo resulta especialmente relevante cuando existe deterioro de la función renal y la dosis no se ajusta, porque la cefepima se elimina principalmente a través de los riñones y puede acumularse en el organismo.

Las dosis intermedias y altas, definidas en adultos como dos gramos cada 12 horas o con mayor frecuencia, presentaron una probabilidad de daño superior al 93 %. Las dosis más bajas también mostraron una probabilidad del 80,5 %, aunque estos análisis por subgrupos deben interpretarse con precaución.

La necesidad de ajustar cada tratamiento forma parte de una estrategia sanitaria más amplia. Las decisiones sobre antibióticos deben considerar la gravedad del cuadro, el microorganismo probable, los cultivos, la sensibilidad bacteriana, la función renal y otros medicamentos utilizados por el paciente.

El resultado no implica abandonar un antibiótico necesario

Los autores señalaron expresamente que sus resultados no justifican retirar la cefepima ni suspender tratamientos. El medicamento continúa siendo una herramienta importante contra infecciones potencialmente mortales y microorganismos resistentes, situaciones en las que retrasar una terapia efectiva también puede elevar la mortalidad.

El desafío consiste en equilibrar esa utilidad con una vigilancia más precisa. Los programas hospitalarios de optimización de antimicrobianos pueden revisar la elección del fármaco, ajustar la dosis, acortar tratamientos cuando corresponda y sustituir la terapia empírica una vez identificada la bacteria.

La experiencia en cuidados intensivos muestra además que las prácticas destinadas a prevenir infecciones deben reevaluarse periódicamente, porque la presión selectiva ejercida por medicamentos y desinfectantes puede modificar los microorganismos presentes en los hospitales.

La investigación sobre nuevos compuestos frente a bacterias resistentes intenta ampliar las opciones disponibles, pero las alternativas experimentales requieren demostrar dos aspectos por separado: eficacia contra el patógeno y seguridad para el paciente.

Otro ejemplo es el estudio de combinaciones dirigidas contra micobacterias difíciles de tratar. Estos trabajos permanecen en fases preclínicas y no sustituyen los antibióticos prescritos ni respaldan la automedicación con suplementos o productos naturales.

Los investigadores consideran prioritario realizar estudios que relacionen las concentraciones de cefepima con la función renal, la susceptibilidad del microorganismo y los desenlaces clínicos. Esa información ayudaría a determinar si la señal observada depende del medicamento en sí, de cómo se dosifica o de las características de los pacientes que lo reciben.

Fuentes referenciales:
Medical Xpress
JAMA Network Open