Un estudio internacional analizó 3.053 relatos de 176 personas y encontró patrones lingüísticos asociados con síntomas de depresión y ansiedad, aunque todavía no permiten realizar diagnósticos clínicos.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
La manera en que una persona relata sus sueños o describe los pensamientos que aparecen espontáneamente durante el día podría aportar información sobre su estado psicológico. Una investigación internacional, desarrollada por científicos de las universidades de Cambridge, Stanford y Turku, entre otras instituciones, encontró asociaciones entre determinadas características del lenguaje y los síntomas de depresión y ansiedad.
El estudio, publicado en octubre de 2026 en la revista científica Communications Psychology, examinó 3.053 relatos de sueños y episodios de divagación mental proporcionados por 176 participantes. En lugar de concentrarse exclusivamente en el significado de las experiencias narradas, los investigadores analizaron cómo se organizaban las palabras y qué relaciones establecían entre ellas.
Los resultados mostraron diferencias estructurales entre los relatos de experiencias ocurridas durante el sueño y aquellos correspondientes a pensamientos espontáneos en estado de vigilia. También identificaron características individuales del lenguaje relacionadas estadísticamente con síntomas de depresión y ansiedad.
Los autores consideran que este enfoque podría contribuir al desarrollo de métodos de investigación psicológica menos costosos y basados en información obtenida en condiciones cotidianas. Sin embargo, advierten que los hallazgos todavía no permiten diagnosticar trastornos mentales ni establecer relaciones de causa y efecto.
La investigación examinó cómo las personas organizan sus experiencias internas
Los sueños y los pensamientos espontáneos forman parte de la actividad mental habitual. Durante el sueño, las personas pueden experimentar escenas, emociones y acontecimientos que posteriormente recuerdan con distintos grados de precisión.
En estado de vigilia también pueden aparecer pensamientos que no responden directamente a una tarea inmediata. Este fenómeno, conocido como divagación mental, puede incluir recuerdos, preocupaciones, planes, imágenes y asociaciones de ideas.
Ambas experiencias han despertado el interés de la psicología porque permiten estudiar aspectos de la vida mental que no siempre resultan accesibles mediante pruebas convencionales.
La investigación fue encabezada por Peter Coppola y Pilleriin Sikka, junto con otros especialistas que aplicaron herramientas matemáticas para comparar la organización de los relatos.
El objetivo no consistió en interpretar los sueños como mensajes ocultos ni en atribuir significados universales a determinadas imágenes. Los investigadores buscaron identificar propiedades medibles del lenguaje utilizado para describir las experiencias.
Esta aproximación se relaciona con el creciente interés científico por comprender cómo los pensamientos repetitivos y las experiencias mentales espontáneas pueden vincularse con distintos estados emocionales.
Sin embargo, el nuevo trabajo utiliza un procedimiento diferente: transforma los relatos en redes de palabras que pueden analizarse mediante herramientas matemáticas.
Más de tres mil relatos permitieron estudiar patrones lingüísticos
Los investigadores utilizaron información obtenida en un estudio anterior dirigido por Sikka y sus colaboradores.
Los participantes residían en el Reino Unido y Australia y proporcionaron sus relatos mediante una plataforma digital durante un período de dos semanas.
En total, el conjunto de datos reunió 3.053 descripciones de sueños y episodios de divagación mental correspondientes a 176 personas.
Esta recopilación permitió examinar no solamente las diferencias generales entre ambos tipos de experiencias, sino también la posibilidad de identificar características propias de cada participante.
La disponibilidad de varios relatos de una misma persona fue especialmente importante para determinar si existían patrones lingüísticos relativamente reconocibles entre diferentes registros.
En lugar de analizar únicamente palabras asociadas con emociones específicas, los científicos estudiaron las conexiones entre los términos utilizados.
Por ejemplo, dos relatos pueden referirse a experiencias completamente diferentes y, sin embargo, compartir ciertas propiedades estructurales relacionadas con la repetición de palabras, la diversidad del vocabulario o la forma en que las ideas se enlazan.
Estas características pueden representarse matemáticamente y compararse entre participantes.
La teoría de grafos permitió construir redes de palabras
La herramienta principal del estudio fue la teoría de grafos, una rama de las matemáticas utilizada para analizar sistemas formados por elementos conectados entre sí.
En este caso, los elementos eran palabras y las conexiones representaban su aparición consecutiva dentro de los relatos.
Así, una narración podía convertirse en una red donde cada palabra ocupaba una posición y se relacionaba con otras según la estructura del texto.
