Las alteraciones del ritmo del corazón pueden provocar palpitaciones, mareos o dificultad para respirar, pero también presentarse sin síntomas. El electrocardiograma y la monitorización prolongada permiten identificar episodios que una revisión breve podría no registrar.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Las arritmias cardíacas son alteraciones en la frecuencia o en la regularidad de los latidos del corazón. Pueden hacer que el órgano lata demasiado rápido, demasiado lento o de manera irregular. Aunque algunas son inofensivas y transitorias, otras requieren seguimiento médico porque pueden afectar la circulación sanguínea o aumentar el riesgo de complicaciones cardiovasculares.
Uno de los principales desafíos para detectarlas es que no siempre producen síntomas. Algunas personas perciben palpitaciones intensas, mientras que otras experimentan episodios breves de mareo, cansancio o falta de aire. También existen pacientes que desconocen la alteración hasta que aparece en un examen realizado por otro motivo.
La Asociación Estadounidense del Corazón (American Heart Association, AHA) señala que las arritmias pueden manifestarse de formas muy diferentes según el mecanismo que las origina, su duración y las condiciones de salud de cada persona.
El problema diagnóstico se complica cuando los episodios aparecen de manera intermitente. Un electrocardiograma realizado durante una consulta puede mostrar un ritmo normal, aunque el paciente haya experimentado una alteración unas horas antes.
Por esta razón, la evaluación clínica no depende exclusivamente de escuchar el corazón o registrar sus latidos durante unos segundos. En determinados casos es necesario utilizar dispositivos capaces de observar la actividad eléctrica cardíaca durante días o incluso períodos más prolongados.
Cómo funciona el sistema eléctrico del corazón
El corazón dispone de un sistema eléctrico propio que coordina la contracción de sus cavidades y permite impulsar la sangre hacia los pulmones y el resto del organismo.
En condiciones normales, los impulsos se originan principalmente en el nodo sinusal, situado en la aurícula derecha. Desde allí se propagan por las aurículas y alcanzan el nodo auriculoventricular, antes de transmitirse hacia los ventrículos.
Esta secuencia permite que las cavidades superiores e inferiores del corazón se contraigan de manera coordinada.
Una arritmia puede aparecer cuando el impulso se genera en una región distinta de la habitual, cuando su transmisión se retrasa o se bloquea, o cuando se forman circuitos eléctricos anormales.
El resultado puede ser una aceleración del ritmo, una disminución excesiva de la frecuencia o una sucesión irregular de latidos.
En los adultos, una frecuencia cardíaca en reposo superior a 100 latidos por minuto suele denominarse taquicardia, mientras que una inferior a 60 se conoce como bradicardia. Sin embargo, estas cifras no implican necesariamente enfermedad.
Durante el ejercicio, por ejemplo, es normal que el corazón se acelere. Asimismo, algunas personas físicamente entrenadas pueden presentar frecuencias inferiores a 60 latidos por minuto sin que exista una alteración patológica.
Por tanto, el diagnóstico requiere considerar el contexto clínico, los síntomas y el registro eléctrico, no solamente el número de pulsaciones.
Qué tipos de arritmias existen
Las arritmias comprenden un conjunto amplio de trastornos. Entre los más conocidos se encuentran las extrasístoles, las taquicardias supraventriculares, la fibrilación auricular, las bradiarritmias y las arritmias ventriculares.
Las extrasístoles son latidos que se producen antes de lo esperado. Pueden sentirse como un salto, una pausa o un golpe más intenso en el pecho. Muchas aparecen en personas sin enfermedad cardíaca estructural, aunque su frecuencia y contexto pueden justificar una evaluación.
Las taquicardias supraventriculares se originan por encima de los ventrículos y pueden provocar episodios de palpitaciones rápidas, en ocasiones con inicio y final repentinos.
La fibrilación auricular se caracteriza por una actividad eléctrica desorganizada en las aurículas que produce un ritmo ventricular habitualmente irregular.
Esta alteración merece especial atención porque puede favorecer la formación de coágulos y aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular.
Las estrategias de diagnóstico y anticoagulación en la fibrilación auricular buscan precisamente identificar a los pacientes que necesitan tratamiento para reducir ese riesgo.
Las bradiarritmias, por su parte, pueden deberse a alteraciones en la generación o conducción de los impulsos eléctricos y, cuando son importantes, ocasionar debilidad, mareos o pérdida de conocimiento.
Entre las arritmias ventriculares existen formas potencialmente graves, como la taquicardia ventricular sostenida y la fibrilación ventricular, que pueden comprometer de manera inmediata la circulación sanguínea.
Palpitaciones, mareos y cansancio: los síntomas que pueden aparecer
Las palpitaciones constituyen una de las manifestaciones más frecuentes de las alteraciones del ritmo cardíaco.
