Un estudio en pacientes sometidos a trasplante de células hematopoyéticas relaciona los alimentos ricos en azúcares con una mayor pérdida de diversidad bacteriana durante la exposición a antibióticos de amplio espectro
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
La alimentación podría modificar la intensidad con la que determinados antibióticos alteran la microbiota intestinal. Un estudio internacional publicado el 30 de septiembre de 2026 en Nature encontró que un mayor consumo de alimentos ricos en azúcares durante la exposición a antibióticos de amplio espectro se asociaba con una reducción adicional de la diversidad bacteriana y una mayor expansión de microorganismos del género Enterococcus.
La investigación, encabezada por científicos vinculados con Memorial Sloan Kettering Cancer Center, NYU Langone Health y City of Hope, analizó 9.419 comidas consumidas por 173 pacientes hospitalizados para recibir un trasplante alogénico de células hematopoyéticas. Los investigadores estudiaron además 1.009 muestras de heces, de las cuales utilizaron muestras longitudinales emparejadas de 158 participantes para analizar cómo cambiaba su microbiota.
Los resultados aportan una nueva pista sobre la interacción entre dieta y medicamentos, pero requieren una interpretación cuidadosa. La población estudiada estaba formada por pacientes con enfermedades hematológicas sometidos a tratamientos intensivos y con una elevada exposición a antibióticos, por lo que todavía no puede afirmarse que reducir el azúcar produzca el mismo efecto protector en cualquier persona que reciba un tratamiento antibiótico.
Más de 9.400 comidas permitieron seguir la dieta en tiempo real
Una fortaleza del estudio fue la precisión con la que se registró la alimentación. Durante la hospitalización, los participantes informaban cuánto consumían de los alimentos y bebidas incluidos en cada bandeja. El equipo registró 622 productos alimentarios únicos y siguió entre 8 y 128 comidas por paciente.
Este procedimiento evitó depender exclusivamente de cuestionarios retrospectivos en los que las personas deben recordar lo que comieron días o semanas antes. Los datos dietéticos se combinaron con muestras fecales recogidas repetidamente y con información sobre antibióticos, nutrición artificial, intensidad del tratamiento y otras variables clínicas.
Los antibióticos constituyen medicamentos esenciales para tratar infecciones bacterianas, pero pueden modificar las comunidades microbianas normales del intestino. Investigaciones anteriores han mostrado que algunos antibióticos pueden dejar cambios detectables en la microbiota intestinal durante años, aunque la magnitud y duración de esas alteraciones dependen del medicamento, las exposiciones y las características individuales.
El nuevo trabajo no cuestiona la utilización de antibióticos cuando están indicados. Su objetivo fue averiguar si determinados componentes de la dieta podían modificar el efecto que estos medicamentos ejercen sobre el ecosistema intestinal.
El efecto del azúcar apareció principalmente junto a los antibióticos
Los investigadores aplicaron un modelo bayesiano para estimar la contribución de la alimentación a los cambios del microbioma teniendo en cuenta diferentes variables clínicas. El análisis se concentró especialmente en la dieta ingerida durante los dos días anteriores a cada muestra fecal.
Como era esperable, la exposición a antibióticos de amplio espectro estuvo asociada con una menor diversidad bacteriana. Sin embargo, apareció una interacción adicional: entre las personas expuestas a esos antibióticos, un mayor consumo de alimentos clasificados como azúcares, dulces y determinadas bebidas predecía una pérdida adicional de diversidad.
Por cada 100 gramos adicionales de alimentos de este grupo consumidos durante la exposición a antibióticos de amplio espectro, el modelo estimó una disminución adicional media del 24,1 % en la diversidad alfa de la microbiota, con un intervalo creíble del 95 % entre 7,7 % y 38,1 %, respecto de las muestras sin exposición antibiótica previa.