El procedimiento permitió medir propiedades que no resultan evidentes cuando solamente se examina el contenido general de una experiencia.
Entre ellas se encuentran la repetición de términos, la formación de grupos de palabras conectadas y la importancia que determinados vocablos adquieren dentro de la red.
Los investigadores también estudiaron la integración global de estas estructuras, es decir, cómo se relacionaban las distintas partes del relato.
Esta metodología ofrece una forma cuantitativa de analizar descripciones subjetivas sin depender exclusivamente de la interpretación individual de quien las examina.
Sin embargo, los resultados siguen estando condicionados por la manera en que cada participante recuerda, selecciona y expresa sus experiencias.
Los relatos de sueños mostraron una organización más compleja
Uno de los hallazgos principales fue que los relatos de sueños presentaban una estructura lingüística más compleja que las descripciones de pensamientos espontáneos durante la vigilia.
Los investigadores encontraron una mayor repetición de palabras, más agrupaciones locales de términos y una integración más amplia de las conexiones dentro de las narraciones oníricas.
Estas propiedades se aproximan a lo que en el análisis de redes se conoce como una estructura de mundo pequeño, caracterizada por conexiones locales intensas y relaciones que permiten integrar diferentes regiones de una misma red.
Los relatos de divagación mental, en cambio, tendieron a contener más palabras y menos repeticiones.
También presentaron puntos de transición importantes dentro de sus estructuras, lo que sugiere diferencias en la manera en que las personas organizan verbalmente ambas experiencias.
Los autores señalaron que estas variaciones podrían estar relacionadas, al menos parcialmente, con las características del recuerdo.
Los sueños suelen recuperarse después de un intervalo de tiempo, mientras que los pensamientos espontáneos pueden describirse en condiciones más próximas al momento en que aparecen.
Por ello, las diferencias encontradas no necesariamente reflejan únicamente la organización original de las experiencias mentales. También pueden estar influidas por los procesos de memoria y reconstrucción narrativa.
Las palabras utilizadas se asociaron con síntomas depresivos
Además de comparar sueños y pensamientos espontáneos, los investigadores examinaron si las características de los relatos guardaban relación con indicadores de salud mental.
Uno de los resultados más relevantes apareció al estudiar la centralidad de las palabras dentro de las redes.
Esta medida describe la importancia relativa que determinados términos adquieren por sus conexiones con otros elementos del relato.
En el estudio, una mayor centralidad se relacionó con una menor diversidad léxica, es decir, con una utilización menos variada del vocabulario.
Los científicos encontraron que esta propiedad, cuando aparecía en los relatos de sueños, tenía capacidad predictiva estadística respecto a los síntomas de depresión registrados por los participantes.
El hallazgo no significa que utilizar determinadas palabras provoque depresión ni que un sueño repetitivo constituya una señal clínica suficiente para identificar el trastorno.
Se trata de una asociación entre una característica cuantitativa del lenguaje y los síntomas comunicados en el contexto de la investigación.
La depresión es una condición compleja que puede involucrar procesos emocionales, cognitivos y biológicos. Otros trabajos han identificado diferencias en la estructura cerebral asociadas con la depresión mayor, aunque esos hallazgos tampoco permiten establecer diagnósticos individuales a partir de una única medición.
El nuevo estudio amplía la investigación hacia las características del lenguaje cotidiano y su posible relación con el estado psicológico.
Los pensamientos espontáneos ofrecieron señales relacionadas con la ansiedad
La misma medida de centralidad de palabras mostró una asociación diferente cuando los investigadores analizaron los relatos de divagación mental.
En estas narraciones, la característica lingüística se relacionó con los síntomas de ansiedad comunicados por los participantes.
La distinción llamó la atención del equipo porque sugiere que el valor informativo de una determinada propiedad del lenguaje puede depender del estado de conciencia en el que se originó la experiencia.
En otras palabras, una característica presente en un relato de sueños no necesariamente se relaciona con los mismos indicadores psicológicos que cuando aparece en la descripción de pensamientos durante la vigilia.
Los autores consideran que esta diferencia merece nuevas investigaciones, especialmente para comprender qué procesos cognitivos y emocionales pueden influir en la organización de los relatos.
No obstante, el estudio no demuestra que las personas con ansiedad utilicen siempre un vocabulario menos diverso ni que exista una forma universal de narrar sus pensamientos.
Los resultados corresponden a asociaciones observadas en una muestra específica y deben evaluarse en poblaciones más amplias.