Se describen como la sensación de que el corazón late con demasiada fuerza, se acelera, se detiene momentáneamente o mantiene un ritmo irregular.
Sin embargo, sentir palpitaciones no significa necesariamente padecer una arritmia. La ansiedad, el esfuerzo físico, la fiebre, determinados medicamentos y el consumo de sustancias estimulantes también pueden aumentar la percepción de los latidos.
Cuando existe una alteración cardíaca, los síntomas pueden incluir fatiga, debilidad, mareos, sensación de desmayo, dificultad para respirar, molestias torácicas o sudoración.
Su intensidad no siempre guarda una relación directa con la gravedad del trastorno. Una arritmia clínicamente importante puede causar pocas molestias, mientras que una alteración benigna puede resultar muy perceptible.
Las señales de alarma asociadas con las palpitaciones incluyen especialmente su aparición junto con dolor torácico, falta de aire, desmayos o deterioro importante del estado general.
En estas situaciones se requiere atención médica urgente. No es recomendable esperar a que los síntomas desaparezcan por sí solos cuando existe dolor de pecho intenso, dificultad respiratoria marcada o pérdida de conocimiento.
Por qué algunas arritmias son difíciles de diagnosticar
La naturaleza intermitente de numerosas arritmias representa una dificultad fundamental para su identificación.
Un paciente puede experimentar varios episodios durante una semana y presentar un electrocardiograma completamente normal cuando finalmente acude a consulta.
Esto ocurre porque el electrocardiograma convencional registra la actividad eléctrica durante un período breve.
Si la alteración no está presente en ese momento, es posible que la prueba no la detecte.
La ausencia de hallazgos en un registro aislado no descarta todas las arritmias, especialmente cuando los síntomas aparecen y desaparecen.
También existen arritmias silenciosas. La fibrilación auricular, por ejemplo, puede descubrirse durante un reconocimiento médico, una hospitalización o una evaluación por otra enfermedad.
En estos casos, el paciente puede no haber percibido irregularidades evidentes en el pulso.
La American Heart Association destaca que los antecedentes médicos, la exploración física y las pruebas de monitorización deben valorarse conjuntamente para establecer un diagnóstico adecuado.
Del electrocardiograma al Holter: las pruebas disponibles
El electrocardiograma de doce derivaciones suele constituir una de las primeras pruebas cuando se sospecha una alteración del ritmo.
Mediante electrodos colocados sobre la piel, registra las señales eléctricas del corazón y permite identificar diferentes anomalías.
Cuando los episodios son intermitentes, el médico puede indicar un monitor Holter, un dispositivo portátil que registra la actividad cardíaca de forma continua durante 24 o 48 horas, o durante más tiempo según el equipo utilizado.
El paciente suele mantener sus actividades habituales y puede anotar los momentos en los que experimenta síntomas para compararlos posteriormente con el registro.
Si los episodios son menos frecuentes, pueden utilizarse monitores de eventos o parches de seguimiento que permiten ampliar el período de observación.
En determinadas circunstancias se recurre a registradores implantables, especialmente cuando resulta necesario investigar episodios infrecuentes de pérdida de conocimiento o posibles alteraciones del ritmo que no se han identificado mediante pruebas más breves.
La elección del dispositivo depende de la frecuencia de los síntomas, los antecedentes del paciente y la sospecha clínica.
Otras pruebas, como la ecocardiografía, permiten estudiar la estructura y función del corazón. Los análisis de sangre pueden contribuir a identificar alteraciones tiroideas, anemia o desequilibrios de electrolitos que favorezcan determinados trastornos del ritmo.
Los relojes inteligentes pueden alertar, pero no reemplazan el diagnóstico
Los dispositivos electrónicos de uso personal han ampliado las posibilidades de detectar irregularidades del pulso fuera de los centros médicos.
Algunos relojes inteligentes y otros dispositivos portátiles pueden emitir alertas cuando identifican patrones compatibles con una frecuencia cardíaca irregular.
Otros incorporan funciones para registrar una señal electrocardiográfica limitada, que puede resultar útil como información complementaria para el profesional sanitario.
No obstante, una alerta no equivale por sí sola a un diagnóstico definitivo.
Los dispositivos pueden generar resultados falsamente positivos o no detectar determinados episodios. Además, no todos permiten distinguir entre los diferentes tipos de arritmia.
La información obtenida puede ayudar a orientar la evaluación, pero debe interpretarse en conjunto con los síntomas y los antecedentes clínicos.
El desarrollo de nuevas estrategias de diagnóstico y monitorización de la fibrilación auricular refleja el interés por integrar estas tecnologías en la atención cardiovascular, sin sustituir la valoración especializada.
La fibrilación auricular y el riesgo de accidente cerebrovascular
La fibrilación auricular ocupa un lugar central en la prevención cardiovascular porque puede favorecer la formación de trombos dentro del corazón.
