Un joven de 19 años recibió en Escocia tejido conservado antes de una quimioterapia intensiva. La intervención, primera de su tipo en Reino Unido, busca comprobar si puede restablecerse la producción de espermatozoides, aunque todavía no se ha demostrado su eficacia en este paciente.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.
Un equipo médico de Edimburgo, Escocia, ha realizado un trasplante experimental de tejido testicular previamente congelado a un joven de 19 años que había perdido su capacidad de producir espermatozoides después de recibir quimioterapia intensiva. La intervención, practicada en agosto de 2026 por especialistas de NHS Lothian y respaldada por investigadores de la Universidad de Edimburgo, constituye el primer procedimiento de este tipo comunicado en Reino Unido y el segundo a escala mundial.
El paciente había conservado una muestra de su propio tejido testicular en 2023, antes de someterse a un trasplante de médula ósea para tratar un trastorno sanguíneo grave. El tratamiento requería dosis elevadas de quimioterapia, capaces de dañar las células responsables de la producción de espermatozoides.
Tres años después, los análisis médicos confirmaron que no se detectaban espermatozoides en su semen. Ante esa situación, los especialistas decidieron reimplantar parte del tejido preservado con el propósito de investigar si las células que contiene pueden recuperar su actividad reproductiva.
La Universidad de Edimburgo informó sobre el procedimiento en octubre de 2026 y destacó que representa una etapa importante dentro de un programa de investigación desarrollado durante más de una década.
El resultado todavía es incierto. Los médicos deberán esperar aproximadamente ocho meses para analizar una parte del tejido trasplantado y determinar si ha comenzado a producir espermatozoides.
La quimioterapia puede afectar permanentemente la producción de esperma
Determinados tratamientos utilizados contra enfermedades hematológicas y algunos tipos de cáncer pueden provocar daños importantes en el sistema reproductor masculino.
La quimioterapia actúa principalmente sobre células que se dividen rápidamente. Esta característica permite combatir determinadas enfermedades, pero también puede afectar tejidos sanos, incluidas las células germinales que participan en la formación de espermatozoides.
El riesgo de infertilidad depende de factores como los medicamentos empleados, las dosis acumuladas, la edad del paciente y las características individuales de su función testicular.
En algunos casos, la producción espermática se recupera después del tratamiento. En otros, especialmente cuando se utilizan determinados agentes quimioterapéuticos a dosis elevadas, el daño puede ser prolongado o permanente.
Por esta razón, la preservación de la fertilidad se ha convertido en una consideración importante antes de iniciar tratamientos potencialmente gonadotóxicos, es decir, capaces de perjudicar los órganos reproductores.
En adolescentes que ya producen espermatozoides y en hombres adultos, la congelación de semen constituye una opción clínica establecida. Sin embargo, esta estrategia no puede aplicarse de la misma manera a niños que todavía no han alcanzado la pubertad.
Por qué conservar tejido testicular puede ayudar a niños antes de la pubertad
Los niños prepúberes todavía no producen espermatozoides maduros, por lo que no pueden recurrir a los procedimientos habituales de congelación de semen.
No obstante, sus testículos contienen células madre espermatogoniales, precursoras que posteriormente pueden participar en la formación de espermatozoides cuando comienza la maduración sexual.
La conservación de tejido testicular inmaduro busca proteger estas células antes de que un tratamiento médico pueda dañarlas.
El procedimiento consiste en obtener quirúrgicamente una pequeña muestra de tejido y almacenarla mediante técnicas de criopreservación a temperaturas extremadamente bajas.
El objetivo es mantener la viabilidad de las células durante años, con la posibilidad de utilizarlas posteriormente en estrategias de recuperación de la fertilidad.
Entre las alternativas investigadas se encuentran el trasplante del propio tejido, la utilización de células madre espermatogoniales y el desarrollo de métodos que permitan generar espermatozoides en condiciones de laboratorio.
Este último enfoque también ha sido abordado por Mundo de la Salud en un artículo sobre la investigación destinada a producir espermatozoides humanos mediante tejido testicular desarrollado en laboratorio.
Aunque estas estrategias comparten el objetivo de recuperar la función reproductiva, utilizan procedimientos diferentes y todavía presentan importantes desafíos científicos.