Cada participante mostró características lingüísticas reconocibles
Otra observación relevante fue que las redes de palabras contenían información específica de cada individuo.
Al comparar los relatos repetidos de una misma persona, los investigadores encontraron características estructurales que permitían distinguir diferencias individuales.
Esto sugiere que la manera de organizar verbalmente las experiencias internas podría reflejar ciertos patrones personales.
Sin embargo, reconocer diferencias individuales no equivale a identificar de manera inequívoca a una persona ni a establecer un perfil psicológico completo.
Los relatos pueden variar según el contexto, el estado emocional, la capacidad de recordar sueños y otros factores relacionados con el lenguaje.
Además, la estructura narrativa no constituye una medida directa de la actividad cerebral.
La investigación analiza descripciones elaboradas por los participantes, no registros de las experiencias mientras ocurrían.
Esta distinción resulta importante porque los procesos de memoria y expresión verbal pueden modificar la información que finalmente aparece en cada texto.
El sueño y la memoria influyen en lo que recordamos
Los sueños no siempre se recuerdan de manera completa. Algunas personas conservan imágenes o escenas detalladas, mientras que otras solamente recuerdan emociones, fragmentos o impresiones generales.
Cuando una experiencia se transforma en un relato, intervienen procesos de selección y reconstrucción que pueden alterar su organización.
La memoria también participa en la manera en que los pensamientos se relacionan con experiencias anteriores y expectativas futuras.
Por esta razón, interpretar las características lingüísticas de un sueño requiere considerar que el texto no es una reproducción exacta de la actividad mental original.
La relación entre descanso y funcionamiento cerebral constituye un campo de investigación amplio. Estudios recientes han examinado cómo determinados patrones de sueño se asocian con indicadores de envejecimiento cerebral, aunque esas investigaciones abordan mecanismos diferentes de los estudiados mediante redes de palabras.
En el nuevo trabajo, la principal contribución consiste en disponer de una herramienta para comparar cuantitativamente experiencias subjetivas.
Su utilidad futura dependerá de comprobar hasta qué punto las características identificadas se mantienen cuando cambian las condiciones de registro y las poblaciones estudiadas.
Los resultados no permiten diagnosticar depresión ni ansiedad
Los investigadores fueron especialmente prudentes al interpretar las asociaciones encontradas.
La capacidad de un modelo estadístico para relacionar ciertas propiedades del lenguaje con síntomas psicológicos no significa que pueda utilizarse como una prueba clínica.
El estudio no establece una relación causal entre la organización de los relatos y la aparición de depresión o ansiedad.
Tampoco demuestra que una persona pueda conocer su estado de salud mental mediante el análisis aislado de un sueño o de una descripción de sus pensamientos.
En la práctica clínica, la evaluación de los trastornos mentales requiere considerar los síntomas, su duración, la intensidad del malestar y las consecuencias sobre la vida cotidiana, además de otros antecedentes relevantes.
Una herramienta basada exclusivamente en redes lingüísticas no puede reemplazar ese proceso.
Los autores señalan que será necesario desarrollar investigaciones adicionales para determinar si este tipo de análisis puede aportar información útil en contextos diagnósticos o terapéuticos.
También deberán estudiarse posibles diferencias relacionadas con el idioma, la edad, la cultura y la forma de recopilar los relatos.
Una nueva vía para investigar experiencias difíciles de medir
La principal aportación del estudio es demostrar que las narraciones de sueños y pensamientos espontáneos contienen propiedades estructurales que pueden analizarse de manera sistemática.
La teoría de grafos permitió diferenciar ambos tipos de experiencias, reconocer características individuales y detectar asociaciones con síntomas psicológicos.
Estas observaciones abren posibilidades para investigaciones que utilicen relatos obtenidos en situaciones cotidianas, sin depender exclusivamente de procedimientos complejos o costosos.
Sin embargo, todavía es necesario establecer la estabilidad de los resultados, su capacidad de generalización y su posible utilidad clínica.
El trabajo muestra que no solamente importa qué cuentan las personas sobre su vida mental. La manera en que conectan las palabras para describir sus experiencias también puede contener información relevante para la investigación psicológica.
Por ahora, esa información debe interpretarse como una señal estadística que requiere validación científica y no como un indicador individual de enfermedad.
Fuentes referenciales:
Communications Psychology — A graph theory approach to chart the architecture of dream and mind-wandering reports
Medical Xpress — Dream and mind-wandering reports could offer hints about mental health

