Un estudio que siguió durante cinco años a más de 11.000 jóvenes de Estados Unidos encontró que la dificultad para controlar las plataformas digitales precedió a pequeños aumentos de inatención e impulsividad
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Los adolescentes que atraviesan periodos de mayor dificultad para controlar el uso de las redes sociales pueden presentar más síntomas de trastorno por déficit de atención e hiperactividad al año siguiente, según una investigación longitudinal realizada con 11.286 jóvenes de Estados Unidos.
El trabajo, publicado en JAMA Network Open, analizó durante cinco años la relación entre el uso problemático de las plataformas digitales y manifestaciones como la falta de concentración, la hiperactividad y la impulsividad. Los participantes tenían alrededor de 12 años al comenzar el periodo principal de seguimiento y fueron evaluados hasta la mitad de la adolescencia.
Los resultados no demuestran que las redes sociales causen TDAH ni que cualquier tiempo pasado frente a una pantalla represente un trastorno. La asociación apareció principalmente cuando un mismo adolescente mostró más comportamientos problemáticos de los habituales, como pérdida de control, preocupación constante por conectarse o malestar al intentar reducir el uso.
El estudio examinó cambios dentro de cada adolescente
La investigación fue dirigida por Jason M. Nagata, científico de la Universidad de California en San Francisco, junto con especialistas de distintas instituciones estadounidenses. El equipo utilizó datos del Estudio sobre el Desarrollo Cognitivo del Cerebro Adolescente, conocido como ABCD, una amplia cohorte que sigue a miles de jóvenes a través del tiempo.
En lugar de limitarse a comparar a los adolescentes que utilizan mucho las redes sociales con quienes las emplean menos, los investigadores estudiaron cómo variaban las conductas de cada participante de un año a otro. Este diseño permitió observar si un aumento temporal del uso problemático precedía a cambios posteriores en los síntomas de TDAH.
Los propios adolescentes respondieron cuestionarios sobre comportamientos relacionados con las plataformas, entre ellos pensar constantemente en ellas, sentir la necesidad de utilizarlas cada vez más, experimentar dificultades para desconectarse o incumplir actividades debido a su uso.
Los padres o cuidadores evaluaron por separado los síntomas vinculados con la atención, la hiperactividad y la impulsividad mediante una herramienta estandarizada. Los investigadores también analizaron las respuestas de los propios jóvenes para comprobar si ambos informantes identificaban patrones similares.
Más problemas para desconectarse precedieron a síntomas posteriores
Durante los años en los que un adolescente reportó un uso de redes sociales más problemático que su promedio habitual, los padres tendieron a informar un pequeño aumento de los síntomas de TDAH durante la evaluación del año siguiente.
La relación inversa fue más débil y menos consistente. Es decir, el estudio encontró menos evidencia de que un incremento previo de los síntomas de TDAH condujera, por sí solo, a un mayor uso problemático de las plataformas durante el año posterior.
Este resultado aporta una dimensión temporal a investigaciones anteriores sobre las diferencias en el uso de redes sociales entre adolescentes con y sin problemas de salud mental. Sin embargo, tampoco permite descartar que otros factores familiares, escolares, emocionales o sociales influyan simultáneamente en ambas conductas.
Los autores subrayaron que el tamaño de los efectos fue reducido y que las asociaciones aparecieron durante periodos limitados del seguimiento. Por esta razón, los hallazgos deben interpretarse con cautela y no justifican diagnosticar TDAH únicamente a partir de los hábitos digitales.
La asociación fue más clara entre los 14 y 16 años
El vínculo entre el uso problemático de redes sociales y los síntomas posteriores de TDAH fue más evidente durante la adolescencia media, particularmente entre los 14 y los 16 años.
Esta etapa suele coincidir con una mayor autonomía para utilizar teléfonos y plataformas digitales, al tiempo que continúan desarrollándose las funciones cerebrales relacionadas con el autocontrol, la planificación y la evaluación de consecuencias.
Las redes sociales ofrecen recompensas rápidas y variables mediante notificaciones, mensajes, videos breves, comentarios, reacciones y desplazamiento continuo de contenidos. Estas características pueden dificultar la desconexión, especialmente en jóvenes sensibles a las recompensas inmediatas o con problemas para posponer una gratificación.
La investigación no midió directamente cambios en el cerebro ni comprobó que los algoritmos alteraran los circuitos neuronales. La explicación relacionada con los sistemas de recompensa representa un mecanismo posible que deberá examinarse con métodos experimentales y evaluaciones neurobiológicas.
Los resultados mostraron diferencias entre chicos y chicas
La asociación entre un aumento del uso problemático y mayores síntomas de TDAH al año siguiente fue estadísticamente significativa entre los varones, pero no entre las mujeres participantes.
En las adolescentes apareció un patrón diferente: los síntomas de TDAH mostraron cierta relación con problemas posteriores para controlar las redes sociales. Esto sugiere que la dirección y la intensidad del vínculo podrían variar según el sexo, aunque se necesitan nuevas investigaciones para comprender las causas.
Las diferencias podrían estar relacionadas con los tipos de contenido consumido, las formas de interacción, la presión social, los motivos para conectarse o la manera en que los síntomas se manifiestan y son reconocidos por adultos y adolescentes.
Otros análisis han señalado que la experiencia digital tampoco es uniforme entre los distintos grupos juveniles. La comparación social, la imagen corporal y las expectativas de aceptación pueden influir especialmente en el bienestar emocional de las adolescentes, mientras que otros patrones de uso pueden adquirir mayor relevancia entre los varones.