El trasplante de Edimburgo utiliza células del propio paciente
La intervención realizada en Escocia se basa en un autotrasplante: el tejido reimplantado procede del mismo paciente que lo recibe.
Esta característica evita la necesidad de utilizar tejido de un donante y permite investigar la recuperación de células germinales que fueron conservadas antes del tratamiento médico.
En el caso del joven escocés, la muestra permaneció congelada durante aproximadamente tres años.
Cuando los análisis posteriores a la quimioterapia confirmaron la ausencia de espermatozoides en el semen, los médicos consideraron la posibilidad de utilizar parte del material almacenado.
El procedimiento busca comprobar si las células precursoras sobreviven después de la descongelación, se integran adecuadamente en el entorno del trasplante y pueden iniciar o completar la espermatogénesis.
La espermatogénesis es el proceso mediante el cual las células germinales masculinas se desarrollan hasta convertirse en espermatozoides maduros.
Su funcionamiento depende de una organización celular compleja, de señales hormonales y de condiciones específicas dentro de los túbulos seminíferos del testículo.
Por tanto, conservar células vivas no garantiza automáticamente que estas recuperen todas sus funciones después de un trasplante.
Los investigadores evaluarán el tejido dentro de ocho meses
La Universidad de Edimburgo explicó que el equipo médico realizará un seguimiento del paciente para comprobar la evolución del injerto.
La evaluación prevista aproximadamente ocho meses después de la intervención incluirá la extracción y el análisis de una parte del tejido trasplantado.
Los investigadores buscarán señales de actividad espermatogénica y determinarán si se han formado espermatozoides.
La presencia de células precursoras o de estructuras testiculares conservadas sería relevante para comprender la supervivencia del injerto, pero no equivaldría necesariamente a demostrar una recuperación completa de la fertilidad.
Incluso si se encuentran espermatozoides maduros, será necesario evaluar su viabilidad y las posibilidades de utilizarlos mediante técnicas de reproducción asistida.
Los médicos tampoco han anunciado que el joven haya recuperado actualmente la capacidad reproductiva.
Esta distinción es fundamental: el avance consiste en haber realizado el trasplante y en disponer de una oportunidad para estudiar su funcionamiento, no en haber demostrado ya un embarazo o un nacimiento.
Un antecedente en Bélgica mostró producción de espermatozoides
El procedimiento escocés tiene un antecedente relevante en Bélgica, donde investigadores de la Vrije Universiteit Brussel lograron observar producción de espermatozoides después de trasplantar tejido testicular inmaduro que había permanecido congelado durante aproximadamente 16 años.
En aquel caso, el paciente había conservado tejido a los diez años, antes de recibir un tratamiento potencialmente perjudicial para su fertilidad.
Durante la edad adulta, los especialistas reimplantaron fragmentos del tejido preservado y posteriormente analizaron los injertos.
Los resultados mostraron supervivencia del tejido, vascularización y actividad espermatogénica en determinados fragmentos colocados dentro del testículo.
Los investigadores también consiguieron recuperar espermatozoides de algunos de los injertos.
El caso fue presentado en 2026 mediante un trabajo preliminar disponible en medRxiv y una comunicación científica en la revista Human Reproduction.
Los hallazgos constituyen una prueba inicial de que el tejido testicular inmaduro puede conservar durante muchos años células capaces de participar posteriormente en la producción de espermatozoides.
Sin embargo, los resultados proceden de un número extremadamente reducido de pacientes. Además, el informe preliminar belga no había superado todavía una revisión científica completa por pares cuando se difundieron sus resultados.
No se había comunicado un embarazo ni un nacimiento derivados de esta técnica.
La reproducción asistida podría ser necesaria incluso si el injerto funciona
La recuperación de espermatozoides dentro de un injerto testicular no implica necesariamente que estos puedan aparecer en el semen de manera natural.
La producción de espermatozoides y su transporte hacia el exterior del organismo son procesos diferentes.
Los fragmentos trasplantados pueden conservar actividad celular sin estar conectados funcionalmente con los conductos que normalmente permiten el desplazamiento de los espermatozoides.
Por esa razón, una eventual aplicación reproductiva podría requerir procedimientos para recuperar directamente las células producidas.
Posteriormente, los especialistas podrían estudiar su utilización mediante fecundación in vitro y técnicas como la inyección intracitoplasmática de espermatozoides, conocida como ICSI.
