Especialistas del Hospital Alemán explican cómo los cambios hormonales pueden afectar la respiración nocturna y qué señales requieren un estudio del sueño
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Valentina Ríos
En Argentina, especialistas en neumonología, medicina del sueño y ginecología advirtieron que los ronquidos pueden aparecer o intensificarse durante la perimenopausia y la posmenopausia. La disminución de estrógenos y progesterona, los sofocos, la redistribución de la grasa corporal y la fragmentación del descanso explican parte de este cambio, que en algunos casos puede ser una señal de apnea obstructiva del sueño.
Las doctoras Silvana Malnis, integrante del Servicio de Neumonología y del Laboratorio de Sueño del Hospital Alemán, y Rosana Molina, responsable del Consultorio de Climaterio de esa institución, explicaron que entre el 40 % y el 60 % de las mujeres durante la transición menopáusica y la posmenopausia presentan alguna alteración del sueño.
Estas dificultades pueden manifestarse como ronquidos, insomnio, despertares frecuentes, cambios del ritmo circadiano, síndrome de piernas inquietas o pausas respiratorias. Identificar el trastorno específico resulta indispensable porque cada condición requiere una evaluación y un tratamiento diferentes.
Los cambios hormonales afectan la vía respiratoria
Los estrógenos y la progesterona participan en el mantenimiento del tono muscular de la vía aérea superior. La progesterona también funciona como un estimulante respiratorio y contribuye a mantener activos los músculos que evitan el estrechamiento excesivo de la faringe mientras la persona duerme.
Cuando la concentración de estas hormonas disminuye, los músculos de la garganta pueden relajarse más durante el sueño. El espacio por donde circula el aire se estrecha y el paso del flujo respiratorio provoca la vibración de los tejidos blandos que produce el ronquido.
La redistribución de la grasa corporal también puede influir. Con la caída de los estrógenos, el tejido adiposo tiende a acumularse con mayor frecuencia alrededor del abdomen y el cuello, incluso cuando no existe un aumento considerable del peso total. El tejido localizado cerca de la faringe puede reducir todavía más el calibre de la vía aérea.
Este proceso ayuda a explicar por qué algunas mujeres que roncaban ocasionalmente perciben un agravamiento durante el climaterio, mientras otras comienzan a hacerlo por primera vez. La relación entre menopausia y respiración nocturna también ha sido examinada en informes sobre la apnea del sueño como trastorno subdiagnosticado entre las mujeres.
Cuándo el ronquido se convierte en una señal de alarma
Un ronquido ocasional no equivale necesariamente a apnea. Sin embargo, corresponde consultar cuando el ruido es intenso y aparece casi todas las noches, existen pausas respiratorias observadas por otra persona o se producen despertares con jadeos y sensación de asfixia.
También requieren atención la cefalea matinal, la sequedad bucal al despertar, el sueño no reparador, el cansancio persistente, la somnolencia durante el día, las dificultades para concentrarse, los cambios de ánimo y la hipertensión arterial.
En las mujeres, la apnea obstructiva no siempre presenta el patrón clásico de ronquidos muy fuertes. Puede manifestarse principalmente como insomnio, fatiga, irritabilidad, cefalea o despertares repetidos, características que favorecen que el trastorno se atribuya al estrés o exclusivamente a los síntomas de la menopausia.
La apnea produce interrupciones repetidas de la respiración, fragmenta el descanso y puede ocasionar descensos intermitentes del oxígeno. Su impacto no se limita al cansancio: los estudios también analizan la relación entre las formas moderadas o graves y un mayor riesgo de alteraciones vasculares cerebrales.
Sofocos e insomnio también fragmentan el descanso
Los sofocos y la sudoración nocturna provocan microdespertares que interrumpen la arquitectura normal del sueño. Una mujer puede permanecer varias horas en la cama y, aun así, despertar con la sensación de no haber descansado debido a esas interrupciones.
La reducción de la secreción de melatonina puede adelantar el horario de sueño o dificultar su continuidad. A esto se suman la ansiedad, los cambios emocionales y otros síntomas del climaterio, que pueden actuar simultáneamente sobre la calidad del descanso.