Cuando los investigadores repitieron el análisis utilizando la composición de macronutrientes en lugar de las categorías alimentarias, la interacción entre azúcar y antibióticos volvió a aparecer. En este análisis, cada 100 gramos adicionales de azúcar se asociaron con una reducción media adicional del 20,6 % de la diversidad bacteriana durante la exposición a estos medicamentos.
La observación encaja con la evidencia de que la microbiota responde a múltiples componentes de la alimentación. Mundo de la Salud ha explicado anteriormente cómo la dieta, los ultraprocesados y el uso de antibióticos pueden influir simultáneamente en la salud intestinal, aunque sus efectos varían entre individuos y no existe una única composición microbiana considerada saludable para todas las personas.
Los enterococos aumentaron cuando coincidían azúcar y antibióticos
El estudio no se limitó a medir cuántas especies bacterianas permanecían en el intestino. Los investigadores analizaron también qué microorganismos aumentaban cuando la microbiota perdía diversidad.
Uno de los cambios más destacados afectó a Enterococcus faecium. Tras la exposición a antibióticos, el mayor consumo de dulces estuvo asociado con una mayor abundancia de esta bacteria. Los enterococos pueden formar parte de la microbiota humana, pero determinadas especies y cepas pueden comportarse como patógenos oportunistas cuando encuentran condiciones favorables para proliferar.
Esta cuestión resulta especialmente importante entre receptores de trasplantes hematopoyéticos, porque una expansión excesiva de Enterococcus se ha relacionado en esta población con infecciones del torrente sanguíneo y otros resultados clínicos adversos.
Los autores analizaron distintos posibles factores de confusión. La asociación entre dulces, exposición a antibióticos y menor diversidad se mantuvo al considerar la enfermedad maligna subyacente, comorbilidades, analgesia intensiva, nutrición enteral o parenteral y muestras obtenidas durante el tratamiento de infecciones confirmadas.
El resultado refuerza una idea que está adquiriendo importancia en la investigación del microbioma: medicamentos y alimentación pueden interactuar de formas que no se observan al estudiarlos por separado. Otro trabajo analizado por Mundo de la Salud encontró que diversos edulcorantes pueden modificar el crecimiento de bacterias intestinales y presentar interacciones con medicamentos, aunque aquellos experimentos fueron diferentes y no permiten equiparar directamente sus resultados con los del nuevo estudio.
Los experimentos con ratones respaldaron la asociación observada
El análisis de los pacientes era observacional y, por sí solo, no podía demostrar que el azúcar fuese responsable de los cambios. Para explorar esa posibilidad, los científicos realizaron experimentos controlados en ratones.
Los animales que recibieron sacarosa durante el tratamiento antibiótico desarrollaron una expansión mayor y más prolongada de Enterococcus que los tratados con antibióticos sin el suplemento de sacarosa. En cambio, administrar sacarosa a ratones que no estaban recibiendo antibióticos no produjo el mismo patrón.
El efecto también apareció cuando los investigadores utilizaron componentes monosacáridos de la sacarosa y, en determinados experimentos, puré de frutas. Además, la sacarosa prolongó la expansión de enterococos en animales mantenidos con una dieta sin fibra, lo que sugiere que el fenómeno observado no dependía exclusivamente de diferencias en el consumo de fibra.
Los experimentos animales proporcionan apoyo mecanístico a la asociación detectada en humanos, pero no eliminan las limitaciones del estudio clínico. Los autores reconocen que la cohorte tenía características muy particulares y que se necesitan estudios prospectivos en otros grupos de pacientes.
El estudio no demuestra que todos deban eliminar el azúcar al tomar antibióticos
La principal precaución al interpretar los resultados deriva de quiénes participaron en la investigación. Los pacientes estaban hospitalizados para recibir un trasplante alogénico de células hematopoyéticas y habían pasado por tratamientos intensivos. Todos recibieron al menos un antibiótico durante la hospitalización y alrededor del 80 % estuvo expuesto a uno o más antibióticos de amplio espectro con fuerte impacto sobre la microbiota.