En este procedimiento, un espermatozoide seleccionado se introduce directamente en un óvulo durante un tratamiento de reproducción asistida.
La posibilidad de aplicar esta estrategia dependerá de la calidad de los espermatozoides obtenidos y de la evaluación médica de cada caso.
Los factores que influyen en la calidad espermática también han sido examinados en otras investigaciones. Mundo de la Salud informó sobre un estudio de la Universidad de Oxford que relacionó el tiempo de almacenamiento del esperma con su integridad genética y sus características funcionales.
Sin embargo, esos resultados se refieren a espermatozoides ya producidos y no permiten anticipar el éxito de los trasplantes experimentales de tejido testicular.
La seguridad del tejido conservado es una cuestión fundamental
Uno de los desafíos más importantes de esta línea de investigación es garantizar que el tejido almacenado pueda reimplantarse sin introducir riesgos adicionales.
En pacientes que han recibido tratamientos por determinadas enfermedades malignas, los especialistas deben considerar la posibilidad de que una muestra testicular contenga células tumorales.
Reimplantar tejido contaminado podría representar un riesgo de reintroducción de células malignas en el organismo.
Por esta razón, los protocolos de investigación contemplan evaluaciones destinadas a detectar posibles células anormales antes de considerar el uso clínico del material preservado.
Entre las herramientas empleadas en este campo se encuentran los análisis histológicos, las técnicas inmunohistoquímicas y determinados estudios moleculares.
La selección de pacientes y la evaluación del riesgo deben adaptarse a la enfermedad original y a las características del tejido.
El caso de Edimburgo corresponde a un joven tratado por un trastorno sanguíneo grave. No debe asumirse que sus circunstancias clínicas sean idénticas a las de todos los pacientes que reciben quimioterapia por cáncer.
Los especialistas también necesitan comprobar que los procedimientos de extracción, congelación, descongelación y reimplantación no comprometan de forma significativa la viabilidad celular.
Más de 1.200 pacientes han conservado tejido testicular en Reino Unido
El programa de investigación de la Universidad de Edimburgo comenzó en 2015 con el propósito de ofrecer posibilidades futuras de preservación reproductiva a niños que debían recibir tratamientos potencialmente esterilizantes.
La iniciativa contó con apoyo de la organización benéfica Children with Cancer UK.
Según los datos difundidos por la universidad, más de 1.200 pacientes en Reino Unido han almacenado tejido testicular para posibles aplicaciones futuras.
A escala internacional, la cifra supera los 3.100 pacientes.
Estos números reflejan el crecimiento de los programas de preservación, pero no representan una cantidad equivalente de trasplantes realizados ni de recuperaciones de fertilidad demostradas.
La mayoría de las muestras permanecen almacenadas mientras los investigadores desarrollan procedimientos capaces de utilizarlas de forma segura.
El profesor Rod Mitchell, especialista en endocrinología del desarrollo de la Universidad de Edimburgo, dirige el programa científico relacionado con esta estrategia.
El investigador considera que el procedimiento ofrece una posibilidad importante para quienes afrontaron durante la infancia tratamientos capaces de comprometer su futura capacidad reproductiva.
La intervención también contó con la participación de profesionales de NHS Lothian, el sistema sanitario responsable de la atención clínica del paciente.
Preservar la fertilidad requiere actuar antes del tratamiento
Uno de los aspectos más importantes de esta investigación es el momento en que se obtiene la muestra.
La conservación del tejido debe evaluarse antes de iniciar tratamientos que puedan dañar gravemente las células germinales.
Una vez producido el daño testicular, puede resultar imposible recuperar células precursoras suficientes para determinadas estrategias de restauración.
Por ello, los equipos de oncología pediátrica, hematología y medicina reproductiva necesitan coordinarse cuando un paciente debe recibir terapias con riesgo de infertilidad.
La decisión de preservar tejido testicular en niños requiere una valoración cuidadosa de los posibles beneficios, los riesgos de la intervención y las incertidumbres sobre su utilización futura.
La congelación de tejido testicular inmaduro todavía no constituye un tratamiento establecido que garantice la posibilidad de tener hijos biológicos.
Las recomendaciones científicas actuales la consideran una estrategia experimental en humanos, especialmente cuando se plantea su utilización posterior mediante trasplante.