Durante esta arritmia, la contracción de las aurículas pierde su coordinación habitual. En determinados pacientes, la sangre puede estancarse en algunas zonas, especialmente en la orejuela auricular izquierda.
Si se forma un coágulo y posteriormente alcanza la circulación cerebral, puede provocar un accidente cerebrovascular isquémico.
La American Heart Association señala que las personas con fibrilación auricular presentan un riesgo de accidente cerebrovascular considerablemente mayor que quienes no padecen esta alteración.
Sin embargo, no todos los pacientes tienen el mismo riesgo ni necesitan exactamente el mismo tratamiento.
La decisión de utilizar anticoagulantes depende de una evaluación individualizada que considera factores como la edad, la hipertensión arterial, la diabetes, la insuficiencia cardíaca y los antecedentes de eventos vasculares.
Los anticoagulantes pueden reducir el riesgo de formación de coágulos, pero también implican riesgos de sangrado. Por ello, su indicación y seguimiento corresponden al equipo médico.
Qué factores pueden favorecer las alteraciones del ritmo
Las arritmias pueden aparecer en personas con enfermedades cardíacas conocidas, pero también en individuos sin antecedentes cardiovasculares evidentes.
Entre los factores asociados se encuentran la hipertensión arterial, la enfermedad coronaria, las alteraciones de las válvulas cardíacas, la insuficiencia cardíaca y determinadas cardiopatías congénitas.
También pueden influir trastornos tiroideos, alteraciones de potasio o magnesio, algunos medicamentos, el consumo elevado de alcohol y determinadas sustancias estimulantes.
La apnea obstructiva del sueño, la obesidad y la diabetes tipo 2 se encuentran entre las condiciones relacionadas con un mayor riesgo de fibrilación auricular.
El estrés físico o emocional puede contribuir a desencadenar palpitaciones en algunas personas, aunque no debe asumirse que toda irregularidad cardíaca se explica por ansiedad.
Cuando los síntomas son persistentes, repetitivos o aparecen junto con signos de alarma, resulta importante investigar posibles causas cardiovasculares y no atribuirlos automáticamente a factores emocionales.
Cómo se tratan las arritmias cardíacas
El tratamiento depende del tipo de arritmia, su gravedad, los síntomas y la presencia de otras enfermedades.
Algunas extrasístoles aisladas no requieren tratamiento específico cuando la evaluación médica descarta problemas relevantes.
Otras alteraciones pueden necesitar medicamentos para controlar la frecuencia cardíaca o recuperar un ritmo adecuado.
En determinados pacientes se utiliza la cardioversión eléctrica, un procedimiento que aplica una descarga controlada para intentar restablecer el ritmo normal.
La ablación con catéter constituye otra opción para algunas arritmias. Consiste en localizar regiones responsables de la alteración eléctrica y aplicar una técnica destinada a interrumpir los circuitos anormales.
Cuando existen bradiarritmias importantes, puede ser necesario implantar un marcapasos para mantener una frecuencia cardíaca adecuada.
En pacientes seleccionados con riesgo elevado de arritmias ventriculares potencialmente mortales se pueden utilizar desfibriladores automáticos implantables.
Estas opciones no son intercambiables y requieren una valoración especializada. La elección depende del mecanismo de la arritmia y de la situación clínica de cada persona.
Cuándo conviene consultar y qué información puede ayudar al médico
Las palpitaciones nuevas, recurrentes o que afectan las actividades habituales justifican una consulta médica, especialmente cuando existen antecedentes cardiovasculares.
Registrar la duración aproximada de los episodios, su frecuencia, las circunstancias en las que aparecen y los síntomas asociados puede facilitar la evaluación.
También resulta útil informar sobre los medicamentos utilizados, el consumo de cafeína o alcohol y la presencia de enfermedades conocidas.
Si se dispone de registros obtenidos mediante un reloj inteligente o un dispositivo de electrocardiografía personal, pueden compartirse con el profesional sanitario como información complementaria.
Ante dolor torácico intenso, desmayo, dificultad respiratoria importante o síntomas compatibles con un accidente cerebrovascular —como debilidad repentina de un lado del cuerpo, alteración del habla o pérdida súbita de visión— debe solicitarse asistencia de emergencia inmediatamente.
La principal dificultad de las arritmias no reside únicamente en que el corazón pueda latir fuera de su ritmo habitual, sino en que algunas alteraciones aparecen de forma imprevisible o sin manifestaciones evidentes. La evaluación clínica y la monitorización adecuada permiten diferenciar episodios benignos de trastornos que requieren tratamiento y seguimiento.
Fuentes referenciales:
American Heart Association — Qué es una arritmia
American Heart Association — Pruebas para diagnosticar arritmias
American Heart Association — Diagnóstico de la fibrilación auricular
Infobae Salud — Cuando el ritmo del corazón cambia: arritmias y dificultades para detectarlas