El síndrome de piernas inquietas representa otra causa posible. Se caracteriza por una necesidad intensa de mover las piernas, acompañada a veces por hormigueo, dolor o incomodidad durante el reposo. Ante estos síntomas, el profesional puede solicitar un análisis de los depósitos de hierro, incluida la ferritina, antes de indicar una intervención.
Los despertares nocturnos también pueden relacionarse con enfermedades tiroideas, dolor, reflujo, ansiedad, depresión o determinados medicamentos. Una guía sobre las causas de despertarse durante la madrugada muestra por qué la evaluación debe considerar factores hormonales, respiratorios y médicos.
El estudio del sueño confirma o descarta la apnea
Cuando existen síntomas compatibles con apnea obstructiva, el diagnóstico debe confirmarse mediante una polisomnografía o una poligrafía respiratoria. Estas pruebas permiten registrar las pausas, los cambios en el flujo de aire, la oxigenación y otros parámetros necesarios para establecer la gravedad del cuadro.
El tratamiento depende del resultado. En las formas moderadas o graves suele indicarse presión positiva continua en la vía aérea, conocida como CPAP. El dispositivo impulsa aire mediante una mascarilla para evitar el colapso respiratorio durante el sueño.
En determinados casos leves pueden considerarse dispositivos de avance mandibular, cambios de posición, intervenciones sobre obstrucciones anatómicas o tratamientos específicos indicados por especialistas. Una investigación reciente evaluó además un medicamento experimental para pacientes que no toleran el CPAP, aunque ese enfoque todavía no sustituye los tratamientos establecidos ni autoriza la automedicación.
Si el problema predominante es el insomnio, la terapia cognitivo-conductual constituye la intervención de primera línea respaldada por la evidencia. Cuando los despertares se relacionan principalmente con sofocos, su tratamiento puede mejorar el descanso; las opciones hormonales y no hormonales deben evaluarse individualmente con el médico.
Quince medidas para mejorar el sueño durante el climaterio
1. Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, incluso durante los fines de semana. 2. Conservar también horarios estables para las comidas. 3. Dormir en una habitación oscura, silenciosa y fresca, especialmente cuando existen sofocos.
4. Evitar el alcohol por la noche, porque fragmenta el sueño y relaja la musculatura de la vía aérea. 5. Reducir la cafeína desde la tarde. 6. Evitar comidas copiosas cerca del momento de acostarse.
7. Realizar actividad física regularmente para favorecer el descanso y controlar los factores metabólicos. 8. Evitar el ejercicio intenso durante las horas inmediatamente anteriores al sueño. 9. Utilizar ropa y elementos de cama transpirables para disminuir el impacto de los sudores nocturnos.
10. Dormir de costado en lugar de boca arriba cuando existe ronquido o apnea leve, siempre que la posición resulte tolerable. 11. Mantener un peso saludable mediante un plan realista y supervisado. 12. Practicar técnicas de relajación o manejo del estrés antes de dormir.
13. Limitar las pantallas durante la última hora del día y establecer una rutina nocturna tranquila. 14. Utilizar una almohada que mantenga alineados la cabeza y el cuello, sin considerar este recurso como sustituto del tratamiento médico. 15. No automedicarse con sedantes, relajantes musculares, antihistamínicos o melatonina y consultar si aparecen señales respiratorias de alarma.
Hábitos útiles que no reemplazan el tratamiento
Dormir de lado, evitar el alcohol, tratar la congestión nasal y mejorar el ambiente del dormitorio pueden reducir algunos ronquidos, pero estas medidas no corrigen necesariamente una apnea obstructiva. Tampoco resulta seguro utilizar cintas para mantener la boca cerrada sin descartar previamente una obstrucción nasal o un trastorno respiratorio.
La consulta médica debe priorizarse cuando otra persona observa pausas respiratorias, la mujer despierta con sensación de ahogo o el cansancio afecta su desempeño diario. Reconocer que la menopausia puede modificar la respiración nocturna permite investigar el origen del problema y seleccionar una intervención ajustada a cada paciente.
Fuente referencial:
Infobae