Para adolescentes y adultos que ya producen espermatozoides, la congelación de semen continúa siendo la alternativa habitual cuando resulta médicamente posible.
La fertilidad masculina depende de procesos biológicos complejos
La producción normal de espermatozoides requiere la coordinación de diferentes tipos celulares y mecanismos hormonales.
Las células madre espermatogoniales mantienen la población de células germinales que puede dar origen a nuevas generaciones de espermatozoides.
Las células de Sertoli contribuyen a proporcionar el entorno necesario para su desarrollo, mientras que las células de Leydig participan en la producción de testosterona.
La alteración de cualquiera de estos componentes puede comprometer la función reproductiva.
El trasplante de tejido testicular busca preservar no solamente células aisladas, sino también parte de la organización biológica que permite su funcionamiento.
Esta característica distingue la estrategia de otros procedimientos destinados a obtener o manipular espermatozoides ya maduros.
La importancia del entorno testicular también aparece en investigaciones sobre los mecanismos moleculares de la infertilidad. Mundo de la Salud ha abordado estudios sobre la comunicación entre células germinales y su papel en la formación de espermatozoides.
Comprender estos procesos resulta esencial para determinar por qué algunos injertos pueden recuperar actividad y otros no.
La medicina reproductiva busca ampliar las opciones después del cáncer infantil
Los avances en los tratamientos contra enfermedades graves durante la infancia han incrementado la importancia de estudiar sus posibles consecuencias a largo plazo.
La supervivencia y el control de la enfermedad continúan siendo las prioridades médicas inmediatas, pero la calidad de vida durante la edad adulta también forma parte de la atención integral.
Entre las consecuencias tardías que pueden requerir seguimiento se encuentran las alteraciones hormonales y los problemas de fertilidad.
La preservación reproductiva permite abordar estas cuestiones antes de que determinados tratamientos produzcan daños irreversibles.
Sin embargo, las opciones disponibles varían según la edad, el desarrollo puberal, la enfermedad y las características del tratamiento previsto.
En los pacientes que ya producen semen, la criopreservación espermática cuenta con una trayectoria clínica consolidada.
Para los niños prepúberes, la conservación de tejido testicular representa una posibilidad de investigación cuyo beneficio reproductivo todavía necesita demostrarse de manera consistente.
Los investigadores consideran especialmente importante evitar que las expectativas generadas por los primeros resultados se conviertan en promesas de eficacia que aún no pueden respaldarse científicamente.
El caso de Edimburgo abre una nueva etapa de seguimiento clínico
La intervención realizada en agosto de 2026 permite evaluar en un paciente humano una estrategia que durante años se investigó principalmente mediante modelos experimentales.
El antecedente belga ofrece evidencia inicial de que determinados fragmentos de tejido testicular inmaduro pueden sobrevivir al almacenamiento prolongado y recuperar actividad espermatogénica después del trasplante.
El caso escocés permitirá estudiar si un resultado semejante puede observarse en otras circunstancias clínicas.
Los especialistas deberán determinar si el injerto permanece viable, si las células precursoras progresan hacia la formación de espermatozoides y si el procedimiento puede ofrecer una posibilidad reproductiva real.
También será necesario acumular información sobre seguridad, reproducibilidad y resultados a largo plazo antes de considerar una aplicación más amplia.
El joven intervenido ha expresado su esperanza de que el procedimiento pueda ayudarlo a tener hijos biológicos en el futuro y contribuir al desarrollo de opciones para otras personas que atravesaron tratamientos semejantes.
Por ahora, el siguiente resultado decisivo será el análisis del tejido previsto para aproximadamente ocho meses después del trasplante.
Ese examen permitirá conocer si la intervención ha conseguido reactivar la producción de espermatozoides, un paso indispensable antes de evaluar cualquier posibilidad de utilización reproductiva.
Fuentes referenciales:
Universidad de Edimburgo — UK first testicular tissue transplant offers fertility hope, octubre de 2026
Goossens y colaboradores — First successful transplant of human immature testicular tissue after gonadotoxic therapy during childhood, medRxiv, marzo de 2026
Human Reproduction Open — Testicular tissue transplantation: from animal models to clinical application, abril de 2026
Infobae — Avance en fertilidad masculina: trasplantan a un joven tejido testicular preservado antes de la quimioterapia, octubre de 2026