Además, el uso casi universal de fluoroquinolonas como profilaxis implica que la interacción observada puede reflejar con mayor precisión lo ocurrido cuando el tratamiento se intensificó hacia antibióticos de amplio espectro, en lugar de representar el efecto de cualquier antibiótico utilizado en la población general.
El inicio de esos medicamentos también estaba determinado por circunstancias clínicas como fiebre o sospecha de infección, que pueden coincidir con cambios en el estado general y la alimentación. Aunque los modelos estadísticos intentaron controlar diferentes variables, los autores señalan que no es posible descartar completamente factores de confusión.
Por estas razones, los investigadores consideran prematuro recomendar a todas las personas que toman antibióticos que eliminen el azúcar de su dieta. Los resultados justifican ensayos clínicos que evalúen directamente si modificar la alimentación durante el tratamiento permite conservar mejor la microbiota y, sobre todo, si esa preservación se traduce en beneficios clínicos.
La dieta aparece como una variable modificable durante el tratamiento
El trabajo resulta particularmente relevante en el entorno hospitalario porque algunos productos utilizados para aportar calorías y nutrientes a pacientes vulnerables, como determinadas bebidas nutricionales y batidos, pueden contener cantidades importantes de azúcares simples.
El análisis de mayor resolución realizado por los autores identificó las bebidas nutricionales formuladas, incluidas algunas bebidas deportivas y suplementos líquidos, entre los componentes que contribuían a la asociación. También encontró una señal vinculada con los azúcares añadidos.
Esto no significa que esos productos deban retirarse de la alimentación de pacientes con cáncer. En personas sometidas a tratamientos intensivos, mantener una ingesta suficiente de energía y nutrientes puede ser clínicamente prioritario, por lo que cualquier modificación dietética debe evaluarse dentro del contexto médico y nutricional individual.
La relación entre alimentación y microbiota es mucho más amplia que un solo nutriente. Investigaciones previas han mostrado que la interacción entre determinados componentes vegetales y los microbios intestinales puede modificar metabolitos con actividad biológica, mientras que otros trabajos estudian el papel de fibra, alimentos fermentados y diversidad dietética.
En la práctica cotidiana, una alimentación variada y rica en productos mínimamente procesados continúa siendo una estrategia general para favorecer la salud digestiva. Entre los hábitos relacionados con una mejor salud digestiva se encuentran un consumo adecuado de fibra, hidratación, actividad física y moderación de productos ultraprocesados, pero estas medidas no sustituyen el tratamiento médico de una infección.
Reducir azúcar podría convertirse en una estrategia que preserve la microbiota
El estudio plantea la posibilidad de utilizar la alimentación como complemento para reducir el daño colateral que determinados antibióticos producen sobre las comunidades bacterianas intestinales. La ventaja teórica es que la dieta constituye una variable modificable y relativamente accesible.
Sin embargo, el siguiente paso será demostrarlo mediante ensayos prospectivos. Los autores proponen evaluar si reducir los azúcares simples durante la administración de antibióticos conserva la diversidad de la microbiota, limita la proliferación de microorganismos oportunistas y mejora resultados clínicos relevantes.
Tampoco existe evidencia suficiente para asumir que tomar probióticos compense automáticamente la alteración provocada por los antibióticos. Los efectos dependen de las cepas, la situación clínica y el tratamiento recibido. Alimentos como yogur, kéfir y otros fermentados pueden formar parte de la dieta y se investigan por su relación con la microbiota y la salud intestinal, pero no constituyen un mecanismo universal para restaurar un microbioma alterado.
La principal conclusión clínica, por ahora, es más limitada: en pacientes sometidos a trasplante hematopoyético, una dieta rica en azúcares durante la exposición a antibióticos de amplio espectro estuvo asociada con una mayor alteración de la microbiota, y los experimentos animales respaldaron un posible papel causal del azúcar en la expansión de enterococos. Determinar si reducir esos azúcares protege también a otros pacientes requerirá nuevos estudios.
Fuentes referenciales:
Nature
City of Hope