Padres y adolescentes percibieron los cambios de manera distinta
Después de los periodos de mayor uso problemático, los padres reportaron más dificultades de atención e impulsividad en sus hijos. Los adolescentes, en cambio, no informaron un aumento equivalente de sus propios síntomas.
Esta diferencia no significa necesariamente que una de las evaluaciones sea incorrecta. Los padres pueden observar cambios en el rendimiento escolar, el cumplimiento de tareas, la organización cotidiana o la capacidad para seguir instrucciones, mientras que los jóvenes conocen mejor sus pensamientos, emociones y experiencias privadas.
También es posible que algunos adolescentes no reconozcan variaciones graduales en su concentración o que interpreten sus hábitos digitales como normales al compararlos con los de sus compañeros.
Los investigadores indicaron que las futuras evaluaciones deberían integrar información procedente de varias fuentes, como jóvenes, familias, docentes, profesionales sanitarios y registros objetivos del uso de dispositivos.
Uso problemático no equivale simplemente a pasar muchas horas conectado
El concepto de uso problemático se refiere a la pérdida de control y a la interferencia con actividades importantes, no únicamente al número total de horas frente a una aplicación.
Un adolescente puede utilizar plataformas digitales durante periodos prolongados para estudiar, conversar con familiares o desarrollar una actividad creativa sin experimentar deterioro funcional. Otro puede conectarse durante menos tiempo, pero sentir ansiedad al separarse del teléfono, abandonar obligaciones o no conseguir reducir su uso pese a intentarlo.
Esta distinción resulta relevante porque un amplio análisis previo vinculó el uso intensivo de redes sociales con síntomas de ansiedad y depresión en menores, pero el tiempo de exposición no explica por sí solo todas las diferencias en salud mental.
Los autores del nuevo estudio proponen que los profesionales sanitarios pregunten por la pérdida de control, el malestar y la interferencia cotidiana, en lugar de concentrarse exclusivamente en contabilizar horas de pantalla.
Los hallazgos no prueban que las redes sociales causen TDAH
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por patrones persistentes de inatención, hiperactividad o impulsividad que interfieren con el funcionamiento diario. Su aparición está relacionada con una combinación compleja de factores genéticos, biológicos y ambientales.
El estudio identificó variaciones en síntomas reportados, pero no evaluó nuevos diagnósticos clínicos de TDAH ocasionados por el uso de redes sociales. Tampoco demuestra que las plataformas produzcan el trastorno en adolescentes que no tenían ninguna vulnerabilidad previa.
Aunque el diseño longitudinal permite establecer qué cambio apareció primero, continúa siendo observacional. Factores no medidos, como dificultades académicas, conflictos familiares, trastornos del sueño, estrés, acoso, aislamiento o problemas emocionales, podrían contribuir tanto al uso problemático como a las alteraciones de la atención.
Los resultados tampoco deben utilizarse para culpabilizar a los adolescentes o a sus familias. Las plataformas están diseñadas para mantener la participación mediante recomendaciones personalizadas, reproducción automática, notificaciones y recompensas sociales difíciles de ignorar.
Las señales de alerta deben evaluarse en la vida cotidiana
Los especialistas recomiendan observar si las redes sociales interfieren con el sueño, el estudio, la convivencia, la actividad física o las relaciones presenciales. También merecen atención la irritabilidad al desconectarse, los intentos repetidos y fallidos por reducir el uso y la necesidad de conectarse durante casi cualquier actividad.
Desactivar notificaciones no esenciales, evitar el teléfono durante las comidas, establecer horarios compartidos y mantener los dispositivos fuera del dormitorio durante la noche pueden ayudar a reducir interrupciones constantes.
Las medidas familiares tienden a ser más sostenibles cuando se acuerdan con los adolescentes y también son respetadas por los adultos. La conversación debe centrarse en el bienestar, el descanso y las responsabilidades, no únicamente en imponer una cifra rígida de minutos.
El sueño merece una atención particular, debido a que las conexiones nocturnas pueden retrasar la hora de descanso y aumentar las distracciones. Algunas estrategias dirigidas a ayudar a las familias a proteger el sueño adolescente incluyen acordar rutinas, reducir la luz de las pantallas y evitar discusiones culpabilizadoras.
Cuándo conviene buscar una evaluación profesional
Las dificultades ocasionales para concentrarse o dejar el teléfono no significan necesariamente que exista TDAH. Una evaluación clínica se vuelve pertinente cuando la inatención, la impulsividad o la hiperactividad son persistentes, aparecen en más de un entorno y afectan de manera importante el aprendizaje, las relaciones o la vida familiar.
Los profesionales también deben valorar el sueño, la ansiedad, la depresión, el consumo de sustancias, las dificultades de aprendizaje y otros factores que pueden producir síntomas parecidos o agravar un TDAH existente.
Para los investigadores, incorporar preguntas sobre el uso problemático de redes sociales puede mejorar la evaluación de los adolescentes, especialmente durante la etapa de mayor vulnerabilidad identificada entre los 14 y los 16 años.
La evidencia disponible respalda una aproximación equilibrada: reconocer que las plataformas pueden facilitar la conexión social y el acceso a información, pero también detectar cuándo su diseño y su uso comienzan a desplazar actividades esenciales para el desarrollo.
Fuentes referenciales:
Medical Xpress
JAMA Network Open
